Comunicados

En la Concha Acústica, en la ciudad de Campeche. (2006

(Transcripción de un audio. Rogamos disculpen si los nombres no están correctamente escritos)

Buenas noches, Campeche.

Queremos agradecer a aquellos que nos mandaron a telonear, con los compas que están en la música, los musiqueros, les decimos nosotros allá, en las montañas del sureste mexicano. Quiero empezar mi palabra agradeciendo a estos compañeros y compañeras que han estado..., a ver... queremos agradecer a los grupos Hip-Hop, Marca Patito, Raegetton, Canto Nuevo, Kalillev, Hecho en México, Regente, Ameno, Visva o Visvá, no se cómo se dice, Adicción Maya, Flor Circunscril, G. Pablo, Bohemia Urbana, Evolución y Ensamble Percusiones Africanas que son los que nos han estado apoyando aquí, en este evento.

Compañeros y compañeras,

Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos; soy uno de los miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, una organización formada por cientos de miles de indígenas de sangre maya. Estamos en las montañas del sureste mexicano y hemos recibido la indicación de que tenemos que recorrer todo el país para buscar hombres mujeres, niños y ancianos que quieran luchar junto con nosotros, sin armas, sin esconder el rostro pero sí con la decisión y el compromiso que exige este país para transformarlo.

Nosotros como ustedes estamos en el sureste mexicano, junto con Quintana Roo, Yucatán, Tabasco, y hasta ahora somos el rincón de este país, lo que nosotros queremos es levantar la dignidad, el coraje y la rebeldía, y convertir el sureste de México no en un rincón, sino en la base de una gran rebelión que sacuda al país y haga que caiga toda esa bola de holgazanes de haraganes que están viviendo de nuestro trabajo.

Nosotros les invitamos a que juntos, con los estados que estamos en el sureste, con los hombres, mujeres, niños y ancianos de Chiapas, de Tabasco, de Quintana Roo, de Yucatán y de aquí, de Campeche, entremos otra vez a la historia de México como deben entrar de por sí las gentes dignas, con coraje, honestas y nobles: luchando.

Tenemos que poner nuestro nombre en la historia de una manera digna, no que cómo estamos ahora, allá en otras partes, allá arriba, en el centro o mero en el norte, en el imperio de las barras y las estrellas deciden, escogen quién nos va a gobernar, quién nos va a explotar, quién va a vivir de nuestro sudor y siempre escogen al más ladrón, al más cínico, al más hipócrita y lo imponen a veces con el partido tricolor, a veces con el partido azul, y a veces con el partido amarillo y negro.

Nosotros estamos pensando que no podemos seguir esperando a ver a quién se le ocurre, ahora, ponernos para seguir siendo lo que somos, porque para los que están allá arriba el sureste mexicano es un país más de Centroamérica que sólo está mandando mano de obra a los Estados Unidos, que sólo está mandando riquezas: petróleo, madera y muchos recursos naturales, que es lo que están haciendo, destruyendo en nuestras tierras, tanto en Chiapas como en Tabasco, como en Campeche, como en Yucatán, como Quintana Roo; estamos siendo el rincón más olvidado, el más despreciado, el basurero de los políticos donde nos mandan a cualquier bastardo para que se enriquezca a nuestra costa.

Nosotros los estamos invitando, junto con organizaciones políticas que hay en todo México, organizaciones sociales de obreros, de campesinos, de estudiantes, de maestros, con organizaciones no gubernamentales que luchan por los derechos humanos o que defienden la biodiversidad y defienden la naturaleza para que no sea destruida; con grupos culturales, con los musiqueros como estos compañeras y compañeros que están ahora con nosotros, pero también que hacen radio alternativa, televisión alternativa, prensa alternativa y empieza a tejerse por abajo de este país como un río subterráneo, una red de comunicación que está cantando ya los tambores de la rebelión.

