Documentación histórica

Unidad Obrera y Socialista ¡UníoS! (México). Mesa de la Mañana. 2 de enero de 2009

(Ponencia presentada por escrito)

 

¿Qué izquierda para esta rabia?

 

Nuestra ponencia tiene el objetivo de abundar en la discusión sobre el rumbo de la teoría revolucionaria, en el marco de La Otra Campaña y el Festival de la Digna Rabia.

El proyecto político de Uníos nació en 1992 y hemos tenido como guía el devenir de la lucha de clases en nuestro país y el mundo. Coincidimos en admitir que no hay salida posible dentro del capitalismo para remediar de fondo los problemas de los trabajadores.

Para poder erradicar la explotación de la faz de la tierra, habrá que expropiar los medios sociales de producción a la burguesía. Y nos preguntamos entonces ¿Cómo guiar dicha expropiación? Pensamos que será un movimiento político nuevo, inédito, por fuera de las instituciones del Estado. La apropiación será una tarea fundamental de los de abajo, organizados y movilizados para ello, quizá como una resolución de su autogobierno.

K. Marx en su manuscrito “La nacionalización de la tierra”, escrito en 1872, señaló que: “La propiedad de la tierra es la fuente original de toda riqueza y se ha convertido en el gran problema de cuya solución depende el porvenir del proletariado”. Así lo entendieron nuestros compañeros del EZLN, que resolvieron ocupar las tierras y no esperaron a que se las dieran, y lo mismo han hecho algunos grupos de Los Sin Tierra brasileños y en las ciudades, algunos grupos piqueteros y obreros argentinos tomaron las fábricas, las expropiaron, y echaron a andar las que pudieron ocupar.

Los medios de trabajo y de subsistencia, han sido arrebatados por el sistema mediante la vía del despojo al conjunto de los trabajadores, y condenó a millones a padecer el trabajo asalariado o a sufrir por la falta de éste.

La actual crisis económica tiene algo diferente a la de 1929, la presente se ha originado en el seno del capital financiero y se ha trasladado al capital productivo, que ahora tendrá más dificultades para obtener los créditos que le permitan seguir operando y eso hará que la crisis pueda durar más y sea más devastadora que aquélla. Los gobiernos de los países ricos no tienen dudas al ponerse del lado del capital y dicen: ¡socialicemos las deudas de los capitalistas, para mantener sus ganancias! Pronto, el número de consorcios mundiales súper poderosos será menor, pero será mayor su fuerza política y económica concentrada, situación que también busca una reorganización de su poder político global, mientras que el número de pobres en el mundo aumentará dramáticamente,

El poder político que pretende perpetuar el dominio individual sobre los medios sociales de producción y con ello, perpetuar también la economía de mercado, busca profundizar y consolidar ese orden. Su base es la existencia del trabajo asalariado, como plataforma fundamental para la distribución de la riqueza. Uníos entiende por anticapitalismo de izquierda, una política radical en contra de dichos fundamentos y, por ello, creemos que es necesario crear una izquierda coherente, que se aleje de la intolerancia de la izquierda sectaria, que sólo se escucha a sí misma y no a los que luchan, que actúe fuera de las instituciones políticas del régimen y contribuya consecuentemente con la lucha de los trabajadores, para guiar su propia liberación.

Un movimiento anticapitalista de izquierda es capaz de poner en contacto a los que luchan, como por ejemplo a los compañeros de La Otra Campaña. Este movimiento posee una pluralidad inevitable debido a las características de quienes lo integran y, por lo tanto, no está exento de generar combates políticos internos en todo momento, pues su misma naturaleza heterogénea hace que se entienda de forma diferente la complejidad de los problemas teóricos y prácticos que envuelven a la lucha.

