Documentación histórica

Ex presas del 3 y 4 de mayo del 2006. (México). Primera mesa de la tarde: La brutalidad sexual del poder y la Otra Sexualidad. 4 de enero de 2009

Campaña contra la represión política y tortura sexual

 

La compañera Mariana Selvas, ex presa de los operativos del 3 y 4 de mayo en Atenco.

La compañera Italia Méndez, que también es ex presa política por los hechos del 3 y 4 de mayo en Atenco, en el 2006.

Norma Jiménez, también ex presa política de los operativos del 3 y 4 de mayo del 2006.

Y la compañera Susana González, del Colectivo Atenco Somos Todas, de Madrid, que lleva un trabajo coordinado con nuestra campaña.

 

Italia:

El Estado y el poder requieren de la sumisión de la gente para seguir perpetuando la explotación de los pueblos, y continuar en la absurda imposición de una minoría dominante sobre millones de explotados. La represión política es uno de los métodos que utiliza el Estado para obtener la sumisión requerida.

Una de sus finalidades es intentar romper el tejido colectivo solidario, porque las experiencias comunitarias y la participación colectiva cuestionan de manera directa el poder. Romper este tejido implica acabar con las convicciones personales, con la unidad y los procesos colectivos. Entonces, todo va encaminado a lograr la individualización y la ruptura de la colectividad.

Nosotras vivimos la represión en Atenco, la tortura sexual y física, las vejaciones, el encarcelamiento. Intentaron detener nuestra lucha, acallar nuestras voces. Sin embargo, hemos intentado aprender a vivir con lo que ocurrió, a no ser victimas, sino a tomar un papel activo, afrontar nuestros miedos, a hablar de cómo lo vivimos, pero también, cómo nos hemos transformado. Hemos podido vencer al Estado: intentaron estigmatizarnos y, por el contrario, se generó solidaridad. También intentaron desmovilizarnos y seguimos participando. El silencio fue una opción pero no la elegimos, rompimos la impunidad con nuestra palabra.

 

Susana:

¿Por qué salen de sus casas? ¿Quién las manda? Palabras misóginas como éstas tuvimos que escuchar a los funcionarios del Estado después del 3 y 4 de mayo de 2006. Y no era la primera vez que las escuchábamos. En ellas, se hizo más que evidente el desprecio que sienten por las mujeres que no se resignan, que no nos resignamos al lugar que una historia machista nos ha asignado. Pretendían la estigmatización de las mujeres que detuvieron, que las viéramos como pobrecitas y vulnerables, y que pensáramos que ese era el destino obvio para las que luchan.

 

Mariana:

Ellos dicen que todos aquellos que luchamos somos delincuentes, pues alteramos el orden público. Y que con nuestra violencia ponemos en riesgo a la sociedad. Intentan detener la organización y nuestra resistencia. Ellos quisieron que sintiera culpa por estar en la cárcel y por el dolor que mi familia sentía. Que sintiera culpa porque, al hablar y denunciarlo, aumentara su dolor. Sobre todo, que sintiera culpa por no poder defenderme, creer que podría hacer algo para impedir su tortura y que no lo hice.

 

Italia:

Ellos daban por hecho que sentiríamos vergüenza por lo que nos hicieron, que nos daría pena hablar de algo tan íntimo, que no nos atreveríamos a decirlo. Queremos agradecer a todos los presentes, a todas las compañeras y compañeros que somos La Otra Campaña, también a todas y a todos los compañeros, de la Zezta Internacional que se encuentran aquí. Sobre todo, a nuestros compañeros de la Comisión Sexta, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y a todas las comunidades bases de apoyo zapatista y a las Juntas de Buen Gobierno. Nos sentimos muy contentas de estar aquí y de poder hablar.

 

La Represión

El 3 de mayo de 2006, tras haber obtenido un permiso para comercializar sus productos a las afueras del mercado Belisario Domínguez, un pequeño grupo de floricultores y algunos integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra son reprimidos por la policía estatal. En este operativo, muchos compañeros y compañeras son brutalmente golpeados, algunos detenidos y muchos más logran resguardarse en una casa. Son rodeados por los cuerpos represivos.

