Documentación histórica

Sindicato de Trabajadores Agrícolas Fronterizos (Estados Unidos). Mesa de la mañana. 5 de enero de 2009

Carlos Marentes

 

Gracias. Es un honor compartir esta mesa con las comandantes y los comandantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con don Juan Chávez, del Congreso Nacional Indígena, y con mis compañeras y mi compañero de la Vía Campesina.

Yo trabajo para una organización de trabajadores agrícolas migrantes, en la frontera de los Estados Unidos y México. Y es a nombre de estos trabajadores agrícolas mexicanos que traigo un saludo fraternal al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el 25 aniversario de su fundación y en el quinceavo aniversario del levantamiento en contra del olvido y la muerte.

Un saludo fraternal también a las y los zapatistas de Chiapas y del mundo, con motivo de este Festival Mundial de la Digna Rabia.

Queremos agradecer también al Caracol de Oventik y a Cideci, por su hospitalidad. Por hacer que nos siéntamos como en nuestra casa. Y no puedo dejar pasar, de dar las gracias a los coordinadores técnicos de esta delegación. Y de las otras delegaciones de la Vía Campesina anteriores, a Oventik, Morelia, La Realidad, Vicam, Sonora, y La Garrucha. A los compañeros María Elena Martínez y Peter Rosset, amigos comunes que compartimos la Vía Campesina y las comunidades zapatistas de Chiapas.

La organización de los trabajadores agrícolas, para la cual trabajo, está basada en El Paso, Texas. Una población pegada a Ciudad Juárez, Chihuahua. Solamente el Río Bravo divide a estas ciudades. Este punto geográfico es el más importante lugar de tránsito, congregación y reclutamiento de los trabajadores agrícolas migrantes. De hecho, desde el siglo pasado, este punto fronterizo ha sido el destino y el punto de partida de millares de migrantes. Es más, podemos decir que quienes vivimos en la frontera, vivimos en la zona cero de la migración mundial.

Nada más para explicar, les voy a leer algo que apareció en un periódico el año pasado: “Se dice que la frontera México-Estados Unidos es el mayor corredor migratorio en el planeta. De tal magnitud, que supera el movimiento de personas que haya ocurrido en cualquier parte del mundo. Aún más, de acuerdo al estudio del Banco Mundial —donde se menciona este hecho—, el universo de mexicanos que han logrado cruzar la frontera en los últimos años, suma 11.5 millones de mexicanos” (La Jornada, 19 de mayo del 2007).

Y, aunque cruzan toda clase de migrantes, me quiero referir a la frontera como un gran mercado laboral. Algo que no es reciente, sino que es el resultado de un movimiento histórico masivo, sin precedentes, creado por un modelo de producción norteamericano, basado en la explotación de mano de obra barata. Entre 1942 y 1964, para dar un ejemplo, unos cinco millones de mexicanos cruzaron a los Estados Unidos durante el Programa Bracero, para cosechar la comida y pizcar el algodón que América requería para ganar la guerra mundial. Y hasta nuestros días, los migrantes continúan cruzando para trabajar en la agricultura más rentable en el mundo: la agricultura industrial norteamericana.

Pero, naturalmente, para poder llegar a los Estados Unidos, los migrantes tienen que arriesgar sus vidas. Todos ustedes estarán familiarizados con las muertes en la frontera: unos 4 mil migrantes en la última década. Menos conocidas son las muertes de los migrantes que ocurren en partes lejanas de la frontera de Texas, Arizona y California. Y muchos más que van a dar a la fosa común y que, ni siquiera, aparecen en las estadísticas.

Pero, una vez que el inmigrante ha desafiado la frontera, y llega a los Estados Unidos, se convierten en la mano de obra barata que, además, permite manipular los costos de producción. Bajándolos de tal forma que se asegure el máximo de ganancias. Me refiero, en particular, a la agricultura industrial y comercial, que ha permitido a los grandes agro-business y a un puñado de corporaciones, apoderarse del sistema alimentario mundial. El objetivo de la agricultura industrial y comercial es de producir cada vez más, y cada vez más barato. Pero no se trata de producir mejores productos agrícolas. Es decir, no se trata de producir comida más saludable.

