Documentación histórica

Carlos Antonio Aguirre Rojas. Segunda mesa de la tarde: Otro mundo, Otra Política. 4 de enero de 2009

(Ponencia entregada por escrito)

 LA DIGNA RABIA: TAN ANTICAPITALISTA, COMO TAMBIÉN RADICALMENTE ANTISISTÉMICA [1]

 LAS RABIAS DIGNAS: TAN PLURALES, COMO TAMBIÉN MUY DIVERSAS. 

La exitosa convocatoria y la impactante celebración del Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, que se reunió en las ciudades de México y de San Cristóbal de las Casas, entre el 26 y el 29 de diciembre de 2008, y del 2 al 5 de enero de 2009, bajo la convocatoria del digno movimiento neozapatista mexicano, impresiona por muchas cosas, y entre ellas también, por la enorme diversidad de sus participantes. Pues a tono con el tan diverso y multicolor eco mundial que, desde hace quince años, suscitó este neozapatismo mexicano, llegaron a este Primer Festival, actores, movimientos, individuos, proyectos, colectivos, activistas y representantes del más variado tipo, origen y perspectiva. 

Sujetos y actores sociales o individuales, y luchadores y combatientes de lo más heterogéneos y diversos, que sin embargo convergen en la clara conciencia anticapitalista de reconocer al sistema mundial capitalista actual como la fuente central de todos nuestros problemas y dificultades sociales, y por ende, coinciden también en el proyecto global de generar iniciativas múltiples, siempre construidas desde abajo y a la izquierda, y encaminadas a destruir radicalmente a este capitalismo, origen de todos nuestros males, para sustituirlo por otro mundo, no capitalista y radicalmente distinto del actual. 

Así, la enorme variedad de participantes en este Primer Festival, hizo posible escuchar dignas rabias mexicanas tan distintas como las de las trabajadoras norteñas de la maquila o los obreros de Euzkadi, lo mismo que de colectivos anarquistas, punks y libertarios, junto a los miembros del Congreso Nacional Indígena, los colonos, los presos políticos, los braceros, o los activistas oaxaqueños, entre muchos otros. Y también, las rabias dignas de todo el mundo, que incluían desde los italianos que luchan por ejemplo en contra de una base militar norteamericana, hasta los dignos estudiantes griegos hoy insurrectos, y pasando por los trabajadores españoles, el movimiento urbano norteamericano, los comités franceses de solidaridad con Chiapas, el movimiento campesino e indígena peruano, o las trabajadoras sexuales mexicanas, también entre muchas otras. Y todo esto, combinado con las reflexiones de intelectuales mexicanos y de todo el mundo, que acompañando a los movimientos y a sus dignas rabias, intentan poner sus herramientas intelectuales al servicio y en apoyo de todos estos mismos movimientos. 

Abanico ampliamente diverso de protagonistas y testigos de toda esa digna rabia, cuya convergencia en un solo Foro y en un solo espacio de intercambio, destinado a buscar en común los “Otros Caminos” para construir el “Otro Mundo” no capitalista, habría sido imposible de realizar, e incluso de concebir, hace apenas tres o cuatro décadas. Porque antes de 1968, muchos de los movimientos antes mencionados, y que concurrieron ahora a este Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, ni siquiera existían, mientras que otros eran tan minoritarios, exiguos y marginales como para no ser convocados ni considerados por los movimientos sociales mayoritarios, los de la clase obrera industrial y los movimientos campesinos (y estos últimos, siempre concebidos o autoconcebidos sólo como “aliados secundarios’ de los primeros). 

Entonces, y a la luz de esta gran diversidad y heterogeneidad de las rabias dignas referidas, vale la pena preguntarse ¿cómo es que ha sido posible la emergencia y la mayor visibilidad de todos estos nuevos movimientos, desplegada sólo en los últimos lustros recién vividos? Y también ¿qué es lo que hace posible su convergencia y su búsqueda común de otros caminos, y de otros mundos no capitalistas, y no basados en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión? ¿y cómo se vincula todo esto, con la actual situación que hoy vive el capitalismo a nivel mundial? Y también, y como colofón, ¿cómo es posible caracterizar a todos estos nuevos movimientos de oposición radical al sistema, nacidos sólo en estas últimas tres o cuatro décadas? O dicho de otro modo ¿cómo son y cómo pueden ser estos nuevos movimientos, y también los viejos movimientos ahora completamente renovados, movimientos genuinamente anticapitalistas, pero también y simultáneamente, movimientos radicalmente antisistémicos? Veamos. 