En respuesta a esta represión, pobladores de San Salvador Atenco bloquean la carretera federal Texcoco-Lechería, con la exigencia de que se liberasen a los detenidos y retirasen a los elementos policíacos que mantenían el cerco en Texcoco. Posteriormente, la policía intenta romper el bloqueo, desatando nuevos enfrentamientos donde los pobladores los repliegan durante éstos. La policía asesina a un niño de catorce años, Javier Santiago.

Mientras tanto, en la Ciudad de México, durante un mitin de La Otra Campaña, se da la información de lo que ocurría en Atenco y se comienzan a preparar las acciones de repudio. Muchos adherentes y simpatizantes decidimos trasladarnos a Atenco ante la amenaza latente del asalto policíaco del pueblo.

Después de varias horas, en Texcoco, irrumpen las fuerzas del Estado en la casa donde se encontraban los compañeros resguardándose. Detienen a todos los que se encontraban ahí. Más tarde, en la madrugada del 4 de mayo, comienza un operativo de control de población, en el que intervienen más de 3 mil 500 policías federales, estatales y municipales. Es durante la toma de este poblado que el compañero Alexis Benhumea es herido por un proyectil de gas lacrimógeno, muriendo un mes después.

 

La impunidad

Lo que ocurrió en mayo de 2006, no fue un exceso de los policías. No es algo que se le salió de las manos al gobierno mexicano. Lo ocurrido fue un hecho concertado por los tres niveles de gobierno provenientes de los tres principales partidos políticos: PRI, PAN y PRD. Legitimado por todas las fuerzas políticas de arriba, además de la estratégica campaña de criminalización a cargo de los medios de comunicación.

 

El saldo represivo

El saldo de los operativos del 3 y 4 de mayo de 2006 es de 207 personas detenidas y torturadas. De las cuales, 47 somos mujeres, las cuales sufrimos tortura sexual. Nueve menores de edad, cinco compañeras y compañeros internacionales expulsados ilegalmente del país, y dos personas asesinadas, además de decenas de allanamientos.

Nosotras, hoy no queremos olvidar quiénes fueron los responsables de los operativos, no queremos olvidar quiénes se mancharon de sangre en dicha represión. Nosotras no creemos en ninguna iniciativa que venga de las estructuras de poder, ni de los políticos de arriba, de la política mexicana. Nosotras creemos que los presos políticos son rehenes del Estado y que no hay ningún tipo de negociación en la que nosotros y nosotras, La Otra Campaña, pueda participar. No hay negociación por nuestros presos y no queremos ser partícipes de ninguna iniciativa que venga desde arriba.

 

Mariana:

Nosotras somos un grupo de sobrevivientes de la tortura sexual en los operativos del 3 y 4 de mayo del 2006, en Texcoco y San Salvador Atenco. Desde entonces, comenzamos una lucha frontal contra el olvido y la impunidad. Desde nuestros primeros momentos de nuestro encarcelamiento, vivimos una necesidad de socializar nuestro dolor. Comenzamos a expresar lo que nos había pasado como individuas, a hablar entre nosotras, a cuidarnos.

Estábamos aisladas y no podíamos hablar de lo que pasó. Mediante nuestros testimonios escritos, atravesamos los muros de la prisión y así fue como el plantón y miles de personas en todo el mundo se convirtieron en nuestra voz. Regresó la certeza de que no estábamos y de que no estamos solas.

Volvió la fuerza entonces a nuestros cuerpos y nos permitió comenzar este camino. Aunque algunas salimos y otras permanecimos muchos meses en la cárcel, intentamos coordinarnos. No nos conocíamos, pero sabíamos que estábamos juntas, que podíamos organizar nuestra rabia. Somos adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Y cada una de las mujeres que participamos en este esfuerzo pertenecemos a distintos colectivos. Y además de los trabajos que realizamos en nuestros espacios de participación política, hemos valorado importante continuar con la denuncia. Hacerlo juntas nos llena de fuerza para continuar.

Nos hemos integrado al trabajo del Plantón, que desde hace 32 meses se encuentra resistiendo a las afueras del penal donde se encuentran nuestros compas. Esta acción política nos brindó la solidaridad y el acompañamiento mientras estuvimos presas. Desde la madrugada del 5 de mayo del 2006, el plantón se ha mantenido cerca de los presos y las presas.