Y allá arriba no lo escuchan porque están con su gritadero de las elecciones y que si PRI, que si PAN, que si PRD y a todos nosotros no nos están tomando en cuenta y entonces podemos escoger si esperamos a ver si toman en cuenta lo que tenemos en una credencial de elector y seguimos sentados esperando a ver en la televisión o en los periódicos o escuchar en la radio a ver cuánto se roban ahora, a ver cuánto nos explotan; y mientras tanto se sigue destruyendo la naturaleza, nos siguen explotando a todos, los campesinos son despojados de sus tierras, los jóvenes ven crecer su afán de mejorar y de estudiar para no encontrar trabajo, las mujeres siguen siendo perseguidas y hostigadas nada más  porque son mujeres y en algunos casos hasta asesinadas nada más porque son mujeres. No hay ningún respeto ni para el niño, ni para el joven, ni para el adulto, ni para el anciano. Somos nada más un número en una encuesta y luego un número en una votación.

Ellos, allá arriba, ya se pusieron de acuerdo quién va a quedar y nada más están haciendo esto para poder gastarse el dinero, que va a beneficiar a los grandes medios de comunicación con anuncios, con declaraciones que son pagadas y corregidas para que se vea que toda esa gente ni siquiera sabe expresarse. Nosotros no podemos seguir así; los estamos urgiendo, los estamos llamando a que se unan a este gran movimiento que ya empezó en el sureste y que empieza a tocar ese ritmo de rebelión que empieza a sonar ya en el centro de la República y en el norte y que también alcanza, con su extremo, al otro lado de la frontera norte, en los Estados Unidos de Norteamérica.

A lo mejor algunos y algunas que están pensando que qué tal que va a ser lo mismo, que qué tal que se levanta un movimiento y los líderes locales, regionales, estatales, nacionales, terminen corrompiéndose y terminen enriquecidos a costa de la lucha de muchos. Lo que nosotros estamos levantando acá no es un movimiento de líderes; estamos empezando abajo, con la gente, con la gente humilde y sencilla, con los campesinos, los obreros, los pueblos indios, los grupos culturales, no gubernamentales, con la gente de a pie que decimos nosotros; no estamos empezando arriba ni hablando con los grandes políticos ni con los grandes empresarios para que nos den una parte de su riqueza, porque sabemos que esa riqueza la están obteniendo de nuestro trabajo.

Estamos empezando un movimiento donde se tome en cuenta el trabajo, la dedicación, la decisión y, sobre todo, la palabra de cada uno de nosotros, que camine según el acuerdo de todos, en la dirección que todos acordemos; lo que nos está uniendo acá en la Otra Campaña, como le decimos nosotros, es que ya pensamos, hicimos cuentas a ver quién es el responsable de nuestro dolor y de nuestro coraje. Porque cada uno de los que me escuchan, tiene su propia historia y puede pasar y contar cómo es humillado, despojado, robado; cómo no es tomado en cuenta ni siquiera para informarle lo que está pasando. Y puede contar su historia y decir que no está conforme, que no lo engañan, que siente coraje  que lo humillen y lo insulten; que lo traten como que no tiene inteligencia y lo traten de acarrear como borrego, pero ya ni siquiera a votar sino al matadero en que se ha convertido el capitalismo en nuestro país.

A lo mejor aquí podemos decir palabras muy duras de entender o conceptos muy grandes pero nada va a poder suplir la experiencia de cada uno de ustedes, su coraje y su decisión. La Otra Campaña lo que quiere es escuchar su voz y que su voz se haga grande. Que en Yucatán escuchen a Campeche, pero también en Guerrero, en Sonora, en Sinaloa, en Tamaulipas, en la ciudad de México, y que reconozcan no un país lejano, humillado, triste y pobre, sino una parte de un país, que también es México, que es digno y rebelde y que se está levantando. Tal vez somos pocos, tal vez somos muchos, pero lo que es cierto es que este país se va a sacudir, va a temblar y va a volver a levantarse y a caminar con otros pasos, ya no con los pasos elegantes, criminales del que está arriba, sino con los pasos de abajo, descalzos, con huaraches, con tenis, con botas, con zapatos, pero la gente que trabaja acá en el sureste de México.

Nosotros ya vimos, en Quintana Roo, en Yucatán y apenas en estos dos días que llevamos en Campeche, ya vimos estas historias de gente que ya está diciendo “¡basta!”. Viérase que su “Ya Basta” se va haciendo más grande y más grande, entonces este país tendría otra historia, una historia donde el sureste mexicano contara no la hora del dolor, de la vergüenza y de la miseria, sino contara realmente como debe de contar a la hora que se está construyendo un mañana, justo, digno y democrático.