LA CRISIS TERMINAL ACTUAL, TAN DEL CAPITALISMO, COMO TAMBIÉN DE LA PREHISTORIA HUMANA. 

Para poder comprender la posibilidad misma de existencia de estos nuevos movimientos sociales, y también de la renovación radical de los viejos movimientos obreros y campesinos, hace falta comprender primero cuál es la etapa histórica que ahora vivimos. Y esa etapa histórica no es la de la “globalización”, o la de la “mundialización”, que son sólo términos inventados por los medios de comunicación masiva, vacíos conceptualmente, y que en el fondo sólo legitiman al capitalismo neoliberal actual, presentándolo como un proceso obligado para todas las naciones del planeta, y frente al cual no existe alternativa alguna posible [2]. 

Tampoco vivimos ahora la etapa del fantasmal “Imperio”, que estaría en todas partes y a la vez en ninguna, y al que se opondrían, supuestamente, amorfas y también fantasmales “Multitudes”, compuestas de pobres indeterminados y abstractos, para luchar además por limitados y reformistas objetivos (para nada anticapitalistas), de conquista de una “ciudadanía global” o de un “salario social”, o de una extraña reapropiación (sin expropiación radical) de las condiciones de trabajo, o de una igualmente etérea “recuperación del poder constituyente” [3]. 

Lo que en cambio si vivimos ahora, en nuestra opinión, es la etapa de la crisis terminal del capitalismo, es decir el momento histórico en que comienzan a colapsar todas las estructuras constitutivas de este sistema capitalista mundial, a la vez que emergen, de modo embrionario e inicial pero también muy claro, los gérmenes de las futuras posibles nuevas formas de organización de una cercana sociedad no capitalista. Es decir una clara etapa de transición histórica global o de bifurcación histórica, que mezcla la decadencia de la vieja sociedad capitalista mundial, con los atisbos primeros de una posible nueva sociedad, libre, igualitaria, justa, y muy superior a esta vieja sociedad capitalista. 

Por eso, hoy conviven en nuestro mundo actual, la crisis ecológica mundial y el riesgo de una catástrofe ecológica planetaria, con los Movimientos de Defensa de la Madre Tierra, y con la exigencia de sus desmercantilización absoluta e integral, junto a la crisis económica mundial, que es a la vez productiva, comercial y financiera —y que será muchas veces peor a la crisis de 1929—, que se contrasta con los experimentos de la formación de una “Otra economía” y de “Otro comercio”, no regidos ni por la lógica de la acumulación de capital, ni por la obtención de la mayor ganancia. Lo mismo que la descomposición general del tejido social de todas las sociedades capitalistas del orbe, contrapunteada por la emergencia de nuevas formas comunitarias, que nacen y crecen entre los neozapatistas de las montañas del Sureste mexicano, o en algunos barrios piqueteros argentinos, o en el seno de los Asentamientos brasileños del Movimiento de los Sin Tierra, o en lugares como la ciudad de El Alto en Bolivia, o en algunas comunidades indígenas de Ecuador, o Perú, o Colombia [4]. 

Y también coexisten la crisis y descomposición total de todos los Estados y de todas las clases políticas del planeta, sumidas en un proceso profundo de deslegitimación popular, de divorcio de sus bases sociales y de corrupción ética y general, con la gestación de muy distintas y diversas formas de una “Otra Política”, desplegada por los nuevos movimientos antisistémicos, y que revincula y refundamenta esa Otra Política con lo social, con la ética, y con la memoria y la historia de las clases y de los grupos subalternos vinculados a esos mismos movimientos. Igual que la existencia paralela de la crisis cultural, de todas las formaciones de la cultura contemporánea y de todos los saberes burgueses dominantes, asfixiados ambos por la industria cultural y por la mercantilización y vaciamiento de todas las formas culturales, lo que se acompasa con la revalorización y rescate del hondo saber popular y de todas las culturas subalternas en general, rescate llevado a cabo, una vez más, por esos mismos movimientos antisistémicos ya referidos [5]. 

