Documentación histórica

Intervención de John Holloway. (2008)

Los Otros Caminos: OTRA HISTORIA, OTRA POLÍTICA

John Holloway

Muchas, muchas gracias; es realmente un placer, un honor, estar aquí.

Mi plática se llama La Otra Política, la Digna Rabia.

Rabia, rabia, rabia.

Rabia, en primer lugar, hoy, con lo que está pasando en Israel, lo que acabamos de escuchar. Rabia, rabia también por los últimos cinco años de matanza y destrucción en Irak.

Rabia, rabia como la de los jóvenes en Grecia en las últimas semanas. Rabia ante la violencia de la policía, rabia ante los bajos sueldos y la falta de oportunidades.

Rabia, rabia aquí, en México, todos los días. Rabia ante la represión de Atenco y los 112 años de prisión dictados a Ignacio del Valle. Rabia ante la violación de las compañeras que luchan por una vida digna. Rabia ante la violencia cotidiana de la policía. Rabia ante la destrucción de los bosques. Rabia ante el racismo, ante la brecha obscena entre los ricos y la miseria de los pobres, rabia ante la arrogancia de los poderosos. Rabia porque ellos están convirtiendo un país precioso en un país podrido, un país donde vivir es vivir con miedo.

Rabia porque no es sólo México sino el mundo entero que se pudre, que se está destruyendo. Rabia porque vivimos en un mundo basado en la negación de la humanidad, en la negación de la dignidad. Rabia porque la única forma de sobrevivir es vendiéndose.

Rabia, rabia, rabia. Pero la rabia rompe. La rabia rompe la víctima. Antes de explotar con rabia somos víctimas, víctimas del sistema capitalista, y como víctimas lo único que podemos hacer es sufrir, pedir cambios, formular demandas. Como víctimas necesitamos un líder, necesitamos un partido. Como víctimas esperamos un cambio, pero un cambio en el futuro, ¡por supuesto!. Esperamos la revolución  futura.

Y con el grito de rabia rompemos con eso; con el grito de rabia decimos “¡no, no somos víctimas, somos humanos, ya basta de vivir así, ya basta de sufrir! Ya no vamos a pedir nada a nadie, ya no vamos a formular demandas, ya no vamos a esperar la revolución futura porque el futuro nunca llega. Vamos a cambiar las cosas aquí y ahora”.

Rabia, digna rabia. La rabia anticapitalista es el inicio de la dignidad porque rompe con la condición de víctima, porque ya tiene el deseo de otra cosa, de un mundo diferente; porque detrás de los gritos y de las barricadas hay otra cosa, la construcción de otras relaciones sociales, la creación de otro hacer, de otro amar.

La rabia, la rabia es el umbral de la dignidad. La pura rabia no es suficiente, no es suficiente porque todavía no crea los cimientos de otro mundo, porque todavía no crea la base para resistir la reintegración al capitalismo. Abre la puerta, abre la puerta a una política radicalmente otra, a un hacer radicalmente distinto, pero el pleno desarrollo de la digna rabia significa no solamente el grito de “¡No, no vamos a obedecer, no vamos a subordinar nuestras vidas a la reproducción del capital!”. También es un “¡Vamos a hacer otra cosa, vamos a vivir de otra manera, vamos a vivir de una forma que no encaja con el capital! ¡Vamos a vivir de una forma que no está subordinada a los requerimientos de reproducción del capital!”. Luchamos, entonces, contra el capital, contra el capitalismo no solamente con manifestaciones y piedras, eso sí, pero también, y tal vez sobre todo, construyendo otra cosa. Luchamos contra el capitalismo viviendo el mundo que queremos crear.



¡Ya basta! Realmente ahora, ¡Ya basta!, Ya basta de vivir así, ya basta de crear todos los días un sistema que nos está matando. Pero detrás del ¡Ya basta! zapatista, detrás del ¡Ya basta! zapatista, hay otra cosa, sin la cuál el zapatismo no tendría la fuerza que tiene. Detrás de la urgencia del ¡Ya basta! hay otra temporalidad, la temporalidad del “Caminamos, no corremos, porque vamos muy lejos”. El núcleo del zapatismo, me parece, es la construcción paciente de otro mundo; la creación aquí y ahora de otras relaciones sociales. Las comunidades zapatistas de Chiapas luchan contra el capitalismo viviendo el mundo que ellos y nosotros, quieren y queremos, crear. Luchan contra el capitalismo yendo más allá del capitalismo. Esta, me parece, es la digna rabia.