A lo mejor, sí estamos diciendo que queremos hacer el mejor México posible, estamos mintiendo; pero lo que salga de esto va a ser infinitamente mejor que la mierda que tenemos ahora producto de los grandes ricos y de los políticos que están a su servicio. Esa gente que está allá arriba, los gobernantes, los jueces, el presidente de México, sus secretarios de Estado, sus diputados, sus senadores, han convertido este país en una vergüenza. Y aquí, en Campeche, un poeta lo pone en letras y lo acusan injustamente de que está manchando el honor de la bandera nacional y del escudo de México; si los que han estado echando sus porquerías sobre lo que es nuestra patria, sobre su bandera, sobre su escudo, son esa bola de haraganes y holgazanes que están allá en el gobierno y que no hacen más que bajar la mirada y bajar la frente y poner el lomo para que los grandes extranjeros nos exploten y nos expriman.

Nosotros no podemos seguir así, pero no venimos aquí a decir “vamos por este lado”; venimos a invitarlos a que digan su palabra y vamos luchando juntos, a caminar, como quiera de por sí vamos a andar, pero pensamos que es importante que este gran movimiento de rebelión que va a transformar este país, debe tener desde su principio, desde sus primeros pasos el nombre de Campeche, porque no es sólo dolor, ni vergüenza ni miseria lo que ha crecido en estas tierras; ha crecido la riqueza que mantiene éste país, ha crecido la dignidad que nos hace el orgullo, a nosotros, los zapatistas, de decir que somos mexicanos porque hay campechanos como ustedes; ha nacido de la rebeldía que de una u otra forma existe y se mantiene y resiste a pesar de que no se conoce en los medios de comunicación masivos, pero que ya se empieza a escuchar en la Otra Campaña y empieza a recorrer el país de punta a punta.

Compañeros y Compañeras de Campeche: llegó la hora de elegir, ahora sí, puesto que estamos en elecciones; pero no de elegir de quién nos vamos a quejar en los próximos seis años o quién nos va a engañar y a humillar durante los próximos seis años. Llegó la hora de elegir si este es el camino en el que nos vamos a sentar a esperar a ver qué pasa o echamos andar con todos los compañeros y compañeras que hay en todo el país y empezamos a construir desde abajo otra cosa, otra alternativa; una que realmente tenga la voz, el color y el paso de la gente humilde y sencilla de este país, principalmente del sureste mexicano y de manera primordial de Campeche.

Echemos trato compañeros y compañeras; vean en su corazón, en su pensamiento si van a dejar pasar de lado este movimiento que ya tiene de por sí también el escudo de Campeche porque ya hay también compañeros y compañeras aquí que le están entrando, que son los que están promoviendo esta Otra Campaña a pesar de que no tienen dinero para poner anuncios publicitarios en la televisión, en la radio

o en los periódicos; y como quiera poco a poco, uno a uno, empiezan a hablar con esos campesinos, con esos indígenas, con esos obreros, con esos jóvenes, con esos estudiantes, con esos maestros, con esos pescadores y empiezan a levantar en Campeche otra historia o como decimos nosotros, otro Campeche.

Tenemos que elegir, es lo que pensamos nosotros. Y nosotros les estamos presentando las dos opciones: aquellos que están allá arriba les dicen que escojamos entre uno y otro y esto que estamos ofreciendo nosotros, que nos dice que escojamos lo que está en nuestro corazón y empecemos a trabajar para conseguirlo y para construirlo. Llevamos mucho dolor, no lo voy a contar, seguramente cada uno tiene su propia historia y es necesario que se escuche ; el lugar para hacerlo es la Otra Campaña. Nadie más lo va a escuchar, nadie más va a tomar en cuenta su historia, ni su indignación; sólo otro como ustedes, otro campesino, otro obrero, otro joven, otro estudiante, otro maestro, otra mujer, otra organización no gubernamental, otro grupo cultural va a entender la lucha que cada día se da y el desprecio que recibe a cambio. Esa historia se debe de conocer por todos y empezar a hacer un acuerdo, una gran red nacional de rebelión para poder avanzar con otro paso y poder construir otro país.