Crisis terminal del capitalismo o etapa de transición histórica desde ese capitalismo mundial hacia un nuevo sistema social, que tampoco es una etapa posmoderna o poscolonial o postindustrial o poscapitalista o postburguesa, como pretenden algunos teóricos, que al calificar así al capitalismo mundial actual lo que persiguen en el fondo es deslegitimar la profunda y aún enorme vigencia del pensamiento crítico de Marx. Pues bajo formas más abiertas o más veladas, a veces claras y a veces vergonzantes, prácticamente todos los autores que proclaman esta tesis de una etapa o sociedad poscolonial o posmoderna, etcétera, afirman que en consecuencia hace falta un “nuevo” pensamiento, precisamente posmoderno o poscolonial, o descolonial, o descolonizador, y por ende distinto del profundo legado que representa esa matriz fundante y esencial del pensamiento crítico de Marx. 

Lo cual, lleva a los desvaríos de calificar todo el pensamiento de Marx como un pensamiento “eurocéntrico” –a partir de una sola afirmación, sobre un problema muy particular, afirmación a la que además se saca claramente de contexto—, o a calificarlo de ser parte del pensamiento hegemónico, o a decir que es un pensamiento crítico pero “débil”, a la vez que se reivindica sin rubor que el pensamiento crítico “fuerte” sólo puede nacer fuera de Europa, por ejemplo, en América Latina [6]. Como si la razón y el saber críticos tuvieran patria, y como si la pertenencia a una cultura y a una civilización deslegitimaran, o en otro caso legitimaran de manera automática el carácter etnocéntrico, o en otro caso supuestamente crítico, de un autor o de una obra cualquiera. 

Frente a esto, nosotros pensamos en cambio que Jean Paul Sartre tenía completamente razón, al afirmar en su Crítica de la razón dialéctica que el pensamiento crítico de Marx era “el horizonte intelectual insuperable de nuestra propia época”, lo que significa que hoy sigue siendo imposible pensar críticamente y de modo genuinamente científico al capitalismo mundial, si uno pretende ignorar a Marx y a su potente legado intelectual, o si pretende declararlo “superado”, o “eurocéntrico”, o válido sólo para el siglo XIX, o inválido, o inútil para pensar la supuesta etapa del “Imperio”, o para construir un supuesto “pensamiento fronterizo”, o “poscolonial”, o “descolonizador”, o un largo etcétera. 

Y ello, naturalmente, no para quedarse exclusivamente acantonado en la obra crítica de Marx, pero sí para seguir partiendo de sus lecciones, y para desde ahí repensar la realidad actual, recuperando tanto los aportes del verdadero marxismo crítico del siglo XX, desde Lenin, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt, hasta los trabajos de Edward Palmer Thompson, Ranajit Guha o Immanuel Wallerstein, entre otros. Y también, para recuperar desde ese mismo horizonte crítico de Marx las contribuciones del pensamiento crítico no marxista del siglo XX, desde Marc Bloch, Norbert Elias, George Simmel o Fernand Braudel, hasta los aportes de Carlo Ginzburg, Michel Foucault, Edward Said o Ernest Gombrich, también entre muchos otros autores [7]. 

Pues pensamos que, lejos de haber caducado o de haberse agotado, el pensamiento crítico de Marx sigue siendo profundamente vigente [9], y que muchas de sus hipótesis, sólo recientemente comienzan a ser realmente comprendidas y asumidas en todas sus ricas y múltiples consecuencias. Por ejemplo, su fina y aguda hipótesis sobre lo que significaba en términos más globales el complejo proceso del fin histórico del capitalismo, y de la transición histórica que esta debacle capitalista implicaba. Porque en contra de la vulgata estalinista, que tendió a concebir ese fin del capitalismo sólo como el simple paso del modo de producción o de la sociedad capitalista, al modo de producción o a la sociedad socialista, lo que en realidad fue planteado por Marx, fue la tesis radical de que, con la terminación histórica del capitalismo, concluía también necesariamente toda la larga historia de las sociedades humanas basadas en la división en clases sociales, y más allá y más profundamente, se cerraba igualmente toda la larguísima etapa de la “prehistoria” humana, para dar paso, por primera vez en la historia del hombre, al inicio del verdadero “reino de la libertad”. 

