Documentación histórica

Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas-UNORCA (México). Mesa de la mañana. 5 de enero de 2009

Alberto Gómez Flores

 

Reciban mujeres y hombres zapatistas, mujeres y hombres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de su comandancia, nuestros respetos y nuestros fraternales saludos. Reciban ustedes, todas, todos, participantes, en este Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, nuestros saludos.

Les agradecemos la invitación a participar y, en especial, queremos saludar a tanta juventud, tanta juventud aquí presente. Porque la juventud nos da esperanzas de un mundo mejor.

Otro campo es posible. Otro futuro para los pueblos rurales que es el tema de esta mañana. Y ni modo, tengo que usar mis lentes.

Recién en octubre pasado, celebramos la Tercera Asamblea Internacional de la Mujer Rural; la Segunda Asamblea Internacional de la Juventud Rural; la Primera Asamblea de Aliados y nuestra Quinta Conferencia Internacional de la Vía Campesina, en Maputo, Mozambique, África.

Delegaciones de las nueve regiones que conformamos la Vía Campesina —porque nos repartimos nosotros también el mundo en nueve grandes regiones—, cuatro regiones en América, una de éstas es Norte de América: Estados Unidos, Canadá y México; una región es Europa, tenemos dos regiones en Asia y dos regiones en África.

La Vía Campesina celebramos cada cuatro años nuestra Conferencia Internacional. Tenemos una instancia que es la Comisión Coordinadora Internacional, tenemos siete grandes Comisiones Internacionales de Trabajo y también una Secretaría Operativa Internacional que ahora está en Indonesia.

Llegamos, las historias, las culturas, las luchas, las lenguas y las esperanzas de las organizaciones nacionales campesinas e indígenas de 68 países que conformamos el movimiento campesino internacional, la Vía Campesina.

Y entonces queremos platicarles brevemente de nuestra opinión sobre esta crisis, sobre la crisis global y de algunos de nuestros resolutivos.

La crisis global. El mundo entero está en crisis. Una crisis de dimensiones múltiples. Crisis global de los sistemas alimentarios; crisis financiera; crisis climática; crisis energética; crisis económica. Y entonces en estos tiempos, la ONU —organismo que también está en crisis— convoca y ha convocado a cumbres y a reuniones de alto nivel de gobiernos, para encontrar alternativas y salidas. Pero sus conclusiones, en sus conclusiones se han atrevido a afirmar que el sistema de libre mercado es el camino, que los principios del mercado libre es el futuro. Las soluciones que nos ofrecen desde el poder ignoran que la crisis es producto del sistema capitalista y del neoliberalismo.

Los que realmente tienen el poder, que rechazan algún papel del Estado en la economía han pasado a pedir desesperadamente su ayuda. Desde abril pasado, los gobiernos ya gastaron más del 11 por ciento del Producto Interno Bruto Global para dar liquidez y salvar a los bancos. Cuando, para solucionar los problemas del cambio climático, el mundo precisa invertir entre el 1 y 2 por ciento del Producto Interno Bruto Mundial. La crisis climática provoca que más de 13 millones de personas mueran cada año en el mundo, y que existan cerca de 20 millones de desplazados ambientales.

La crisis global de alimentos tiene ahora a más de mil millones de hambrientos en el mundo. Además, el capitalismo y su crisis económica global significa para la humanidad que 4 mil 750 millones de personas sean pobres en todo el mundo. Que existan mil millones de desempleados —más todos los que se acumulen—. Y que más del 50 por ciento de la población mundial activa esté subempleada o con trabajo precario. Que más de 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables. Que el 45 por ciento de la población mundial no tenga acceso directo al agua potable. Que tres mil millones de personas carecen de acceso a servicios mínimos de salud. En fin, y tantos datos.

En las últimas décadas, hemos visto el avance del capital financiero y de las corporaciones transnacionales sobre todos los aspectos de la agricultura y del sistema alimentario de los países y del mundo. A la vez, ahora, estamos viendo una ofensiva del capital sobre los recursos naturales como no se había visto desde tiempos coloniales. Mercantilizar la naturaleza es su objetivo, con métodos para calcular el precio de las plantas, los animales y hasta de los ciclos ecológicos.