Naturalmente, que este modelo de producción industrial, comercial, tiene sus impactos desastrosos al medio ambiente y a los seres humanos. Me quiero referir a que este modelo descansa en la explotación de los trabajadores agrícolas migrantes. Alberto Gómez, mi compañero coordinador, me imagino que va a hablar más sobre este tema y va a hablar sobre la alternativa, como Vía Campesina, frente al modelo capitalista de la agricultura industrial y comercial. Sólo quiero mencionar que los principales instrumentos de este modelo de producción agrícola, son las políticas nacionales anti-campesinas, y los tratados de libre comercio.

En nuestro caso, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que, por cierto, tuvo su merecido recibimiento aquí en Chiapas, el primero de enero de 1994. Quiero darles algunos datos sobre el efecto que tiene este modelo en los trabajadores agrícolas: Como ustedes saben —y estos son datos que no inventamos nosotros, que no se nos ocurrieron a nosotros, son datos oficiales—, en Estados Unidos, ocho de cada diez trabajadores agrícolas son mexicanos. Su ingreso promedio anual es de menos de 6 mil dólares al año. Es decir, solamente una tercera parte del ingreso promedio de un trabajador en el nivel federal de pobreza.

Esto solamente representa, por cierto, la mitad del salario real que ganaban los trabajadores agrícolas en Estados Unidos, antes de la entrada en vigor del TLCAN. A los trabajadores agrícolas migrantes, sobre todo, a los que no tienen documentos, se les hacen deducciones de sus salarios. Pero, a cambio, no reciben beneficios de Seguro Social, Desempleo, o compensación por accidentes o enfermedades de trabajo. Y este último dato es importante porque, de acuerdo al Departamento de Trabajo en los Estados Unidos, el trabajo agrícola en Estados Unidos es la segunda ocupación más peligrosa. Solamente superada por la minería.

Bueno, y ¿cómo se mantiene esta mano de obra barata? Lo que permite el mantenimiento de esta mano de obra barata es la posibilidad de tener un sector de esta fuerza laboral en condiciones de ilegalidad: los indocumentados. Los que el gobierno norteamericano se niega a legalizar su estancia en los Estados Unidos. Bueno, pero estas condiciones son inexplicables si nos damos cuenta de que, de acuerdo a las últimas cifras del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, la agricultura es uno de los sectores más importantes de la economía norteamericana. Según este departamento, se espera que, para el 2010, el valor neto de la agricultura, de la cosecha, en los Estados Unidos, llegue a la marca de los 50 mil millones de dólares. Tradúzcanlo a pesos, y se darán cuenta de la importancia.

Nuestro esfuerzo organizativo se trata de estos trabajadores migrantes. De los que laboran en la agricultura. Pero nos enfocamos en los de la región fronteriza del sur de Nuevo México y el oeste de Texas. Especialmente, nos enfocamos en los miles de pizcadores de la multimillonaria industria del chile, del sur de Nuevo México. Nuestro trabajo se trata de organizarlos en comités. Para que, colectivamente, hagan acciones de presión, como paros en los campos, protestas, plantones, denuncias. Que les permitan cambiar sus condiciones de trabajo y mejorar sus salarios.

En El Paso, Texas, a unos cuantos pies de la frontera. En el histórico Segundo Barrio, tenemos nuestro Centro de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos, que no solamente es la base de los trabajadores de la región, sino que también es un espacio físico dedicado a la organización y a elevar su nivel de conciencia.

Por cierto que, como si fuera una ironía, nuestro Centro de Trabajadores Agrícolas está cruzando la calle donde se encuentran las oficinas del Departamento de Seguridad Doméstica de los Estados Unidos. Así que ahí estamos compitiendo en ese espacio fronterizo.

Este centro es un logro importante en nuestra lucha que iniciamos hace 25 años. Nuestra lucha se da en condiciones de adversidad, de muchos factores que actúan en contra de nosotros. Así que, vamos a ir más allá de la mera batalla gremial. Actualmente, estamos padeciendo la ofensiva anti-migrante más seria de todos los tiempos. Desde aquella famosa e infame Operación Espaldas Mojadas, Operation Wet Back, de los años 50. Bajo el cual se cazó, se detuvo y se deportó a alrededor de un millón de trabajadores migrantes, junto con sus familias.

