Documentación histórica

Intervención de la Asamblea Nacional de Braceros y de Compañeros del Centro de Análisis Multidisciplinario, de la Facultad de Economía de la UNAM, sobre los ex braceros (México). (2008)

Las Cuatro Ruedas del Capitalismo: DESPRECIO

Asamblea Nacional de Braceros (México)

 

Compañeros de La Otra Campaña, y a todos los asistentes a esta feria de la Digna Rabia. Buenas tardes. Pido a ustedes rendir un minuto de silencio a esta compañera Mirios Salazar, de Guerrero, que rindamos un minuto de silencio, por favor, compañeros.

Muchas gracias.

Compañeros de La Otra Campaña, a todos los asistentes a esta Feria de la Digna Rabia, reciban un saludo de todos los de la Asamblea Nacional de Braceros.

En años de nuestra juventud, fuimos al Norte a trabajar de braceros con nuestros brazos, que es lo único que tenemos para sobrevivir. Sufrimos discriminación, soportando análisis médicos humillantes. Nos desnudaron, nos rociaron con insecticida porque —según ellos— estábamos piojosos. Nos humillaron, nos empinaron y con linternas nos revisaron el culo para vernos nuestras almorranas. Nos picaban nuestros testículos para ver si estábamos heridos, herniados. Nos sacaron varios tubos de sangre, revisando todo el cuerpo, cuidando que no les lleváramos enfermedades. Nos dieron un maltrato, nos trataron como animales, no como cristianos.

Si no pasábamos los exámenes, nos regresaban. Lo mismo hacían si no tenían callos en las manos, querían gente vigorosa, activa y acostumbrada al trabajo, a las friegas. Que fuera muy productiva para que les rindiéramos altas ganancias. Querían nuestra juventud y se las fuimos a dejar. A cambio, recibimos desprecio, explotación y robo. Después de la contratación, nos trasladaron en traileres, íbamos parados, bien apretados, amontonados como animales. Sólo faltó que bramáramos, dice un bracero de Zacatecas. Viajes largos de muchos kilómetros, de muchas horas, llegábamos así, muertos a los lugares de trabajo.

En el Convenio Binacional firmado el 4 de agosto de 1942, entre ambos gobiernos, señalaba que tendríamos los mismos derechos, las mismas condiciones laborales, los mismos salarios que los trabajadores yanquis. Y éstos eran ratificados en los contratos que nos hacían firmar. Comprometiéndose ellos a buen hospedaje, a buena alimentación, buena paga y no discriminarnos. Pero todo esto fue una falsedad e ignorado en los hechos por los patrones yanquis, con la actitud cómplice de su gobierno. Lo cual se explica: se trata de los suyos.

Sino también nuestro propio gobierno que no hizo nada por defendernos. Abandonarnos y dejarnos a merced de la voracidad de la riqueza de los rancheros, que nos esclavizaron y permitieron que nos humillaran y despreciaran. Guardando silencio nuestro embajador y cónsules. Lo que habla de su compromiso incondicional con el imperialismo, no con nosotros los trabajadores migrantes.

Otra cláusula del convenio-asamblea nos señala que nos descontarían el 10 por ciento del salario, para conformar un ahorro que se nos entregaría a nuestro regreso a México. Lo cual, igual fue un engaño porque nunca nos lo regresaron, a pesar de que puntualmente nos lo descontaron semanalmente durante los más de 24 años que duró el programa. Durante el cual se celebraron alrededor de 5 millones de contratos.

Los más malos eran los capataces de origen mexicano. En la cosecha de betabel, lechuga, y otros en la pizca de algodón y jitomate, caminábamos agachados para recogerla y los capataces nos exigían que camináramos más rápido. Tantito nos enderezábamos porque nos cansábamos, nos la mentaban en inglés, nos gritaban: ¡don´t stand fucker!

A los que se quedaban atrás por cansancio les daban patadas en las nalgas, cuenta un compañero de Tlaxcala. Es como si se hubieran puesto de acuerdo todos los patrones gringos en el cómo explotarnos y cómo maltratarnos, pues nos arreaban como animales, para que rindiéramos más y para dominarnos más. No nos quedaba otra que bailar al son que nos tocaban, pues éramos jóvenes y no teníamos experiencia de lucha.

A pesar de que rendíamos en el trabajo, nos pagaban poco. Mientras los trabajadores gringos ganaban 1.50 dólar la hora o más, a nosotros nos pagaban a .50 centavos en las plantaciones y en los campos agrícolas. La dominación era total: las 24 horas del día, los trabajadores estábamos a merced de los patrones, ya que podían disponer de nosotros en cualquier momento y sólo nos pagaban lo de un jornal, y realizábamos los trabajos más pesados, más mal pagados.

