Documentación histórica

Sylvia Marcos (México). Segunda mesa de la tarde: Otro mundo, Otra política. 4 de enero de 2009

(Ponencia entregada por escrito)

 

Buenas noches.

Quiero dar las gracias al EZLN por esta invitación a estar aquí compartiendo con ustedes. Vengo de una larga trayectoria como feminista activista e intelectual abajo y a la izquierda.

El más grande honor que yo he recibido en mi vida han sido las invitaciones del año pasado y la de hoy para participar en estas reuniones con el EZLN en búsqueda de Otro Mundo y Otro Camino… desde las mujeres.

Esta tarde escuchamos las denuncias del tipo de violaciones y abusos a los que somos sometidas las mujeres en las sociedades capitalistas y neoliberales. Escuchamos a las compañeras violadas durante los operativos en Atenco y también hemos escuchado sobre el trabajo de la Brigada Callejera y otras ONG’s sobre el abuso hacia las mujeres, homosexuales y transgénero apoyados por el capitalismo depredador. Nos compartieron sus estrategias de lucha por los derechos de género y de las mujeres. Las y los aplaudo y yo misma he colaborado muchas veces en su lucha.

También escuchamos a la Comandanta Hortensia. Ella nos habló del contexto zapatista en que se desarrollan sus luchas como mujeres, de sus dificultades y del tejido colectivo en el que están inmersas.

Ahora tenemos que tener claro cuál es ese contexto adentro del neo-zapatismo de las luchas de las mujeres por sus derechos. ¿Cómo forjan estos contextos unos feminismos diversos zapatistas?

En la mañana escuchamos a don Luis Villoro. Él nos habló de ese contexto indígena mesoamericano. Nos presentó algunas características filosóficas del mundo maya zapatista.

Señaló que estaba influido profundamente por los trabajos de Carlos Lenkersdorf, y por su propia reflexión.

Primero nos dijo que en esos mundos prevalece una pertenencia a la totalidad, al universo, al todo. Esto se destaca radicalmente del individualismo de la filosofía occidental.

Segundo, el equilibrio y la armonía entre dos instancias es el que se busca. De nuevo se contrasta con aquello que encontramos en las sociedades urbanas neoliberales.

Tercero, el comunitarismo zapatista se enfrenta a la subjetividad individual.

Por el momento, quisiera proponer que las luchas por los derechos de las mujeres, y adentro de este contexto filosófico, tienen que presentar otras estrategias, es decir, otro feminismo.

¿Cómo, en este contexto zapatista tan diverso, se logran forjar otros feminismos?

Algunas reflexiones mías, fundadas en la “lectura” de los discursos y las prácticas de las mujeres zapatistas siguen aquí.

 

Otro Mundo, Otro Camino, feminista

Exigimos a todos los hombres del mundo que nos respeten… porque un México sin mujeres no sería México y un mundo sin mujeres tampoco sería mundo
Everilda, comandanta zapatista.

La Garrucha, territorio zapatista, Diciembre 29, 2007.

 

Así expresó Everilda (citada por Eugenia Gutiérrez) su concepto del papel y valor de las mujeres. Sin nosotras no existe México y sin nosotras no existe el mundo. Dejo a su reflexión las implicaciones profundas de estas palabras…

Podría hacerse una reflexión profunda simplemente sobre esta cita textual de pensamiento de una mujer zapatista. Ahora les doy las buenas noches. Hemos escuchado ya varias presentaciones y propuestas teóricas…

Ante todo quiero reconocer y agradecer la lucha de las mujeres zapatistas. Han sido mi ejemplo mujeres como las Comandantas Ramona, Esther, Trini, Kelly, Susana, Everilda y muchas más. Ahora las saludo con el corazón. Corazón que, como el suyo, es la sede de la memoria, la inteligencia y la organización.

Las zapatistas son modelo y emblema de cómo unir luchas como mujeres con las luchas de los pueblos indios. En una intersección de etnia/género —como decimos las que somos teóricas feministas—, que aparece sin fisuras en su propia lógica, sin herrumbres, y en fluidez. Ellas hacen aportes inclasificables e inmensos a las luchas por los derechos de las mujeres.

