Documentación histórica

Unidad Nacional de Organizaciones Populares de Izquierda Independiente-UNOPII (México). Mesa de la mañana. 2 de enero de 2009

Buenas tardes compañeros y compañeras. Primeramente, queremos agradecer el poder compartir con ustedes, con los compañeros del EZLN, y con todos los compañeros del Cideci, este espacio.

Hablar de temas como los propuestos para esta conferencia, después de haber escuchado —como en el Lienzo Charro— a tantos intelectuales abordándolos es, por decir lo menos, inhibidor. Uno los escucha hablar, a cada quien con su estilo, con los datos más recientes, con sus razonamientos brillantes y contundentes. Y, entonces, además del miedo al ridículo si nuestras palabras no tienen la sapiencia de las escuchadas, se empieza a sentir la necesidad de, cuando menos, abordar el tema de una manera diferente. Que no permita las comparaciones que, por supuesto, siempre serán desfavorables para uno.

Será porque durante siglos la figura de los filósofos, de los pensadores, de los intelectuales, ha sido impuesta por la misma sociedad como algo fuera del alcance humano. De hecho, si bien reconocemos que, desde las primeras interpretaciones del mundo y la naturaleza, éstas han servido para el avance de la humanidad. Que ha habido hombres y mujeres capaces de contribuir con su pensamiento a liberar al ser humano del dominio cultural y espiritual, ejercido por las clases dominantes, también sabemos que muchos otros han convertido su quehacer intelectual en mercancía que se vende a quien puede pagarlo. Y que han escrito la historia y han generado corrientes de pensamiento que tienden a justificar la explotación del hombre por el hombre.

Lo anterior, nos hace admirar a quienes con el conocimiento teórico, o sin él, aplican todos los días lo que alguna vez escribió Carlos Marx, en el sentido de que no basta tan sólo con interpretar el mundo, sino que se trata de transformarlo.

Es por todo lo anterior, que decidimos compartir con ustedes nuestra propia experiencia. Y que se limita a los espacios que vamos construyendo. Y cuando decimos esto, nos referimos no sólo a las viviendas, o a la introducción de servicios, o a la lucha por el comercio o el transporte. No solamente a la problemática del campo o lo que todo esto conlleva de lucha política, de demanda o exigencia y, por tanto, de confrontación con el Estado. Sino a esos espacios que vamos levantando día tras día, con el concurso de miles de voluntades.

Espacios en los que —lo decimos orgullosamente— construimos nuevas formas de relación. Que, para nosotros, es como hacer nuevos caminos que conduzcan hacia una sociedad donde se erradiquen, para siempre, la intolerancia, la violencia contra el más débil. Donde las palabras tiendan puentes. Donde el conocimiento sea de todos. Donde la vida sea un derecho realmente respetado.

La Unidad Nacional de Organizaciones Populares de Izquierda Independiente, la UNOPII, se conforma por tres organizaciones de masas que, a través de su historia, han mantenido su independencia con respecto al Estado y sus partidos políticos: el Frente Popular Francisco Villa Independiente, nacido en el Distrito Federal, que es considerado como el centro neurálgico del país, en una de las zonas más marginas y marginales de la ciudad: la Delegación Iztapalapa.

La conforma también la Unión Campesina Obrero Popular Independiente, la UCOPI, de Guanajuato, estado utilizado por el panismo como espacio experimental. Recuérdese la tolerancia cero. Guanajuato, uno de los estados en los que la miseria generada por las políticas neoliberales, ha expulsado más trabajadores hacia Estados Unidos. Y la conforma también la Organización Campesina Emiliano Zapata-Democrática e Independiente, de Chiapas.

Las tres organizaciones sufrimos, a lo largo de los años, la persecución, el asesinato de compañeros. Las tres organizaciones apostamos, desde siempre, a la solidaridad. Y tan creemos en ella, que la hicimos uno de nuestros principios. Siempre estuvimos convencidos de que es necesario cambiar a este país. Hacerlo más justo. Pero, también, estábamos convencidos de que ese cambio requería de la participación de millones de personas.

Por tanto, y contando en nuestras asambleas estábamos seguros que nos faltaban muchos. Decidimos, entonces, buscar acercamientos, alianzas, esfuerzos que permitieran visibilizar a una izquierda por siempre marginada. Y así, participamos en distintos llamados a la unidad. En esfuerzos de coordinación.

Y ahí conocimos a sin fin de personas que hablaban discursos radicales, que hablaban de revolución, y que ahora y, desde hace años, los encontramos en cargos de gobierno, actuando igual o peor que sus antecesores. Es decir, conocimos traidores, gente que se vendió al poder. Gente que negoció con sus principios y que aprovechó nuestros esfuerzos.

