CNI-CIG

Yucatán. Primera intervención del delegado Zero con adherentes. (2006)

Según cuentan nuestros antiguos, y lo cuento así, porque estamos en tierra maya y nuestros pueblos indios son de ascendencia maya.. contaban nuestros más antiguos, los ancianos que cuentan y cuidan la historia de nuestros pueblos, que los primeros dioses cuando nacen el mundo, lo nacen cantando y que de esa forma los pueblos mayas y sus descendientes empezaron a darle a la palabra un valor especial. La palabra tenía la capacidad de inventar cosas, de hacerlas que aparecieran.

Y que desde entonces, en tanto que descendientes de los mayas, los zapatistas habíamos agarrado el modo que pensábamos que cuando hablábamos una cosa, en ese momento empezaba a existir.

Y decían que por eso los mayas y las lenguas de ascendencia maya hablan como cantadito, que por eso el mundo había salido cabal con muchas figuras y muchos colores, porque había sido producto del canto de los dioses primeros y que como herencia que le daban a los hombres y mujeres de maíz estaba el tono que muchas veces provoca burlas y risas en la gente que no entiende cuál es este origen. Este modo cantado, de cantar al mundo y de dibujarlo, es el que daba la señal a nuestros más antiguos de cómo iba el mundo.

Llegó lo que llegó después del alzamiento, después de todo lo que pasó, el diálogo traicionado por los gobiernos, y nuestros antiguos empezaron a mirar el mundo, lo que estaba pasando, tratando de ensayar otra palabra, otro color para agregarlo a los que ya existían. Y se dieron cuenta que estaba pasando esto que decía de modo mejor todavía una de las compañeras que habló, que lo que estaba pasando en el sistema que vivimos es que como que nos están desdibujando. Como si hubieran aplicado un borrador que empezara a quitar los colores y las figuras.

Allá, nuestros compañeros y compañeras que son los que nos dirigen, indígenas todos, cien por ciento mayas y mexicanos, de alguna forma se dan cuenta de que está pasando esto en el mundo, que algo ocurre con los dibujos, con las figuras y los colores y dicen: “algo está pasando con la palabra en el mundo, tenemos que buscarla otra vez a ver qué está ocurriendo. Sentimos que hay dolor en esa palabra y hay otra cosa que no alcanzamos a descifrar, pero algo tenemos que hacer porque en el momento en que se borren las figuras y los colores del mundo va a quedar uno solo: el no color, -el gris dicen allá-, que va a pintar todo y ese es el color de la soledad que nos va a ser heredada a cada uno de nosotros”.

Y como indígenas que somos, y como mayas, sentíamos el deber de que no podíamos entregar a la siguiente generación un mundo gris si habíamos recibido de nuestros antepasados un mundo de colores. Empezamos a escuchar y a tocar por otros lados; fue la marcha del color indígena y aprendimos nosotros, desde que estábamos en las montañas, no sólo a escuchar los sonidos, sino también a escuchar los silencios. La Marcha por la Dignidad Indígena, si la recuerdan en 2001, recorrió una parte del país y logró concertar el apoyo de millones de mexicanos y de cientos de miles en todo el mundo. Pero era el formato este de que se ponía un templete, había un acto, llegábamos nosotros, hablábamos, nos bajábamos y al siguiente lugar.

Y cuando nosotros regresamos a las montañas del sureste mexicano e informamos a nuestros jefes lo que había pasado, pues no solo dijimos que había mucha gente y que había mucho apoyo, no sabíamos todavía que iba a ser la traición, aunque nuestros jefes ya estaban sintiendo este cambio en el dibujo y en el color que se estaba borrando en el mundo, pero decíamos que habíamos escuchado un silencio muy pesado, abajo. Abajo, en el sentido de que nosotros nos subíamos en un templete y había mucha gente abajo. Que no sabíamos todavía interpretar ese silencio, pero que sentíamos que algo había quedado pendiente en esa marcha; como si en el suelo hubiéramos trazado una raya o una huella y nuestro mismo paso hubiera hecho que nos diéramos cuenta que debajo de lo aparente, había algo más abajo.

Vino la traición de los acuerdos de San Andrés, de los partidos políticos, del PRI, del PAN, del PRD. No hay que cansarse de repetirlo, porque en tiempo electoral la desmemoria habita allá arriba. Y entonces empezamos a hacer, a pensar y a hablar, lo que ahora estamos haciendo.