Con lo cual, la crisis actual del capitalismo y la transición histórica que ella representa no es una transición simple y única, y ni siquiera una transición doble, sino en verdad una triple transición, es decir, simultáneamente la crisis terminal del capitalismo, la crisis terminal de la conformación o configuración clasista de la sociedad, y también y en un tercer nivel, la crisis última y el final del predominio del reino de la necesidad. Lo que no sólo explica la magnitud y complejidad del actual “caos sistémico” que ahora vivimos, sino también la descomunal medida de la transición histórica actual, y la enorme dimensión de los cambios y tareas de transformación profunda que hoy se nos imponen. Y con todo esto, también, la importante diferencia, pero igualmente la necesaria y específica articulación, entre lo que son los movimientos anticapitalistas, y aquellos que son los movimientos radicalmente antisistémicos. Veamos estos puntos con más detalle. 

EL NACIMIENTO DE OTRA SOCIEDAD, TANTO COMO DE OTRO SISTEMA HISTÓRICO. 

Si la crisis sistémica y global que ahora vivimos, no es solamente una crisis mundial del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa moderna, sino también y simultáneamente, crisis terminal de la configuración clasista que durante más de dos milenios adquirieron las sociedades humanas, y también y más allá, crisis definitiva de la larguísima y milenaria familia de civilizaciones humanas características de lo que Marx llamó la “prehistoria de la humanidad”, inaugurada con el origen mismo de la especie humana, y que hoy está llegando a su fin, entonces es lógico que las relaciones, estructuras, formas e instituciones que hoy colapsan y se desestructuran frente a nuestra propia mirada, sean estructuras, relaciones, etc., también correspondientes a estos tres niveles de la realidad histórico social mencionados. 

Colapsos y crisis múltiples de estos tres registros referidos, que en consecuencia, multiplican y complejizan también, tanto los problemas y tareas que enfrentan hoy los movimientos sociales anticapitalistas y antisistémicos, como también los frentes y espacios en los que ellos deben pronunciarse, actuar, luchar, e incluso y desde ahora mismo, comenzar a generar prácticamente las alternativas reales de reconstrucción, gestando así y en los hechos, las nuevas formas, relaciones y estructuras que corresponden a los nuevos mundos y las nuevas sociedades por los que esos movimientos combaten. 

Por eso, junto a los combates anticapitalistas en contra de todas las formas de la explotación económica, del despojo territorial, social, de derechos y cultural, de la represión política y social en todas sus variantes, y de las múltiples formas del desprecio y la discriminación, vemos también florecer ahora, en todo el planeta, movimientos que cuestionan, desde la ancestral relación instrumental del hombre con la naturaleza o las lógicas tecnológicas productivistas vigentes desde hace milenios, junto a la cada vez más anacrónica e inoperante división entre el campo y la ciudad, hasta la antigua división entre “alta” y “baja” cultura y su absurda jerarquía, junto a las estructuras hoy dominantes de los saberes, populares y científicos, y la invasora y degradante “industria cultural”. Y todo ello, pasando también por la crítica radical de la esclavitud que representa todo tipo de trabajo –muy distinto de lo que es la actividad humana—, y por la impugnación de la división entre trabajo manual e intelectual, junto al cuestionamiento de las formas clasistas, desgarradas y antagónicas de la organización social, de la corrupta y degradada actividad de la política en todas sus formas, o de todo ese cortejo de relaciones desiguales y jerárquicas que son el patriarcado, el machismo, el racismo, el sexismo, la homofobia, el nacionalismo, el clasismo o el saber-poder, entre muchos otros. 

Ampliación enorme y complejización también muy amplia de la agenda de los problemas que implica esta bifurcación o transición histórica hoy en curso, que explica tanto los múltiples nuevos frentes de la lucha que hoy confrontan los movimientos de contestación radical al sistema capitalista, como también los igualmente multiplicados nuevos sujetos y agentes sociales subalternos, involucrados en estas luchas y en estos movimientos. Pues uno de los rasgos centrales que caracteriza a dichos movimientos antisistémicos, después de la revolución mundial de 1968, es precisamente el de este crecimiento exponencial, tanto de las nuevas áreas del combate, como de los nuevos sujetos sociales que lo llevan a cabo [10].

