Documentación histórica

Intervención de Olivier Besancenot (2008)

Los Otros Caminos: Otra Historia, Otra Política

Olivier Besancenot

28 de diciembre de 2008

 

Queridos amigos, queridos camaradas, buenas noches a todos y todas. Voy a empezar con unas palabras de agradecimiento y unas palabras de disculpa.

Quiero agradecer por la invitación en este encuentro internacional. Somos dos camaradas que hemos venido de Francia, Basile y yo mismo. Que estamos implicados en la construcción de una nueva fuerza política anticapitalista. Esta nueva fuerza anticapitalista nacerá en Francia, al final del mes de enero.

Es un agradecimiento militante y fraternal, pero también quiero pedir disculpas. Para un internacionalista como yo no hablar el español es un serio problema. Pero no le resta al entusiasmo que tenemos de estar aquí hoy.

Ahora, para hablar de la otra historia y de la otra política, creo que es importante pensar que la otra historia ya empezó. El ciclo político pasado, que se abrió con la revolución rusa de 1917, se cerró definitivamente en 1989, con la caída del muro de Berlín.

A partir de ese momento, una nueva fase de confrontación social y política comenzó. Aquí, en México, el primero de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional salió de la noche para decir ¡Ya Basta! En diciembre de 1995, en Francia, hubo una huelga muy importante para defender la seguridad social. Fue la primera gran revuelta contra el neoliberalismo, en Europa.

Desde entonces, en muchos lugares en el mundo: en América Latina, en América Central, en Europa, los pueblos se han levantado regularmente para combatir el legado del capitalismo.

Ya sea a nivel social, a nivel ecológico o en contra de las guerras. Esas resistencias fueron manifestaciones populares, revueltas, huelgas, huelgas generales, explosiones sociales, incluso insurrecciones. Basta ver lo que está pasando en estos días en Grecia, para ver cuál es el espíritu de esas revueltas.

En todos lados encontramos ese espíritu de la resistencia, pero en todas partes, también, encontramos un problema y un dilema: ¿cómo dar una traducción política a esas resistencias sociales? Estoy hablando de una traducción política, no de una traducción electoralista o institucional. En una salida política, en un sentido noble de la palabra. Esas resistencias sociales, nuestras resistencias sociales, necesitan no delegar su representación política a otros.

A nuestras luchas, a nuestras resistencias les falta conciencia. Les falta memoria para no cometer los mismos errores del pasado. Les falta regularidad. Y les falta, sobre todo, una visión global. El capitalismo tiene, en estos momentos, una ofensiva global. Necesitamos oponerle una contra-ofensiva global. Y no sólo sectorial. Es eso lo que es para nosotros una traducción social de la resistencia. Desde el primero de enero de 1994, hay un nuevo ciclo de resistencias sociales y políticas. En este ciclo ha habido relaciones internacionales.

Hubo el primer encuentro intergaláctico en 1996, hubo el movimiento altermundista con sus momentos, sus auges. Esto nos permitió aprender los unos de los otros. Pero cada uno hemos continuado a seguir nuestra experiencia de manera particular.

Porque para la respuesta política pensamos que no hay un modelo exportable. Cada país evoluciona en circunstancias que le son propias. Es por eso que, en Francia, hemos lanzado esta nueva propuesta política. De pasar a una nueva etapa, diferente, cuantitativa y cualitativamente. Evidentemente, no tenemos una respuesta para todos los problemas políticos. Pero, al menos, conocemos los errores del pasado.

Y hemos decidido aprender caminando. Es decir, hacer la evaluación de nuestros errores en el pasado reciente. Y, sobre todo, entender cuál es la evolución del sistema capitalista. Porque hay que conocer al enemigo, para poder combatirlo bien.

Mi profesión en Francia, soy cartero. Distribuyo el correo con una bicicleta. Tengo un colega en el trabajo, que me dijo que la mejor o la única manera de aprender a andar en bicicleta es, primero, aprender a caerse. Para después, no cometer el mismo error y seguir avanzando.

