Documentación histórica

Mónica Baltodano (Nicaragua). Mesa de la mañana. Día 3 de enero de 2009

Buenos días.

Queridos compañeros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena- Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Compañeros, compañeras de las organizaciones y colectivos de apoyo, amigos, amigas todos aquí presentes.

 

Queremos, en primer lugar, agradecer profundamente la oportunidad de compartir estas históricas fechas: el 25 aniversario de la fundación del EZLN, el décimo quinto aniversario de su combativa aparición pública. Y no sólo acá, en esta bella ciudad, sino también, por la oportunidad de haber amanecido el primero de enero de este año en Oventic. Es una experiencia que para nosotros ya resulta inolvidable.

Es un orgullo para nosotras y nosotros compartir nuestras experiencias. Pero queremos enfatizar que, ante todo, venimos acá a aprender, a escucharles, a obtener sus valiosas experiencias y los buenos ejemplos.

Queremos, sobre todo, encontrar en estas reuniones, en estos encuentros —que llevan el desafiante nombre de Festival Mundial de la Digna Rabia—, energías, sus entusiasmos, para seguir adelante.

Queremos comenzar reconociendo que nos produce rabia, indignación, los ataques sionistas al heroico pueblo palestino. Y desde acá, San Cristóbal de Las Casas, los repudiamos y demandamos el cese inmediato de esos ataques.

Tampoco podemos dejar de mencionar que las efemérides del Ejército Zapatista también coinciden con el cincuenta aniversario de la heroica Revolución Cubana. Cincuenta años de victorias, cincuenta años de resistencia, cincuenta años de meritoria ira frente al bloqueo, frente al acoso. Y, ahora, frente a la injusta detención de los cinco héroes cubanos, que ya cumplieron diez años de estar injustamente detenidos. Y desde acá, San Cristóbal de Las Casas, demandamos diez años de injusticia. ¡Basta ya! ¡Libertad para los cinco héroes cubanos!

Compañeros, compañeras. Sabemos que la Revolución Popular Sandinista de 1979, que fue en realidad un coherente, inmenso y totalizante movimiento social y político, que transformó Nicaragua. Con la lucha, a través de la lucha armada, ese movimiento y esa revolución sirvieron a muchos pueblos, a muchos dirigentes, a muchas organizaciones, de acicate para la lucha y el combate por la emancipación social.

Esa revolución fue el acumulado de muchas luchas, algunas de ellas olvidadas en la historia, como los levantamientos indígenas de Matagalpa, a mediados del Siglo XIX. También tuvimos una revolución liberal en 1893. Revolución truncada por la invasión directa de los Estados Unidos, quienes instalaron en nuestro país una situación de protectorado, administrado alternativamente por liberales y conservadores.

En 1927, Augusto Sandino, General de hombres y mujeres libres, iniciando su lucha con un pequeño número de campesinos descalzos se plantó frente a la oligarquía y los yanquis. Construyó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y llevó adelante una lucha de carácter patriótico, nacionalista, latinoamericanista, antiimperialista, anti-oligárquica. Y propuso importantes y profundos cambios sociales, entre ellos, la reforma agraria.

Sandino expulsó a los yanquis y se constituyó esto en la primera gran derrota del imperialismo, en suelo latinoamericano. Pero Sandino fue traicionando y asesinado. Y a partir de ello, se abre un periodo terrible de represión y de muerte contra dirigentes campesinos sandinistas. Junto con la instalación de una dictadura militar, que combinó acciones populistas con la represión y la muerte.

Éste fue un largo periodo de descenso de las luchas populares. Hasta que se fundó, en 1961, el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Tras casi 20 años de lucha guerrillera, de lucha clandestina, inicialmente en las montañas del norte y luego que asumió la forma de insurrección en las ciudades, el pueblo nicaragüense venció a la dictadura. Triunfó política y militarmente. No fue una victoria nada más militar —como a veces se cree—, fue una victoria del pueblo.

Y aquí hago un paréntesis. En 1979, que insurreccionamos Managua, entramos a las zonas —llamados barrios orientales—, a sólo tres kilómetros de la casa presidencial, 110 hombres y mujeres armados. Resistimos 17 días, en la capital, y después tuvimos que hacer una acción táctica que se llamó “el repliegue”. Íbamos ya con 5 mil combatientes del pueblo. Porque, en realidad, la victoria y la lucha contra la dictadura fue y tuvo un profundo signo popular.