 

Lo que permite agregarle un nuevo sentido al término de movimientos antisistémicos, acuñado hace algunas décadas por Immanuel Wallerstein [11]. Pues si los movimientos que han luchado durantesiglos y hoy luchan aun en contra de las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales capitalistas, son por lo tanto y claramente movimientos anticapitalistas, entonces, y en virtud de este acompasamiento histórico del fin del capitalismo con el fin de toda posible sociedad dividida en clases sociales, y mas profundamente, con la conclusión también epocal del propio itinerario milenario del reino de la necesidad y de la prehistoria humana, los movimientos antisistémicos serán entonces aquellos que, además de luchar contra todas las expresiones del mundo capitalista, luchen también en contra de todas las estructuras y realidades vinculadas a ese sistema clasista de la sociedad, y más allá, combatan también frontalmente a todas las manifestaciones de ese sistema escaso y prehistórico de toda la humanidad. 

Y dado que durante cinco siglos, el capitalismo refuncionalizó, incorporó a su lógica y funcionamiento general, y se benefició directamente de estas relaciones y estructuras primero clasistas y después también prehistóricas que le antecedieron –creando por ejemplo un racismo capitalista, un patriarcado burgués, una jerarquía cultural funcional al capital, o una modalidad burguesa moderna de relación instrumental con la naturaleza, entre muchas otras—, entonces hoy, en esta triple y singular transición histórico-sistémica, desplegada desde hace sólo tres o cuatro décadas, todo movimiento anticapitalista se ve obligado a convertirse, si quiere ser realmente eficaz, también en movimiento antisistémico. Y todo movimiento antisistémico, para serlo consecuentemente, debe ser al mismo tiempo un movimiento genuinamente anticapitalista.           Algo que se ha ilustrado, de manera ejemplar, durante los quince años de vida pública del digno movimiento indígena neozapatista mexicano, lo mismo que en ese abanico plural y multicolor de rebeldías diversas que ha sido este Primer Festival Mundial de la Digna Rabia. Un punto que vale la pena explicar con un poco más de detalle ahora. 

LOS NUEVOS MOVIMIENTOS RADICALES DE CONTESTACIÓN, TAN ANTICAPITALISTAS COMO ANTISISTÉMICOS. 

El hecho de que los movimientos que hoy luchan en contra del capitalismo mundial [12], se desarrollen dentro de esta singular y triple situación de bifurcación histórica, hace que ellos se conviertan, si desean ser realmente consecuentes y coherentes, en movimientos también radicalmente antisistémicos. Lo que entonces, no solo los lleva a profundizar y redimensionar de manera inédita el conjunto de sus demandas específicas, sino que también los conduce a formular nuevas, y más profundas, y más estructurales, demandas concretas. Y con esto, lógicamente, también los obliga a replantear de un modo distinto lo que fueron sus antiguas propuestas alternativas de sociedad, las que además, ahora se combinarán con nuevas, más audaces, y también más radicales formas diferenciales optativas de reconstrucción y de reorganización social global. 

Por ejemplo, en la actual lucha que los neozapatistas, y con ellos, otros pueblos indígenas de América Latina, llevan a cabo en defensa de la Madre Tierra y del Territorio. Ya que esta lucha combate y cuestiona, sin duda, la doble explotación económica capitalista, de un lado de los trabajadores asalariados campesinos, y del otro del uso tecnológico depredador capitalista de la propia tierra. Pero también, y avanzando más allá, estos pueblos indígenas rebeldes latinoamericanos van a impugnar, igualmente, la condición misma de “mercancía” de esa Madre Tierra, reivindicando la demanda profunda de la obligada desmercantilización total de la tierra y del territorio, a la vez que ponen en cuestión simultáneamente el estatuto de propiedad privada misma de esa tierra, a lo que oponen la necesaria propiedad colectiva y hasta comunitaria de la misma. 

E incluso, y más profundamente, estos movimientos indígenas antisistémicos van también a criticar la concepción predominantemente “instrumental” de esa tierra, que la mira solo como locus standi y como medio de producción utilitario, oponiéndole la idea de la “Pachamama o “Madre Tierra”, es decir, de la tierra y del territorio concebidos como la fuente primigenia ineludible de la vida humana en su conjunto, como base perenne del sustento material de toda sociedad posible, pero también como envoltura y matriz nutricia global de la vida humana entera, en tanto origen primero de la cultura, de los mitos, de las ideas, de las herramientas, de los colores, de las visiones, de las figuras y las formas, de los personajes, del alimento, de la historia, de la memoria, del cuidado de los propios muertos, y de múltiples relaciones y configuraciones sociales de todo tipo. 