Nuestro trabajo tiene dos ejes: El primero, el más importante, y el que nos fortalece y nos anima, aparte de que nos cura, es la denuncia política y social, con la solidaridad y la cobertura que nos han brindado individuos, colectivos y organizaciones de La Otra Campaña y de la Sexta Internacional.

De manera paralela, también hemos llevado a cabo una denuncia jurídica. A pesar de la contradicción que nos representa acudir a una institución que no reconocemos, no esperamos nada de esta instancia, ésta la hemos utilizado como una herramienta más de nuestra lucha, para seguir haciendo visible la violencia del Estado y para evidenciar de manera directa su impunidad.

Hoy queremos platicarles de nuestra experiencia, éste que es nuestro proceso, reconociendo que hay otras compas que hacen otro trabajo valioso y comprometido. Incluso las compas que decidieron no denunciar, las entendemos y defendemos su derecho a guardar silencio. Lo que queremos decir es que éste es nuestro trabajo, es una de las muchas luchas que somos en La Otra Campaña.

Durante este proceso, experimentamos mucho miedo, miedo que nos hacía perder la perspectiva de lo que era real y de lo que no. Miedo que paraliza, que nos mantenía reviviendo a cada momento la tortura, miedo a que nos volviera a pasar, miedo a las represalias del Estado. Y entonces, comenzamos a aceptarlo, a reconocerlo, a darnos cuenta de que aceptar los miedos no nos convertía en cobardes, que abordarlo en colectivo nos permitía afrontarlo.

Comenzamos a elaborar estrategias que nos permitieran realizar nuestro trabajo sintiéndonos menos vulnerables. En este sentido, decidimos hacer hincapié en la difusión continua de la denuncia y muchas organizaciones y colectivos de la Sexta Internacional nos brindaron su solidaridad, invitándonos a sus lugares para hablar de lo que pasa acá, generando una cobertura hacia nosotras. Pero, lo más importante, es que fuimos descubriendo compañeros y compañeras en otras latitudes del mundo que luchan y resisten, aprendiendo de sus formas y construyendo una red social que nos acompaña.

 

Italia:

El miedo tiene varios componentes: la sensación de ser vulnerable, el estado de alerta, la impotencia individual y la alteración del sentido de la realidad. Estos componentes generan una serie de consecuencias físicas y psicológicas que nos pueden llevar a la retroalimentación del temor.

 

Mariana:

Esto nos envuelve por completo y se hace cada vez mayor. El miedo que no se afronta se alimenta cada día más, nos puede llevar a la parálisis, no hacer nada. Pensar que te ocurrirá algo de manera obsesiva o desconfiar de los mismos compañeros. Y la culpabilidad: sentirse cobarde por tener miedo.

Y esto es lo que, precisamente, espera el Estado que ocurra. Sin embargo, el miedo no siempre es negativo, es un mecanismo de autodefensa que nos permite tomar precauciones en situaciones de riesgo. Los cuidados que tengamos en lo colectivo serán para arropar a las más vulnerables de esta situación, reconociendo que los efectos de la represión repercuten en todas de mayor a menor medida. Podremos romper con el sentido de la represión, detectar sus finalidades y hacerles frente de manera colectiva, donde salgamos fortalecidas para continuar luchando, arropadas y cuidadas por la misma colectividad. Siendo compañeras solidarias, construyendo la revolución social.

 

Italia:

Tenemos más de dos años haciendo este trabajo y, con el paso del tiempo, nuestro quehacer se fue transformando. Fuimos profundizando en lo que nos había ocurrido y en cómo nos estábamos sintiendo. Los miedos, las consecuencias físicas pero, sobre todo, en los sentires de las personas que nos rodean en nuestros ámbitos personales, sociales y políticos.

A través de estas reflexiones, comenzamos a descubrir el principal objetivo de la represión, así como sus finalidades. Comenzamos a ser concientes de los efectos que conlleva esta violencia. Entonces, decidimos no sólo hablar de los hechos concretos que habíamos vivido, sino, además, intentar profundizar en los mensajes que el Estado envía. Y cómo las organizaciones y, en concreto, La Otra Campaña lo miran.

Cómo nos hemos visto afectadas en colectivo. Pero, sobre todo, poder elaborar estrategias de resistencia contra la represión. Lo hacemos porque sabemos que el Estado quiso enviar un mensaje a la gente que lucha. Nos usó como castigo ejemplar. Supusieron que nos sentiríamos derrotadas y derrotados y que prevalecería la desesperanza. Nosotras decimos: ¡no!

