Documentación histórica

Sergio Rodríguez Lascano (México). Segunda mesa de la tarde. 3 de enero de 2009

(Ponencia entregada por escrito)

 

Otro mundo, otro camino.

 

Introducción:

Como si las palabras zapatistas tuvieran la virtud de cobrar vida una vez que se dicen, en Grecia, los jóvenes de ese país nos recuerdan que la rabia, cuando se expresa de manera colectiva, tiene dignidad y, de alguna manera, es invencible.

En esta larga lucha entre el capital y el trabajo, parecería que el primero gana espacios irrecuperables, y que su capacidad para modificar aspectos secundarios de su dominación lo ha llevado a una situación inmejorable.

La realidad, sin embargo, es que en este enfrentamiento desigual, no está dicha la última palabra: el combate todavía continúa.

Lo que sucede es que las modificaciones que el capital llevó a cabo en el último periodo han transformado los escenarios de la confrontación. Pero, mientras haya explotación, despojo, represión y desprecio, seguirá subsistiendo la voluntad por justicia, democracia y libertad.

En Grecia, la rebeldía se pasea por las calles, enfrentándose al poder y a todos los mecanismos con los que cuenta: los cuerpos represivos; los partidos políticos institucionales que, inmediatamente, buscan disolver los conflictos sociales para convertirlos en simples desavenencias negociables; las instituciones jurídicas que, cada vez que nos recuerdan la vigencia del Estado de Derecho, es porque echan mano del Estado de Excepción, con la eliminación de los derechos elementales del ser humano; los medios de comunicación masiva que, ansiosos, quieren que la gente regrese a casa, que vuelva la democracia del espectador a ser la única real y verdadera, que se acabe con la democracia callejera, aquélla que junta y hermana, aquélla que permite la alegría de vivir.

 

I.

La reestructuración capitalista, iniciada a finales de los setenta, conocida como neoliberalismo, ha significado una reorganización del mundo: a través de una reorganización productiva, política, social, cultural.

Con esa reestructuración se buscaba eliminar las viejas conquistas que, después de cruentos enfrentamientos, los trabajadores del campo y la ciudad habían ganado. La reorganización espacial de la acumulación fue acompañada con una reorganización espacial del dominio. El objetivo no era simplemente adueñarse de la fuerza de trabajo de los que no tienen otra cosa que eso, sino de reorganizar esa propiedad, para acabar con las anomalías que este sistema había aceptado después de la revolución rusa.

El capitalismo perdía su careta del bienestar —escogida frente el pavor a la revolución—, para recuperar su verdadera vocación: aumentar la tasa de explotación, para aumentar la tasa de ganancia.

Esta reorganización espacial de la acumulación tenía como objetivo fundamental fragmentar las relaciones laborales, acabar con los vínculos solidarios entre los seres humanos, eliminar las restricciones nacionales, lo que generó una redistribución del capital en el tablero mundial y un ejército de reserva de mano de obra, ahora sí, totalmente mundial.

En este proceso ha sido muy importante la reinserción de Rusia al capitalismo y la apropiación de todas sus riquezas por parte de 15 hombres: la mafia rusa (solamente hay más norteamericanos entre los 100 hombres más ricos del mundo que rusos), así como la reincorporación de China al mercado mundial capitalista. Mientras que, en 1978, había 150 millones de trabajadores chinos, ahora hay 560 millones. Eso quiere decir que, en menos de 30 años, hubo una incorporación de 410 millones de trabajadores al modo capitalista asiático de producción. Se trata de mano de obra disciplinada y con cierto nivel de preparación que, más temprano que tarde, les quitará la careta a estos nuevos mandarines.

Todo esto y muchas cosas más nos plantean que, efectivamente, el siglo XX no tan sólo forma parte del pasado sino que, como dijo el Subcomandante Insurgente Marcos, se trata de la prehistoria.

Yo nací en 1950, es decir, a la mitad de la prehistoria, y ahí hay una dificultad. Pero, si bien es verdad que muchas cosas han cambiado, la explotación, el despojo, el desprecio y la represión siguen siendo las ruedas que permiten que el capitalismo subsista.