Pues es lo mismo para ka izquierda radical en Europa. La izquierda radical en Europa ha conocido dos tipos de errores: la primera es una ilusión de que el anti-liberalismo era una base suficiente para crear una nueva política de emancipación. Y la segunda ilusión se refiere más a la forma política. Hay una parte de la izquierda radical en Europa, que ha conocido el error y el fracaso de esa vía institucional. Y hay otra parte de la izquierda radical que se encerró en el movimiento social, como único camino.

La primera es pues la ilusión del anti-liberalismo. En estos momentos de crisis económica, es evidente que el anti-liberalismo aparece como algo insuficiente e ineficaz para responder a los problemas actuales. ¿Por qué? Porque los mismos capitalistas, en el mundo, reconocen que el capitalismo ha entrado en una crisis sistémica.

Sistémica quiere decir que el sistema capitalista casi se cae en dos días. Lo que se me explicó a mí y a mi generación al principio de la década de los ochenta, fue que el capitalismo era un horizonte imposible de pasar adelante. Pero es un horizonte que se imposible de pasar, pero que casi se cae en dos días.

Entonces, el anti-liberalismo no es suficiente porque la crisis actual no es sólo una crisis del capitalismo financiero. Es la crisis del capitalismo por completo. La crisis actual viene del corazón de la bestia: los Estados Unidos. Y viene de muy lejos en el tiempo. Marca una crisis en un ciclo de acumulación de capital que tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial.

El capitalismo tiene una enfermedad congénita. El carburante que necesita para el motor, es el beneficio, la ganancia. Sin ese beneficio, sin esa ganancia, el motor no funciona. El problema es que los capitalistas, para aspirar a hacer más ganancias mañana, tienen la necesidad, hoy, de encontrar salidas para sus capitales.

Encontrar consumidores para absorber todo lo que producen. No sólo hay que producir, también hay que vender. El problema es que el capitalismo crea esas ganancias en base a la explotación, los despidos, la precariedad, los salarios muy bajos. Es decir, que el capitalismo le quita a la mayoría de la población los medios para consumir. Y es en ese momento en el que el sistema ya no puede funcionar. En ese momento, los mercados están saturados.

Después de la Segunda Guerra Mundial, hubo una larga fase de expansión económica. Y después, los mercados se saturaron. Entonces, la tasa de ganancia empezó a bajar. Entonces, los capitalistas dijeron que tenían que restablecer la tasa de ganancia por los medios que sean necesarios. Y lo hicieron con una ofensiva política de un lado y del otro del océano.

A partir de los años noventa, atacaron las conquistas sociales. Fueron privatizados, liberalizaron para hacerlos más rentables. Y, sobre todo, lo que hicieron fue reducir nuestros salarios. Dentro de la riqueza producida, que no deja de crecer, la parte que regresa a nosotros como salario, no ha dejado de disminuir. Diez por ciento del PIB en 30 años.

Gracias a esas políticas, han creado en México, en Francia y en muchas partes ganancias extraordinarias. Los capitalistas industriales se encontraron con un exceso de capital. Con ese exceso de capital tenían cuatro posibilidades: la primera, era dejarlo dormir, no es su estilo de los capitalistas. La segunda posibilidad era regresarlo vía salarios de los trabajadores, tampoco es el estilo de los capitalistas. La tercera posibilidad, era reinvertir ese capital en la producción industrial real. El problema es que la producción industrial no necesita tanto dinero. Y sobretodo, hay una cuarta posibilidad, mucho más rentable, que es hacer dinero con más dinero. Hacer la especulación financiera.

Sobre las materias primas, la política de créditos la suprimen en Estados Unidos, el mercado de la deuda con la deuda del tercer mundo. Si digo esto es para decir que la financiarización de la economía no es un parásito, no es algo externo al capitalismo industrial. El capitalismo financiero nace del corazón mismo del capitalismo industrial. El capitalismo industrial y el capitalismo financiero son inseparables. Son el mismo y el único sistema. Y es contra ese sistema que hay que luchar.