Estuve con las Zapatistas en La Garrucha el año pasado. Eran 150 mujeres Zapatistas, en el Encuentro “Comandanta Ramona” de Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo. ¿Cómo le han hecho?, me preguntaba. Apenas hace tres años, el Sub comentaba que muy a su pesar (en “Para leer un Video”, 2004), el zapatismo no había todavía sabido crear las condiciones para que las mujeres participaran “en una nueva cultura que les reconozca capacidades y aptitudes supuestamente exclusivas de los varones”. Ahora, puede vislumbrarse un tejido rizomático de lugares de autoridad para las zapatistas. No lo revelaron directamente, pero, con un oído atento, el oído al que nos convocan en esta invitación, no podría una dejar de notar el sin número de nuevos lugares horizontales e interconectados que les permiten el ejercicio de autoridad sin autoritarismo, como dijera John Berger después de su visita al Caracol de Oventic en 2007.

De todo esto emerge una postura clara desde el zapatismo: la de implementar y ampliar las formas estructurales de su organización para favorecer y crear espacios de autoridad incluyentes de las zapatistas y las mujeres de sus bases de apoyo. A su vez, las zapatistas han sabido apropiarse y reformular muchas de nuestras propuestas feministas por los derechos de las mujeres.

Así, aquí saludo también a las Comisarias agrarias, las consejalas autónomas en las Juntas de Buen Gobierno, las promotoras y formadoras de salud y de educación, las capitanas, las milicianas, las insurgentas, las suplentas Comandantas del CCRI, las jóvenas y las niñas, y las mujeres bases de apoyo y las agentas autónomas, las dirigentes… (y de nuevo la computadora, se equivoca. Transforma un femenino en masculino… corrige mi español y al mismo tiempo erradica los avances del zapatismo, que logró feminizar tantas tareas de autoridad). Todos los femeninos instaurados por el zapatismo son transformados. Todas ellas abren el camino para mostrarnos una nueva forma de ser mujer, una lucha dura sí, pero también innovadora, fresca, en fluidez de género (les ahorro, porque las zapatistas la viven en carne propia, consideraciones sabias sobre la teoría subsidiaria de la “fluidez del género”).

Al oírlas en la Garrucha el año pasado, me decía, “es muy poco tiempo, yo que tengo tantos años de feminista y, aunque reconozco avances, muchos de ellos se hegemonizan, o se desvirtúan, o se truecan (cambian) por formas a favor de la represión y en contra de la justicia social amplia”. Sí, se logran derechos de las mujeres como tales, pero a cambio, frecuentemente, son absorbidos y neutralizados con respecto al cambio social, sistémico y político amplios.

Los cambios en el zapatismo aparecen como vertiginosos a nuestra mirada y nuestro oído. Ahí, en la escucha, esas 150 mujeres son apenas creíbles y sin embargo son. “Las zapatistas”, afirma Miriam, “no estamos desanimadas ni cansadas”.

 

“…y nos dimos cuenta, no sólo que no nos entendían, sino que su propuesta era mejor”

Esta frase sobre las primeras experiencias hace 25 anos del pequeño grupo guerrillero al enfrentar a las comunidades mayas podría apropiármela como feminista (Ya que el Sub acaba de proponernos la piratería como forma colectiva de apropiación, pues, me la apropio…). Muchas de nuestras propuestas de feministas urbanas caen así frente a las comunidades. Ni se entienden y nos toca ahora llegar a comprender cómo “…su propuesta es mejor”.

Cómo lograr ese “otro” mundo invirtiendo propuestas caducas, trilladas e inventando otro sendero, otro modo, otra teoría, otra política, otra mirada, otro feminismo, otra escucha, “…pensamos que su presencia, su oído y su palabra es necesaria”, nos convoca la invitación a este Festival de la Digna Rabia. ¿Cómo puedo yo aportar esa presencia, ese otro oído y esa otra palabra?

Pienso yo que el reto es saber escuchar voces indígenas, en especial voces de mujeres en esos mundos indígenas. Poderlas comprender, y luego llegar a la necesaria sistematización que hago como intelectual comprometida con un mundo más justo. Esto me coloca en una encrucijada que a veces desespero, esperando siempre.

A través de los años, he escuchado en silencio y aprendiendo de ellas, las zapatistas/indígenas, cómo ven el mundo, la naturaleza, cómo se ven a sí mismas, sus hijos, sus compañeros y cómo conciben su cuerpo de mujer encastrado en creencias ancestrales. Me he atormentado con la búsqueda de las palabras adecuadas para que su voz y su ser sean comprendidos en ambientes ajenos, en ambientes políticos nacionales e internacionales, buscando que su oralidad no sea interpretada como inferioridad y atraso.

Invertir el orden, reflexiono, invertir el proceso de hacer teoría. Comenzar con las voces múltiples de esas mujeres. ¿Qué dicen? ¿Cómo lo dicen? ¿Qué esperan? ¿Qué reclaman? ¿Qué aportan desde su cosmovisión?