 

II.

La combinación entre la explotación y el despojo ha sido la constante en los últimos 30 años. El despojo ha permitido que las grandes trasnacionales se apropien de territorios importantes del mundo para la producción de soya, palma africana, transgénicos en general. El fracaso de la revolución verde y, en general, de toda acción capitalista en el campo, como generadora de bienestar, ha permitido el desarrollo de las ciudades miseria, en especial, en los países más pobres.

Hoy, la inmensa mayoría de la clase obrera industrial, no está en Manchester, Liverpool, Detroit. Torino, Berlín, Pittsburg, sino en Cantón, Mumbay, Jakartha, el ABC de Sao Paulo, Lagos, Islamabad, Teherán, Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros, Tehuacán (por cierto que en la entrada a esta ciudad del estado de Puebla todavía se lee un mensaje que dice: “bienvenidos al lugar cuna del maíz”. Cuando debería decir: “bienvenidos a la cuna de los Blue Jeans, lugar donde se ensayan los mecanismos más atroces de organización del trabajo bajo el capitalismo).

Este hecho se complementa con otro: una buena parte de la mano de obra en los países más desarrollados proviene del sur. 210 millones de inmigrantes son hoy una parte sustancial de la clase obrera de países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, etcétera.

Esto permite cuatro dinámicas que se combinan y que son completamente explosivas:

a) Existe un proceso de deslocalización del capital en el ámbito mundial. Las grandes trasnacionales, cada vez más, invierten en la creación de fábricas movibles en los países pobres, que les garantizan mano de obra barata, control represivo sobre los trabajadores, eliminación de requisitos jurídicos, simplificación administrativa, incremento de la mano de obra no sindicalizada, utilización de esos bajos salarios como espantajo frente a los trabajadores de su país de origen (si todavía se puede hablar con estos términos) para que limiten sus peticiones. En una palabra: sobreexplotación.

b) Existe un proceso de deslocalización interna del trabajo, al favorecer —más allá de las consabidas rabietas de los ultranacionalistas fascistoides— la llegada de trabajadores inmigrantes, cuyos salarios son mucho más bajos que los de los trabajadores originarios, lo que favorece la división y la confrontación. Lo que está sucediendo en el norte italiano creo que así lo revela.

c) Una combinación entre la sobreexplotación interna, que tiende a regular los salarios hacia la baja, y un incremento del comercio mundial de las firmas trasnacionales, por medio de la incorporación de los sectores más desfavorecidos como consumidores de los productos de las trasnacionales, como resultado del envío de divisas que hacen los trabajadores originarios de los países pobres a sus familias. Esto ha permitido, igualmente, un abandono de lo que se conocían como las responsabilidades sociales de los Estados en este tipo de países.

d) Una nueva clase obrera: deslocalizada, fragmentada, en cuyo seno se combinan desde el trabajo tedioso y rutinario hasta el trabajo esclavo, como sucede en el BRIC (Brasil, Rusia, India y China, que tanto apasiona al antiimperialismo de los tontos), y también en México.

Todo esto permite un nuevo tipo de proceso de marginación. Por un lado, en las megápolis de los países más ricos, millones de seres humanos viven al día. El trabajo desregulado, precario, no sólo afecta a los inmigrantes, sino también a los que ahí nacieron, pues ya se decidió que son carne de cañón. Ahí se encuentra la razón fundamental de la utilidad que tienen para las “democracias” occidentales los partidos fascistas: al exacerbar el odio racial, se divide a los trabajadores, se genera un fantoche para ser atacado, y el capital sale bien librado.

Al mismo tiempo, según un cuadro elaborado por Mike Davis, las 20 zonas urbanas más hiperdegradadas en el mundo, por lo menos hasta 2005, se encontraban —todas— en los países más pobres. La región de Nezahualcóyotl, Chalco e Iztapalapa, en el Valle de México, ocupa el primer lugar, con 4 millones de habitantes.

 

III.

La crisis que han vivido, o están viviendo, las instituciones políticas generadas en el siglo XX tiene como base material la transformación radical de la organización (desorganización) de la vida.