Dentro de poco van a llegar acá, a Campeche, y a esta capital los partidos políticos y va a haber más gente que hay aquí y no va a salir que están repartiendo tortas, despensas, gorras, refrescos o promesas, porque a veces ni siquiera eso, y entonces los de arriba van a decir que hay mucha democracia en México. Pero en ese momento se termina todo, como si acabara la función y otra vez quedarán los grandes ricos y los políticos que están a su servicio, repartiéndose todo.

Pensamos, nosotros, que cuando eso pase, cada quien en su corazón va a recibir, en su corazón, el respeto que tenemos nosotros por ustedes y va a pesar en una balanza la palabra de ellos y su historia y la palabra de cada uno de ustedes y va a tomar la decisión: si pone su empeño, su sudor, su trabajo y su dedicación para encumbrar a otros o, como proponemos nosotros, para transformar este país de manera radical y definitiva. Los jóvenes que están siendo ahorita la columna vertebral, junto con los campesinos indígenas, en Campeche, de lo que es la Otra Campaña, están abriendo esta posibilidad ya. No se trata de estar decidiendo cuál va a ser nuestro futuro de riqueza personal o individual porque sabemos que no es posible. Están dedicando su fuerza y su empeño como jóvenes, sea en el aspecto cultural, sea en el aspecto profesional, pero sobre todo hablando y explicando a más gente lo que es esta lucha.

Nosotros les venimos a decir que lo piensen, no que ya le entren así, sin pensar, porque así no sirve. Ahorita, como estamos, no es para cualquiera; se necesita alguien que sí esté dispuesto a luchar, pero no se va a ir a otro lado, va a luchar en su propio lugar, en su casa, en su escuela, en su lugar de trabajo, en su barrio, en su grupo musical o cultural o en su grupo ecológico. Y ahí va a levantar su bandera y la va a dar a conocer con otros y van a ver como esa bandera empieza a hacerse más grande y empieza a adquirir los colores que de tiene de por sí nuestra bandera, pero sin destruir una parte del país, sobre todo esa parte del país que lo alimenta, que lo sostiene y que lo hace andar porque es aquí en el sureste mexicano donde está el petróleo que hace andar las grandes máquinas, donde está el alimento, donde están las maderas, donde está el pulmón, donde está el agua, el alimento que sale de la pesca para que esos grandes ricos y poderosos se estén engordando y enriqueciendo cada vez más.

Nosotros los estamos invitando, entonces, a que entren en la Otra Campaña, que lo piensen bien, que lo estudien y decidan qué van a hacer. Estamos seguros que aquella gente honesta, noble y decidida va a decidir caminar con nosotros y va a encontrar en todo el sureste mexicano, en el centro de nuestro país y en el norte, otros pasos que van a caminar junto con nosotros.

La Otra Campaña y la Sexta Declaración no es sólo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; el EZLN y Marcos es uno más en esta gran fuerza; hay otras organizaciones políticas, sociales, culturales, incluso hay muchos individuos, familias que le están entrando. Y todos esos que están entrando, están tratando de construir otro país, otra historia. Porque de eso compañeros y compañeras se trata todo esto. Nosotros les pedimos que lo piensen, esta palabra que tenemos, no lo que dicen los periódicos, lo que va a decir la televisión, lo que va a decir el radio, sino lo que directamente les dijimos nosotros.

Nosotros no venimos a prometerles soluciones, venimos a traerles un problema, el problema de que hay que transformar este país, porque si no lo cambiamos lo van a acabar de destruir esos que están allá arriba. Y ese problema sólo va a encontrar solución si en todo México encontramos hombres, mujeres, niños y ancianos que lo quieran resolver. Ya los estamos encontrando; ya los encontramos en Quintana Roo, en Yucatán, en Chiapas que es de dónde venimos nosotros, y ahora ya los encontramos en Campeche.

No va a haber despensas, compañeros y compañeras, ni gorras, ni refrescos, ni solución de trámites, no va a ver nada que no sea el compromiso de transformar este país y la única recompensa va a ser decir: “yo, hombre, mujer, niño, o  anciano, el nosotros que construimos cuando empezó esa Otra Campaña, construimos otro país, y estamos ya en esa parte de la historia, como debe estar cualquiera que se respete, con dignidad”.

Gracias compañeros.