Por ésta razón, las opciones estratégicas y tácticas son múltiples y diversas permanentemente. Ante ésta contradicción, el movimiento anticapitalista tiene que superar sus propias contradicciones y buscar influir en todo el movimiento social en su conjunto, para proponer sin imponer, los procesos que ayuden a construir de manera efectiva las verdaderas reivindicaciones de los que luchan, no solo las económicas, también las de su auto-determinación, que les permitan elaborar su proyecto político, sus orientaciones programáticas, sus análisis teóricos, sus orientaciones estratégicas, las tácticas de su lucha, las de su auto-organización, para movilizarse y ejercer su poder, su auto-reflexión, como su capacidad de elaborar por si mismos su conciencia de clase, en suma: su auto-actividad como proletariado crítico en la pluralidad de sus dimensiones.

Hoy la función de la utopía revolucionaria consiste en trazar líneas generales que nos permitan caminar hacia condiciones preliminares de una autogestión democrática, de los de abajo a la izquierda, sin olvidar que, para llegar ahí habrá que poner a la sociedad en una tensión permanente, pues de ello depende resolver la realidad conflictiva que vivimos. Creemos que es urgente crear un polo organizativo necesariamente diverso y en movimiento que permanezca, que tenga continuidad en las luchas y ayude a sistematizar las experiencias políticas que realizan los trabajadores. Este polo de vanguardia no puede cumplir su misión sobre el conjunto del movimiento de forma independiente. Para que el polo pueda implantarse en el proceso de las luchas y represente la construcción de una alternativa, es necesario que los que luchan desarrollen una tolerancia recíproca, a través de una discusión permanente, de una confrontación de puntos de vista y opciones entre sus respectivas propuestas, para llegar a acuerdos políticos comunes.

Para nosotros, conceptos tales como la democracia y la autogestión son fundamentales para la lucha, pero somos conscientes, que en este nuevo escenario, es necesario redefinirlos, pues la diversidad de los que luchan así lo impone, y en la lucha, tienen un papel importante tanto las mayorías como las minorías.

La apropiación colectiva de los medios de producción no será, en ningún caso, el fin automático de la lucha de clases. La autogestión es la primera instancia de la planificación democrática, pues ante la apropiación colectiva del capital, es necesario ejercer la responsabilidad social para gestionar la producción en beneficio global de la sociedad.

La democracia no se ejerce en abstracto, sino que permanentemente hay que tomar decisiones para la organización del trabajo, para definir las tareas políticas, para definir las tareas políticas, para decidir el uso de los recursos de la organización y no excluye la existencia de discrepancias políticas. La abolición del trabajo asalariado y el fin de la sociedad capitalista, necesariamente crearía una nueva organización de social, de forma que, en todos sus campos, se desarrolle sin dividir en modo alguno, a los seres humanos entre grupos que mandan y otros que obedecen; y así los hombres y las mujeres puedan decidir sobre su trabajo, su producción y sobre todos los aspectos que determinen su existencia.

Creemos en el socialismo y lo entendemos básicamente como un proceso del devenir del poder y del Estado, no sólo como un cambio de poder, sino como un cambio de la naturaleza del poder mismo, para dar un sentido a la revolución que no ha tenido todavía. La revolución socialista, al atentar contra las relaciones de producción capitalista y por consiguiente a la economía mercantil, sólo puede ser global, e implica una transformación completa y solidaria de las estructuras sociales a un triple nivel económico: 1) en el modo de producción, 2) en las instituciones políticas y 3) en las representaciones culturales.

La planificación, para determinar la utilización social del tiempo de producción y del espacio, lejos de proceder de una armonía preestablecida, será el producto de una resolución dialéctica de los conflictos, democráticamente expresados y, a su vez, necesitamos de una revolución cultural para intervenir conscientemente en dichos procesos. Entonces, nos surgen preguntas como: ¿Será posible generar una sociedad auto gestionada y auto gobernada donde el trabajo sea libre, y no distinga entre tiempo laboral y tiempo libre, sino que sea una totalidad en su conjunto? ¿Podremos generar un territorio, que no denote más las diferencias entre el campo y la ciudad, entre la escuela y la fábrica? ¿Podremos generar una educación que no sea opresiva?, etc. No lo sabemos, lo que sí sabemos, como planteó Marx, es que: “el educador mismo necesita ser educado”1. La izquierda anticapitalista necesita estar preparada para recibir rudas lecciones de parte del movimiento que deseamos hacer avanzar. Por ello, es necesario estar abiertos a las enseñanzas del devenir histórico, sobre las relaciones entre las fuerzas que actúen en el seno de la lucha de clases y de lo que pase ahí adentro, para aprender a mirar la inventiva del proletariado en lucha.