Desde su lógica, la naturaleza, dividida en partes, no sólo deben tener precios, sino que también contar con dueños y, por lo tanto, se ampliaron los regímenes de derechos de propiedad. De esta manera, quieren cerrar un círculo que les permita acorralar a la naturaleza en el mercado.

Sí, la crisis de la tasa de ganancia del capital los lanza a una guerra privatizadora de despojo contra campesinos e indígenas. Un robo privatizador de la tierra: la biodiversidad, el agua, los pueblos rurales y la naturaleza estamos siendo agredidos.

También, hoy, seis corporaciones trasnacionales dominan la cadena alimentaria. Su dominio es mucho, casi absoluto en el mundo de los cereales y los granos. Desde el trigo, maíz y avena, pasando por el sorgo, cebada y centeno. Hasta carnes, lácteos, aceites y grasas. Grasas comestibles, frutas, vegetales, azúcar y especias. También son grandes especuladoras financieras en los mercados agrícolas y están en el negocio de los agrocombustibles.

Cargill, ADM —que además el señor Obama tiene ahí muchos intereses—, Monsanto, entre otras. Son los causantes directos de la crisis. Sin embargo, toda crisis genera oportunidades. Oportunidades para el capitalismo que usa la crisis para reinventarse y encuentra nuevas fuentes de ganancias, pero también oportunidades para los movimientos sociales.

Nos queda claro que los instrumentos del capitalismo: la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, están mostrando su incapacidad de administrar la crisis. También, que los gobiernos neoliberales son instrumentos y no sirven a los intereses de los pueblos.

Tenemos claro que el régimen mundial de alimentos, controlados por las empresas trasnacionales, no es capaz de alimentar a la gran masa de personas en este planeta.

Pero también decimos que los pueblos rurales, campesinos e indígenas somos más de la tercera parte de la humanidad y, hoy por hoy, seguimos alimentando a la humanidad, seguimos alimentando al mundo. No nos han derrotado. No nos han desaparecido y no lo lograrán, seguiremos existiendo.

Por esto, entre otras cosas, la Vía Campesina, acordamos algunas acciones, medidas y ejes de lucha. La Vía Campesina asume que las corporaciones trasnacionales son la principal amenaza para las familias campesinas e indígenas y para la humanidad. Que las corporaciones trasnacionales son nuestros enemigos comunes. Constituyen la forma actual del capital que ejerce el control sobre nuestras economías. La lucha para combatirlas es entonces, una prioridad para el movimiento campesino internacional, la Vía Campesina.

No se trata solamente de las corporaciones trasnacionales, de los agronegocios. También estamos hablando de las dedicadas a las extracciones mineras, las que se encargan de construir grandes represas, las que controlan los mercados de distribución.

Es por esto que en la Vía Campesina nos comprometimos a luchar contra las trasnacionales, en general, y, en particular, contra Cargill, Monsanto, Nestlé, Syngenta, Wal-Mart, que amenazan directamente las comunidades campesinas e indígenas.

También, que tenemos que resistir y derrotar los instrumentos que las corporaciones trasnacionales usan para controlar nuestros recursos y nuestras economías. A los gobiernos neoliberales e instituciones que las favorecen, las protegen y están a su servicio. A la Organización Mundial del Comercio y a los tratados de libre comercio. A los programas para la privatización de los recursos naturales, de los conocimientos y para la destrucción de formas culturales. A las tecnologías transgénicas y todas las formas de patentes sobre la vida. Al modelo de agricultura industrial dependiente de los agrotóxicos y del petróleo

Luchar y derrotar a los monocultivos y agrocombustibles. Los monocultivos hoy desplazan las poblaciones y crean desiertos verdes para la agroexportación. Destruyen la biodiversidad, los suelos e intoxican las aguas. Los agrocombustibles constituyen especialmente un nuevo pretexto para la monopolización de las tierras y aguas para las corporaciones trasnacionales.

También, contra la explotación de los trabajadores agrícolas y de las personas migrantes. Mantener nuestra lucha contra el imperialismo, las guerras y las ocupaciones militares. Contra la represión y criminalización de los movimientos.