Y en el momento en que lo empezamos a nombrar, empezamos a hacer como si existiera, y empezamos a preparar lo que íbamos a hacer ahora, que es lo que estamos haciendo en este momento. Hicimos, ahora sí, que nuestro pensamiento, nos miramos hacia nosotros mismos y empezamos a detectar dentro de nosotros mismos este dolor y a buscar la causa del dolor, que es el que hemos estado escuchando en todo Chiapas, en todo Quintana Roo, y ahora empezamos a escuchar ya en Yucatán.

El dolor y la rabia de diferentes lugares, de diferentes formas y que voltean a ver por qué es ese dolor, quién es el responsable, quién lo causa, y encuentra un causante y un responsable que es un sistema: el sistema capitalista. Nosotros sentimos que estamos aquí porque no estamos pensando que es una persona el responsable de que estemos así, y porque hemos afrontado este problema del destino y el azar, que nos dice que si tú, como eres homosexual eres perseguido, es por que estás en el pecado y te está castigando Dios, por eso te da el SIDA, por andar por otro lado. Al obrero, por algo que a de haber hecho, es el destino, Dios está repartiendo, como si no tuviera nada que hacer, desgracias entre la mayoría y riquezas y felicidades en una pequeña minoría.

Y habrá gente que piensa así, no está en la Sexta ni está en la Otra Campaña, y habrá gente que dice que ese dolor y ese coraje que se siente y esa impotencia tienen un responsable terrenal, material, que vive en un lado exactamente y que no está más allá de los cielos y que hay que pedir cuentas.

Y empieza este suma y resta que hacemos en las montañas, el hacer cuentas que decimos nosotros, para ver quién y cómo se queda con las cosas, quién y cómo está debiendo, quién y cómo paga y cuándo. Y encontramos esto que llamamos el sistema capitalista y encontramos que no es justo, que no es bueno y, sobretodo, que tiene que cambiar.

El lugar del destino es el lugar de la resignación, de quedarse sentado, del no hay nada que hacer, ya otro decidió por mí; sea Dios, sea un partido político, sea un presidente de la república, sea un gobernador, un presidente municipal, sea un líder corrupto: otro decide por nosotros. Ese es el destino con diferentes caras y le pueden poner colores de religiones o colores de partidos políticos.

Y como nace el mundo, según nosotros, es producto del azar, del canto que va improvisando y avanzando y creando notas y colores y dibujos y figuras en ese mundo. Nosotros dijimos que había que optar entre el destino y el azar. Y escogimos el azar. Y vimos el riesgo de que teníamos que hablar esto de una forma nueva y que no sabíamos cómo. ¿Cómo podíamos explicarle a la gente que tanto tiempo nos había apoyado, como ustedes, como compañeros de otros países, que no eran como nosotros pero eran parte de nosotros por esta historia común que compartimos, cómo podíamos decirles que íbamos a seguir luchando por los pueblos indios, pero ya no sólo por los pueblos indios?

Porque habíamos encontrado un responsable de eso y un responsable de los silencios que habíamos ido escuchando a lo largo de esa marcha y a lo largo de los doce años en que, gente como ustedes y otros como ustedes de otras partes de México y del mundo, habían llegado a nuestras comunidades a hablar con nosotros. Si iban a pensar que habíamos volteado de camino, que habíamos abandonado nuestra lucha, o si iban a llegar a entender lo que dice la Sexta Declaración: que no se puede lograr para los pueblos indios nada que no se logre también para los obreros, para los campesinos, para los jóvenes, para las mujeres, para los estudiantes, los homosexuales, las lesbianas, y el gran etcétera de dolor y de rabia que hay en este país. Porque si algo está uniendo todo esto es un nombre que es un “México” y cada quien le pone el apellido de su dolor: México obrero, México mujer, México joven, México maestro, México estudiante, México indígena.