Ahora, no se trata de la migración de los campesinos que producían aceitunas en el sur de Italia y que llegaban a Milán en busca de un puesto de trabajo en la Alfa Romeo, como nos contaba la vieja película de Luchino Visconti: “Rocco y sus hermanos”, con un Partido Comunista Italiano de masas que administraba la situación de manera magistral, como el gran controlador de la situación, que ejercía una especie de poder desde abajo y desde arriba, con una relativa capacidad de veto y con una impresionante capacidad de impedir un desbordamiento de las confrontaciones. Es decir, en última instancia, jugaba el papel de administrador del descontento. Cuando los patrones se querían pasar de listos, se movilizaba; cuando la movilización se hacia muy fuerte se desmovilizaba.

Ahora, los inmigrantes que llegan a las metrópolis no tienen muchas expectativas sociales. O los hijos o nietos de los que llegaron hace ya algunos años se rebelan contra sus padres y abuelos, que siempre les contaron historias sobre que ellos eran franceses o suizos, o alemanes.

Hace unos meses, en las afueras de París, en un partido de fútbol, en el que jugaba la selección de Francia contra la de Tunes, miles de migrantes tunecinos abuchearon La Marsellesa, himno de la revolución francesa, que, entre otras cosas, dice:

Vamos, hijos de la patria,
Que ha llegado el día de la gloria
Contra nosotros se alza
El sangriento estandarte de la tiranía.

Esto provocó la cólera del pequeño Nicolás Sarkosy y de su gabinete y del grueso de la clase política francesa.

En un diario español se comentó así el hecho: “Difícil decir si a lo que pitaban los jóvenes era al himno nacional y lo que representa, o al presidente Nicolás Sarkozy, que estaba por llegar; o al seleccionador nacional, Raymond Doménech —que va de derrota en derrota— o incluso a la cantante Lââm, juzgada en medios del hip hop underground como traidora a las esencias mismas del movimiento. Sin distancias, la clase política francesa, como suele ser costumbre, se tomó el problema como algo gravísimo y hasta imperdonable”. Inmediatamente, el personaje más en primera línea, el propio Laporte (ministro de deporte), saltó al ruedo nacional. Juzgó “escandaloso” lo ocurrido y propuso de ahora en adelante “deslocalizar estos partidos”.

Cuando explicó qué entendía por deslocalizar, dijo que era indispensable llevarlo a la Francia profunda, donde sí se ama a Francia y no viven los jóvenes migrantes o hijos de migrantes, rabiosos ingratos que no aprecian lo que se ha hecho por ellos. Ahora, hasta el fútbol debe ser deslocalizado. Bueno, desde hace mucho lo ha sido, simplemente hay que ver a la selección inglesa y francesa, sus componentes no tienen mucho que ver con los merovingios, ni con los bretones o los galos, o los normandos, más bien parecen como descendientes de los bereberes o de los habitantes de la África Profunda. No son descendientes de Pipino el Breve o de Chilperico. O de Roldán y los doce pares invictos de Francia, sino de los que los barrieron en Roncesvalles.

Yo creo que de las cuatro alternativas que sugiere el redactor del artículo, descartaría la tercera y me quedaría con las otras. La rechifla era para el himno, un himno que hace más de 200 años fue el símbolo de la revolución, que fue prohibido durante el Termidor, el imperio y la restauración, y que fue el canto que unió a los maquis que pelearon en contra del gobierno de Vichy, de Petain y la ocupación nazi.

¿Qué les dice a esos jóvenes ese himno? ¿Qué les recuerda? Les dice, les recuerda que, aunque formalmente tienen un pasaporte francés, ellos son los nuevos metecos, que no tienen lugar en el Imperio, que no deben estar en la gran ciudad, en el gran país, en la gran patria. Que si están allí es porque alguien tenía que hacer el trabajo sucio, peligroso y cansado. Pero que no son franceses. Los verdaderos franceses viven en la “France profunde” y no en les banlieu.

 

IV.