Concepción no-instrumental de la Madre Tierra y de la Madre Naturaleza, que se extiende no sólo a los campos, el agua, el subsuelo, las plantas y los animales, sino que abarca también a los fundamentos mismos de los territorios hoy considerados urbanos, a las ciudades mismas [13], lo que prefigura, en la muy cercana sociedad no capitalista, no clasista y no prehistórica que está por comenzar, tanto una configuración distinta de la distribución demográfica humana sobre el territorio, que eliminará la milenaria y hoy anacrónica antítesis y divergencia entre el campo y la ciudad, como también una muy nueva y diversa interconexióno metabolismo entre el hombre y la naturaleza, entre el animal humano y la Madre Tierra de la que él nace, se alimenta, en la que vive y se reproduce, y de la que depende, aún hasta hoy, de manera profunda, enorme y estructural. 

Defensa y reivindicación de la Madre Tierra que no es la única expresión de este carácter no sólo anticapitalista sino también profundamente antisistémico de los nuevos movimientos sociales contestatarios. Pues otras expresiones similares las descubrimos cuando observamos que, más allá de la crítica frontal de todas las formas de la explotación económica capitalista, estos movimientos ponen también en jaque a la lógica productivista y escasa que subyace a esa explotación capitalista, y que la emparenta con todas las anteriores sociedades humanas, frente a la cual el neozapatismo hace gala, por el contrario, de una actitud lúdica y antiproductivista, que reivindica el consumo y el disfrute antes que la producción, por ejemplo cuando atribuye dentro de su movimiento una importancia central a las actividades mismas de la fiesta, o del baile, y de la convivencia comunitaria, no sólo como premisa y apoyatura esencial de la misma lucha, sino también como actividad cuya reproducción, ampliación y promoción, constituyen parte de los objetivos mismos de esa lucha. Pues como han dicho en alguna ocasión estos compañeros neozapatistas, que una revolución que no sabe bailar, y que no se hace también para poder bailar más y a gusto, es una revolución que no vale la pena emprender. 

Igual que la crítica a la clase capitalista y a su dominio social, que se prolonga más allá, hasta la crítica de toda sociedad posible basada en la división en clases sociales, y a la cual esos nuevos movimientos anticapitalistas y antisistémicos van a oponer recurrentemente diferentes formas de reconstrucción de las figuras comunitarias de la organización social. Como por ejemplo la profunda y tenaz defensa del “nosotros” neozapatista por encima del yo y del individuo, lo que no niega el importante papel de la individualidad humana dentro de la historia, sino más bien el del individualismo posesivo, egoísta y anticomunitario característico de la mayoría de las sociedades clasistas. El que, en cambio, es sustituido por una nueva síntesis, comunitaria superior, donde individuo y comunidad se retroalimentan y se enriquecen mutuamente todo el tiempo, en vez de oponerse y confrontarse permanentemente. 

O también la crítica radical de la actividad misma de la política humana, que en estos movimientos antisistémicos actuales, no es sólo crítica de la política capitalista, sino también y más allá, de toda política clasista posible, y hasta de toda política posible, política que siempre ha separado, para oponerlas, las funciones del mando y la obediencia, y que a lo largo de siglos y milenios, vació y falsificó el contenido estricto del concepto de democracia, elitizando a esta última y convirtiendo en episódico el ejercicio de esa política para las grandes mayorías, política que también siempre funcionó solo para perpetuar la dominación de una clase cualquiera, y con ella, también la reproducción de las distintas e injustas jerarquías sociales que la acompañaron durante tanto tiempo [14]. A lo que los compañeros neozapatistas han opuesto la idea de una “Otra Política”, tan radicalmente otra que ya no debería ni llamarse así, y que en el fondo será sólo la figura transitoria y efímera de la verdadera muerte absoluta de la política y de lo político humanos, prevista por lo demás e igualmente por Marx, en los pasajes finales de su célebre texto La Miseria de la Filosofía. 

Crítica radical de la política, que junto a las críticas a la configuración clasista de las sociedades, al productivismo tecnológico de las economías basadas en la escasez, o a la visión instrumental de la naturaleza y de la tierra, constituyen solamente algunos posibles ejemplos, entre otros, de esa articulación e imbricación cada vez más estrecha y necesaria, que tiende a convertir a todo movimiento genuinamente anticapitalista, en las actuales circunstancias de la triple crisis del capitalismo, de las sociedades de clases y de la prehistoria humana, en un movimiento también radicalmente antisistémico. 

