Comunicados

Playa del Carmen, Quintana Roo. Reunión con medioambientalistas y simpatizantes (2006)

Ya se descubrió que la mayoría no es de aquí de Quintana Roo, o de Playa del Carmen, donde estamos ahorita. Quería contarles algunas cosas que tienen que ver con lo que se ha dicho aquí, que tiene que ver con los que estamos aquí. Hace muchos años cuando yo llegué a la Selva Lacandona, hace 22 años, conocí a un hombre, un sabio, que le decíamos el Viejo Antonio. Alguna vez, platicando con él, le decía yo , porque no entendía muchas cosas, venía de la ciudad, que cómo era posible que después de tantos años, tantas guerras, tanto afán de conquista y de destrucción, los indígenas mayas , porque nosotros somos indígenas mayas, se mantuvieran resistiendo. Él me dijo que el secreto estaba en la tierra; que podían destruirnos a unos o a otros, pero que mientras la tierra estuviera, los árboles, las aguas, lo que se conoce pues como la tierra o la naturaleza, eso podía volver a alimentar y hacer crecer y a nacer, una y otra vez, a los hombres y mujeres de maíz.

Por eso, para nosotros, para los zapatistas, y estoy seguro que para muchos de la Otra Campaña, la defensa de la tierra no es una cuestión de interés… no sé cómo decirlo… nada más snob, sino que es una cuestión de sobrevivencia. Esta sobrevivencia como cultura, como pueblos indios, depende también de la sobrevivencia de la naturaleza. En ese sentido, nosotros entendemos perfectamente y tienen en nosotros a los mejores alumnos para todo lo que nos han dicho.

Nosotros quisiéramos invitarlos a la Otra Campaña, a la Sexta Declaración y decirles que ahí van a encontrar la solución a sus demandas, pero la mentira no es nuestro modo. No van a encontrar las soluciones, van a encontrar más problemas: van a encontrar heridas, dolores, sufrimientos, de la tierra, de la naturaleza, como los que nos contaron, tal vez más terribles, tal vez iguales, pero igual de criminales. Pero también van a encontrar otra gente que quiere aprender, que quiere conocer y que quiere hacer algo. Si están buscando soluciones a sus demandas, el lugar no es con nosotros. Si están buscando gente que quiere aprender y entender esto y conocer más de estas heridas en otras partes, y encontrar a otras gentes como ustedes que están interesados en esto y luchar junto con ellos, aquí estamos. Primero, nosotros los zapatistas y, seguramente, compañeros y compañeras que vienen ahorita aquí de otras partes de la república, y compañeros y compañeras que están en otras partes en México escuchando lo que ustedes dijeron aquí y enterándose a través de los medios alternativos de comunicación y también de los medios de prensa conocidos.

Piénsenlo, nosotros pensamos que este espacio es para que se construya. Ustedes pueden construir ese lugar; el lugar de esta defensa, conservación y cuidado , porque no se trata sólo de conservar lo que ya hay, sino de cuidar para que siga desarrollándose, de la naturaleza. Este es el lugar, no va a haber otro lugar a nivel nacional que se construya así. Los partidos políticos van a tocar el tema ambiental según la zona y según el porcentaje de votos que les pueda traer, y al final, no va a haber solución, porque como lo explicaron bien aquí, la política de destrucción de la naturaleza, de humillación, de desprecio y de explotación, es la misma, no importa el color del partido.

Nosotros pensamos que tenemos que construir las cosas así como las hicieron ustedes: independientemente de los partidos políticos, con nuestras propias fuerzas, y con la razón que hemos podido construir unos con otros en el trabajo diario, en la investigación, en la ciencia y en la tecnología. Y aprendiendo , como lo han señalado ustedes, de quienes estuvieron aquí antes de que llegáramos todos, antes de que llegaran los hoteles y las carreteras , y que en este caso nos une desde Chiapas hasta la punta de la península de Yucatán: el pueblo maya.

Esto es lo que les tengo que decir sobre este asunto y les quiero contar otra cosa, porque aquí llevo parte de la ofrenda que hicieron a la compañera Comandanta Ramona. También pasó hace tiempo. Hace aproximadamente 15 o 16 años, que yo la conocí, y a ella le tocaba llevarnos a uno de los pueblos donde se estaba haciendo la explicación de cómo estaba la situación de nuestra lucha. Nosotros cada tanto explicamos a nuestra gente cómo vemos el mundo, el país, nuestra lucha y nuestros pueblos. Y a ella esa vez le tocó dirigir la marcha. Ella era muy alegre y muy burlona. Decía de broma cuando le tocaba guiarnos a nosotros , porque ella era la única que conocía el camino, que nuestra lucha era buena, porque era lo primero en lo que la mujer iba adelante. Y bromeaba conmigo y decía: “cuando ganemos tal vez nos van a alcanzar ustedes, los hombres que todavía van detrás de nosotras y, entonces, en el nuevo mundo que queremos construir vamos a caminar uno al lado de otro”. Y lo decía con burla porque la costumbre hasta entonces en las comunidades es que el hombre iba adelante y la mujer atrás, siguiéndolo.