Esa victoria, que significó la derrota de una dictadura de 40 años, apoyada y armada por el imperialismo norteamericano, condujo a la destrucción de todas las instituciones: del ejército, de la policía, del Parlamento, de los Ministerios, creando un andamiaje institucional completamente nuevo. Redactando una Constitución —en 1987— completamente nueva. Y empujando importantes cambios sociales, como la reforma agraria, la alfabetización, la reforma urbana. La nacionalización de todos nuestros recursos, que estaban en mano de trasnacionales extranjeras: las minas de oro, las minas de plata, las bananeras.

Algunos de estos cambios aún no han podido ser revertidos. Y aún hoy, seguimos afirmando que, aunque se cometieron muchos errores, sobre los cuales no se ha estudiado y trabajado prácticamente nada —y éste es uno de los grandes déficits—, la verdad es que la derrota tuvo un factor fundamental: que fue la guerra contrarrevolucionaria, animada y sostenida por el gobierno de Ronald Reagan.

El bloqueo económico y la guerra, minaron la resistencia del pueblo. Y constituyen el factor determinante en la derrota electoral de 1990. ¿Fue derrotada la revolución? Para muchos, la derrota electoral fue un revés, no la derrota de la revolución. Pero recordemos que esta derrota se produjo en el mismo periodo de la implosión del socialismo real, lo cual impactó también negativamente en la conciencia de la dirigencia revolucionaria.

Yo diría que la revolución sandinista fue, de por sí, un hecho histórico imborrable. Por su carácter popular. No fue un golpe militar, como dijo, fue un proceso ascendente de incorporación activa de las masas, como sujetos de su propia historia. Todo lo que ha acontecido después hace que, muchas veces, la revolución sea ignorada, acallada, no aparece en los relatos. Como que si no hubiera ocurrido. Pero la revolución es imborrable. Y es una de las cosas que queremos demostrar.

El revés y lo que se llama la contrarreforma que se abrió, a partir de 1990, fue un proceso, en el cual, debemos desatacar como factores fundamentales de la instalación y del triunfo lo la contrarreforma, los siguientes:

En primer lugar, el resquebrajamiento de la autoridad ética, política, que hasta entonces tenía el sandinismo. Por la apropiación indebida de medios y bienes en la transición. La conocida “piñata”, que otorgó la posibilidad de que dirigentes nacionales e intermedios del sandinismo adquirieran bienes para su beneficio personal. Y fue el origen de la construcción de un emergente grupo económico capitalista, de antiguos dirigentes sandinistas.

Otro factor fue que el movimiento sandinista no logró construir democracia interna, ni tampoco una verdadera y profunda democracia participativa. Las decisiones principales estaban centradas en un equipo de nueve hombres. Y ellos, con distintos específicos, dependiendo del poder y de la importancia de los ministerios o de las instituciones que cada uno de ellos controlaba —como un feudo—. Hasta 1991, se realizó el primer congreso en la historia del Frente Sandinista.

Otro factor fue la carencia de un movimiento popular autónomo. La revolución propició la explosión de organización popular. Pero los movimientos eran, ante todo, instrumentos de una estrategia que, necesariamente, tenía que ser la de la defensa de la revolución. Los movimientos fueron subordinados a la conducción híbrida político-estatal de la vanguardia, el Frente Sandinista.

De esta manera, las organizaciones populares no se pudieron desarrollar de manera autónoma. Para que sus intereses particulares pudieran ser reivindicados frente al Estado, con su propia fuerza. Podemos decir que fueron, principalmente, las organizaciones de mujeres —influidas por el feminismo— las que empezaron a reivindicar la autonomía, antes del 90. Y, por ello, tal vez, es que pudieron constituirse, después de la derrota electoral de 90, en uno de los movimientos sociales, autónomos, más importantes de esa década. Y por eso es que, ahora, siguen siendo uno de los movimientos más importantes.

Por otro lado, el movimiento sandinista en su conjunto no fue capaz de construir colectivamente una estrategia para las nuevas condiciones. Para resistir fuera del gobierno. No fuimos capaces de construir un programa, de un proyecto que empujara los cambios revolucionarios, aun desde abajo, desde fuera de las instituciones. Y también, porqué no, ocupando los espacios institucionales que conservó el Frente Sandinista, aún después de la derrota de 1990.

El énfasis central estuvo en la defensa de los espacios institucionales. Una primera prioridad fue el ejército. No queríamos que el ejército fuese reemplazado por los contras. Esto era correcto. Pero, al final, se terminó por absolutizar los espacios de poder, por el poder mismo. El poder como control institucional y no el poder como instrumento para la transformación revolucionaria.

