Documentación histórica

Comunicado de los asesores e invitados del EZLN (1996)

3 de Enero de 1996

Venimos a tomar parte en un acto sin precedentes en el país, cuando se inaugura una nueva forma de relación entre los mexicanos y mexicanas. En este acto se sintetizan décadas de lucha de la memoria contra el olvido: se condensa aquí un cúmulo de esperanzas de los pueblos y culturas que dieron vida a nuestra patria y hoy se proponen refundarla. Agradecemos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional la oportunidad de haber participado en su organización.

En este foro confluyen caminos recorridos, en las formas más diversas, por cuantos realizaron una larga lucha de resistencia, que ahora transforman en lucha de liberación. Frente al ejercicio brutal de invasión y conquista extranjeras, y el dominio persistente de quienes impusieron proyectos de construcción nacional ajenos y excluyentes, las mayorías sociales, y particularmente los pueblos indios, supieron reivindicar su pluralismo, dar continuidad a sus ideales de vida y enriquecer continuamente sus identidades. Así buscaron sentar las bases de una sociedad que haga de la diversidad el presupuesto de la armonía entre los pueblos que la forman.

El Foro se inscribe en un contexto nacional y continental, en que los pueblos indios convirtieron un aniversario decisivo en su historia, el de los 500 años, en la oportunidad de hacer evidente sus nuevas formas de existencia política: la conciencia contemporánea que les permite asumir las novedades del siglo XXI sin renunciar a su tradición; la vigorosa organización social y política de que han sabido dotarse; sus nuevas formas de relación con los demás sectores de la sociedad, a escala nacional e internacional.

El Foro tiene también un contexto muy preciso, que parte de un hecho central: la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que no sólo restableció la cuestión indígena en la agenda política nacional, sino que le dio un nuevo sentido: hizo evidente que comprende la liquidación de un régimen político obsoleto y la necesidad de repensar la sociedad mexicana a partir de los pueblos que la forman, y no de sus elites.

El Foro se realiza en el marco de un conjunto de procesos recientes: la Ley de Concordia y Pacificación, el diálogo de San Andrés en cuanto a Cultura y Derechos Indígenas, los vacíos legales que produjeron las reformas constitucionales y el Diálogo Nacional para la Reforma del Estado.

Por sí mismo, el Foro no sólo representa un espacio privilegiado para la participación del EZLN en el diálogo nacional. Significa también dar a éste un sentido abierto e incluyente, con efectiva participación de las mayorías sociales. En la historia reciente del país, no ha habido ningún otra acto en que los pueblos indios pudiesen manifestarse, como en éste, a partir de una convocatoria emanada de ellos mismos, en absoluta libertad y con legítima representación social y política, para mantener su nueva interlocución con el resto de la sociedad y el Estado.

Los debates que antecedieron al Foro indicaban ya el clima en que tendría lugar: quedó atrás el ánimo peticionista, ante la autoridad vertical y proveedora, y se desmantelaron los mitos de nuestra supuesta democracia igualitaria; se hace ahora valer la capacidad política de los pueblos para determinar la orientación de la vida social y restablecer un efectivo mandato popular, en la reconstitución de la República.

El Foro representa la lúcida emergencia del México profundo, a partir de su franja más agredida y destituida. Hasta los indicadores estadísticos del régimen dominante han podido reflejar la medida en que los pueblos indios han quedado al margen de todas las condiciones de vida que se han ofrecido a todos los mexicanos. Han carecido continuamente de acceso a los servicios elementales que el Estado está obligado a proporcionar, y se les ha despojado reiteradamente de sus propios espacios territoriales y culturales, para la reproducción de su vida y de su cultura. Esos pueblos, sin embargo, son también fuente de inspiración y sabiduría para la construcción del México contemporáneo. Lejos de asumirse como víctimas de los procesos de dominación, se han formado como sujetos activos de su propia historia, actualizando constantemente sus formas de pensamiento y de vida para insertar su creciente participación política en las nuevas circunstancias del mundo.

Los pueblos indios, más que ningún otro grupo de mexicanos, han sufrido las desastrosas consecuencias de la ciega orientación de las políticas públicas de la última década, que para mantener sus dogmas ideológicos y económicos, y privilegiar a unos cuantos, no han vacilado en sacrificar a la mayoría. El Foro representa un desafío visionario y alternativo al llamado neoliberalismo, que asocia subordinadamente al gobierno mexicano con una constelación de fuerzas internacionales que sólo representan los intereses de las grandes corporaciones y el capital especulativo, pretenden disolver toda soberanía nacional y renuncian a todo compromiso popular.