Mi torpeza para caminar es legendaria en la Selva Lacandona y pronto lo será en el resto del país. Yo me iba tropezando a cada rato y ella se adelantó. Aunque era muy chaparrita y chiquita pues caminaba como pirinola, o sea como que le daban cuerda y échale los jales, porque no la alcanzaba. Por supuesto, me perdí. Por el peso yo iba mirando abajo y aprendí a seguir su huella. Iba dejando la huella , ella caminaba descalza, yo con botas, , iba dejando su huella… Bueno, si se adelanta mucho yo voy siguiendo su huella… Llegó un momento en que el suelo estaba duro, como aquí. Yo no me había dado cuenta y seguía viendo sus huellas y siguiéndola. Entonces, me paré a descansar, porque entre los pulmones y la pipa pues no, tampoco aguanto mucho. Y entonces me di cuenta por qué era que estaba dejando huella el pie de Ramona si el piso estaba duro. No sé si era un problema geológico, o algo así, pero voltee a ver y no estaban mis huellas a pesar de que yo usaba botas y era del doble de estatura que Ramona. No entendía porque su paso dejaba huella y el mío no. Más adelante la alcancé por fin y le pregunté: ¿ya viste que tu paso sí deja huella y el mío no? “Así es de por sí”, dijo y se siguió.

No entendí entonces. Tiempo después, de vuelta otra vez , creo que esto fue en los Altos de Chiapas, es otro clima, hay mucha niebla, Ramona gustaba con jugar de que había que caminar la nube, decía, porque llegaba un momento en que la niebla se acostaba completamente sobre las montañas y parecía que estábamos realmente caminando sobre las nubes. Volví otra vez a la parte de la selva y encontré al Viejo Antonio y le conté la anécdota de Ramona , ellos se habían conocido en una de nuestras reuniones, , y se sonrió y me dijo: “Te voy a contar una historia que cuentan nuestros más antiguos”. Los nadie sabedores de nuestros pueblos indios, contaban que en los primeros días les habían escogido a hombres y mujeres grandes, y los hicieron grandes porque grande era su tarea; gigantes, dirían ustedes, ellos usaban la palabra grandes. Y que a esos hombres y mujeres les tocaba, por su estatura, ir marcando el camino para que cuando se fueran muy lejos, la gente que iba atrás los viera de lejos, muy por encima de los árboles. Y que al principio así fue, pero llegó un momento en que esto despertó la envidia y el coraje de otros: de los chiquitos o de los pequeños, y se hizo el gran problema.

Se reunieron entonces los dioses primeros, los que nacieron el mundo y dijeron: “bueno, aquí ya hicimos un problema , ellos sí reconocían cuando hacían mal las cosas, no como los gobiernos de ahora, y entonces, ahora, cómo le hacemos”. Dijeron: “vamos a tener que esconder la grandeza de estos hombres y mujeres de alguna forma” y decidieron hacerlos chiquitos, pero eran gigantes, nada más que de corta estatura. Pero entre que se estaban peleando y se ponían a bailar con la marimba y todo eso , porque eran dioses muy alegres, muy bailadores, se les olvida un detalle y sí les modifican la estatura, pero no el peso. Entonces resulta que estos hombres y mujeres que eran gigantes, eran chiquitos, pero pesaban como gigantes e iban dejando huella.

Decía el Viejo Antonio que siempre había que aprender para aprender el modo de los indígenas mayas, había que aprender a mirar hacia abajo. Decía que los caxlanes, los tzules, los conquistadores, que tenían diferentes colores, diferentes nombres y diferentes nacionalidades, incluso mexicanos, que nos iban a ir oprimiendo a lo largo de todos estos años interpretaban que los indígenas bajábamos la cabeza como un signo de humillación y obediencia. Dice el Viejo Antonio: “No, lo que estamos haciendo siempre es buscando la huella que es profunda; aprende a mirar abajo y atrás de que vayas de alguien y sigue la marca, síguelo, no lo pierdas, porque arriba no lo vas a encontrar”.

Y entonces, ¿qué pasa después?, le pregunté al Viejo Antonio. Cuando esos gigantes mueren por fin, los dioses dejaron arreglado el problema que todos están pensando: cuando ya están finados, juntos, no va a haber tumba en la que quepan, porque aunque son pequeños de cuerpo, son grandes de estatura. Y entonces me dijo: “para eso es que está la ceiba, estos hombres y mujeres no pueden yacer tendidos; viven y mueren de pie y tienen que estar descansando después de dejarnos, de pie. Estas personas, estos hombres y mujeres, cuando mueren forman parte de la gran ceiba madre, que es la que los arropa”.

Años después y todavía, sigo mirando mis pasos y no hay huella, pero sigo recordando el paso de Ramona y de otros compañeros que son los que nos dirigen y sigo viendo que aunque el suelo esté duro, sea árido, aunque haya cemento cuando han salido a la ciudad, siguen dejando una huella muy honda, y siempre me preocupo de ver para abajo para no perderla. Es con esa huella, la de nuestros compañeros que son los que nos dirigen, indígenas mayas todos ellos , y lo digo aquí en tierras mayas, , como llegamos aquí, y como vamos a recorrer todo el país.

Y a lo mejor ustedes no se fijan y son mal pensados; que si miro para abajo les estoy criticando los zapatos que traen. En realidad, estoy viendo la profundidad de su huella. Y la que hemos visto hasta ahora es honda, firme y profunda. Va a ser un honor estar con ustedes, detrás, siguiéndolos, para juntos construir, de este país, algo mejor, más justo, más libre, más democrático y que exista. Donde la naturaleza y el hombre dejen de estar compitiendo por quién mata a quién primero.

Esto es lo que les quería contar, porque parte de este homenaje que le hicieron a Ramona lo voy a entregar a su familia cuando regrese. Y la otra parte la voy a poner al pie de la ceiba, tenemos un campamento donde la vamos a recordar.

Gracias compañeros, gracias compañeras. Buenas noches.