Documentación histórica

Confederación General del Trabajo (Estado Español). Mesa de la mañana. 2 de enero de 2009

Buenos días, compañeros, compañeras. Salud a todos y a todas. Desde la Confederación General del Trabajo, una asociación de trabajadores y trabajadoras del Estado Español, queremos transmitirles y desearles un feliz año 2009. Aunque debéis permitirnos que nuestro primer pensamiento, deseo y recuerdo lo tengamos para los compañeros y las compañeras que no pueden estar aquí presentes, porque están sufriendo de forma directa la represión del sistema capitalista. Están presos, desaparecidos, secuestrados, sometidos a situaciones de represión y exterminio.

Igualmente, nuestra más enérgica condena de las guerras que sufrimos como humanidad. Nuestra más enérgica condena al exterminio al que está siendo sometido el pueblo palestino, con la complicidad de toda la comunidad internacional.

Por el contrario, nuestro máximo apoyo y solidaridad con las luchas que los pueblos, la sociedad civil, los trabajadores y las trabajadoras, mantienen contra la represión, el despojo, la explotación y el desprecio a que nos está sometiendo el sistema neoliberal y capitalista.

Nuestro reconocimiento a la lucha de la sociedad civil griega y, de forma excepcional, nuestro máximo respeto y admiración a la lucha de los pueblos indígenas que, día a día, nos trasmiten lecciones sobre métodos, estrategias, acciones o propuestas realmente transformadoras.

Finalmente, una vez más, nuestro agradecimiento al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, al movimiento zapatista, por la invitación a participar en este Primer Festival Mundial de la Digna Rabia. Para nosotros es un auténtico honor poder estar aquí presentes. Y felicitarlos por la extraordinaria capacidad organizativa que aquí estamos comprobando. Muchas gracias.

Nuestra intervención en esta mesa, de Otro Mundo, Otra Política, ¿qué es ser capitalistas hoy?, queremos dirigirla esencialmente a hablar de futuro. A cómo construir propuestas, o estrategias, o acciones que nos den una respuesta global como sociedad, siendo plenamente concientes de la envergadura de lo que estamos hablando. Construir una sociedad alternativa, una sociedad anticapitalista, una sociedad autogestionaria, una sociedad según los parámetros de los de la izquierda y desde los de abajo. Sin duda, es un reto apasionante, y un reto absolutamente complejo.

El diagnóstico del capitalismo está hecho. Sabemos cómo funciona, en qué se basa, cuáles son sus reglas del juego, qué armas utiliza, qué consecuencias ejerce contra la humanidad, sobre el medio ambiente, sobre las relaciones humanas. Sabemos sus lamentables efectos sobre los derechos laborales, los derechos sociales. La pregunta ahora es: ¿cómo construir las respuestas que no tenemos?, ¿qué respuestas construir?, ¿con quién debemos construirlas?

Desde la CGT, entendemos necesario el trabajo y la lucha en un triple sentido, absolutamente complementarios y simultáneos, pero también absolutamente necesarios: primero, debemos construir y construirnos como personas anticapitalistas; segundo, debemos seguir afrontando las luchas del día a día, resistiendo y luchando de pie; tercero, debemos buscar el encuentro de las luchas sindicales y sociales, para que la respuesta tenga, realmente, una visión global.

¿Cómo construir personas anticapitalistas? Sin duda, una sociedad nueva requiere de personas nuevas, construidas sobre otros valores, otras actitudes, otros comportamientos, otro pensamiento, otros recursos personales para el diálogo. La pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo se enseña y cómo se aprende a ser anticapitalista? Para la CGT, la respuesta está más o menos clara. Es necesaria la formación y la militancia en organizaciones de izquierda y de abajo.

Esto no son palabras vacías, esto es simplemente dotarnos de una organización, de organizaciones en las que confundamos el medio y el fin. Una organización que nos enseñe la libertad y en la que aprendamos a ser libres. Para que luego podamos vivir esa libertad en esa sociedad futura a la que aspiramos y por la que tanto luchamos. Difícilmente podremos aprender la libertad viviendo en la censura, en el pensamiento único o en el segregacionismo de dirigentes y dirigidos. Y la militancia en organizaciones o colectivos jerarquizados, con un funcionamiento ejecutivista o de arriba hacia abajo.

Aprender a ser anticapitalistas no es fácil, insertos en la sociedad capitalista. Son muchos los controles mentales contra los que tenemos que rebelarnos. Todos estamos inoculados con el virus del capitalismo. Tenemos que extirpar dicho virus. Los seres humanos sólo somos el reflejo de lo que nutrimos nuestra mente. Nuestras emociones. Si esos nutrientes están infectados de capitalismo, todos y todas estamos contagiados.

Pero hay soluciones, o debemos buscarlas. Es posible la reeducación. Una de ellas —como comentamos— es la militancia en organizaciones alternativas, para vivir otros valores. Frente al control de los medios de comunicación —que nos someten—, ejerzamos el poder de la contrainformación. El trabajo sistemático. La lucha que avanza y consigue éxitos. Publicitemos nuestros éxitos como clase trabajadora, como sociedad civil, para mejorar nuestra confianza, nuestra autoestima, y nuestro compromiso con el futuro.