Conocimos a ésos que, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha llamado usureros de la solidaridad. Y de estas personas que cambiaron su dignidad por cambios en el gobierno hubo incluso en nuestra organización. Pero también conocimos a organizaciones y a personas honestas. Con ellos, aún tenemos relaciones, pese a las diferencias ideológicas. A pesar de las distintas formas de entender lo que algunos estudiosos llaman coyuntura.

Sin embargo, desde hace muchos años, decidimos alejarnos de los llamados espectaculares a la unidad. Decidimos dedicarnos a fortalecer nuestras estructuras, el trabajo en las colonias, en las comunidades. Dedicarnos a mejorar nuestras propias formas de organizarnos. Nos dimos cuenta de que no luchábamos por viviendas dignas —como dicen algunos funcionarios, o como decían algunos compañeros—, descubrimos que en nuestras comunidades, el trabajo de nuestras compañeras y compañeros dignificaba los espacios en los que habitábamos.

Y encontramos, entonces, también, que no bastaba construir proyectos de vivienda y comenzamos a construir, con el concurso de todos, poder popular. Pero también proyectos de vida, en los que se prioriza la educación, la cultura, la salud. Pero en los que, quizás, el mayor aprendizaje fue y sigue siendo el apoyo incondicional y desinteresado de compañeras y compañeros, de organizaciones, de colectivos que aportaron su tiempo, su trabajo, sus conocimientos.

Compañeros y compañeras que jamás aceptaron una retribución económica. Que aportaron su convicción de estar construyendo un algo diferente, y seguramente que lo hicieron, pues de ellos aprendimos. Y hoy, nuestras comunidades han retomado los distintos proyectos en sus manos. Algunos de estos compañeros ya no están con nosotros. Seguramente se encontrarán en otros espacios haciendo lo mismo: haciendo su aportación hacia una transformación social, callada, subterráneamente.

Algunos más continúan compartiendo con nosotros logros y fracasos —que también los hay—. A ellos, hay que agradecerles su paciencia, su constancia. Pero hoy también conocemos a nuevos compañeros y compañeras que nos enseñan nuevas cosas. Aunque, esencialmente, lo que aprendimos y aprendemos de todos ellos es que es posible sumar voluntades y esfuerzos, más allá de intereses políticos. Que la solidaridad es fundamental en este diario combatir al sistema y a lo que de éste llevamos dentro, imbuido, desde nuestra infancia.

Más aún, dentro de La Otra Campaña, hemos podido conocer distintas formas de organización, de autoridad, de responsabilidad. Hemos encontrado diversas formas de enfrentar, de resistir los embates del sistema, los abusos del poder, las políticas de exterminio.

Nos contactamos y nos relacionamos con organizaciones políticas, sociales, con cooperativas, con colectivos grandes, pequeños, con luchas familiares, con esfuerzos individuales, pero todos con un interés común: la construcción de un nuevo mundo, un mundo diferente. Y eso es lo que nos acerca, lo que nos hace reconocernos como iguales. Es por ello, que decidimos unirnos, compartir con ellos, con ustedes, nuestros caminos.

No sabemos bien a bien si esto es una nueva forma de hacer política. Pero sí estamos seguros que es la que necesitamos, la que subterránea se hace cotidianamente en todos los rincones de la patria. La que nos ha permitido crecer y sumar, y sumarnos a sectores por siempre despreciados por el sistema. Como los trabajadores no asalariados, los limpia calzado, los carretilleros, los vagoneros, los comerciantes informales, los transportistas. Ésos que, aún sin ser parte de La Otra, comparten con nosotros esta lucha.

Sí, estamos seguros que esta nueva forma de establecer las relaciones humanas, políticas, sociales, es la que nos permite decir, también, que estamos construyendo desde ahora un nuevo mundo. ¿Cómo no creerlo? ¿Cómo no sentirse orgulloso de formar parte de este esfuerzo, en el que existen tantos colores, tantas dignidades, tanta rabia compartida? ¿Cómo no creerlo si nosotros mismos hemos aprendido que la diversidad no es división? Que, por el contrario, es riqueza, es imaginación, es alegría. ¿Cómo no ser optimista para el futuro que construimos si encontramos que la lucha es también fiesta, creatividad, aunque también es compromiso?

Faltan cosas, lo sabemos, para preparar lo que ya pronto se anuncia. Falta hacer lugar en las cárceles para los defraudadores, para los políticos, para tanto gobierno hijo de puta. Falta integrar a la gente de la calle, al ama de casa, al desempleado, a los trabajadores que, hasta hoy, han sido utilizados por los sindicatos. Faltan millones. Falta lo que falta.

Pero tenemos la razón de parte nuestra. Tenemos la justicia que, paciente, ha esperado por siglos para ser ejercida. Tenemos la convicción, tenemos la esperanza en este mundo que —insistimos— empezamos a construir desde hace tiempo.

Gracias compañeros.