Y siempre abajo el mismo dolor y siempre arriba la misma burla, la misma humillación y el mismo desprecio que ahora, al fin, nos unifica. Ya no importa si eres moreno, o si eres indígena; puedes ser blanco, rubio y, si eres pobre, te despreciamos y te hacemos a un lado. Está el muro este, que decía Wendy, que se está levantando en la frontera norte y que están levantando en todos y cada uno de los lugares donde vivimos: a veces es un muro que perfectamente se puede tocar, a veces es un hotel, a veces es un centro turístico, a veces es el silencio de una autoridad, a veces es la pared de una cárcel, a veces es la loza de un cementerio. Y eso es lo que se está recetando para cada uno de nosotros. Y nosotros, y me refiero a todos, no nada más al EZLN, en este caso nosotros la Otra de Yucatán, llegamos a la conclusión de que no es el destino el que nos puso ahí; es un sistema y que ese sistema se puede enfrentar y se puede derrotar, si nos organizamos.

Y está el problema este de la organización, porque les digo que a la hora que soltamos la palabra, empezamos a ver que ya empieza a existir. Y si decimos un mundo nuevo, ya lo empezamos a ver y empezamos a decidir dónde van a estar las calles, las casas, dónde va a estar la cancha de básquetbol  o la de fútbol, qué partidos se van a jugar, quién va a ganar, quién va a perder. Todo empezamos a hacer y empezamos a caminar como si ese fuera nuestro destino claro.

Decíamos, entonces, a nuestros compañeros “¿cómo le explicamos a toda esta gente que se hizo nuestra hermana en estos 12 años y cómo le vamos a hacer para decirle que queremos ser compañeros y compañeras, que no es lo mismo?”. Se discutió, porque siempre cuando se va a hacer un aviso importante se escoge el modo en que se habla, por este valor que se le da a la palabra; se afila, se pule, se le da una forma y se suelta.

Y estaba el problema de cómo íbamos a explicar la Sexta Declaración, después de la Quinta, de la Cuarta, de la Tercera, de la Segunda, y de la Primera, que son estilos diferentes. No sabíamos por dónde; les digo claro porque ese era mi trabajo y ensayaba una y otra redacción, la presentaba, la rechazaban, y otra vuelta. Y vuelta y vuelta hasta que les dije “no, pues de plano, no sé por dónde, sí entiendo el problema, entiendo qué tenemos que decir y entiendo a quién se lo tenemos que decir, pero no hallo el modo”.

Ya los compañeros como son de por sí, pues dejaron que me desesperara un rato y ya que estaba al borde de la histeria me dijeron: “habla como hablamos nosotros”. Si alguien pregunta ¿qué fue lo que se consultó en la alerta roja de junio del 2005? ¿qué fue lo que el EZLN le estaba preguntando a los pueblos? La respuesta está en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Explicábamos qué somos, dónde estábamos, y qué queríamos, y estábamos preguntando ¿cómo lo vamos a hacer? Pero en la Sexta Declaración que ustedes conocen ya venía el resultado. La pregunta tenía tres opciones, dos sabíamos hacerlas ya y una no: una opción era la guerra otra vez, volver a pelear, sabemos hacerlo porque ya lo habíamos hecho una vez y sabemos lo que la guerra significa de exclusión para todo aquel que no está armado, la guerra es, sobre todo, un hecho de exclusión; la cosa más absurda e idiota que hay en el mundo, para decirlo claro. Podíamos hacerlo, teníamos la capacidad de desarrollar enfrentamientos y de sobrevivir. Porque este desgaste del mundo, que en ustedes significa bajos salarios o bajo nivel educativo o tener títulos de educación y no poder trabajar en ninguno de ellos; el desprecio por ser jóvenes, por vestirse de una forma, por traer un arete en la oreja o en la nariz o por traer un tatuaje en donde ustedes quisieran, por oír un tipo de música; las mujeres perseguidas y hostigadas, por lo que fuera ya, valoradas según un modelo físico, no según su trabajo, su inteligencia, su capacidad de discusión; los niños despreciados, todos, no importa de qué nivel, ; los ancianos desechados como un vaso desechable, ya que usamos, a la basura; los indígenas vueltos otra vez a ser despreciados, como si no hubiera habido 1994, como si no hubiera habido un gran movimiento, como si no tuviéramos memoria.