El segundo gran eje de lucha tiene que ver con resistir a la destrucción ambiental y revertir el cambio climático. Somos las primeras víctimas de la destrucción ambiental. La desertificación, inundaciones, el cambio en el ciclo de las estaciones, contaminación del agua, etcétera. Pero también somos la principal alternativa frente a la destrucción ambiental. Nuestro modelo de agricultura campesina se encuentra en equilibrio con el medio ambiente. Preservamos los recursos naturales permitiendo productos sanos para la humanidad.

El modelo capitalista de desarrollo, que prioriza el beneficio de las empresas nos está conduciendo a la destrucción del planeta. El futuro de la humanidad está amenazado. La crisis de la biodiversidad, la voracidad de las corporaciones transnacionales para acaparar los recursos genéticos del planeta nos conduce a la desaparición de la biodiversidad vegetal y animal. Resistir a la privatización de la biodiversidad y a la bio-piratería y luchar contra todos los tipos de propiedad intelectual sobre la vida, es nuestra tarea.

Luchar por los derechos campesinos e indígenas para sembrar, seleccionar, desarrollar e intercambiar semillas, y profundizar los esfuerzos de las comunidades para investigar y multiplicar los saberes sobre la biodiversidad, continuarán siendo nuestras tareas cotidianas en la Vía Campesina.

Estamos en una crisis del clima, esa crisis climática. El modelo de desarrollo industrial de las corporaciones trasnacionales ha generado la crisis climática. Están manipulando la preocupación de las y los ciudadanos en el mundo por el cambio climático y la crisis energética, al afirmar que los agrocombustibles son la alternativa.

Se han fijado metas. Dicen los agrocombustibles, por ejemplo: Estados Unidos. Estados Unidos, para el 2012, se ha propuesto combinar el 12 por ciento con agrocombustibles en sus combustibles, en sus gasolinas y disel. En Estados Unidos, el 90 por ciento de los agrocombustibles proviene del maíz —que sacan el etanol— y de la soya, para el disel. Pero ese 12 por ciento, ésos cerca o más de 78 millones de galones significan que Estados Unidos, para cumplir su meta, necesite más de 600 millones de hectáreas. En el mundo, hoy contamos con mil 500 millones de hectáreas agrícolas y para la producción de alimentos. Y ellos, en 12 por ciento, pretenden 600 millones de hectáreas. Eso es Estados Unidos. Y Europa, que también ha fijado sus metas, entonces ¿dónde está la superficie para la producción de alimentos?

Están priorizando, quieren priorizar con los agrocombustibles. Sí, la producción de alimentos, pero para las máquinas, no para los seres humanos.

Nosotros y nuestras agriculturas —y lo hemos dicho en todos lados, y en Roma en ese cumbre mundial en meses pasados—. Nosotros y nuestras agriculturas campesinas e indígenas podemos enfriar el planeta. Nosotros podemos enfriar el planeta. Somos la alternativa y necesitamos revertir el modelo de desarrollo industrial capitalista. Nuestra lucha ahora es contra la producción industrial de agrocombustibles.

La crisis del agua también es nuestra preocupación y está en nuestra agenda de lucha. Pero tenemos y planteamos alternativas. En el año 96, la Vía Campesina, en una cumbre sobre la alimentación. dijo en Roma: la soberanía alimentaria es la alternativa.

En el año 96, por datos del organismo FAO que se encarga para la agricultura y la alimentación de Naciones Unidas, decía que había cerca de 800 millones de hambrientos en el mundo. Y ahí acuerdan que es la seguridad alimentaria, y desde ahí promueven que son las corporaciones, con sus tecnologías transgénicas, las que van a permitir —iban a permitir— abatir el hambre. Y se fijan metas. Pero hoy son más de mil millones de hambrientos en el mundo, y hoy tenemos y contamos con una mayoría de países que, siguiendo esas indicaciones, están en dependencia alimentaria.

La Vía Campesina seguimos insistiendo —y hoy más que nunca—: la soberanía alimentaria es nuestra alternativa global frente al sistema capitalista y a la crisis de carácter estructural que vive y a las crisis que engloba. Es una alternativa de los campesinos para la sociedad en su conjunto. Solamente a través de la soberanía alimentaria se podrán producir y tener acceso a alimentos suficientes y sanos, con una agricultura campesina con bases agroecológicas en beneficio de toda la humanidad.