Se hacía lucha popular, pero siempre concluían en negociaciones, muchas de ellas secretas. Con énfasis en los intereses de los negociadores. En sus seguridades personales. Y, seguramente también, en arreglos económicos, para sus negocios. Las masas no experimentaban cambios en su propia vida. Y las luchas, algunas veces, radicalizadas al extremo, porque logramos paralizar muchas veces al país, con barricadas. Estas luchas se fueron, poco a poco, diluyendo.

Por su parte, el proyecto neoliberal también impactó en la organización, en la conciencia, en la acción del movimiento popular. Algunas poderosas organizaciones como el movimiento comunal, terminaron convertidos en ONG’s. Las agendas de la cooperación, con su énfasis ya conocido —y que en el caso de Centroamérica, eran la reconciliación nacional, el reencuentro, la pacificación—, terminaron por despolitizar a grandes sectores de la sociedad. En especial, la clase media.

Ya no había un pueblo conciente, organizado y decidido a empujar transformaciones revolucionarias, haciendo uso de la libertad, de su capacidad de verse como sujetos de la transformación. De sujetos pasamos a ser sociedad civil amorfa, despolitizada, desclasada. Y, sobre todo, desestructurada y fragmentada. Por eso, pasamos de las luchas populares a la transacción y los pactos.

En 1998, un pequeño núcleo del Frente Sandinista, de manera unilateral, escogió el camino de la transacción y se inició el proceso que se ha conocido como pactos. Fueron arreglos entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, el entonces presidente de Nicaragua, para repartirse el poder, como si de un pastel se tratara: mitad y mitad. Exactamente como había hecho la dictadura somocista, repartiéndose el pastel con los conservadores.

Se comprometió bajo el eufemismo de gobernabilidad la desmovilización de las fuerzas populares. Eso fue lo que otorgó como ofrenda Daniel Ortega. Todas las luchas y resistencias a las privatizaciones, a las políticas fondomonetaristas a los planes de ajuste estructural, y hasta el tratado de libre comercio —que en Nicaragua o en Centroamérica se conoce como CAFTA— fueron empujados y decididos sin resistencia popular.

Se instaló la dictadura del mercado y los ajustes se hicieron sin resistencia. Se hicieron grandes negociaciones subterráneas, entre las cuales, incluso, se repartieron acciones de las empresas privatizadas. Eso fortaleció el grupo económico emergente sandinista, del cual forman parte también ex dirigentes y dirigentes actuales obreros y campesinos del campo y de la ciudad, que usufructuaron parte de las propiedades negociadas en los acuerdos de privatización.

El pacto tuvo extraordinarias y nefastas consecuencias, en el plano político e ideológico. Porque fue escoger el camino de la politiquería, del electoralismo, de una lógica del poder, basada en el reparto de puestos públicos y negocios personales. El poder en el Frente Sandinista se concentró en una sola persona. Y como saben, la autocracia es el extremo opuesto de la democracia. Y es nociva para el desarrollo de cualquier fuerza política.

La construcción del caudillismo, que además reedita historias pasadas en nuestro país y en Latinoamérica, indujo al pueblo y a las bases sandinistas a la enajenación. Porque ya se sabe que el autócrata no educa, ni aporta herramientas para la construcción de sujetos. Para la construcción de dueños de su propio destino. Al autócrata no le interesa el debate, la diversidad de pensamiento, la información alternativa, mucho menos, la formación política.

El poder autocrático, además, necesita tener de su lado al poder religioso. Y lo espiritual se convierte también en un instrumento de dominación. Por ello, dentro de la cúpula danielista crece la militancia también en el fundamentalismo religioso. En una mezcolanza con la acción política. Ello ha coincidido, no de manera casual, en un pacto entre la familia Ortega-Murillo y el cardenal Obando. Y explica la abolición del aborto terapéutico en nuestro país.

Compañeros, compañeras: en noviembre del 2006, se realizaron elecciones en Nicaragua. Y Daniel ganó con el 37.9 por ciento del electorado. El más bajo índice obtenido en la historia electoral del Frente Sandinista. Esto, a pesar de todas las concesiones que hizo a la derecha y al cardenal Obando. Sus primeros anuncios crearon una gran expectativa en todos los sectores del pueblo: gratuidad de la educación, salud pública, decisión de retomar la alfabetización, programa Hambre Cero —se entrega un bono que consiste en una vaca, un cerdo, diez gallinas, un gallo y semillas a unas 15 mil familias campesinas anualmente—, el programa Usura Cero —microcréditos a intereses bajos a pequeños comerciantes. Recientemente inició el programa Amor —dirigido a sacar a los niños de la calle, de la mendicidad—.