Y puesto que la humanidad, sabiamente, no se plantea más que aquellos problemas que ya está en condiciones de resolver, entonces es a esos nuevos movimientos post-68, anticapitalistas y antisistémicos, a quienes les toca hoy, claramente, organizar con sabiduría, paciencia y coraje a todas esas dignas rabias del planeta que bullen, florecen, se multiplican y prosperan por doquier, para que sean capaces de confrontar a esta crisis múltiple ya referida, y al caos sistémico que la acompaña, generando frente a sus inevitables ruinas, los bellos e importantes cimientos de un mundo nuevo y muy otro, un mundo que como nos aconsejan sabiamente los compañeros neozapatistas, deberá ser un “mundo en el que quepan muchos mundos”. 

Ciudad de México, 13 de enero de 2009.

 

Notas:  

1. Esta es una versión resumida y ligeramente modificada de la versión presentada oralmente en el Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, celebrado en San Cristóbal de las Casas, el 4 de enero de 2009. Con este Festival, convocado por el EZLN, este último refrendó y actualizó su papel fundamental como “espejo de las múltiples rebeldías”, primero de México, rebeldías nacionales agrupadas hoy en el importante movimiento de La Otra Campaña, y luego de todo el mundo, rebeldías mundiales que dan cuerpo a la Sexta Intergaláctica o Sexta Internacional, y también a la vasta red de solidaridad internacional con ese mismo movimiento neozapatista mexicano. 

2. Para una crítica de estos conceptos de “globalización” y “mundialización”, cfr. de Immanuel Wallerstein “¿Globalización o era de transición?” en la revista Eseconomía, num. 1, México, 2002, y “La globalización no es algo nuevo”, en el libro La crisis estructural del capitalismo, Ed. Contrahistorias, México, 2005, y de Carlos Antonio Aguirre Rojas “Una perspectiva histórico-crítica de la globalización y la mundialización”, en el libro Para comprender el siglo XXI, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2005. 

3.Para todas estas tesis, cfr. el muy discutible trabajo de Michel Hardt y Antonio Negri, Imperio, Ed. Paidos, Buenos Aires, 2002. Tampoco estamos para nada de acuerdo en que haga falta “elaborar otra teoría del valor”, ni en cambiar los referentes de un nuevo discurso revolucionario, abandonando a Marx para sustituirlo por San Agustín, ni creemos que hay que abandonar la dialéctica y el pensamiento dialéctico, ni tampoco que el modelo del nuevo militante anticapitalista y antisistémico sea San Francisco de Asís, ideas todas defendidas en esta misma cuestionable obra. 

4. Sobre la caracterización de esta crisis terminal del capitalismo, vale la pena releer la explicación de la misma que nos ha dado el sabio académico Don Durito de la Lacandona, quien expresando la posición de los compañeros neozapatistas, nos explicó que hay que concebir al neoliberalismo, no como “respuesta” a la crisis, sino como expresión de esa misma crisis, agregando por ello que dicho neoliberalismo es “la caótica teoría del caos económico” y la “catastrófica conducción de la catástrofe” para concluir que “el caos es la forma que distingue al nuevo orden mundial”, es decir, según reinterpretamos nosotros, la clara percepción de que el neoliberalismo y el capitalismo actual son precisamente el caos sistémico, propio de una etapa de bifurcación o transición histórica. Esta postura está contenida en los comunicados del EZLN del 11 de marzo, del 17 de julio y del 29 de septiembre de 1995, los que pueden consultarse en el libro EZLN. Documentos y comunicados, tomo II, Ed. Era, México, segunda edición, 1998. También, cfr. Immanuel Wallerstein Después del liberalismo, Ed. Siglo XXI, México, 1996, y La crisis estructural del capitalismo, antes citado, y también Carlos Antonio Aguirre Rojas, Immanuel Wallerstein: crítica del sistema-mundo capitalista, Ed. Era, México, 2004, y Para comprender el siglo XXI, antes igualmente mencionado. Y sobre esos “gérmenes” de un mundo nuevo que hoy proliferan en toda América Latina, cfr. Raúl Zibechi, Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento, Ed. Bajo Tierra, México, 2008, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, América Latina en la encrucijada, Ed. Contrahistorias, México, séptima edición, 2009. 