En Francia, la derecha y una parte de la izquierda intentan hacernos creer que hay un capitalismo malo y un capitalismo bueno. Y vamos a regresar al capitalismo bueno industrial, moralizándolo. Pero no se puede moralizar al capitalismo. ¿Por qué? Porque aunque pudiéramos convencer a algunos capitalistas que es mejor invertir en la producción real, con una tasa de ganancia de 4 por ciento, mientras que la tasa de ganancia en la especulación es de 12, 13 o 14 por ciento.

Supongamos que pudiéramos convencerlos con el corazón a esos capitalistas, que aunque ganes menos dinero, por justicia social y racionalidad económica, siempre habrá muchos más candidatos capitalistas que irán donde más dinero se hace. Y la moral del capitalismo es que los capitalistas que sobreviven son aquellos que pueden hacer más ganancias, los otros mueren.

Entonces, moralizar al capitalismo, querría decir que queremos, con leyes o con palabras, convencer al capitalismo de matarse a sí mismo. Y el capitalismo tiene muchos defectos, pero no ése.

Y por eso creemos que ya llegó la hora del anticapitalismo puro, porque el capitalismo actual es puro. No se trata sólo de romper o de acabar con el sistema capitalista de los años noventa. Si hacemos eso, nos quedaríamos a la mitad del camino. No se puede sólo reclamar más derechos, más democracia, más salud. Hay que proponer un método político para conseguirlo.

En Francia, estamos luchando por un plan de urgencia social. Pensamos que hay, ahora, una catástrofe social. Cuando hay una catástrofe natural, el Estado declara el estado de emergencia y toma medidas excepcionales. Nosotros queremos decretar el estado de emergencia social y tomar medidas excepcionales.

Luchamos por un plan de salvación de todos los pueblos del mundo. Hoy, los gobiernos hacen planes de salvación para los banqueros, los financieros y los capitalistas. El anticapitalismo ahora, quiere decir que un plan de salvación de los pueblos es contradictorio con un plan de salvación de los capitalistas.

Porque, para satisfacer las necesidades de la mayoría de la población, tienen que —en México como en Francia— quitarle a esa minoría de privilegiados el enorme poder que ejerce sobre la economía del conjunto de la sociedad. A la hora de esta crisis, lo que habría que hacer, por ejemplo, acabar con el secreto bancario, comercial e industrial, para saber a dónde van los movimientos del capital en la economía. Y ponerlos bajo el control de la población.

No sólo proponemos repartir la riqueza. Queremos otras relaciones de propiedad. Ahorita, el fruto del trabajo de todos está siendo robado por una minoría. Porque existe la propiedad privada de los medios de producción. Queremos que el fruto del trabajo de todos y todas vuelva, regrese a todos y todas. El para todos todo, que reclaman los zapatistas.

Para nosotros quiere decir un tercer modelo de sociedad. Hasta ahora, en la historia, hemos tenido dos tipos de sociedades: los sistemas capitalistas y los sistemas burocráticos del Este. En ambos casos, es una minoría de individuos la que decide por la mayoría. En el sistema capitalista, es una minoría de ricos que deciden por el pueblo. En las sociedades burocráticas es una minoría de burócratas del aparato la que decide por la mayoría.

La única sociedad que todavía no hemos construido, será este tercer modelo en el que la mayoría del pueblo decida, por fin, por sí misma. Decida repartir la riqueza de manera igualitaria, controlar la riqueza y poseerla de manera colectiva.

Esa es la gente, a todos ellos y ellas que queremos agrupar en esta nueva fase, en Francia. Nos hacen una crítica en Francia. Nos dicen que ser anticapitalista es algo negativo, no es positivo, no es propositivo. Es verdad, pero tiene el mérito de, al menos, ser claro.

Algunos que sí se juntan con nosotros, ponen otra palabra diferente sobre la sociedad que queremos construir, pero la verdad es la misma sociedad la que va a construirla. Algunos hablan del socialismo del siglo XXI, algunos hablan de comunismo, algunos hablan de eco-socialismo, otros hablan de autogestión libertaria. No importa cómo le llamemos.

