Documentación histórica

CAMINO A LA CONSULTA: 5.000 ZAPATISTAS

Margarita Plaza

13-03-1999
Fuente: Enlace Civil


El leve rumor de los pasos sobre la hierba y el murmullo de las voces indican que ya llegó la hora de caminar. En medio de un silencio que habla con toda la fuerza de la dignidad, cada uno ocupa el lugar que le corresponde. Después de un largo día bajo el sol, ellas y ellos avanzan, los ojos oscuros insinúan una sonrisa bajo el reluciente paliacate rojo. La noche llegó para ellos convertida en un pasamontañas colectivo que les protege cuando pasan frente a las instalaciones del 18 Batallón de Infantería y III Regimiento de Caballería ubicado a la entrada al Aguascalientes de Roberto Barrios. Son los primeros que se congregan antes de salir a promover la Consulta sobre Derechos y Cultura Indígena y por el fin a la guerra de exterminio convocada por el EZLN para el 21 de marzo. Cuatro columnas de indígenas choles y tzeltales desafiando al poder en silencio. ¿Quienes son, de dónde vienen? interrogan los soldados mientras ellos continúan imperturbables su camino. Y cruzan el río como luciérnagas bajo la luna. De la zona norte-selva llevan la palabra zapatista a Yucatán, Campeche, Quintana Roo , Tabasco, Veracruz y Chiapas.

Dos días después, en la entrega formal de los delegados zapatistas en Oventic a los representantes de los Municipios del estado de Oaxaca, un avión militar sobrevoló provocador sobre centenares de indígenas procedentes de diferentes municipios de los Altos de Chiapas, mientras la voz del maestro de ceremonias agradecía el esfuerzo, el trabajo y sacrificio de las organizaciones civiles que acompañarán a sus hermanos indígenas y les pedía que “se hagan responsables de nuestros compañeros y compañeras humildes y sencillos que llevaran la palabra verdadera de los pueblos indígenas y del EZLN”. Con las manos en alto una hilera de hombres y mujeres con paso alado avanzaron por la calle central de la comunidad hasta el portón de entrada y de ahí a los autobuses que los llevó rumbo al Estado de Oaxaca.

Escenas similares se vivieron en todos los Aguascalientes. Paliacates estrenando rostros, sombreros de listones, faldas multicolores y adioses con lágrimas en los ojos.

No son sólo cinco mil indígenas zapatistas los que salieron de la selva y sus cañadas. Con ellos van también los hijos, pequeños y curiosos, algunos apenas abriendo los ojos a la vida, con los pechos de sus madres como único horizonte. Los pies desnudos que pisarán el asfalto de las grandes ciudades, la voz que dirá la palabra zapatista, la mano que saludará, el puño cerrado, el rostro debajo del pasamontañas representa a todos y cada uno de los miles de indígenas zapatistas rebeldes que ahora rompen los cercos del poder para señalar el camino que conduce a una nueva forma de hacer política y de ejercer la democracia.

El recorrido ya comenzó y es largo el camino para los zapatistas, pero en el andar no hay vuelta atrás.