Dormíamos en las barracas que eran bodegas con los techos de láminas. En literas, nos tapábamos con costales y no había baños. A las cuatro de la mañana nos levantábamos para hacer el lunch: cocinábamos papas, frijoles. Y a las seis, llegaban las camionetas por nosotros. Y si nos retrasábamos, nos sacaban a empujones y nos amenazaban con regresarnos a nuestro país. Como no teníamos día de descanso, nos llevaban a comprar saliendo del trabajo, todos polvosos.

La pizca de la naranja la hacíamos en la escalera de más de tres metros de alto. Las guardábamos en las grandes bolsas. Una vez cargados, con las apuraciones de los capataces, algunos resbalaban y caían, fracturándose. Y los enviaban al hospital. Pero, una vez terminando el contrato, no les importaba si nos habíamos aliviado: nos retachaban, nos regresaban a México fracturados. Otros, regresaban en cajas o en bolsas, como ahora.

La ilusión de construir una casita, de invertir en el campo, de comprar un tractor o un sistema de riego, no lo lográbamos porque lo que ganábamos fue muy poco. Apenas completamos para sacar la comida de uno. Y lo que quedaba, mandábamos a nuestra familia a México para sus alimentos.

Nuestra lucha: el silencio con nuestros ahorros por más de 60 años fue porque los presidentes de México —desde 1942 hasta el 2000— se quedaron callados para despojarnos de nuestro 10 por ciento que nos descontaron. En el 2001, resucitamos el olvido de este abuso, porque empezamos a informarnos, a recordar, haciendo recorrido pueblo por pueblo en nuestro estado de Tlaxcala. Además, invitamos a organizarnos para luchar unidos, todo esto con el apoyo del Consejo Nacional Urbano Campesino (CNUC).

El 5 de febrero del 2003, hicimos nuestra primera marcha de la embajada yanqui a Los Pinos. La cual tuvo un impacto nacional, porque ese mismo día los zapatistas publicaron su Treceava Estela en la prensa nacional, donde daban la palabra a los braceros para que fuera conocida nuestra lucha. Y desde entonces, no hemos paramos de luchar.

El 15 y 16 de febrero del 2003, reunidos miles de ex braceros de Tlaxcala, San Luis Potosí, Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Puebla, Zacatecas, estado de México y el Distrito Federal, hicimos conformar una organización, sin dirigentes, en donde todos seamos iguales. Guiarnos bajo el principio del mandar obedeciendo y, por ello, nuestras decisiones son tomadas en los grupos, en asambleas regionales, estatales y nacionales.

Posteriormente, reunidos en febrero de 2006 con el Subcomandante Marcos decidimos nuestro ingreso a La Otra Campaña, no sin antes haber conocido y aprobado toda la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. En esta reunión, también acordamos rechazar el fideicomiso. Aquí el mensaje del Subcomandante Marcos fue contundente: No se dejen engañar, no se rindan, no se vendan.

El fideicomiso, en el 2001, siendo presidente de sus respectivas comisiones partidistas en la Cámara de Diputados, Felipe Calderón, Beatriz Paredes y Martín Bartres, en acuerdo con Fox, aprobaron el fideicomiso, en donde, supuestamente, se les daría a cada ex bracero 38 mil pesos como ayuda asistencial. Y, a cambio, tendríamos que renunciar a nuestro 10 por ciento, más los intereses. Lo cual es una traición. Porque no daban solución a nuestra demanda de que nos regresara lo nuestro. Nunca le pedimos al gobierno que nos ayudara, simplemente que nos regrese lo nuestro. Con esta propuesta el gobierno y los políticos buscaban destruirnos. La limosna del fideicomiso sólo es una migaja, para que no sigamos exigiendo lo que es nuestro.

Con el fideicomiso, el gobierno trata de engañarnos y dividirnos, creando falsas expectativas de solución, pues sólo se les da el apoyo a unos cuantos. Y, cuando van a inscribirse a las mesas de Gobernación, se les recogen los documentos alevosamente a los que muerden el anzuelo, despojándolos así de sus derechos y de reclamar su 10 por ciento, más los intereses.