De lo que se trata es de reagrupar a todas y a todos los que están convencidos

de que tenemos que acabar con esta sociedad, para construir una nueva. Y que para conseguirlo, necesitamos de una transformación revolucionaria de la sociedad. No la revolución del futuro, sino la que queremos aquí y ahora a partir de las fuerzas actuales.

Mirando el futuro más que el pasado. Y cuando miramos el pasado, hay que pensar que ninguna filiación política puede pretender ella sola haber hecho la síntesis de todas las experiencias políticas.

Cuando miramos el pasado, hay que retomar lo mejor de cada una de las tradiciones, de las políticas de emancipación. Lo mejor de la tradición libertaria, lo mejor de la tradición guevarista, lo mejor de la tradición trotskista, socialista, comunista, zapatista. Intentar retomar lo mejor, para crear e inventar un nuevo proyecto de sociedad.

Acabar con la ilusión anti-liberal y, por fin, con esa otra ilusión del método político. Lo decía en Europa, una parte de la izquierda radical ha empezado a pensar que la calle se ocupaba de lo social y que las instituciones se ocupaban de la política. Por eso había que ir al interior del sistema. Esta política no funciona, es una catástrofe.

En Europa lo podemos decir. Todas las organizaciones de la izquierda radical, que hicieron alianza con los partidos institucionales, para cambiar desde dentro, se han encontrado haciendo exactamente lo contrario, desde el gobierno, de lo que defendían cotidianamente.

Hemos tenido ministros comunistas en Francia que privatizaron los transportes ferroviarios, con militantes comunistas que dentro de la empresa estaban en contra. En Italia, había militantes de Refundación Comunista que se manifestaban el sábado en contra del envío de tropas militares a Afganistán. Y que al siguiente lunes tenían que votar en el Parlamento ese envío de tropas militares a Afganistán, por razones de solidaridad de gestión institucional.

Pensamos que es necesaria la coherencia entre lo que defendemos en lo cotidiano, con lo que podemos defender dentro de las instituciones. Esto quiere decir dos garantías: la primera, es que cuando entramos en las instituciones, incluso locales, vamos sobre la base de una independencia total en relación a los partidos institucionales y al Estado.

La segunda, que es un poco más complicada, es explicar de cualquier modo que no es en el marco institucional que el cambio puede nacer. Y que el cambio sólo puede nacer el día que el pueblo haga irrupción en la escena política. Es decir, en el lugar donde se decide su destino.

Por tomar un ejemplo, nuestra nueva fuerza anticapitalista se presenta en las elecciones, pero no es una fuerza que va a correr o va a buscar cargos. En nuestro congreso de fundación, queremos ser identificados como la fuerza política en Francia que lucha para que nazca un espacio político anticapitalista, para que nazca un nuevo mayo del 68 y que vaya hasta el final.

Pero hay otra parte de la izquierda radical que ha conocido otro tipo de problema: pensar que el movimiento social puede ser suficiente por sí mismo. Que la política sólo está en la calle. Que toda idea o cualquier pensamiento de poder tiene que ser rechazada. El problema es que cuando hacemos eso. Cuando rechazamos incluso plantear el problema del poder, lo que conseguimos es dejar a los políticos actuales en su lugar.

Para nosotros, la autonomía de los movimientos sociales es algo esencial, vital. El movimiento social es un espacio político, crea soluciones alternativas. Pero, si no tiene una traducción política, se reducirá a jugar un papel de presión sobre los partidos institucionales. Porque los partidos institucionales vienen a cooptar y a robar nuestras ideas, para caricaturizarlas cuando están en el gobierno.

Lo que intentamos hacer es algo muy complicado. Y esta es mi conclusión: lo que intentamos hacer es hacer la síntesis entre la izquierda social y la izquierda política. Es una cuestión muy complicada, que genera mucho debate, incluso en Francia. Que no se resume en un debate de si hacemos un partido, un movimiento o una fuerza política. Pensábamos que nos íbamos a pelear mucho sobre esta cuestión. Hemos abordado ese problema de manera pragmática: en lugar de designar con un nombre esa forma política, hemos pensado en, primero, reflexionar sobre su funcionamiento militante y democrático.