La otra opción era resistir, quedarnos callados, dejar que pasara el tiempo y a ver qué quieren las elecciones y a ver si entiende, a ver qué hace la gente: esperar como estábamos hasta entonces. Si la guerra era un mecanismo de exclusión que dejaba fuera a muchos como espectadores o como víctimas, el resistir significaba que toda esa gente que queríamos tenía que seguir yendo allá a vernos y a ayudarnos y seguíamos siendo los que recibíamos y seguía siempre pendiente la correspondencia: el de aquí para allá, como decíamos nosotros.

Si no queremos hacer un movimiento excluyente como la guerra, si no podemos repetir la historia de ayúdennos a sobrevivir, en este caso a resistir, como un símbolo, la tercera opción era otra cosa. La gran mayoría, la inmensa mayoría, estoy hablando de decenas de miles de indígenas zapatistas, decidió que otra cosa. Y cuando dijimos otra cosa, así se puso, quería decir que sólo tenía que quedar lo más general y que la definición de esa palabra y de ese color tenía que ser otra cosa. Y si hasta entonces en las cinco declaraciones anteriores decíamos “hay que hacer esto”, “échenos la mano”, “ayúdenos”, “apóyenos”

o “éntrenle”, o lo que sea, la Sexta Declaración tenía que invitar a otros como nosotros, pero ya no solo indígenas, ni sólo por la lucha indígena, a darle ese color y esa figura. Ese es fundamentalmente el sentido de la sexta.

Yo creo que todos los que están aquí que son adherentes contestaron sí a la pregunta de si hay un lugar para mí en este movimiento, pero todos de una u otra forma se están preguntando hacia dónde va. Yo también, nosotros también. Nosotros pensamos que este movimiento que está juntando tantas fuerzas, tantos dolores y rebeldías disímbolas como las que hay aquí, diferentes y que, además, la Sexta Declaración le está diciendo “mantén esa diferencia, esa distinción en este color, no dejes que Según nosotros, sobre los presupuestos básicos de la responsabilidad de nuestro dolor en un sistema, el capitalista, y sobre la necesidad de transformarlo desde el pensamiento de la izquierda, no para volver atrás el reloj de la historia, sino para construir algo nuevo, cada quien va a jalar por su lado. Como se ha visto aquí: los culturalosos o musiqueros, l es decimos nosotros, con respeto por supuesto, para ese lado; los jóvenes para otro lado; las mujeres para otro lado; la tercera edad para otro lado; los indígenas para otro lado. Y cada quien va a entender que la Otra Campaña es un movimiento que va hacia su necesidad. Entonces, no se si aquí sea grosería, pues se ve que va a ser un desmadre no, puro relajo.

Pero nosotros pensamos que lo que se están tensando son movimientos de fuerzas y que va a salir de todas esas fuerzas un movimiento hacia otra cosa. Y que esa otra cosa es mejor, mucho mejor que cualquier partido político y que su resultante va a ser un país, si no perfecto, mucho mejor que el que tenemos. Es esa resultante la que tenemos que construir, por eso no les estamos pidiendo que dejen sus organizaciones y se pasen a otras, manténganla; el que es individuo, manténgase como individuo y defienda eso. Porque lo fundamental lo tiene aquí, el que es un grupo social manténgase ahí, los pueblos indios como pueblos indios, los mestizo como mestizos, las mujeres como mujeres.

Porque nosotros estamos reconociendo que no están llegando a un movimiento vacíos de historia, que cada quien tiene su historia personal, de lucha, de creencia, de compromiso religioso o lo que sea, y sobre esa historia encuentra un punto común con otras historias. Eso lo que hace que tantos caminos que van diferentes agarren un cause y empiecen a andar en una dirección, esa sí sé para dónde, : es a la izquierda y en contra del capitalismo. Eso es lo que estamos construyendo.

En algunos momentos se plantea esto del acompañamiento. Y si hay una lucha acompañémosla, pero no es mi destino ni es mi camino. Acompañemos la lucha de los pueblos indios por sus derechos, es una lucha justa, noble, hay que acompañarla, pero “yo no soy indio” dirá alguien. Entonces, una cosa es el acompañamiento donde uno está ayudando pero “yo no voy para allá” y otra cosa es construir un camino donde nos acompañemos mutuamente, pero ambos dos, tres, cuatro, los que seamos, vamos hacia el mismo destino. Y vamos a encontrar en ese destino la solución, como también ya lo explicaba un compañero, de la única forma que se puede encontrar: lo que tengo, lo que soy es producto de mi fuerza, de mi lucha, nada me regalaron, como explicaba también la compañera.