5. Sobre esta crisis de la política y la cultura contemporáneas y sobre las nuevas formas de una “Otra Política” y una “Otra Cultura”, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “La ‘Otra Política’ de La Otra Campaña” e “Ir a contracorriente: el sentido de La Otra Campaña”, ambos incluidos en el libro Chiapas, Planeta Tierra, Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2007, y Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Contrahistorias, México, segunda edición, 2008.

6. A título de ejemplo de estas cuestionables y aquí sí débiles posturas poscoloniales y posmodernas, cfr. Walter Mignolo, Historias locales, diseños globales, Ed. Akal, Madrid, 2003.  

7. Este tipo de recuperación la hemos intentado en varios de nuestros ensayos, compilados en el libro, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Retratos para la Historia, Ed. Contrahistorias, México, 2006. 

8. Sobre esta vigencia actual del marxismo, es interesante revisar nuevamente la postura de los neozapatistas mexicanos, expresada en la carta que el Subcomandante Insurgente Marcos envió a Adolfo Gilly, el 22 de octubre de 1994, carta incluida en EZLN. Documentos y comunicados, tomo II, antes citado. Véase también, sobre esta vigencia del marxismo, Carlos Antonio Aguirre Rojas Antimanual del mal historiador, Ed. Contrahistorias, México, treceava edición, 2008. 

9. Un punto que ha sido también muy claramente percibido por los compañeros neozapatistas, y que es uno de los criterios rectores de la organización misma y del funcionamiento cotidiano de la importante iniciativa de La Otra Campaña. Cfr. por ejemplo, Subcomandante Insurgente Marcos, “Carta a ONG’s, Colectivos, Grupos…” del 30 de agosto de 2005, en la revista Rebeldía, num. 34, agosto de 2005, en especial pág. 72. Y también, Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Ir a contracorriente: el sentido de La Otra Campaña”, ya citado. 

10. Immanuel Wallerstein acuña el término de “movimientos antisistémicos”, en los años setenta, para englobar en él a los movimientos que, en todas las áreas geográficas del sistema-mundo capitalista, se oponen a él, es decir, para incluir tanto a los movimientos socialistas que luchan en el centro y en la semiperiferia del sistema-mundo, como a los movimientos de liberación nacional que se afirman sobre todo en la periferia de este mismo sistema-mundo. Sobre este punto, cfr. su libro Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos, Ed. Contrahistorias, México, 2008, en especial el capítulo II. Aquí, en cambio y sin renunciar a esa primera connotación propuesta por Immanuel Wallerstein, intentamos darle a este término de movimientos antisistémicos, adicionalmente, un nuevo sentido, más referido a su significación temporal o epocal, en cuanto expresión de esa crisis múltiple de estructuras de larga duración, algunas de la cuales son seculares, pero otras también milenarias, y hasta plurimilenarias. 

11. Naturalmente, no todo movimiento social es automáticamente un movimiento anticapitalista, lo que requiere todo un conjunto de condiciones particulares. Pues hay sin duda formas de protesta totalmente prosistémicas o procapitalistas, así como estallidos o movimientos que son sólo efímeros, o puramente gremiales, o muy específicos, etc. Sobre este punto, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Planeta Tierra: los movimientos antisistémicos hoy”, texto incluido como Introducción, en el libro Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos, recién citado. 

12. Esta idea radical, que cuestiona la propia división del espacio geográfico y del territorio humanizado en campo y ciudad, y sus fundamentos últimos, fue planteada de modo muy agudo y acertado por el Teniente Coronel Insurgente Moisés, en la Mesa del 5 de enero de 2009, dentro del Primer Festival Mundial de la Digna Rabia. Su intervención puede ser consultada en el sitio electrónico en internet de Enlace Zapatista, en la dirección http://www.ezln.org.mx. Tesis que, no casualmente, coincide con la profunda idea de Marx de que el fin de la prehistoria humana, era también el fin de la larguísima y milenaria relación de antagonismo entre el campo y la ciudad, idea desarrollada por ejemplo en el capítulo I de su libro La Ideología Alemana, Ed. de Cultura Popular, México, 1974.

 

13. Sobre esta profunda y radical crítica neozapatista de la política, cfr. los textos nuestros citados en la nota 5, y también nuestros ensayos “Una otra democracia para el Programa Nacional de Lucha”, en Contrahistorias, num. 10, México, 2008, y “Los nuevos movimientos sociales de América Latina. Una breve radiografía general”, en Contrahistorias, num. 9, México, 2007.