La clase política le ha apostado a la traición, porque dijo que solucionaría el problema bracero, pero le ha apostado a que nos muramos y que le salga más barato con su apoyo asistencial de 38 mil pesos. Se ha negado a prestar a los rateros que se robaron nuestro fondo de ahorro y reconocer la aportación de los braceros en la construcción de nuestro país en la década de cuarenta a sesenta.

Amenaza con crear nuevos programas de explotación, como el del Trabajador Huésped, hacia Estados Unidos y Canadá, que es entregar continuamente la mano de obra, la vida de los jóvenes mexicanos a los patrones extranjeros. Hemos dicho ¡Basta! pues el gobierno no nos respeta como viejos. No vamos a permitir que el gobierno se burle de nosotros con su fideicomiso, el cual rechazamos rotundamente.

Nosotros vamos a luchar hasta lograr el triunfo, hasta recuperar nuestro fondo de ahorros del 10 por ciento, más los intereses. Y buscaremos que no se vuelva a repetir esta triste historia, enlazando, transmitiendo nuestra experiencia y uniendo nuestra lucha con los jóvenes trabajadores migrantes de hoy.

Con el fideicomiso, el gobierno quiere ignorar nuestra historia e ignorarnos como viejos trabajadores. No nos respeta, no nos da un trato digno. El sistema capitalista que hemos vivido nos ha despreciado, nos ignora, nos desprecia y nos humilla.

Los de la Asamblea Nacional de Braceros aquí estamos presentes en esta Feria Mundial de la Digna Rabia, convocada por los zapatistas, porque, al igual que las demás organizaciones de La Otra Campaña, estamos encabronados con el gobierno y con el sistema capitalista que nos desprecia.

¡Viva Asamblea Nacional de Braceros!

¡Viva el Subcomandante Insurgente Marcos!

¡Viva EZLN!

¡Viva La Otra Campaña!

¡Viva la Feria de la Digna Rabia!

Gracias compañeros.

 

 

Compañeros del Centro de Análisis Multidisciplinario, de la Facultad de Economía de la UNAM, sobre los ex braceros.

 

Buenas tardes compañeros. Miren, muy breve. Somos de la Facultad de Economía de la UNAM. Es muy breve la participación de nosotros. Complementaria a lo que señala el compañero. Nosotros realizamos un pequeño trabajo, un pequeño estudio sobre la situación de los braceros aquí en México.

Nosotros pensamos que el programa bracero, aunque significó una oportunidad de trabajo de los campesinos mexicanos, fue a costa de explotación y humillación por parte de las empresas contratistas, como acaba de señalar el compañero.

A pesar de que la fuerza de trabajo mexicana fue un gran pilar para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial para Estados Unidos. Pese a que las condiciones que se establecían en el acuerdo y en el contrato no eran tan desfavorables, y superficialmente protegían legalmente a los braceros, en la mayoría de los casos, fue violada por ambos gobiernos: Estados Unidos y México. El primero, al violar las condiciones laborales del contrato y, el segundo, al despojar del 10 por ciento de sus salarios, más los intereses que se acumularon en el Fondo de Ahorro.

Han pasado más de 60 años de despojo, discriminación, represión, mentiras y humillaciones por parte del gobierno mexicano hacia los ex braceros. Actualmente, los compañeros se enfrentan a la vejez y, en vez de poderla vivir dignamente con el fruto de su trabajo, han tenido que enfrentar una desgastante lucha por el reconocimiento del producto de su trabajo de muchos años: La devolución de su dinero, el cual el gobierno mexicano se niega a reconocer y a pagar.

El monto de la deuda es de poco más de 5 billones de pesos mexicanos al año de 2008. Y ahora, el gobierno mexicano pretende subsanar este robo con un fideicomiso de 300 millones de pesos, correspondiente al 0.0058 por ciento de la deuda real total. Por lo que los 38 mil pesos sólo representan el 3 por ciento de la deuda. Además, de que del fideicomiso solo será pagado a 7 mil 800 ex braceros, representando el 0.17 por ciento de los casi 5 millones de contratos que se firmaron en el Programa Bracero.

El gobierno está apostando a que los braceros mueran. Dado que el programa bracero empezó en los años cuarenta, la edad de los braceros a la fecha oscila entre los 90 y 100 años. El gobierno mexicano espera la desaparición de los compañeros, el olvido y el despojo. Además de que pone trabas a los familiares que intentan recuperar el dinero que sus padres o esposos trabajaron durante años.

Estas son algunas de las conclusiones que se sacaron en este trabajo. Nosotros pensamos que es de fundamental importancia el que logren los compañeros ex braceros un hecho de justicia social. Muchas gracias.