Comunicados

Cuenta el Viejo Antonio...

P.D.- Siete cuentos para Nadie.
Cuento 7: “Cuenta el Viejo Antonio…”


Una madrugada fría, helada y silenciosa nos encuentra despiertos, como hace 15 años.  Y como hace 25, el Viejo Antonio dibuja una lucecita entre las sombras que somos, al encender su cigarrillo hecho con doblador.  Callamos.  Nadie dice nada.  Espera.  El Viejo Antonio convoca entonces la tibieza de la palabra, la que alivia, la que consuela, la que da esperanza.

“Decían los más viejos de nuestros viejos, nuestros sabedores más anteriores, que los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, parecía que lo habían hecho sin orden alguno.  Que nomás habían ido aventando los pedazos hechos ónde quiera.  Que el mundo creado no era uno, sino que eran muchos y muy otros cada uno.  O sea que, como dicen ustedes, había muchas geografías.  Y cuentan nuestros sabedores que entonces se reunieron los tiempos, que sea el pasado, el presente y el futuro, y fueron a protestarlos a los dioses.  “Así nomás no se puede.  Que sea que no podemos hacer nuestro trabajo con ese desmadre de mundos que hay.  Quiere que va a haber uno solo, para que los tiempos podamos caminar nuestro paso por un solo camino.”  Así dijeron los tiempos estos.  Entonces los dioses lo escucharon lo que dijeron el pasado, el presente y el futuro y dijeron: “Ta bueno, ahí lo vamos a ver”.  Se reunieron entonces los dioses primeros, los que nacieron el mundo, y a saber lo que hablaron, pero sí se sabe que tardaron.  Ya más después los primeros dioses los llamaron a los tiempos y así les dijeron: “Ya estuvimos pensando sus palabras que sacaron y queremos decirles que no está bueno su pensamiento”.  Los tiempos empezaron a murmurar, que uta magre, que la chinga es pa´ nosotros porque no somos dioses, que esto y que lo otro.  Los dioses les dijeron que esperan, que todavía no han terminado de decirlo su palabra.  “Ta bueno”, dijeron los tiempos y esperaron lo que seguía. 

Entonces los dioses más primeros les explicaron que iba a llegar el tiempo en que el Mandón iba a querer dominar todo el mundo y esclavizar todo lo que el mundo tenía, que iba a destruir y a matar.  Que mucha y grande era la fuerza del Mandón y que en el mundo no iba a haber entonces una fuerza igual.  Que la única forma de resistir y de luchar contra el Mandón era siendo muchos y diferentes, para que así el Mandón no agarra el modo de uno nomás y los derrota a todos.  Que los dioses entendían que era mucha chinga para los tiempos el hacerse muchos y diferentes para hacer su trabajo y su paso en cada uno de los mundos que el mundo tenía, pero que ni modos, que así había llegado.  Y les dijeron que entonces no iba a haber un tiempo parejo para todos los mundos que había en el mundo, sino que iba a haber muchos tiempos.  O sea que, como dicen ustedes, muchos calendarios.  Y los dioses más primeros les dijeron a los tiempos: va a haber en cada uno de esos muchos mundos que forman el mundo unos o unas, según, que van a saber leer la mapa y los calendarios.  Y que va a llegar el tiempo en que el pasado, el presente y el futuro se van juntar y entonces ya todos los mundos lo van a derrotar al Mandón.  Así dijeron los dioses más primeros.  Y los tiempos, nomás por mulas porque ya sabían la respuesta, preguntaron si cuando ya lo derrotan al Mandón entonces sí ya se van a juntar los mundos en uno solo.  Y los dioses más primeros les dijeron que eso lo van a ver los hombres y mujeres de esos tiempos, que ahí lo van a ver si el ser diferentes los hace débiles o los hace fuertes para resistir y derrotar a los Mandones que van a seguir llegando”.

Se fue el Viejo Antonio.  Seguía haciendo frío, pero una lucecita quedó, como para que la sombra no estuviera sola.

Tan-tan.


Fuente: Siete vientos en los calendarios y geografías de abajo. 2009