No quiero empezar con las lecturas acuciosas de las grandes teóricas feministas como Joan Scott, Judith Butler, Gayatri Spivak o Amalia Valcárcel y muchas más que leo con fruición. Son tan elegantes, tan abstractas, tan impecables en sus lógicas… me siento seducida por su perfección discursiva. Ninguna contradicción, ninguna ambigüedad.

Pero yo quiero comenzar abajo, abajo y a la izquierda. Quiero comenzar con las voces de las zapatistas y otras mujeres indígenas del continente.

Necesito unir esos dos mundos, el de la teoría feminista que, aunque me fascine, no incluye el espectro de lo que viven y narran en profundidad las prácticas y voces indígenas. Tengo que hacerlo pero a mi modo y de “otro modo”.

Así que ensayo “otro camino”, para lograr ese “otro mundo” con mis contribuciones modestas como intelectual que apoya al zapatismo y a sus mujeres. Las veo como la esperanza mejor de otro camino en donde mujeres y varones compartan sus luchas, sus disyuntivas, sus decisiones hacia otro mundo posible mejor y más equitativo para ellas y ellos. “…Construyen nuevas realidades que necesitan otra reflexión teórica” (Sub Marcos, “Otra teoría”).

Mi última experiencia en territorio zapatista fue en La Garrucha. Analizo ahora varias citas de ese Encuentro de Zapatistas con las Mujeres del Mundo. Tengo las citas no sólo en mi cuaderno de notas pero, sobre todo, grabadas en mi mente sistematizadora. Esas voces femeninas abonan y también reformulan y corrigen mis propias teorizaciones sobre las mujeres y sobre las zapatistas, su encrucijada y su encuadre en la lucha de sus pueblos: los pueblos indios mayas y mesoamericanos.

Comparto algunas frases con ustedes:

“Gracias a la lucha zapatista nos dio lugar y respeto” dice una comisaria agraria. “Desde la conquista, nos sometieron a esa idea de que la mujer no sirve”, sintetiza una abuela sabia de las Bases de Apoyo.

La teoría feminista crítica puede aportar mucho siempre y cuando invirtamos la pirámide. Hasta arriba y en amplio espectro, las experiencias, el oído atento, la participación, el registro cuidadoso de aspectos que nos escapan por no estar adentro de nuestras referencias epistémicas. Hasta abajo, y puntualmente, la teoría que es subsidaria a las voces, discursos, y prácticas expresadas desde los mundos contextuales de las mujeres zapatistas e indígenas.

 

¿Qué nos dicen las compañeras zapatistas en La Garrucha?

(O la dualidad de opuestos en fluidez)

Comenzando con la pirámide teórica invertida, veremos como se pueden interpretar algunos discursos y prácticas de las compañeras zapatistas en el Encuentro de La Garrucha en diciembre del 2007.

Sabemos de los largos meses en los cuales se preparó y consensuó colectivamente en asambleas aquello que cada compañera expresó con su propia voz. No escapa esta colectividad de nuestra reflexión. Sin embargo, aquí pretendemos enfocarnos al andamiaje conceptual maya, que cohesiona los discursos aparentemente contradictorios y que señala la presencia de “otra” lógica y proporcionalidad.

En la “inauguración”, la primera zapatista en hablar, nos mira fijamente a través de su pasamontañas. Pasea la vista por las aproximadamente 2000 personas apiñadas en un “Auditorio” armado con tablas, bancas y láminas. Está arriba en el estrado, su voz es firme y sus ojos de mujer comprometida y luchona reflejan destellos de alegría decidida. Es la “maestra de ceremonias” en la inauguración del Encuentro de Mujeres Zapatistas ‘Comandanta Ramona’ con las Mujeres del Mundo. Anuncia que ese espacio es para las mujeres. “Aquí sólo mujeres”, dijo con firmeza. Luego, al salir los varones, camarógrafos, periodistas, y aun compañeros de lucha, revisó el lugar con acuciosidad y señaló con voz perentoria “…el compañero que está atrás de ese poste escondido… que se retire por favor”. Un murmullo de risas cómplices se escuchó. Las “mujeres del mundo” que la escuchábamos sentadas en las banquitas del auditorio estábamos encantadas… pero ¿qué no nos habían dicho que las indígenas nunca excluyen a los varones? ¿Qué pasaba aquí?… nos preguntábamos en un silencio que era, en la mayoría de los casos, aprobatorio.