El Foro se realiza también en el contexto de un régimen que, ante la pérdida manifiesta de su poder político, ha estado recurriendo cada vez más al empleo de la fuerza policiaca y militar, en vez de asumir su responsabilidad en la organización de un periodo de transición democrática. Durante todo el año pasado, pero particularmente en los meses de febrero y diciembre, se hizo evidente que las autoridades decidieron emplear contra la población la fuerza pública. La presencia de los destacamentos militares en las regiones indígenas se incrementó, particularmente en Chiapas, y se tomó una limpia iniciativa popular, la creación de nuevos Aguascalientes, como atentado a la soberanía nacional, a fin de convertirla en pretexto de un ejercicio desmedido de fuerza y provocación.

Venimos a este Foro llenos de esperanzas. Estamos convencidos de que podrá sentar las bases para dar una respuesta efectiva a la cuestión indígena. Mostraremos al país entero que reconocer y respetar la autonomía de los pueblos indios no atenta contra la unidad social y nacional, sino al contrario: le da contenido sólido y duradero. La autonomía significa la auténtica aceptación de nuestro pluralismo, y sólo a partir de ella puede mantenerse un diálogo libre y democrático entre todos los pueblos y culturas que forman el país. La autonomía no es un derecho que deba reivindicarse ante el Estado, sino el libre ejercicio de una capacidad histórica, planteada en términos contemporáneos. Es un derecho de los pueblos que da nuevos fundamentos a la constitución de la vida social y política en México.

Es cierto que los pueblos indios padecen inmensas carencias y restricciones. Pero también es cierto que sus aspiraciones actuales no son una mera disputa reivindicativa, para negociar mayores partidas del presupuesto público. Afirmados en su dignidad, exigen una nueva forma de relación entre mexicanos y mexicanas, que se está manifestando en este Foro y que de aquí debe generalizarse a todas partes.

Los pueblos indios esperan que el Foro contribuya decisivamente a fortalecer su organización y articulación, a escala nacional, para ampliar su participación política y enriquecer, en sus propios espacios, sus formas autónomas de vida y de gobierno. El Foro puede ser, para ello, el símbolo de que una era de opresión ha llegado a su fin y que otra nueva, en que somos actores principales, empieza a tejerse en su horizonte.

Todos esperamos que este Foro sea también un episodio decisivo en el proceso de pacificación. Los acontecimientos recientes mostraron la gravedad de las tensiones existentes y la medida en que seguimos al borde de la violencia. Las palabras de diálogo no tienen eco suficiente en los hechos. La voluntad política declarada no es equivalente a las acciones manifiestas. El vigor político de este Foro, la calidad de sus ideas y de su representación, las propuestas y recomendaciones que entregará al EZLN para la siguiente ronda del diálogo de San Andrés, nos llevan a abrigar la legítima y fundada esperanza de que se abra ahora un periodo de auténtica distensión. Una prueba efectiva de la voluntad política para lograrla, que estamos exigiendo, sería la liberación inmediata de los presuntos zapatistas presos, cuya ausencia forzada sentimos profundamente en este Foro, el inmediato regreso del Ejército Mexicano a sus cuarteles, y el desmantelamiento de las fuerzas paramilitares.

Participamos desde aquí en el Diálogo Nacional para la Reforma del Estado. Lo hacemos a nuestra manera: mandamos obedeciendo. Hablamos lo que dicen los pueblos, las comunidades. Damos resonancia a las voces hasta ahora silenciadas. Confiamos en que esta contribución al diálogo nacional permitirá enriquecerlo, para que esté verdaderamente cerca de la gente; de las aspiraciones que se tejen en los pueblos y en los barrios; para que escuche a los que no tienen más patrimonio que su dignidad, no a los que la derivan de subordinar su propio interés y el de la nación a los mandatos de afuera; para que sea un auténtico diálogo entre pueblos y culturas, que forme un nuevo pacto social capaz de sustituir con ventaja al supuesto pacto entre individuos que hasta ahora nos ha gobernado; que sea capaz de conducir una transición democrática en que la reforma del Estado no consista en formarlo de nuevo, desde arriba y desde afuera, sino en el camino hacia un auténtico ejercicio constituyente, en que los pueblos y culturas que somos podamos realmente definir por nosotros mismos, por primera vez en la historia, el México que queremos construir.

Este Foro es una puerta abierta a un sueño renovado. Cruzaremos juntos un umbral en que dejaremos atrás oprobio y resentimiento, prejuicio discriminatorio y rabia contenida. Nos ponemos a caminar, con la frente en alto, decididos a unir nuestras manos en un esfuerzo común, abierto a todos y a todas, para recuperar juntos la Patria que se nos ha arrebatado, la dignidad que comenzaba a olvidarse y la ilusión que intentó sepultar un falso sueño de grandeza económica, tal como se plantea en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, con la creación del Frente Zapatista de Liberación Nacional.

Hoy, aquí, convocados a reafirmar nuestra propia grandeza histórica, tenemos que dar un paso decisivo en nuestro camino, un paso largamente acariciado en nuestras utopías de siglos. Y debemos darlo con valor y entereza, como corresponde a los hombres y mujeres verdaderos que somos. Que así sea.


Fuente: Archivo Histórico de la CONAI. Documento 6010310