Comunicados

Palabras del Subdelegado Zero en Chichén Itzá. (2006)

Buenas tardes compañeros y compañeras, artesanos de Chichén Itzá. Traemos un saludo de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

De por sí estamos pensando venir, desde que salimos desde nuestras montañas. Guardamos silencio sobre de que vamos a venir, porque estamos viendo a ver cómo sale la palabra que envenena y separa a los que luchan. Y ya lo vimos claro que hay gente que no quiere que la lucha lleve palabra de verdad, y quiere ganar en los periódicos lo que no puede ganar en la lucha de la calle.

Porque cuando fueron sus representantes allá a la Selva Lacandona nos contaron de su lucha y de su sufrimiento y de su dolor.

Nuestra jefa la Comandanta Ramona fue informada. Ella era artesana, de allí sacaba para vivir. Con sus manos iba haciendo maravillas que hablaban de un mundo que unía el pasado y el futuro. Uno de nuestros jefes era mujer y era artesana. Y nos encargó antes de morir que viniéramos y les entregáramos su saludo.

Hoy estoy cumpliendo la orden que recibí de la finada Comandanta Ramona y el mensaje de que tenemos que defender nuestra historia que la quieren vender como si fuera papel sanitario. Y esta historia, que vienen a ver los hombres y mujeres que vienen de otros países, está diciendo que los pueblos indios en México ya están muertos, que sólo son piedras que no hablan. Y lo mismo está pasando en Palenque y Bonampak, en el Tajín, en Monte Albán, en Teotihuacan. Ellos quieren hacer de nuestra historia algo muerto y venderlo, como si fuera un animal para comerlo.

Y nosotros tenemos que unirnos para no permitirlo. Estamos llamando aquí, junto con los indígenas mayas, nosotros también que tenemos sangre maya, para que todos los pueblos indios se levanten y defiendan nuestra historia del pasado y nuestro presente que es de lucha. Nosotros estamos viendo lo que el gobierno quiere: quiere convertir esto en un centro comercial y quiere quitar lo que ensucia, lo  que hace feo el lugar y por eso quiere quitar a los indígenas mayas artesanos, para que puro blanco esté caminando aquí sobre los muertos. Esta es la historia que quiere el mal gobierno: los indígenas sólo sirven si están muertos; los que están vivos y trabajan, hay que perseguirlos; si se rebelan y luchan por sus derechos, hay que meterlos a la cárcel; si trabajan para vivir, hay que quitarles el trabajo. Por eso quieren sacarlos de aquí.

Los artesanos de Chichén Itzá tienen dignidad, valor y rebeldía. Esa fue la palabra que escuchamos en nuestras montañas. Y venimos a decirles lo siguiente: no necesitamos un padre o una madre para luchar por nuestros derechos y lo que es nuestro; lo que necesitamos es una familia más grande de hermanos y compañeros, que aquí están con nosotros y que, por esos micrófonos y esas cámaras, están oyendo en otras partes de México.

Compañeros y compañeras artesanos de Chichén Itzá, no están solos. Tienen compañeros y compañeras en todo México. Y aquí estamos, junto con ustedes, estamos exigiendo también sus derechos.

Los malos gobiernos tienen que cumplir las demandas de los artesanos de Chichén Itzá. Porque ya no están solos y si les hacen algún mal, en todo el país vamos a unirnos a ellos en la misma lucha.

Les pedimos que no hagan caso de los malos gobiernos. Los van a venir a dividir, a separar del buen camino. Los que dicen que no tienen partido es porque los quieren meter al que dé más dinero.

Planteen sus derechos y no se dejen llevar por otro lado. Defiendan su propia organización, el camino que acuerdan en común. No se rindan, no se vendan, no se dejen la lucha.

Si sienten que se está haciendo débil su corazón, como que se enferma, recuerden que tienen compañeros y compañeras en todo México. Pidan el apoyo sin pena y lo van a recibir.

Porque nosotros, igual que ustedes, no estamos de acuerdo con que los ricos se están quedando con todo. Porque lo vemos claro que el rico no tiene llenadero, ya tiene mucho y todavía quiere más. Ya  tiene mucho y nosotros poco, y lo poco que tenemos nos lo quiere quitar. Y para eso usa sus malos gobiernos y sus malas leyes.

En el corazón de los mayas que luchan hay buena palabra y buen pensamiento. Si permanecemos unidos y decididos a luchar, nadie nos va a sacar de Chichén Itzá. Los que se tienen que salir de acá son los grandes ricos que están vendiendo nuestra historia.

En todas partes donde hay señales de nuestros antepasados, en Palenque y en Bonampak, aquí en Chichén Itzá, en el Tajín, Monte Albán, Teotihuacan, hay hermanos y hermanas de sangre indígena que se están alzando y levantando para defender la sangre que heredamos de nuestros antepasados, su cultura, su lengua, su forma de vestir, su música, su baile, la forma de amar.

Y vamos a defenderlo hasta lo último, aunque estemos solos al final del camino. Pero no va a ocurrir eso, porque aquí con nosotros y en el oído que nos están prestando otros compañeros hay obreros, campesinos, estudiantes, maestros, jóvenes, mujeres en todo el país que no nos van a dejar solos en esta lucha.

Venimos a pedirles respetuosamente que mantengan firme su corazón y se pongan vivos; que le digan claro a los malos gobiernos que no van a salir de Chichén Itzá y a ver cómo le va a hacer él. Aquí vamos a trabajar de por sí, como estamos trabajando, con honradez y verdad. Y cuando quieren regatear los precios, que dicen que está muy alto, les vamos a preguntar a esos ricos si cuando van a Wal Mart  o a los centros comerciales, si se ponen a pelear por el precio.

Los precios que ponemos en nuestro trabajo es el precio que nos toca para poder vivir. ¿Por qué se quejan de nuestro precio, que somos pobres, y no dicen nada cuando pone su precio el rico?

Defiendan su trabajo y su tierra, porque están defendiendo su sangre. Y así, la gente que viene de otros países no va a venir a admirar las ruinas que están muertas, sino va a venir a aprender de ustedes, de su dignidad y de su rebeldía.

Gracias compañeros, gracias compañeras.