En este punto, nos resta decir que no caigamos en excesos. No caigamos en el falso paradigma del Internet como medio alternativo, que permita llegar con propuestas muy alternativas a la sociedad civil. Simplemente, porque pensamos que no es cierto. Cultivar el propio individualismo en la red. Cada uno con su blog, cada uno con su mensaje, no es sino otro éxito del individualismo capitalista. Construyamos redes mucho más amplias. Seamos más cooperadores y agrupémonos más. Porque, quizás, ahí esté el futuro y podamos vencer.

Con respecto a la construcción de luchas y acciones diarias anticapitalistas, en el día a día, para la asociación de trabajadores y trabajadoras que forman parte de la CGT, unir la acción sindical y la acción social es absolutamente necesario. Durante unas horas del día somos trabajadores y, por tanto, aspiramos a la regularización del mercado laboral. Aspiramos a la negociación de convenios lo más dignos posibles. Aspiramos a arrancarle al capital todo lo que nos está usurpando. Por tanto, entendemos y le damos sentido y reivindicamos la lucha sindical. Una lucha sindical antisistema. Una lucha sindical desde abajo. Una lucha sindical sin líderes sindicales, que simplemente están al servicio del capital.

Pero, también, el resto del día somos personas. Y, por tanto, ciudadanos. Y, por tanto, sociedad civil. Y, por tanto, defendemos las luchas sociales. A la vivienda, a la igualdad, etcétera, etcétera. En esa confluencia de la lucha sindical y de la lucha social —desde nuestro día a día—, nos oponemos a los despidos sistemáticos de los trabajadores. Nos oponemos a que la crisis del capitalismo la estemos pagando los trabajadores y las trabajadoras. Nos oponemos a la externalización y a las deslocalizaciones. A las directivas de 65 horas que, simplemente, nos retrotraen al Siglo XIX.

A la directiva vergonzante contra la inmigración que se está dictando en la Unión Europea. Una directiva absolutamente neofascista que plantea, nuevamente, la segregación de los compañeros y compañeras inmigrantes, trabajadores inmigrantes. Nos oponemos al despido, nos oponemos a la especulación de la vivienda. En definitiva, luchamos contra la precariedad. Nos movilizamos, mantenemos una lucha constante a nivel público, a nivel social. Defendemos lo que nos queda de colectivo, como pueden ser los servicios sociales.

La defensa de lo público, hoy por hoy, es el último reducto que el capitalismo está intentando conseguir que se convierta en negocio. El resto del mundo laboral lo ha precarizado, lo ha explotado, nos ha sometido al máximo de explotación. Le queda todavía el mundo de lo público. El derecho a la vivienda, el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho al cuidado de nuestros mayores, el derecho al agua, el derecho a la energía. Todo eso, en Europa, se está privatizando y se está convirtiendo en un negocio, nuevamente especulativo. Defender lo público, para nosotros, hoy por hoy, como trabajadores y como sociedad civil, es algo absolutamente prioritario.

La fractura social que representa, por ejemplo —por hablar de un solo caso—, la privatización de la educación no es, ni más ni menos, que los burgueses, la clase media, la clase media alta, no quieren que sus hijos e hijas se eduquen y se mezclen con los hijos de los trabajadores, con los hijos de los excluidos. Por tanto, neguémonos a que el dinero público se vaya derivando al sector privado, para que incluso les paguemos su ceguera.

La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, a todos los niveles. Lo que hemos estado escuchando —por lo menos compañeros que hemos venido a participar en este festival—, lo que hemos estado escuchando de la dignificación y del trabajo y de concienciación que aquí se está trabajando, se está haciendo, en el tema de la igualdad de la mujer, nos ha dejado absolutamente sorprendidos y, sin duda, no tenemos nada que enseñarles a los hombres y mujeres que componen el pueblo indígena.

La lucha por la laicidad de la sociedad. Si la Iglesia, desde nuestro punto de vista, debe ocupar el espacio de la privacidad. Y, en absoluto, estar presente en lo que es la vida pública. La lucha por los desaparecidos, en el caso español, tenemos más de 300 mil desaparecidos en fosas comunes, que el franquismo fue... del cual fue responsable. El reivindicar eso, el exigir al gobierno español la búsqueda como objeto de trabajo de ese gobierno, para que se haga una lectura real y exacta de lo que significó el franquismo. Del genocidio que significó el franquismo, contra el movimiento sindical, contra el movimiento obrero, contra la izquierda, es algo que todavía está pendiente. Con lo cual, la democracia española tiene una deuda pendiente con la sociedad actual.