Era esperanzadora la inclusión de Nicaragua en el ALBA, que propone relaciones económicas más justas. De hecho, lo más importante que ha acontecido hasta ahora en Nicaragua, ha sido la cooperación venezolana. En particular, las condiciones concesionales con que se otorga el petróleo a nuestro país. Pero ese convenio no llegó al Parlamento nicaragüense, porque el presidente Ortega decidió que los beneficios del acuerdo lo administrarían entidades privadas, creadas por él con ese fin.

Es decir, la ayuda venezolana está totalmente privilegiada. Se maneja de manera discrecional y se sabe que está favoreciendo la capacidad del grupo de poder del danielismo.

Entonces, Ortega modificó su discurso electoral, que había sido la reconciliación y la paz, por una retórica izquierdista. Proclamando la segunda etapa de la revolución sandinista. Ataca al imperialismo, el capitalismo salvaje, las trasnacionales. Pero, en realidad, está aplicando las más ortodoxas políticas neoliberales. Mantiene las mejores relaciones, de hecho, con los Estados Unidos. Y se mantiene en excelentes relaciones con el gran capital, en particular, con el capital financiero. Con quien, recientemente, acaba de renegociar la onerosa, escandalosa y brutal deuda interna, con evidentes ventajas para los banqueros.

No vamos a detallar en relación a las políticas fiscal, monetaria, todas son la continuación de los gobiernos anteriores. No es que esperáramos que Ortega se propusiera cambiar el sistema capitalista por uno socialista. Pero, es que ni siquiera han dado giros sustanciales al estilo de desarrollo de los gobiernos anteriores. Y siendo socio de la derecha, pues las voces principales críticas, provienen de los movimientos pequeños como el Movimiento Renovador Sandinista y el Rescate del Sandinismo, ambas de historia sandinista.

Ésas son las principales voces críticas del gobierno. Yo pertenezco al Rescate del Sandinismo. Y algunos compañeros me han dicho, en los almuerzos, ¿y es que queda algo, por rescatar en el sandinismo? Y yo les he dicho: claro que sí, lo primero es que hay que rescatar a Sandino. Sus valores, su ética, su mística. Hay que rescatar la historia. Hay que rescatar la verdadera identidad del sandinismo. Porque esto que tenemos gobernando no es sandinismo, es danielismo. No es sandinismo.

Estas voces críticas —que no provienen en su mayoría de la derecha—, las voces críticas que emanan del movimiento de mujeres, por los derechos humanos, de las organizaciones de la sociedad civil, de movimientos ambientalistas. Estas voces críticas son, se intenta acallar por métodos estalinistas. Los movimientos populares tradicionales, fortalecidos en la revolución, permanecen subordinados y cooptados por el gobierno. Y hay una sistemática labor para desarticular todo intento de construir movimientos populares autónomos.

Frente a las voces críticas se han desatado mecanismos de persecución. Usando el control de jueces, de magistrados y medios que pertenecen —como propiedad privada— a la familia gobernante. Un ejemplo de ello, es el juicio contra el poeta Ernesto Cardenal. O las investigaciones realizadas por el ministerio de Gobernación de algunas ONG’s del movimiento de mujeres. El descrédito a los cantautores de la revolución, como Carlos Mejía Godoy. A todos que nos llaman sirvientes de la oligarquía, peleles al servicio del imperio.

Entretejiéndolo con epítetos de índole religiosa: como diablos, judas. Por ejemplo, a las organizaciones de mujeres, que luchan por la despenalización del aborto terapéutico, le dice que son los nuevos Herodes que quieren matar a los niños. Ésos son los blancos privilegiados de sus ofensivas.

El 9 de noviembre, se realizaron elecciones municipales y el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, después que excluyeron a dos partidos legalmente constituidos, llamamos a Otra Campaña. Pedimos votar nulo, marcar todas las casillas para rechazar el modelo, para rechazar la falsa democracia, para rechazar la restricción que hacen a las verdaderas oportunidades democráticas en el país.

El voto nulo que hicimos fue un llamado a la rebelión cívica. Decir No al danielismo disfrazado de revolucionario. Y No al régimen Ortega-Alemán que han condenado este país a una situación de opresión. No vamos a dar detalles, pero éste fue un proceso viciado y completamente fraudulento. Y frente a las denuncias y frente a las movilizaciones, el gobierno de Daniel Ortega respondió con la utilización de fuerzas de choque, con grupos reclutados en los barrios, de pandillas, armados de machetes, morteros rústicos, piedras, tiradoras y balines. Que no sólo golpeaban y amenazaban a quienes querían manifestarse, sino que agredieron a periodistas y destruyeron a garrotazos los equipos de tres emisoras.

