Documentación histórica

Policías estatales convierten un tramo de la carretera Ocosingo-Palenque en tierra sin ley. 16-05-2009

Pasan disparando, hay asaltos e intimidaciones a pobladores, y luego culpan a los indígenas

Hermann Bellinghausen - Enviado

Ocosingo, Chis. LA JORNADA- 16 de mayo 09. Diríase que la carretera Ocosingo-Palenque parece “tierra de nadie”, en particular el largo trayecto de casi 100 kilómetros entre los cruceros de Temó (en Chilón) y Ashipá (en el entronque a Chancalá, cerca de Palenque). Pero más bien se ha convertido en coto de las policías estatales de Caminos (PEC) y Estatal Preventiva (PEP). “Son como un gobierno”, expresa un habitante de la zona, haciendo eco a las inconformidades de buena parte de los pobladores de ese tramo, que atraviesa territorios de Chilón y Salto del Agua.

Su epicentro vendría siendo Agua Azul: el crucero, las cascadas, el ejido, el río, todos de ese nombre, en los linderos de Tumbalá. Allí efectuó el gobierno estatal una aparatosa operación policiaca y publicitaria la semana del 13 al 18 de abril, en la cual detuvo, arraigó y encarceló en El Amate a ocho campesinos tzeltales del ejido San Sebastián Bachajón, culpándolos de los asaltos que asuelan en la zona, y a juzgar por la algarabía de los “hoteleros de Palenque” (cuyo ventrílocuo es el propio gobierno), se dio por resuelto el problema.

La realidad dista de ser así de simple. Para empezar, los detenidos son inocentes de esa cadena de asaltos, de acuerdo con más de mil 500 ejidatarios de San Sebastián, adherentes de la otra campaña del EZLN, y con la junta de buen gobierno zapatista de Morelia. Esta última, además, reveló la semana pasada tener plenamente identificada a una de las bandas de asaltantes, basada en Agua Clara, que opera allí.
No es la única. Y los indígenas ahora criminalizados son precisamente quienes han combatido esos asaltos. Además, defienden sus derechos territoriales y de aprovechamiento turístico, y se oponen a los ambiciosos proyectos ecoturísticos que se desarrollarían a lo largo del trayecto mencionado, como parte fundamental de las inversiones gubernamentales y privadas que “detonaría” la programada autopista San Cristóbal-Palenque. Todo eso ha producido continuas fricciones e incidentes con las policías estatales, casi todas denunciadas en su momento.

A fines de 2008, ejidatarios de la otra campaña capturaron a dos grupos de asaltantes y los entregaron a las autoridades correspondientes. En noviembre sorprendieron en flagrancia a personas que atracaban en un tramo carretero de su ejido, y las entregaron al consejo de vigilancia de Agua Azul, comunidad priísta que administra las famosas cascadas. Pocos días después, los asaltantes estaban libres.

En diciembre capturaron a cuatro asaltantes, de una banda de 10, con base en la comunidad Salto de Tigre. Los trasladaron a Palenque y los entregaron a la PEP en sus instalaciones. Solicitaron que se practicara una revisión médica a los detenidos, para dejar constancia de que estaban ilesos. Aunque La Jornada no lo pudo confirmar, al parecer también quedaron libres poco después.

El trayecto Temó-Achupá es patrullado y hasta colonizado por la PEC y la PEP, y constantemente lo recorren patrullas de la Policía Federal Preventiva, pero no por ello disminuyeron los atracos en esa carretera de abundante tránsito turístico y comercial.

Lo mismo en Agua Clara que en Betel Yopchip, Shujalá, Tlamaltzá, Chich, Ruiz Cortines, Xanhil, Pamalá, San Miguel o crucero Agua Azul se repiten testimonios de cómo los policías pasan disparando, hostigan a la población y arman francachelas en casas de sus amigos, siempre priístas.

En un informe del 6 de febrero de 2008, el Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE) era categórico: “Entre Agua Azul y Misol-ha, una de las aréas turísticas más importantes y peligrosas, grupos delincuenciales, paramilitares y elementos de la PEC han convertido la región en un nido de ratas”. Enlistaba asaltos, intimidaciones, tráfico de armas y estupefacientes, fabricación y encubrimiento de delitos, agresiones. Todo ello, sin relación alguna con los actuales presos de San Sebastián Bachajón.