En esta relación de luchas día a día, que intentamos mantener, como organización, nosotros apostamos por nuestro modelo sindical absolutamente asambleario, absolutamente participativo. No confiamos en que los líderes nos van a sacar de ningún sitio, sino que o nos dotamos de organizaciones en las que no depositamos el poder en manos de un comité ejecutivo, de un comité directorio, sino que lo depositamos en las asambleas. Distinguiendo exactamente lo que son órganos de decisión, de lo que son órganos de gestión. En nuestro modelo sindical, los órganos de gestión son esos compañeros y compañeras que asumen determinadas responsabilidades, pero únicamente con el compromiso de convertirse en portavoces, en defensores de lo que previamente hemos decidido en nuestro órgano de decisión, que son las asambleas o los congresos.

Como organización sindical dimos el paso, hace ya 25 años —puesto que nosotros somos herederos de la CNT en España, o nos sentimos herederos de la misma—, dimos el paso de participar en los comités de empresa, en el sentido de acercar nuestro mensaje y hacerlo llegar al máximo de trabajadores y trabajadoras. Con el compromiso claro e ineludible de vaciar de contenido los comités de empresa, y que sean las asambleas de trabajadores quienes determinen el qué, el cómo y el cuándo afrontar la lucha y las reivindicaciones contra la patronal.

No nos sentimos, en absoluto, descontentos de cómo ha sido el proceso, puesto que nuestro modelo sindical, abierto, participativo, asambleario, autónomo, independiente de cualquier organización política, banco, Iglesia, etcétera, se ha encontrado a sí mismo, ha encontrado un puesto entre la clase trabajadora y la sociedad española. Y, en consecuencia, entendemos que no ha sido en vano el recorrido que hicimos para presentarnos en esas elecciones sindicales.

Como decía, nuestro modelo sindical intenta mostrar y organizar una organización en la que confundamos el medio y el fin. Ese medio es la organización, y ese medio debe funcionar de modo semejante, idéntico, a cómo será la sociedad a la que aspiramos. Por tanto, si queremos vivir en libertad, dotémonos de organizaciones en las que podamos tomar decisiones en absoluta libertad. Igualmente, el componente internacionalista de nuestra lucha. Ya que para nosotros, sin duda, la clase trabajadora es una, independientemente del lugar de origen.

Y, finalmente, en ese proceso, en ese recorrido por lo que serían esas respuestas que estamos intentando buscar. De ese primer plano de auto-construcción como personas anticapitalistas. En ese segundo plano de ir luchando día a día y afrontando luchas a diario. Encontrando el máximo de complicidad con la sociedad. Nos quedaría ese tercer plano de identificarnos como clase trabajadora, como sociedad civil, como personas excluidas, que tenemos la necesidad abierta de ponernos de pie, de hacerle cara, definitivamente, a la opresión y a la agresión, y al exterminio a los que nos están sometiendo el sistema capitalista.

Por tanto, nuestra lucha, en estos próximos meses, será de intento de unión de todas las luchas que sectorialmente, o empresa a empresa, estamos manteniendo. El intento de unión de esas luchas a nivel internacional, ya que son muchas las transnacionales, las multinacionales, que, por un lado, deslocalizan en nuestro Estado y, por otro lado, implantan su red de odio y opresión con los compañeros y compañeras trabajadoras del tercer mundo.

Unir las luchas sindicales con las luchas sociales —como comentaba— en el tema de la privatización de servicios, la lucha del movimiento estudiantil universitario, las luchas ecologistas. Nuestros trabajadores y trabajadoras, al mismo tiempo, forman parte de todo ese movimiento social. Con el intento de buscar una movilización suficientemente amplia, capaz de conducirnos a una huelga general, lo más revolucionaria posible, en el sentido de que somos absolutamente concientes de que el Estado, el sistema capitalista, no se va a desvanecer de un día para otro, pero sí, al menos, ir sentando las bases o los fundamentos de lo que debe ser ese enfoque de la lucha.

Creo que tenemos que decirlo, como organización, que no creemos en el proceso electoralista. Sí creemos en la movilización social amplia, autoorganizativa, autogestionaria, múltiple, plural. Pero como movimiento, no teniendo como fin únicamente esa participación electoralista. Ese recorrido ya lo hemos hecho y no entendemos que también ha producido su fracaso.

Creemos, por tanto, en la lucha sindical y social anticapitalista de la clase trabajadora y de la sociedad civil. No vamos a ser la corriente de transmisión sindical de ningún tipo de organización al margen de nosotros mismos. Los que participemos en esta organización con movimientos sociales, con movimientos sindicales, nos sentimos suficientemente capacitados, adultos, con energía, para tomar las decisiones en absoluta claridad, transparencia, participación.

Y, a partir de ahí, una vez que lleguemos a acuerdos, a defenderlos hasta el final. Creemos en la autonomía, en el pensamiento libre, en la cooperación, en eso que tanto tenemos que aprender de nuestros compañeros y compañeras presentes aquí, pueblo indígena.

Salud, compañeros, compañeras. Éste es el mensaje que queremos transmitir a este Primer Festival de la Digna Rabia. Ojalá que sigamos caminando juntos y que seamos capaces de ir encontrando puntos de encuentro y comunicación que nos permitan dar esa respuesta global a la agresión del capitalismo y ser capaces de configurar una sociedad nueva y distinta.

Salud, libertad y lucha.