Pero no, la actitud complementaria prevaleció también. De cada Caracol, las presentaciones de las comisarias agrarias, las insurgentas, las promotoras de educación y de salud, las integrantas de las juntas de buen gobierno, las comandantas del CCRI, y las suplentas, mencionaban en sus discursos frases que ahora cito textualmente de mis apuntes: “podemos caminar juntos compañeros y compañeras”, “luchar junto con ellos”, “que tengamos un respeto hombres y mujeres”, “ juntas con nuestros compañeros hombres” y “la lucha nos pide que tiene que ser las dos partes”, “queremos que se organicen para luchar juntos”. Insistían que la lucha es entre los dos y a la par”, “siempre juntas con los hombres”, “que tengamos unidad”.

Las oí decirlo de muchas maneras y mi mente sistematizadora buscaba la forma de explicar estas aparentes contradicciones… Su “lógica” de fusión y fluidez de opuestos estaba ahí, en vivo y en directo. Mi búsqueda analítica me hacía referirlo al concepto de dualidad mesoamericana.

Ésta es la forma subyacente de dualidad de contrarios y complementarios que no se ancla en uno solo y que oscila hacia el otro. También la búsqueda del equilibrio y el balance entre ambos, propone un marco analítico que permite poner juntos los opuestos sin que se invaliden el uno al otro. Dualidad que permea las prácticas y subyace en las actitudes y discursos de las zapatistas.

De nuevo, aparecen los contrarios. También se escuchan frases como “…falta mucho que se haga realidad los derechos de la mujer, que seamos respetadas”, “…mucho quehacer para conquistar nuestros derechos”, “…para cambiar este mundo lleno de injusticia”, “cuando tenemos marido, ahí empieza la problema… piensa que a donde vamos, hacemos cosa mala”.

Hubo una pregunta del auditorio sobre si “hay mucho machismo en los caracoles hoy”. Como, después de cada pregunta y siempre antes de responder, las compañeras se consultaron unas a otras en el templete. Nosotras esperábamos ansiosas la respuesta, que sabiamente elíptica, llegó así: “Pues no sabemos qué decir, porque están ahora haciendo la comida que comemos hoy… no sabemos”. Y aquí, me remito también al cartel-anuncio encontrado repetidamente en el Caracol de La Garrucha:

En este Encuentro

No pueden participar los hombres en:

Relator
Traductor
Exponente
Vocero
Ni representar en estos días 29, 30 y 31 de Diciembre del 2007.


Solo pueden trabajar en:

Hacer comida
Barrer y limpiar el Caracol y las letrinas
Cuidar a los niños y las niñas
Traer leña.

 

El Acuerdo como propuesta feminista zapatista

“Poco a poco nos damos ejemplo que sí podemos tomar el derecho como mujeres”.

Otro de los opuestos enfrentados que el zapatismo resuelve: ¿derechos colectivos de los pueblos o derechos individuales de las mujeres? (paradójicamente, ¡no sé por qué se conciben como individuales los derechos de más de la mitad de la población!).

Sin jerarquización y a la par, ambos derechos se conjugan en sus prácticas. Para ellas no hay problema. No he percibido que tengan dificultad en reclamar los derechos de sus pueblos y sus derechos como mujeres. Los opuestos se combinan, fluyen, se encuentran. De nuevo, juntan sin conflicto los aparentes opuestos, que no lo son en su mundo de referencias propias y de su lógica “otra”. Por ejemplo, el “acuerdo” toma la forma de puente y vínculo entre ambos.

“No hay problema porque hay acuerdo”, contestaba una zapatista ante la pregunta curiosa de una feminista de la audiencia para saber cómo resolvían su relación con el esposo. Porque el “acuerdo” se toma colectivamente, es el acuerdo de la asamblea. Si la compañera tiene que salir tres días para cumplir su tarea como comisaria agraria, o si tiene que atender problemas a media noche, o si tiene que dejar a los niños y no puede preparar el pozol ni la tostada, no hay problema. Eso dijo esa compañera y muchas más.

El “acuerdo” media frecuentemente las relaciones varón/mujer, las opresiones y limitaciones ejercidas por el varón sobre la mujer y apoyadas frecuentemente por los usos y costumbres e influencias patriarcales de la sociedad dominante.

Oí muchas veces referencias al “acuerdo”. Era como la palabra mágica que resolvía dificultades. Las zapatistas la usaban frecuentemente para explicarnos a las atónitas feministas, quienes nos la tenemos que arreglar en relaciones “individuales de pareja” y con esos estires y aflojes de la vida cotidiana, para armonizar con nuestros hombres.