Es decir, cómo tener un funcionamiento democrático. Que va de abajo hacia arriba y no al revés. Que permite a todos los militantes, cualquiera que sea su origen social, controlar todas las decisiones de esta formación política. Ésa es la cuestión más importante para nosotros. Que haya una garantía democrática, de no poder delegar su representación política a especialistas en esa nueva formación, que sólo podrían volverse burócratas.

¿Por qué esta cuestión es complicada? Porque es una cuestión estratégica a la que todos debemos confrontarnos. ¿Cuál es la relación de los movimientos de emancipación con el poder? Cuando hacemos el balance de las revoluciones pasadas, de su recuperación totalitaria, y de la situación actual del capitalismo. Ya les decía, no tenemos respuesta para todo, pero sobre esta cuestión tenemos una pequeña respuesta para definir nuestro campo de acción: la tarea de los movimientos de protesta será tomar el poder, sin ser tomados por el poder.

Tomar el poder, porque si no lo tomamos, una minoría de privilegiados lo tiene. Y cualquiera que sean las experiencias alternativas, la explotación sigue ahí y el peligro político sigue ahí. No hay mas que ver lo que está pasando en Venezuela o en Bolivia. Pero no dejarse tomar por el poder, porque conocemos la capacidad del poder del Estado, conocemos la fuerza de la burocracia. La anarquista de la Comuna, Louise Michel, tenía una fórmula bonita. Ella dijo: el poder dará vértigo hasta que el poder no sea compartido por todas y todos.

Entonces, el problema es tener esta reflexión estratégica a partir de las experiencias de unos y de otros y aprender de ellas. Evidentemente, tomamos en cuenta y seguimos muy de cerca la experiencia zapatista. Porque sabemos que si lo que tenemos que hacer es reinventar, no sólo vamos a reinventar hablando, debatiendo, sino con la prueba de la práctica concreta, cualquiera que sea el lugar en que nos encontremos en el planeta.

Comprender también que tenemos una memoria política. El problema de saber cómo podríamos hacer, es apoyarse sobre algunas herencias políticas. Por ejemplo, Rosa Luxemburgo, que era solidaria con la revolución bolchevique, era también muy crítica sobre la cuestión de la democracia socialista. Y ella decía que el pueblo tenía que tomar el poder, pero lo tenía que tomar desde abajo, no desde arriba. Y que, sobre todo, ningún partido, ninguna vanguardia, puede sustituir al movimiento de masas.

Estos son, a grosso modo, algunos campos de reflexión política, para intentar decirles que, para nosotros, en Francia, el anticapitalismo y el internacionalismo están extremadamente ligados. El internacionalismo es un deber de solidaridad, por ejemplo, en relación al pueblo palestino, como lo dijo el compañero anteriormente.

Pero, una fuerza internacionalista dentro de una fuerza imperialista, en Francia por ejemplo, también quiere decir que tenemos que luchar contra nuestro propio colonialismo y nuestro propio imperialismo. Esa política de su Estado, de sus multinacionales, de grupos petroleros franceses como Total, en América Latina o en África, luchar contra el imperialismo en su propio territorio, en solidaridad con la movilización excepcional de los trabajadores sin papeles que tiene ahora lugar en Francia.

Están haciendo un gran movimiento de huelga, que es para nosotros muy importante. Y el internacionalismo, al final, es lo que estamos haciendo ahorita. Es tener una relación militante y fraternal, de discusión, de pleitos también, porque tendremos que pelear también. Pues los pleitos son necesarios si queremos hacer algo juntos. Pero tendremos que hacerlo sin sectarismos, y de manera internacionalista. Y hacerlo hasta el final, hasta la victoria.


Fuente: Disco-Memoria del Festival de la Digna Rabia