Y ese mañana que estamos construyendo, que es muy otro decimos nosotros, es producto de este punto de encuentro y es producto también de que en este punto de encuentro nadie renuncie a su diferencia, a lo que le da identidad, a su lucha y a sus demandas. La Otra Campaña no puede decirle a alguien que su lucha no es importante, que es más importante la otra. De la misma forma, nosotros decimos que la Otra Campaña no le debe decir a alguien “tú no eres importante porque eres una persona”, “es más importante esta organización que tiene mucha gente en muchas partes del país”.

Si la Otra Campaña no aprende a respetarse a sí misma, que es el principio básico de la dignidad, entones se va a convertir en un partido político. No sé qué destino peor se le puede decir a la Otra Campaña que se convierta en un partido político, porque es un movimiento.

Entonces, lo que tiene que hacer la Otra Campaña, por eso lo propusimos así, es, primero, tiene que aprender a escucharse a sí misma; cada quien tiene que saberse escuchado, respetado, porque sólo podemos construir el respeto si conocemos a alguien. Entonces, ya sabemos que tal se llama tal, pero eso lo podemos encontrar en el directorio telefónico. Pero su historia, qué lo trajo aquí, porqué está en esta reunión, porqué está pendiente de lo que pasó en Chiapas o lo que pasó en Quintana Roo: esa historia de lucha es la que nos hace conocernos y respetarnos. Si no, vamos a ser como todos los demás: “a ver sus credenciales de electores, sus números, se apuntan aquí, agarren su gorra o su foto del sub firmada, y nos vemos el 3 de julio a ver qué nos tocó”. No, no se trata de eso, se trata de que nos vamos a conocer. Y si sabemos qué es el EZLN, el EZLN está diciendo “bueno, yo quiero saber quiénes son ustedes”. Si alguien les pregunta a qué vino Marcos a Yucatán, ustedes tienen que decirles la verdad: Marcos vino a aprender, de nosotros los yucatecos. Y vino a ser un escalón, en lo que decía el compañero y luego la compañera, en efecto, la Otra Campaña se trata de hablar con la gente de abajo, que no está aquí la mayoría, hay unos cuantos. Hay mucha gente que está desviada por la televisión, Eso es lo que nos propusimos nosotros. Y en lugar de llegar a buscar hablar directamente con ellos, nosotros dijimos ¿tenemos compas en Yucatán? “Suponemos que sí, ahora lo estamos viendo, que nos enseñen”. Que nos enseñen el modo de Yucatán los compas indígenas, los compas maestros, los compas jóvenes, las compas mujeres, los compas de las comunidades eclesiales, de cada lado, que nos enseñen el modo y vamos juntos con ellos. La primera etapa de la Otra Campaña, en ésta que estoy yo, es, para decirlo con el ejemplo de los que estudian educación, : nos venimos a inscribir con ustedes. Nos estamos comprometiendo y a eso vine en esta primera reunión a ser buenos alumnos, ojalá no agarre muchos taches.

Creemos que lo que hicimos desde hace 22 años en Chiapas, dice que más o menos somos alumnos medianos. Creemos que podemos ser mejores con ustedes. No venimos a decirles vamos a hacerle por aquí, al revés, que ustedes nos digan, nos expliquen, con paciencia, porque como decimos en cada lado es primera vuelta que venimos a Yucatán. Volvemos a venir en septiembre ya más tiempo, no tres días, sino semanas o meses, según. Y ya no venimos solos, sino que ya vienen compañeros y compañeras de la comandancia del EZLN. No a actos de masas, bueno, si hay que hacerlos pues se hacen para apoyar a un movimiento, sino a ir ya, no a que vengan a un lugar a reunirse, sino a ir ya a hablar con la gente, de la mano de ustedes, de la voz de ustedes y, por favor, del oído de ustedes. Porque si vamos a ir a hablar con la gente y ahora sí que agarran el micrófono y no lo sueltan, pues entonces no vamos a poder escuchar lo otro o nos va a costar más trabajo, porque vamos a tener que hacer lo otro que sí sabemos hacer que es escuchar el silencio de ese otro compa al que le dijimos que íbamos a escuchar y no escuchemos.