El “acuerdo” tomado en la asamblea colectiva subsume también algo que otros movimientos de mujeres indígenas han reclamado. En los documentos de la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de las Américas, aparece varias veces la palabra “equilibrio”. Siendo el “equilibrio” uno de los fundamentos cosmológicos mesoamericanos, se empleaba en esa reunión como sinónimo de “lo que es la equidad de género para las no indígenas” (Memoria, 2003).

El “acuerdo” entonces salva el abismo entre derecho individual y colectivo pero además encarna una forma de “equilibrio” y armonía tan buscado por todas las culturas mesoamericanas. Equilibrio y armonía que reflejan la forma feminista zapatista de buscar la equidad con el varón.

 

Los derechos de las niñas zapatistas

Toñita y Lupita están aquí con nosotras/os. Ellas empiezan a entrenarse a tomar todos los espacios comunitarios y de autoridad. Ellas participan leyendo un cuento que acaban de escribir. Una introducción temprana que rompe los estereotipos sobre espacios femeninos y masculinos y ya desde su temprana edad.

“Yo como niña tengo derecho a todo […] tengo derecho de hacer lo que yo me gusta”, diría Marina en La Garrucha. Ella es una niña de 8 años . “Yo me siento muy orgullosa de ser zapatista” (María, de 9 años).

 

Ritualidad y zapatismo

La densa ritualidad de esa zona maya reportada ampliamente en las investigaciones de antropólogos como E. Vogt, V. Bricker, Guiteras Holmes, R. Pozas y A. Medina, E. Hunt, entre otros, se encuentra en el territorio zapatista, re-tomada, re-significada y re-configurada por ese ejercito zapatista mujeril.

Las zapatistas entraban y salían del auditorio orgullosas, disciplinadas en rigurosa fila y ataviadas con sus mejores galas siempre al son de dianas y cantinelas repetitivas que se incrustaron para siempre en mi memoria auditiva. Eran sonidos enérgicos, triunfales, pero también redundantes, repetitivos. Nos avisaban “ahí vienen” y “ahora salen”. Tenían el sabor de esas tonadas rituales en el templo de San Juan Chamula en donde a fuerza de escuchar repetidamente un acorde y un sonido, el espíritu parece empezar a deslindarse de lo corporeo…

Pero en esos mundos el cuerpo y el espíritu no están tajantemente separados. Es una más de esas dualidades de opuestos y complementarios en fluidez balanceada entre materia y espíritu. Así se conciben el cuerpo y el ser.

 

Consideraciones finales

En su proceso de 25 años y 15 de vida pública, el zapatismo ha andado y desandado varios caminos. Resalto aquí que, en uno, su caminar ha sido consistente y sin tregua, aunque con avances y retrocesos, como en cualquier proceso vital político y crítico. Es en el ensayo de crear los espacios para la participación equitativa de las mujeres en las tomas de decisión, en los puestos de autoridad y en la cotidianidad.

“Con nuestros cargos, ahí vamos aprendiendo”, señala una conseja autónoma; y otra zapatista reconoce: “todavía tenemos miedos y vergüencillas” pero “poco a poco nos damos ejemplo que sí podemos”, “ya tenemos derecho de participar como mujeres”.

Si algo ha caracterizado las luchas de los movimientos políticos abajo y a la izquierda, por contraposición a la política arriba y a la derecha, es la participación masiva de las mujeres. Sin cuotas y sin por cientos. Integrando sin fisuras los reclamos de su género como mujeres y aquellos de sus pueblos desposeídos, discriminados y explotados.

Siendo el zapatismo el primer ejemplo que viene a la mente, no es el único. Las mujeres en el Movimiento de los Sin Tierra (MST) y las mujeres de Vía Campesina, las cocaleras y Constituyentes que han apoyado a Evo Morales, las integrantes y líderes en la CONAIE del Ecuador, las mujeres nicaragüenses como nos narró aquí la compañera Mónica Baltodano, las mapuches del Cono Sur. Estos son algunos de los ejemplos que nos quedan más cercanos.

Sabemos de luchas y participación similares de mujeres en muchos países de Asia, Oceanía, Medio Oriente y en el globo entero.

Las mujeres estamos revolucionando la revolución, reinventando la.

Sin ellas, sin nosotras, como diría Everilda en La Garrucha, no hay México y no hay mundo.

Nosotras feministas intelectuales que estamos abajo y a la izquierda queremos tender un puente con ellas. Yo me despido ahora con las palabras de la comandanta Kelly en la clausura del Encuentro:

“Les pido que vayan a sus lugares de origen y platiquen que nuestro corazón esta contento, porque vamos a seguir luchando”.

4 de enero, 2009, Festival de la Digna Rabia, EZLN.