Nuestra lucha es porque los pueblos, porque los países, desarrollen sus propias políticas agrícolas y alimentarias. Por políticas que detengan y desarticulen el poder corporativo. Porque la soberanía alimentaria sea el eje rector estratégico de toda política de Estado agroalimentaria, comercial, de desarrollo rural, ambiental, de combate a la desigualdad y de reconstrucción de los tejidos sociales.

La soberanía alimentaria puede existir solamente bajo la condición de que la Organización Mundial del Comercio, los tratados de libre comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, salgan de la agricultura y de la alimentación.

Estamos, también, como requisito, por incrementar la lucha por la tierra y por una reforma agraria con una visión de territorio. Por nuevas instituciones públicas para la soberanía alimentaria: programas, presupuestos, mecanismos e instrumentos de promoción y fomento a la agricultura campesina e indígena. Porque nuestra agricultura campesina e indígena y los modelos agroecológicos de producción son los pilares de la soberanía alimentaria.

Otro gran tema tiene que ver con nuestro funcionamiento como Vía Campesina. Nuestras alianzas y articulaciones, nuestras campañas y fechas. Algunas de las campañas que mantenemos y que impulsamos son: la Campaña Mundial de Semillas; la Campaña Global por la Reforma Agraria y hoy, —y de manera decidida y unánime, en la Quinta Conferencia de la Vía Campesina— acordamos impulsar la Campaña Internacional Contra la Violencia a las Mujeres en las Zonas Rurales. También la Campaña contra los Tratados de Libre Comercio y la Campaña por la Carta de los Derechos Campesinos.

Algunas de las fechas nuestras y de las fechas que significan y que significarán movilizaciones. En México, a finales de febrero de este año se van a reunir representantes de los gobiernos. Van a discutir sobre temas transgénicos y contaminación. Va a ser un momento oportuno, para gritar y decir: en este país no debe haber transgénicos, en este país, las tecnologías no tienen lugar. Defender y poner nuestras semillas criollas por delante.

El 8 de marzo, está el día internacional de las mujeres. A mediados de marzo —y estamos platicando y ahora en el Foro Social Mundial de enero que se celebrará en Brasil, buscaremos impulsar que hacia mediados de marzo— impulsemos la movilización internacional contra la crisis y contra las corporaciones trasnacionales.

El 17 de abril es el día internacional de la lucha campesina. El 10 de septiembre el día internacional contra la Organización Mundial del Comercio. El 15 de octubre el día internacional de las mujeres rurales. Y fuerte, mucho, en todos los países donde está la Vía —con todas las alianzas y todo lo que podamos convencer— queremos que el 16 de octubre sea el día mundial contra las corporaciones trasnacionales. Y el 9 de noviembre, día internacional de los migrantes que será el día de la movilización contra los muros. Esto es de manera general algunos de nuestros principales ejes de lucha acordados en nuestra Quinta Conferencia de la Vía Campesina.

Muy breve también, queremos aprovechar para mencionar algunas cuestiones sobre México. Hoy, México vive una de las peores crisis agrícolas y rurales que nos tienen en una profunda dependencia alimentaria. Gracias al Tratado de Libre Comercio que provocó modificar, desaparecer y modificar las políticas agrícolas y rurales. Desaparecer instituciones, mecanismos, instrumentos de fomento a la producción de alimentos interna. Este desmantelamiento y esta dependencia hace que con esta crisis, México sea más vulnerable.

En México, somos el tercer país a nivel mundial importador del maíz. Nuestras necesidades significan para el año pasado, significaron la importación de más de 15 millones de toneladas de maíz donde el 60 por ciento de éste es transgénico. En arroz, el 86 por ciento del arroz que necesita México para el consumo, es importado; el 68 por ciento del trigo que requiere México es importado; la soya es un cultivo, junto con otros, que prácticamente desapareció. Somos el primer país importador de leche en polvo.