Todo esto ha permitido que, en todo el mundo, se abra una disyuntiva que es trascendental. Si antes los teóricos de la estrategia revolucionaria decían que era fundamental neutralizar y ganar a las capas medias —por medio de una política que combinara fuerza con concesiones— hoy, esto, creo yo, no es ni con mucho lo más importante.

Si se quiere ubicar una idea central diríamos que, hoy, lo fundamental es buscar unir el abajo con el más abajo en todo el mundo. Y que, normalmente, ésta es y será una tarea de los que viven más abajo que abajo.

Pero, seamos claros. ¿De quién hablamos? ¿Quiénes son esos que viven más abajo que abajo? Se trata de los trabajadores migrantes del mundo, de los trabajadores precarios, de los subcontratados por la tercerización o externalización (Outsourcing), los campesinos sin tierra, los sin techo, los sin papeles, los jóvenes que terminan una carrera universitaria y se enfrentan a la terrible realidad del desempleo, los estudiantes que no pueden continuar y van a dar al mercado más formal que existe: el llamado mercado informal. De las mujeres agredidas permanentemente, aún por sus propios compañeros, a quienes siempre se les dice que esperen, que no se precipiten, que aguanten, que no hay que dividir, que hay que comprender, que entiendan que el compañero vive bajo el estrés de la explotación (como si ellas no lo vivieran) y que si son golpeadas deben poner la otra mejilla.

Y, en América Latina, se trata de los pueblos indios, los que son la columna vertebral de la reorganización de un pensamiento libertario y emancipador. Quienes, a pesar de todas las chingaderas que se han realizado en su contra, promueven la única alternativa que incluye a todos los oprimidos y explotados, al más abajo y al abajo y al escaso en medio que han dejado.

No se trata de una masa amorfa, sin raíces sociales. Son el nuevo y más masivo proletariado que haya existido en la historia de la humanidad. El 80 por ciento del proletariado mundial se concentra en lo que se conocía como Tercer Mundo.

Ese proletariado está estratificado entre los que mantienen algunas de las conquistas del siglo XX, el abajo, y la inmensa mayoría: los que carecen de todo, que viven en condiciones de miseria y que, sin embargo, generan la mayor parte de la plusvalía mundial y la mayor parte de los granos, frutas y legumbres: el más abajo.

 

V.

Hace algunos años, muchos militantes de la izquierda latinoamericana, después de la gran revolución cubana, pero más claramente, después de la gran revolución sandinista, nos formábamos bajo la idea de que era indispensable descolonizar nuestra teoría, pero creo que de eso va a hablar quien más sabe: don Pablo González Casanova.

Lo que yo quiero señalar es que, creo, que si la izquierda europea o norteamericana quiere tener posibilidades de reconstruir una alternativa de masas más allá del capitalismo debería aceptar ser, por lo menos parcialmente, colonizada por el pensamiento de los habitantes de sus ex colonias. Si no fuera por otra razón, simplemente por el hecho cuantitativo de que cada vez serán más los trabajadores que provengan de ahí. Es fundamental ser de izquierda en el Estado Español tratando de comprender qué piensan, cómo se organizan, cómo se mantienen unidos los indígenas ecuatorianos. Es imposible ser de izquierda en Alemania sin comprender la lucha y la cultura del pueblo Kurdo. Es más que imposible ser de izquierda en los Estados Unidos y no entender qué es la raza.

Se requiere de un nuevo tipo de internacionalismo que borre la vieja geografía del norte y del sur, del país rico frente al país pobre, y genere una más realista, que evite galimatías sobre la teoría del enemigo principal contra el cual luchamos, mientras el enemigo secundario se la ha pasado reprimiéndonos. Una geografía más sencilla, más nítida, aquélla que fue formulada por los zapatistas durante el inicio de la guerra en contra del pueblo de Irak. Dijeron: “En la geografía del Poder, uno no nace en una parte del mundo, sino con posibilidades o no de dominar cualquier parte del planeta. Si antes el argumento de superioridad era la pertenencia a la raza, ahora es la geografía. Quienes habitan el Norte no lo hacen en el norte geográfico, sino en el Norte social, es decir, están arriba. Quienes viven en el Sur, están abajo. La geografía se ha simplificado: hay un arriba y un abajo. El lugar de arriba es angosto y caben unos cuantos. El de abajo es tan amplio que abarca cualquier lugar del planeta y tiene lugar para toda la humanidad”. (Subcomandante Insurgente Marcos: La otra geografía).