La campaña que emprendimos pretende ser un espacio de difusión de nuestro trabajo de una manera más organizada. También propone generar espacios de reflexión desde La Otra Campaña a través de charlas y talleres, que nos permitan identificar las finalidades de la represión y cómo ésta ha generado estragos en nuestra participación política, como individuos pero también de manera colectiva.

De este modo, queremos incluir a todas y a todos en la campaña, que la retroalimentemos y que participemos de ella. Que busquemos de manera conjunta construir estrategias que eviten que la metodología del terror empleada por el Estado nos siga mermando. Pues estamos convencidas que, a la par de la organización y la construcción del mundo que queremos, es nuestro quehacer evitar que, a golpe de la represión, nos arrebaten lo logrado.

Con la rabia, el dolor y la indignación también surge la solidaridad, la necesidad de hacer algo, de no callar, iniciar la denuncia de lo ocurrido señalando al Estado como responsable directo de la represión. Por supuesto, este trabajo no lo hemos hecho solas, pues se ha tejido una red social que nos ha acompañado, luchando a nuestro lado, permitiéndonos socializar nuestra experiencia pero, sobre todo, enriquecerla.

Como la coordinación que mantenemos con Cristina Vals y el colectivo Atenco somos Todas, en el Estado Español. Elaborando estrategias conjuntas, convencidas de la necesidad de hacer este trabajo de manera colectiva venciendo así las fronteras y la distancia.

¿Qué nos supone Atenco somos Todas? Trabajar en Red, practicar el apoyo mutuo, a pesar de las fronteras y de la distancia. Ellas allá en el Estado Español y nosotras acá en México. Compartiendo trabajo, sentir, intentando entrelazar nuestras luchas, sobrepasando nuestros miedos para seguir construyendo resistencia, ellas somos nosotras.

 

Susana:

Los días que siguieron al 3 y 4 de mayo de 2006, no nos cabía la rabia en los cuerpos. Era algo a lo que sentíamos que teníamos que responder, políticamente y en la calle. Además de indignarnos, lo sentíamos cerca porque muchas de nosotras pertenecemos a colectivos y a redes zapatistas y estábamos atentas a La Otra Campaña y a lo que sucedía en este rincón del mundo. Que ya venía, por un lado, indignándonos desde hace tiempo, y por otro, prendiéndonos el corazón y las ganas de luchar.

Así que en esos días, las acciones, la difusión, las marchas, sacaban un poquito de esa rabia, la suficiente para ir fortaleciendo algunas redes que de por sí estaban, y añadiendo algunos nudos en ese tejido. En ésas nos encontramos con la compañera Cristina Vals, que había vivido junto a las demás la detención y la tortura y había sido deportada de México. Y desde ahí, es que empezó a nacer este colectivo, que quería no sólo acompañarla y apoyar en este proceso que el poder imponía.

También quería exigir la libertad de los presos y señalar la conivencia y complicidad del gobierno español y el mexicano, evidenciando las relaciones económicas existentes, intentando adueñarse de la tierra y de la dignidad de los pueblos, comunidades y personas, necesitan de la represión y la tortura como arma de Estado para callar voces, dar castigos ejemplares, y generar, a base de miedo, a veces feroz y a veces sutil, el ambiente necesario para que sus objetivos se cumplan cueste lo que cueste.

Queremos poner en práctica el “si nos tocan a una nos tocan a todas”. Partir de lo que sucedió en Atenco, que conocemos de cerca, para señalar a los culpables personales y estructurales de todo aquello. Denunciar la represión también en nuestra realidad como instrumento para silenciar cualquier disidencia, con el objetivo último de mantener las relaciones de poder existentes.

Decidimos apoyar la denuncia jurídica, hacerla colectiva, utilizarla como herramienta, a pesar de las contradicciones que, como las compas acá, nos supone denunciar ante una institución que no reconocemos: En Atenco somos Todas sentimos que caminar con otras nos hace fuertes. Como somos un colectivo chiquito, no podemos dejar de aprender, como quien aprende a hablar y quiere repetir las palabras. Y luego, se va dando cuenta de que puede inventar un lenguaje propio, sin olvidar que empezamos a balbucear con otras luchas, a veces lejanas y a veces no.