Nuestra dependencia alimentaria significa que poco más del 50 por ciento de nuestros alimentos sean importados. Ésta la gravedad de la dependencia alimentaria. La gravedad del desmantelamiento de la capacidad productiva campesina que ha significado todo este periodo del Tratado de Libre Comercio.

La gravedad de lo que significa el incremento de los precios a los consumidores, más no un incremento de los precios para los productores. Nos lleva a decir que ahora estamos en una situación de emergencia nacional, y que requiere grandes y profundos cambios. Otra política, otro trato para los hombres y mujeres del campo, otro trato para la agricultura.

Las estrategias, hasta ahora, han significado que sean las corporaciones trasnacionales las que definan, bajo su interés, las formas, y controlen prácticamente las cadenas productivas. Cargill, ADM tienen el control casi completo de la cadena maíz-tortilla. Estamos transnacionalizados en los productos que son sensibles y estratégicos para nuestra alimentación. Las corporaciones y sus intereses han sustituido el antiguo rol que cumplía el gobierno y las instituciones.

Y tenemos claro que para la soberanía alimentaria en México necesitamos dar ese empujón que requiere este sistema político mexicano que está en su crisis terminal. Con este sistema político mexicano en crisis no es posible tener soberanía alimentaria: con estos políticos, con estos partidos, con esta politiquería, no es posible. Nuestra lucha por la soberanía en México pasa, necesariamente, por la destrucción del sistema político mexicano. Por la construcción de nuevas formas y nuevas culturas políticas.

También, porque necesitamos una reforma al Artículo 27 Constitucional en materia agraria. Y en dos cuestiones: la propiedad, la parcela ejidal, sea patrimonio familiar, y que en la propiedad social en nuestros territorios campesinos e indígenas no puedan ingresar las sociedades mercantiles, sean las corporaciones trasnacionales.

Para tener la soberanía alimentaria en México necesitamos, desde ya, sacar la agricultura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Para tener la soberanía alimentaria necesitamos derogar algunas leyes: la Ley de Bioseguridad, la Ley de Aguas, la Ley de Semillas, actuales leyes acordadas en la pasada y la reciente legislatura. La Ley de Agrocombustibles también.

Y para tener soberanía alimentaria nos queda claro que los acuerdos de San Andrés tienen que ser, hoy por hoy, la ley de derechos y cultura indígena. Sin esto no es posible tampoco alcanzar la soberanía alimentaria.

La crisis, la crisis —porque no podemos presumir que en México tenemos y existen organizaciones o centrales campesinas activas y fortalecidas— hay crisis, hay una fuerte crisis de las centrales campesinas. A la UNORCA nos está llegando también.

Hoy están planteando un nuevo acuerdo nacional para el campo, con otro nombre —una alianza para no sé qué— un acuerdo nacional para el campo que es la política, que son los planteamientos de las corporaciones trasnacionales traducidos en acuerdo. Y que algunas organizaciones, bueno, muchas organizaciones están ya urgidas y dispuestas a firmar esto. Porque están urgidas de que este acuerdo signifique acordar con el gobierno, acceder a los recursos públicos para tener clientelismo.

Hoy, necesitamos impulsar nuevas formas de articulación, con nuestras luchas, con nuestras historias. Necesitamos empezar de nuevo, hacia nuevas formas de movimiento, hacia nuevas formas organizativas. Porque estamos convencidos que así, y con las alianzas con la juventud, con las alianzas con los movimientos urbanos, vamos a poder avanzar en este país a tener la soberanía alimentaria.

Y también, para tener otro campo, otros pueblos rurales con vida, para poder tener la soberanía alimentaria, es necesario, es importantísimo, la plena participación del movimiento zapatista, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en los cambios de este México son necesarios, no vemos luchas sin ellos.

Como dijeron nuestros compañeros, sí son tiempos de sembrar luchas, de sembrar esperanzas, de sembrar nuevas formas, nuevas actitudes, nuevas voluntades. Son tiempos de mucho trabajo. Estamos seguros que la cosecha, las cosechas serán buenas.

Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza.

Muchísimas gracias por su atención.

Antes de pasar el micrófono, queremos entregar a las Comandantas y Comandantes y al compañero Juan del CNI, algunos presentes.

Muchas gracias.