Nuestros enemigos no son únicamente los señores Gates o Warren Buffet de los Estados Unidos, o Ingvar Kamprad de Suecia, o Bernard Arnault de Francia, o el español Amancio Ortega, o Karl Albrecht de Alemania, o David Thomson de Canadá, o Michele Ferrero de Italia.

Sino también el señor Lakshmi Mittal, o Mukesh Ambani de la India, o Li Ka Shing de China, o Oleg Deripaska y Roman Abramovich de Rusia, o el Príncipe Alwaleed Bin Talal Alsaud de Arabia Saudita, o Naguib Sawiris de Egipto (estos dos individuos poseen una fortuna de 55 mil millones de dólares, mientras el pueblo palestino muere de hambre. Sí es fundamental denunciar al Estado sionista de Israel —no a los judíos, por favor—, pero también a las cobardes burguesías árabes y también a la iraní), Antonio Ermirio de Moraes, de Brasil —que ya conociendo mejor a Lula se ha llevado bien con él—, o Iris Fontbona de Chile, o Carlos Slim, el intocable y, con él, las 36 familias mexicanas que tienen una fortuna equivalente a 300 billones de pesos.

E igual abajo. Los pobres, el proletariado mundial está conformado por trabajadores de ese sur social a los que les quieren imponer las 65 horas semanales en Europa, al que le reducen los salarios de manera global, cuyos hijos no tienen ninguna expectativa de promoción social. Eso es lo que le da su carácter de clase a la revuelta social griega.

 

VI.

Todo esto como parte de una nueva guerra mundial, la más terrible de todas: contra la humanidad y por la ganancia. No contra tal o cual país, sino contra todos los trabajadores del campo y la ciudad. No hay para dónde hacerse, lo siento, pero los que suspiran y aspiran a la reinstauración del viejo Estado Benefactor, lo hacen por algo que ya pasó y no volverá. Su “íntima nostalgia reaccionaria” —parafraseando a Ramón López Velarde— no hace sino vestirlos de cuerpo entero. Ellos no están contra el capitalismo, sino contra sus excesos.

El capitalismo es como es, es decir: inhumano. Es una tarea muy ingrata proponerle al pueblo que se organice, luche y se confronte simplemente para que el Estado recupere el control de la rectoría en la economía sin tocar las bases de la explotación, es decir, la relación trabajo asalariado-capital.

Porque después se llega al gobierno y se convierte a los pobres en los peores enemigos.

El Subcomandante Insurgente Marcos nos contó ayer la acción de guerra en contra de los habitantes de la Nueva Atzacoalcos, en el News Divine. Por razones profesionales, yo estuve en el entierro de algunos de los chavos y chavas. Ahí había una cartulina que alzaba sobre su cabeza un joven como de 16 años que decía: “izquierda asesina”. Un letrero que gritaba una realidad: izquierda asesina. Igual que en Zinacantán, Chiapas: izquierda asesina. Igual que en Atenco —porque nosotros, a diferencia de otros, no olvidamos el desplegado de los diputados del PRD en el estado de México felicitando al gobernador Peña Nieto por la represión en ese lugar digno, de hombres y mujeres dignos—: izquierda asesina.

Aquélla que tiene como jefe de la policía, en la Ciudad de México, a un racista que no le gusta la talla y complexión de los pobres veracruzanos, chaparros y gordas, dijo. Aquélla que llamó a la madre de todas las batallas para impedir la toma de posesión del fraudulento Felipe Calderón como presidente, pero pactó dejar la puerta trasera del recinto libre, para que por ahí entrara y, luego, la acción fue proclamada como heroica por López Obrador. Aquélla que llamó a la otra madre de todas las batallas para impedir la privatización de Pemex, sin reconocer que ha sido cómplice del hecho de que el 35 por ciento de la energía nacional ya haya sido privatizada, para luego pactar una reforma ad-hoc.