Sentimos la necesidad de apoyar a las que sentimos compas y de recibir el apoyo cuando las cosas se ponen feas o cuando andamos perdidas. Pero también creemos que una lucha no puede sólo apoyar. El apoyo mutuo es algo que necesitamos para crecer, para poder seguir avanzando cada quien en donde estemos. A veces decimos que hay muchos Atencos, o sea, muchas agresiones por parte del Estado, que tienen que ser respondidas. Y muchas de ellas están muy cerca nuestro.

Por eso, no le vemos sentido al trabajo de apoyo sin plantearnos qué hacemos en nuestro barrio, con otras compañeras que luchan allá. No tendría sentido si somos indiferentes a las agresiones machistas que sufrimos y vemos, a las redadas racistas que son cotidianas para nuestras vecinas inmigrantes, a la creciente criminalización de los movimientos sociales en el Estado Español. Los desalojos de los espacios tomados, la tortura cotidiana en las comisarías.

En fin, si fuéramos indiferentes a una ciudad escaparate, que impone el ciclo: trabaja, consume, obedece y muere. Y en la que el tejido social es un algo lejano de lo que hemos oído hablar, o acaso recordamos en las infancias, en los pueblos de nuestras abuelas que hoy están deshabitados.

De nuestro contacto con las comunidades zapatistas aprendimos algunas cosas. Quizá la que más reflejo tiene ahora en nuestra vida y nuestra lucha sea esa: la comunidad. Hemos decidido ser comunidad, compartiendo trabajo, vida, desilusiones y sueños. Haberlo hecho ocupando un espacio que, como tantos en las grandes ciudades del Estado, están abandonados a la especulación y el enriquecimiento de los de siempre. Y abrirlo para, junto con otros espacios poner un granito de arena más a aquello de que en donde hay una agresión, surge una resistencia.

Esta decisión de ser comunidad nos exige reinventarnos, y desaprender a hablar siempre en primera persona de singular para hacerlo en plural, o sea siendo nosotras. Porque nos dieron de mamar individualismo, y eso les permite a los de arriba que enseguida nos sintamos solas cuando llegan los golpes.

Poco a poco, este trabajo político, vivir la tortura más de cerca fue calando. Se dieron situaciones que no aprendíamos a manejar. Emociones raras y difíciles que nos escocían por dentro. Los compas que siguen presos, los quién será la próxima, los tabúes, el patriarcado, la dificultad de hablar de tortura y de agresiones sexuales, la sobreprotección, la soledad, el no saber dejar de ver una víctima, donde hay una superviviente.

Y por dentro, sin decirlo mucho, se nos iban haciendo nudos. Entonces, vamos descubriendo que hay una parte emocional en todo esto que, desde el colectivo, queremos trabajar. Decían algunas feministas: “lo personal es político”. Y de ahí que sentimos que abordar todo esto en colectivo es parte de la lucha. Así es que nos hemos visto crecer juntas trabajando con las compas de acá, entendiendo los objetivos de la represión, evidenciando su violencia específica contra las mujeres.

Y así, de a poquito, decimos que no queremos siempre defendernos, que no queremos olvidar la ternura del apoyo, no queremos olvidar la lucha por no depender de las de arriba y sus estructuras. Vamos despacio y juntas, ojalá que porque vamos lejos.

 

Mariana:

A ratos, nos cuesta reconocer hasta qué punto nos afecta esta violencia, no sólo de manera política, sino también a nivel social y emocional. No queremos olvidar que la tortura busca quebrar a la persona, doblegar la voluntad y lograr la parálisis. Y es evidente que muchas veces lo consigue. Por esto, es importante conocer y analizar todas las finalidades que persigue esta herramienta represiva. Ser concientes de ella, buscando mecanismos que nos ayuden, desde lo personal hasta lo colectivo. Afrontarla de manera activa, evitando que siga siendo una de las principales armas que el Estado utiliza en contra de nosotras y nosotros.

Este esfuerzo tiene diversos objetivos: sobre nuestros 13 compañeros aún presos en el penal Molino de las Flores, condenados a 31 años, 11 meses y 15 días, y el Altiplano, con condenas de entre 67 y 112 años, exigimos su libertad y nos sumamos con este trabajo a la lucha nacional e internacional por su liberación.