Eso ha abierto una crisis institucional de grandes proporciones, que aún no sabemos cuál va a ser su desenlace.

Compañeros y compañeras, cuando nos involucramos en la lucha, desde la edad de quince años, entramos a la lucha clandestina. Y luchamos desde todas las trincheras en que nos correspondió combatir y luchar. Adquirimos un compromiso que hemos renovado cotidianamente. Hemos insistido que nuestros méritos no están en haber participado en aquella heroica revolución. Los méritos de todo revolucionario es luchar por la revolución todos los días.

Nuestro compromiso está fundado en principios. Pero también en la fidelidad a miles de hermanos que cayeron, por la revolución. Nosotros les hemos contado esta mañana una triste historia, dolorosa. Que nos ha hecho llorar y sufrir a nosotros, al pueblo nicaragüense. Pero, como ustedes, convertimos estos sentimientos en indignación, en rabia digna y en convicción.

Nicaragua no puede estar condenada a moverse entre la derecha neoliberal y el danielismo, que impulsa un régimen de dominación de carácter neoliberal con retórica izquierdista. Y que usa el despotismo, la corrupción y la mentira. El sandinismo ha sido una fuerza vital en Nicaragua. Miles de sandinistas y diversas generaciones, no renunciamos al sueño de la construcción de una sociedad de justicia, de igualdad, que seguimos llamando una sociedad socialista.

Creemos que otro mundo es posible y necesario. Estamos convencidos que el adversario principal es el imperialismo, la mundialización capitalista. Ahora, bajo forma neoliberal. Pero sabemos también que la subordinación a tal modelo se realiza en cada uno de nuestros países con la complicidad de gobiernos dóciles, subordinados a los grupos económicos que se benefician de estas políticas excluyentes.

Para nosotros, articular las fuerzas, todas las fuerzas posibles, incluyendo bases del Frente Sandinista, para impulsar movimientos alternativos. Para acompañar las múltiples luchas de resistencia, las múltiples luchas de acoso perpetuo a todas las opresiones: a la opresión de clase, a la opresión étnica, a la opresión hacia las mujeres, hacia los niños, hacia la naturaleza.

Creemos que es fundamental animar la organización de nuevas fuerzas de izquierda anticapitalista, para el cambio revolucionario. Y ése es el desafío de nuestro movimiento en el cual militamos. Hay indicios esperanzadores, en movimientos que defienden el medio ambiente, los derechos humanos, de las mujeres, la no privatización del agua, las trasnacionales, los agrotóxicos, la defensa de nuestros bosques. Pero también la defensa de los derechos políticos esenciales: la libertad de organización, de movilización.

Sabemos que la lucha, como antes, es dura. Porque reina la confusión, la frustración, el desánimo. Hicimos una revolución, en la que murieron más de 50 mil jóvenes hombres y mujeres nicaragüenses. No es para menos. Por eso es que la traición genera en las bases descrédito, desánimo. Por la utilización utilitaria de nuestros símbolos. Por la utilización de nuestros muertos y de nuestra herencia.

Gandhi dijo, sin embargo, que es imposible alcanzar las estrellas. Y lo lógico es caminar hacia ellas. Y no en dirección contraria. Cuando recibimos la carta del Subcomandante Marcos, le dijimos que en la Nicaragüita de Sandino la contrarreforma se ha instalado, manoseando el nombre de Sandino, con estridencia y mentiras. En nuestro país se pasea por campos y ciudades engañando a los más humildes. Y creemos que aún no ha tocado fondo. No hemos logrado salir de una oscura noche.

El sol no quiere volver a asomarse todavía en nuestro país. Y por ello, debemos de guiarnos por las estrellas. Para nosotros eso son ustedes zapatistas. Y todos los hombres y mujeres que resisten en medio de la desolación y el olvido. Estrellas que nos guían. Como lo fue Sandino, como lo es Sandino y Carlos Fonseca. Este encuentro será, sin dudas, un acicate para seguir caminando hacia las estrellas y no en dirección contraria.

Porque hoy como ayer, los verdaderos hijos de Sandino, ni nos vendemos ni nos rendimos.

¡Zapata vive!

¡Sandino Vive!

¡Viva el Ejército Zapatista de Liberación Nacional!

¡Vivan las luchas de los pueblos!

Muchas gracias.