Por cierto que —quería comentar que todavía no se reconoce que, en la cuestión de la migración, también existe otra especie de destino manifiesto—, hace más de 160 años, ocurrió otra guerra imperial de despojo y ocupación. Y los norteamericanos se apoderaron de la mitad del territorio mexicano. Así que, cuando los mexicanos cruzamos la frontera, simplemente hay que pensar que estamos regresando a nuestra tierra, a la tierra ocupada.

Nuestro trabajo también incluye la resistencia y la batalla en contra de este embate anti-migrante. Pero quiero mencionar dos luchas actuales, críticas para nosotros. La primera, es la defensa del Segundo Barrio. El segundo más antiguo en El Paso, de un plan de desarrollo iniciado por un grupo de millonarios voraces de ambos lados de la frontera. Con el apoyo de las autoridades de la ciudad, en nombre del progreso. Es un plan comercial ambicioso. Por ejemplo: donde está nuestro Centro de los Trabajadores Agrícolas, intentan poner una Wal-Mart. Donde vive gente pobre, pues ahí habría un Starbrucks.

Se trata —como dicen allá en el barrio— de tirarnos los chantes donde hemos cantoneado durante muchos años. Pero estamos resistiendo y estamos luchando contra este plan. No solamente por el terrible desplazamiento de sus residentes, sino también por lo que el Segundo Barrio representa para nosotros. Fue en ese barrio donde el doctor Mariano Azuela escribió y publicó, por primera vez, en 1915, su novela Los de Abajo. Y mucho antes, en 1906, a pocas cuadras de nuestro centro llegó Ricardo Flores Magón para planear la lucha del Partido Liberal Mexicano, contra la dictadura porfirista. No podemos permitir la destrucción de nuestra historia.

Pero, además, este plan de destrucción del Segundo Barrio no para en la frontera, sino que se extiende al lado mexicano. Hasta una colonia pobre: Lomas del Poleo, donde por varias décadas sobrevivieron muchas familias, en lo que parecía ser un pedazo desértico de terrenos nacionales, hasta que a los desarrolladores se les ocurrió que ahí se podía construir una super carretera, y hasta posibles parques industriales o de distribución, para conectar con el desarrollo del lado americano.

Y, de pronto, aparecieron dos miembros de la poderosa y rica familia Zaragoza, Pedro y Jorge, reclamando lo que hasta entonces había sido un terreno árido y olvidado. Los colonos de Lomas del Poleo se negaron a abandonar sus humildes viviendas. Fue así como los Zaragoza, apoyados por la policía local y estatal, iniciaron las agresiones. Hubo intentos violentos de desalojo. Se cortó el suministro de electricidad, quemaron la iglesia e intentaron cerrar la escuela. Hubo destrucción de viviendas y robo de los humildes bienes materiales de los colonos.

Ha habido muertos, heridos, y un constante hostigamiento policíaco. Y algo bárbaro, difícil de imaginar: se cercó toda la colonia. Hoy en día, Lomas del Poleo está amurallada. Con sólo dos entradas y salidas, custodiadas por guardias armados, reclutados en los bajos fondos de la delincuencia y la drogadicción, que controlan que solamente los colonos salgan y entren de Lomas del Poleo. Pero que, además, revisan lo que llevan y lo que sacan los colonos.

Irónicamente, heroicamente, los colonos de Lomas del Poleo resisten con la digna rabia de este intento de despojo, y merecen el apoyo de todos los movimientos sociales de México.

La segunda batalla que tenemos es para detener la construcción del muro fronterizo, que nosotros llamamos el muro de la muerte. Este muro constituye la agresión más bárbara en contra del pueblo fronterizo. Ya que solamente servirá para separar más a nuestros pueblos. Para dañar aún más al ya de por sí deteriorado ecosistema de la frontera. Y para causar más muertes de migrantes.