En esta primera etapa, aprendamos a escuchar al otro y a encontrarnos. Que la Otra en Yucatán se conozca entre sí y de ahí empiece a nacer el respeto. Viera que lo hacen bien, no hay problema; viera que no, en octubre venimos y yo los presento a ustedes con ustedes mismos. Porque yo llevo su apunte, la grabación y lo que encuentro de sus historias y a lo mejor yo consigo presentar a este compañero con esta compañera y, a lo mejor, vivieron todo el tiempo aquí en Yucatán, incluso en Mérida,  y vino alguien del sureste mexicano a presentarlos unos con otros. No es necesario,  tienen los espacios para hacerlo, la voluntad, porque sabemos que no es broma venir a vernos; corren riesgos en su trabajo, en los medios de comunicación,  les afecta el hígado de estar oyendo las estupideces que están diciendo en la radio y en la televisión, o pueden recibir amenazas como nos platicó el compa de Campeche lo que le ocurrió allá en Chiapas.

La decisión, como decimos nosotros,  ya la tomaron en el momento que se adhirieron. Era la decisión fundamental,  no importa si tuvieron miedo o no,  porque si no lo tuvieron,  bien y si lo tuvieron, lo controlaron, como decimos nosotros,  porque a nosotros lo que nos sobra,  además de ganas de luchar, es miedo; lo que pasa es que agarramos la maña de no mostrarnos,  por eso usamos el pasamontañas para que no se vea la cara de terror que nos da andar en esto.

Entonces, esto es lo que les venimos a decir en esta primera palabra,  compañeros. Dénse chance a hablar sin pena; hagan de cuenta que las cámaras,  los micrófonos no existen. En realidad todos esos están buscando una declaración sobre el PRI, sobre el PAN,  sobre el PRD. Habrá o no habrá, según otras cosas. Pero esta reunión es importante para que entre todos sepan quién es cada quien y,  sin dejar de ser lo que es, aprenda a conocerse y por lo tanto a respetarse.

Si logramos construir eso en Yucatán y en cada uno de los otros 31 estados,  vamos a construir el movimiento más chingón que ha conocido este país,  modestia aparte. Y no lo vamos a hacer nada más nosotros, ni que si fue el Marcos o no fue; lo va a hacer este compa, el otro de allá, la compañera de allá. Aquí todos van a decir: “nosotros estamos construyendo esto”. Primero,  porque empezamos por conocernos entre nosotros mismos. Y,  así como nos están diciendo,  aprendamos a escucharnos, aprendamos a decir nuestra historia y a pedir que nos escuchen,  correspondamos con el oído,  no sólo en Yucatán; hay que escuchar todo lo que dijeron los compañeros en Quintana Roo,  lo que van a decir en Campeche,  en Tabasco, en Veracruz y en Oaxaca, por lo pronto esa es la tarea de enero,  y luego seguirán los otros estados hasta junio. Si se les va el apunte o se les va la luz o el Internet y todo,  al final vamos a hacer un informe de lo que vi yo,  pero se trata de que todos estos compañeros que trabajan en los medios alternativos o como la radio que tiene aquí Indymedia, está sacando todo eso Bueno, compañeros,  ahorita vamos a parar un rato. Ahí lo vean si me van a dar la inscripción,  no traigo paga. Porque preguntaba una compañera que cuánto estaba costando la Otra Campaña al pueblo de México: pues los movimientos en los vehículos,  hay compañeros de organizaciones en Chiapas que son los que nos están llevando que pagan la gasolina; comemos lo que nos da la gente donde llegamos, a veces saben cocinar, a veces no saben cocinar, pero traemos para la diarrea,  el vómito y todo eso. No estamos pagando un quinto en publicidad,  por eso la molestia de algunos medios de comunicación.

Y a lo mejor salen bien o mal los actos públicos,  en realidad,  no es nuestra prioridad, nuestra prioridad son ustedes, escucharlos a ustedes. Y, al final, las cuentas que tengo yo que entregar no es cuántas masas se congregaron,  sino cuántos compañeros conocimos en los seis meses; ahorita llevo un buen tanto de Yucatán. Esperamos que va ha haber más y más cuando venimos otra vez de vuelta.

Gracias compañeros, gracias compañeras…