Documentación histórica

Diario de la Brigada. nº 5. Agua Clara

Informe de la visita a Agua Clara

Se diría que mira a ninguna parte. Recuesta su cabeza sobre el hombro como si hiciera por escuchar a sus silenciosos compañeros, próximos a él. Se muestra renuente a comenzar pero al fin arranca la plática: “Hermanos no les voy a platicar desde el comienzo del conflicto, pues ustedes ya supieron”.

(El representante se refiere, entre otros, a los graves sucesos de 2009, ya documentados por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, cuando numerosos priístas irrumpieron en el parque, por sorpresa, intentando correrlos. Los zapatistas les plantaron cara y faltó poco para que se produjera un grave enfrentamiento. Los opddicos se retiraron ante la firme respuesta).

“Ahorita, los compas de las regiones llegan aquí a trabajar a cada rato. A veces 20, a veces hasta 70 compas, para cuidar esta naturaleza.”

Compartimos la palabra con el representante en turno de la comunidades zapatistas. El conoce la historia y del conflicto que vive el balneario El Salvador, junto al río Chumulhá, en Agua Clara. Uno de los más famosos espacios de recreo de la zona Norte, hoy está administrado y cuidado por bases de apoyo, vinculadas al Caracol de Morelia.

Dice que ya tiene mucho tiempo que los terratenientes marcharon de aquí. Las comunidades del contorno trabajaban de braceros para ellos, en sus fincas. Luego, cuando estalló el alzamiento del 94, los compas recuperaron estas tierras ganaderas y colectivizaron la tierra entre miles de campesinos pobres. No hubo distingo de credo político. Todos tuvieron su pedacito de terreno para cultivar su milpa y alimentar su familia.

Los compas llegan regularmente a trabajar por turnos. Cada semana un grupo de personas se hacen cargo de la limpieza de una amplia extensión de parque rodeado de selva. Limpian las habitaciones, los baños, y las dependencias del hotelito donde se alojan los visitantes. Ellos duermen en el piso. Reparan los cuantiosos desperfectos que ocasiona el clima húmedo y caluroso de la región. Y ante todo, mantienen una constante vigilancia del espacio para garantizar la seguridad y tranquilidad de los turistas.

“Ahorita, los priístas instalaron una caseta de cobro para los turistas a dos kilómetros del balneario, en la carretera. Son opddicos (miembros de la paramilitar y gubernamental Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos) que ya vendieron la tierra colectiva. Crean conflicto pues cobran 20 pesos allá arriba, en la caseta . Pero ellos no trabajan , solo hacen que aventar a los visitantes, hablando mentiras de los zapatistas”.

Tras la recuperación de estas fincas, años después, el gobierno construyó aquí un balneario-hotel con objeto de privatizar el uso y la propiedad de esta tierra. Ahí tenía su pequeño restaurante, sus canoas y un río de aguas trasparentes. Algunos campesinos ajenos al zapatismo comenzaron a cambiar las normas en la gestión del balneario. El alcohol, prohibido en las comunidades zapatistas, regresó al lugar con todas las lacras sociales que comporta en el mundo indígena. Luego llegó las prostitución. Algunas autoridades locales comenzaron a desviar los beneficios del trabajo colectivo hacia sus propios bolsillos. Poco después los jefes paramilitares de la zona comienzan a negociar la venta del espacio al gobierno. Estos, antes ya habían vendido sus tierras comunitarias. Su ubicación adentro del trazado de la futura autopista Palenque-Comitán les reportaría mucho dinero.

Su gesto resulta impenetrable hasta que un atisbo de ira asoma en su rostro: “El mal gobierno no más quiere quitarnos la tierra. Pero ya es nuestra. Hemos derramado mucha sangre y por eso no nos vamos a dejar. Nosotros luchamos sin dinero y vamos a llegar hasta donde podamos. No es tierra para negocio, es para vivir. Es tierra zapatista”.

Llegadas las cosas a este punto, los compas deciden volver reocupar el balneario. Llegan muchas gentes de las comunidades y toman las instalaciones y el parque circundante. Cierran la cantina y acaban con los privilegios de los jefes opddicos. La reacción paramilitar no se demorará mucho. Rápido se acercan al gobierno del estado para que saque de allí a las bases de apoyo. Como carecen de derechos legales, acusan de diversos delitos a los zapatistas. Les señalan como ladrones y cuatreros para conseguir una operación “quirúrgica” de la policía estatal. El gobierno espía el lugar en secreto. Más tarde, unidades de la Policía Judicial visitan el balneario buscando amedrentarlos. Todo resulta inútil y el gobernador del estado no acaba de ver las condiciones para desarrollar tal operativo. El tiempo pasa y la recuperación se consolida. El nerviosismo cunde entre los priístas.

El representante habla de si mismo en tercera persona: “los zapatistas no tienen vergüenza pues ellos si trabajan y no roban. Opddicos solo quieren sus tierras para vender, no para trabajar. Opddicos no sufren, ellos no limpian el monte (el parque). Reciben paga gratis de visitantes. Varias veces llegaron a cortar el lazo (que cierra la entrada al balneario) con sus machetes”.

Solo algunas gentes del contorno son hostiles. Al otro lado del puente de hamaca se asienta una comunidad donde se mezclan gentes progobierno y zapatistas. El sector priísta está tranquilo y no se implica en el conflicto. En otras comunidades, como Ejido Delicias y hasta Callejón Yaxaj, viven zapatistas en tierras recuperadas colectivas.

Dice más tarde “que siguieron trabajando duro y poco a poco se fue bajando el problema. Los compas que llegan aquí no están tristes pues saben que más personas arriba, en las comunidades, están con la lucha. Vamos a resistir por nuestros hijos. Aquí no nos paga nadie. No necesitamos dinero sino que trabajar en colectivo. Tan solo un poquito de lana para pagar el pasaje en camioneta para llegar hasta aquí. Ellos traen la tortilla, pozol y frijol de su comunidad para siete días”

Jóvenes y viejos llegan a trabajar en colectivo al balneario El Salvador. Con gran esfuerzo vienen de todos los rincones del territorio del Caracol. Los opddicos confían que al final los zapatistas se van a cansar. Pero ellos no trabajan por dinero, pues todo va para el Caracol, para lo colectivo, pues hay mucha necesidad.

El representante sabe bien de las mañas del gobierno: “El mal gobierno impide que se publique información verdad sobre el conflicto de Chiapas. Manda a su policía a matar gentes. Nos han amenazado bastante, que si nos van a matar o a secuestrar. No muy le gusta se publique en diarios. Nos llevan a la cárcel sin delito. El mal gobierno no se cansa pues están sentados en su palacio, están burlando a nosotros. Así pues les agradecemos que han venido a visitarnos. Para que vayan a decir a sus países que el gobierno no nos cierra la boca. Hasta dijo el gobierno que nos tapamos con paliacate porque traemos enfermedad, esa que dicen influenza”.

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