En cuanto al Estado: evidenciar su violencia, sus objetivos y medios. Señalarles y hacer tambalear su impunidad. Si dan por hecho que la tortura sexual no es denunciada, denunciándolos les cerramos las puertas y abrimos caminos para protegernos. Nosotras, ser capaces de profundizar en el sentido de nuestra lucha. Organizar nuestra rabia y nuestros sueños. Y aprender, también, a gestionar nuestros miedos y debilidades. A no vivir el proceso solas, a trabajarlo en colectivo y descubrir otro sentires que nos enseñan a reconocer que, poco a poco, podemos seguir construyendo esta nuestra resistencia.

Colectivos, individuos y organizaciones: nosotras partimos de nuestra experiencia, pero sabemos que no es la única. Que la tortura sexual y la represión política ocurren constantemente en otros lugares, en otros contextos, con diferente intensidad. Y que el modo de afrontarlo es distinto. Buscamos conseguir que esto sea un proceso de aprendizaje y apoyo mutuo. Aprender a trabajar en red, a mediano y largo plazo, y que este esfuerzo sea construido por compañeros y compañeras de La Otra Campaña, que puedan llevarlo a cada uno de sus espacios, discutirlo y trabajarlo.

La gente en general: saber acercarnos, saber escuchar y saber decir lo que queremos decir. Romper el discurso de “la gente no lo entiende o no le interesa”. Develar la violencia en cadena que se ejerce a diferentes niveles, que marcan las relaciones de poder. La violencia cotidiana que pasa desapercibida, hablarlo y reconocerlo en las otras y otros a partir del dolor, para construir los puentes de confianza que nos han robado.

Nosotras valoramos importante hablar sobre lo que nos supone la tortura sexual. Identificándola como una herramienta casi infalible, pues es muy fácil mirarla como un daño colateral, inherente a nuestra condición de ser mujeres. Desde el discurso del poder patriarcal y misógino, las mujeres somos vistas como objetos o propiedades que son tomadas como trofeos o botín de guerra. Implicando con esta acción la derrota de sus enemigos, es decir, de los movimientos sociales.

Somos vistas como las personas más vulnerables, y en base a este supuesto, blanco de la violencia sexual. La colonización de los cuerpos de las mujeres es la materialización del poder que otorga la autoridad. Este tipo de tortura no sólo causa efectos individuales, sino que el valor cultural que posee es capaz de destruir el tejido colectivo solidario para vernos subordinadas nuevamente, vulnerables ante el poder. El Estado, conciente del papel central de la sexualidad para la identidad de las personas, utiliza la tortura sexual como instrumento político de dominación.

Creemos necesario hablar claramente de esto, contrarrestando así las posiciones victimizantes y estigmatizantes hacia nosotras, ya no sólo venidas desde el Estado, sino además de nuestros propios compañeros y compañeras. Percibiéndonos de manera diferente de otros sobrevivientes de tortura. Idealizando a éstos por resistir el dolor físico, convirtiéndolos en héroes. Nosotras buscamos los mecanismos para recuperarnos a nosotras mismas, nuestra identidad. Integrarnos de manera sana a nuestros colectivos. Queremos ser vistas como compañeras, no como víctimas, mucho menos como heroínas.

Entendemos que el sistema patriarcal, a veces tan arraigado en todas y todos, nos llevan a mirar la violencia sexual como algo vergonzoso y que conlleva a una carga de culpabilidad en los sobrevivientes. Por esta razón, poco abordada y denunciada. Es por esto que se convierte en un arma de control social tan eficiente. Nosotras no somos víctimas, hemos rechazado este rol que nos ha querido imponer el poder. Hemos tomado un papel activo en la recuperación de nuestra identidad, como mujeres, como miembras de nuestros colectivos y La Otra Campaña. Continuando nuestra participación política,

Para nosotras, el silencio no fue una opción. Seguiremos luchando por traer a la memoria lo que ocurrió el 3 y 4 de mayo de 2006. No como un episodio de derrota, sino como un momento de reafirmación de nuestras convicciones. Donde nos hemos transformado y crecido, convencidas que nuestro camino es éste: la lucha por la libertad, la autonomía la autogestión, la autodeterminación, por la revolución social.