Si bien en el movimiento anticapitalista de izquierda se ha impuesto la unidad federalista plural, dada nuestra diversidad de enfoques sobre la lucha, para avanzar en la auto-gestión colectiva y para enfrentar al Estado capitalista se requiere constituir un poder coordinado y ello implica centralización de las decisiones.

El esquema que subordina la emancipación del proletariado a la toma del poder y al ejercicio del poder del Estado, por un partido político2, como la organización de vanguardia del proletariado, es cuestionable y ya es un mito. Ahora bien, no por ello desconocemos el poder del Estado burgués que está presente, ya que su coacción la sentimos todos como una fuerza exterior, que se encuentra en todos los niveles de las relaciones sociales y en sus conciencias. Por esa razón, pensamos que un principio fundamental de la izquierda anticapitalista es luchar por la destrucción del Estado e iniciar la discusión sobre a qué organización política aspiramos, y reconocer así, que la lucha de clases es permanente tanto en la base, como la que se lleva a cabo en las instituciones.

Eso nos lleva a construir una concepción dialéctica del tipo de revolución que se producirá, donde la dirección revolucionaria actúe de acuerdo a su conciencia y ésta se dinamice desde su práctica política.

Así, necesitamos de una izquierda anticapitalista, que se maneje desde su independencia política, que eleve el nivel de la lucha social, e introduzca nuevas relaciones de fuerza, que confíe en la lucha de la gente, que esté apoyado en ella y no en las instituciones del Estado o en las luchas electorales; que ayude a adquirir el nivel de la conciencia social para defender la voluntad política de los que luchan y aspiran a destruir el poder patronal y el carácter opresor de las relaciones de producción, para caminar hacia la autogestión como medio de la revolución social.

La organización revolucionaria y la conciencia revolucionaria son condiciones para la revolución, pero la revolución la hacen las grandes masas, no las organizaciones políticas. El poder político del proletariado nace de su organización y de su movilización, quizá más propiamente dicho, de la organización de la dignidad, como esta Rabia que está en movimiento como parte de la organización del movimiento anticapitalista.

La izquierda para esta Rabia debe ser facilitadora de la lucha, pero no suplantarla, debe ayudar a unir al conjunto de la izquierda anticapitalista y anti-burocrática, no de manera orgánica, sino a partir de estrategias de solidaridad y construir, de este modo, la unidad política alrededor de la autonomía, el autogobierno y la autogestión, que, aunque necesarias, son sólo instrumentos de lucha, no fines en sí mismos.

La izquierda para esta Rabia tiene, como primer plano de lucha, derribar al Estado burgués, pero, como tarea fundamental, construir una nueva sociedad, sin perder de vista su independencia política. Para nosotros construir el socialismo no está a la vuelta de la esquina y tampoco sabemos si es la siguiente etapa. Estamos construyendo un movimiento que profundiza el grito de rabia, que camina al margen de las instituciones del Estado. Estamos seguros que el grito de rabia y de emancipación política que genere la izquierda anticapitalista radical, será escuchado por muchas generaciones más, si nuestra lucha triunfa.

 

Notas:

1. K. Marx, y “Tesis sobre Feuerbach” en F. Engels y K. Marx, “La ideología alemana”, primera parte. Ediciones Sociales, París, 1966, pág. 139.

2. Esta confusión viene de la herencia burguesa-iluminista, es decir, la idea de que el pueblo solamente puede ser emancipado bajo la conducción de una élite esclarecida. Esta idea se encuentra enraizada en todas las revoluciones burguesas, notablemente entre sus tendencias radicales, las cuales realizan la alianza temporal entre elementos burgueses con elementos populares (campesinos y proletarios). Por ejemplo, esta idea está en el corazón del jacobinismo en la Revolución Francesa.