En nuestra región fronteriza, el muro empezó a construirse en agosto del año pasado. Tiene una extensión de unos 100 kilómetros de largo, y casi seis metros de altura. Se trata de una estructura metálica reforzada con muros de concretos. Y como ustedes saben, para construir este muro, el secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, suspendió 30 leyes federales, entre las que se encuentran: la ley de protección de sitios indígenas sagrados y otras relacionadas con la protección medioambiental, entre éstas.

El costo del muro se estima en 80 millones de pesos por cada kilómetro de muro construido. Por cierto, en su construcción, se utiliza cemento mexicano y, por supuesto, mano de obra mexicana. Aunque, al principio, Cemex declaró públicamente que no proporcionaría, no proveería cemento para la construcción del muro, el cemento mexicano ha fluido a través de empresas subcontratistas.

Al inicio de la construcción del muro, iniciamos una campaña que llamamos “¡Ya basta! ¡Todas y todos contra el Muro!” Hemos realizado una caminata de cinco días sin parar, siguiendo la extensión del muro. Hemos realizado protestas, vigilias y actos culturales. Acciones que nos han permitido levantar una oposición amplia de parte de la población del otro lado.

Esta jornada de protestas ha sido difícil, ya que estorban una operación federal, protegida por la Ley Patriota Anti-terrorista y la política nacional, de seguridad nacional. Por lo que hemos tenido que aguantar espionaje, hostigamiento y represión policíaca. En el mes de noviembre, un compañero de nosotros, Javier Pérez, fue detenido y llevado a la cárcel del condado, después de haber dirigido un plantón con cerca de 50 estudiantes de la universidad de Texas, en El Paso. En diciembre, hace unas cuantas semanas, una mujer valerosa, Judith Ackerman, fue detenida después de haber detenido durante seis horas la maquinaria.

A raíz de estas acciones, hemos logrado retardar la construcción del muro. Originalmente, el muro iba a estar terminado en diciembre, ahora está pronosticado que probablemente no lo puedan terminar hasta marzo. Ésta ha sido la acción de nuestra campaña. Pero, además, hemos causado que se infle el costo de la construcción del muro. De que aumente el costo de la construcción. Lo cual, de seguro, va a despertar las suspicacias de algunos miembros del Congreso, que se oponen a gastos inútiles en tiempos de crisis. Así que seguimos la lucha en contra del muro.

Finalmente, quiero terminar —como vengo de Estados Unidos—, quiero terminar diciendo algo sobre Obama. No podía irme sin decirlo. En Estados Unidos, de pronto, sentimos de un ambiente de coraje, de hartazgo, por los problemas en que Bush ha metido a Estados Unidos. Sobre todo, por la guerra. Que es uno de los temas que más sensibilidad hay en la población. Además de esta estrategia anti-terrorista, que ha anulado, de hecho, los derechos individuales de la población.

Entonces, esto originó una movilización como no se había visto —sobre todo de jóvenes y de personas que nunca antes votaban— para ir a las urnas y a votar por Obama, para sacar a Bush de la Casa Blanca y sacar a la derecha de la Casa Blanca. Sin embargo, la mayoría entendemos que la solución no va a venir de la Casa Blanca. Y de que, probablemente, Obama va a ser la continuación de la política norteamericana, solamente con otro matiz.

Quiero utilizar las letras de una canción muy popular en los años juveniles de Peter Rosset, en los setentas, que dice, más o menos así: I’d love to change the world, but I don’t know what to do. So, I’ll live it up to you. Una canción de los setentas de Ten Years After que, básicamente, dice: Amaría cambiar el mundo, pero no sé cómo hacerlo, entonces, se lo dejo a ustedes,

Pues no, no es tiempo de dejarle nada ni a los Obamas, ni a ningún gobierno, ni a ninguna institución. Es tiempo de hacerlo nosotros mismos. En la Vía Campesina, lo que hemos aprendido las organizaciones que participamos en la Vía Campesina es de que el neoliberalismo nos ha abierto muchos frentes de lucha y de batalla. Nuestra responsabilidad es de luchar contra el neoliberalismo en todos los frentes de batalla del mundo.

Gracias.