 

VII.

Conclusión:

En esta guerra, los habitantes del sótano del mundo comienzan a salir, después de iniciar la construcción de túneles de comunicación. Este encuentro de la Digna Rabia es una construcción subterránea que ha tardado mucho, pero que ya comienza a estar sólida.

En esa construcción, a veces se pica piedra cuando creíamos que era viable construir camino. Pero no importa, también ahí se aprende. A veces parece que ahí hay piedra y que no hay que avanzar, pero se descubre que, después de desencuentros, se puede continuar la construcción.

A los militantes y organizaciones de la izquierda mundial les quiero compartir una anécdota: un amigo común —del Subcomandante Insurgente Marcos y mío— me contó, hace unos meses, que en la reunión privada que sostuvo el Sup con Fausto Bertinoti, dirigente en esa época de Refundación Comunista de Italia, al final, después de intercambiar varias ideas, ya al despedirse, el Sup le recomendó que leyera el Quijote de la Mancha.

Una conclusión rara después de que se habló del movimiento de movimientos, de la globalización, de la crisis del Estado nación, etcétera. La recomendación del Sup fue que leyera El Quijote. A la luz de lo que sucedió después, parece que Bertinoti no le hizo caso al Sup.

Dentro de la mente de la mayoría de los seres humanos, por lo menos en algunos momentos de su vida, conviven siempre la rebeldía y el orden. Dentro de cada uno de nosotros se encuentra el rebelde y el Estado-policía. Si en nuestras acciones diarias, cotidianas: en la forma en que tratamos a nuestros compañeros y, en especial, a las compañeras; en la forma en que tratamos a los enfermos, en la forma en que tratamos a los indígenas, en la forma en que nos burlamos de los defectos físicos o la apariencia de los otros, en la forma en que tratamos a nuestros alumnos, el Estado-policía que llevamos dentro domestica al rebelde, seremos parte de las hordas de reaccionarios que hacen de su particularidad su rechazo.

Los partidos políticos de izquierda, sinceramente anticapitalistas, que luchan por la toma del poder, viven con esa contradicción. Yo no soy nadie para decir que no es viable la posibilidad de construir una fuerza revolucionaria de izquierda que luche por el poder y que no se deforme en el camino. Yo no hago nuevas ortodoxias, aparentemente heterodoxas. Lo que sí señalo es que la contradicción existe.

Hacia dónde se incline esa izquierda anticapitalista será fundamental para el destino de los seres humanos, en una buena parte del mundo. Aquí en México, la izquierda institucional y sus remoritas —que no son institucionales porque no las dejan—, no sólo no son anticapitalistas, sino que no tienen nada que ver con la rebeldía. A lo más que llegan es a estar a la vera del que lanza las purificaciones y admoniciones.

Mientras tanto, en esta fase mórbida de la crisis, cuando la Rebeldía se expresa en el Partenón y nos regocijamos de vernos entre los rabiosos que en Grecia salen a mostrar lo que tienen, lo que no quieren que se les arrebate: su cuerpo, su vida.

Cuando la sin razón se viste de bombas y cae sobre los niños de Palestina y nos inunda una infinita rabia.

Aparte de hacer nuestro trabajo en la comunidad, en el trabajo, en las calles y los barrios, es decir, ayudar a generar relaciones humanas que permitan desatar la energía social hacia la destrucción del sistema capitalista, también es indispensable leer y releer El Quijote de la Mancha. Para que un día no aparezcamos apoyando la invasión americana y europea a Afganistán o a Haití, o a Irak, o a… México. Bajo el pretexto, viejo, sobado y consabido de que es indispensable instalar la democracia y acabar con los regímenes fundamentalistas o las fuerzas terroristas.

En esa batalla, El Quijote nos ayuda a que el rebelde domestique al estadista, a ubicarnos a la izquierda de lo posible y que ése sea nuestro horizonte y no la real politik. A que la realidad sea multicolor y no el desierto de lo real. A que la vida triunfe sobre la muerte.

Gracias.