Los zapatistas, y no solamente los zapatistas, por supuesto; la digna rabia existe por todos lados. Existe en todos los lugares y todos los momentos donde la gente dice “No, no, ya no vamos a subordinar nuestras vidas a la reproducción del capital; vamos a hacer otra cosa, porque finalmente nada más tenemos una vida y porqué desperdiciar esta vida, reproduciendo el capital. Nosotros vamos a hacer otra cosa”.  En todos esos momentos, todos esos espacios, existe la digna rabia. Y a veces es la digna, la dignidad, que prevalece, el hacer otra cosa, y veces es la rabia que prevalece. Los gritos, las piedras, las barricadas... Pero lo importante es entender que ambos son partes del mismo movimiento, que la dignidad, la digna rabia, la otra política, está compuesta de dignidad y de rabia. Y por la tolerancia, el anti sectarismo, tiene que ser elemento central de cualquier política de la digna rabia.

La dignidad, la dignidad, entonces, no es la dignidad de las víctimas sino de los sujetos activos, de las sujetas activas. La política de la digna rabia, es decir, la otra política como yo la entiendo, es un caminar, un caminar  que deja atrás la política de las víctimas, la política de demandas, la política de pedir cosas, la política de las denuncias constantes, la política de líderes, la política de los partidos, la política del Estado. La digna rabia pone a nosotras y nosotros en el centro. Nosotras y nosotros creamos el mundo con nuestra creatividad, con nuestra actividad. También, y ahí está lo difícil, pero sí es cierto, también somos nosotras y nosotros que creamos el capitalismo y es por eso que sabemos también que podemos dejar de crear el capitalismo. Y también somos nosotras y nosotros que estamos creando la crisis actual del capitalismo, o, mejor, nosotras y nosotros somos la crisis del capitalismo.

E insisto, insisto e insisto mucho  en esto; insisto precisamente  porque la crisis constituye una amenaza terrible para la otra política. La crisis nos jala, real y teóricamente, jala otra vez hacia la vieja política de la izquierda, hacia la política de la víctima, la política de las demandas, la política que queremos dejar atrás.

Me parece que básicamente hay dos formas de hablar de la crisis, de la crisis actual del capitalismo. La forma más obvia es echar la culpa a los capitalistas y al capitalismo. La crisis entonces, decimos, es el fracaso del capitalismo. Necesitamos, por supuesto, una revolución. Hay que hacer la revolución y hay que hacerla de la forma más eficiente posible, y mientras, mientras tenemos que pedir más empleo, más gasto social, más subsidios para los pobres y no para los ricos. Entonces, la comprensión de la crisis como la crisis de ellos, como la crisis que expresa las contradicciones del capital, esta comprensión de la crisis, nos regresa a la política de la víctima, la política de pedir, la política de buscar líderes, la política de la revolución en el futuro.

Y la otra forma de entender la crisis es decir que no, que no, no, no, no es así, realmente no es así, porque nosotras y nosotros somos los responsables de la crisis; y no es que tengamos que hacer la revolución en el futuro porque ya la estamos haciendo la revolución y la crisis es la evidencia más clara de que ya estamos haciendo la revolución. El capitalismo es un sistema de dominación,  es un sistema de subordinación. La existencia del capital depende de nuestra subordinación. Y no solamente eso, sino que depende, el capitalismo depende de una subordinación cada vez más aguda, cada vez más absoluta, de la vida al trabajo alienado, al trabajo que crea el capita.. Si no logra imponer esa subordinación total, entra en crisis abierta.

Y nosotras y nosotros, nosotras y nosotros que estamos aquí, pero nosotras y nosotros que estamos en todo el mundo, somos los insubordinados, somos los que no queremos subordinar la vida totalmente al capital; somos la crisis del capital. La gran crisis de 29 fue resultado de la ola de insubordinación que se expresó en la revolución rusa de 1917. La crisis de hoy es resultado de las olas de insubordinación de los últimos cuarenta años. En ambos casos, la conexión, el vínculo entre la insubordinación y la crisis se oculta detrás de la expansión de crédito; la expansión del crédito implica un proceso de posponer la crisis y convierte la crisis de transformación de su producción en una crisis financiera. La expansión del crédito es una suerte de apuesta sobre la explotación futura del trabajo, es decir sobre la subordinación futura de nuestra actividad al capital y esta es una apuesta que el capital está perdiendo. Nosotros somos la insubordinación que es la crisis del capital, nosotros, nuestra insubordinación, nuestro deseo de vivir, es la única contradicción del capital. Nosotros somos los insubordinados y no nos vamos a subordinar.

Entonces, es mejor asumir nuestra responsabilidad, nosotros somos la crisis del capital. Porque nos ayuda a entender nuestra fuerza; muchas veces pensamos que somos los perdedores de siempre, y ¡no es cierto!, porque ahora nuestra rebeldía, nuestra insubordinación, nuestra dignidad, está sacudiendo al sistema. La crisis del capital es la expresión de la fuerza de nuestra dignidad. No hay que pensar, entonces, no hay que pensar en la crisis como el colapso del capitalismo sino como la erupción de la dignidad, el nacimiento de otra cosa, de otras relaciones sociales, de relaciones sociales basadas en la dignidad, en la digna rabia.

El desafío, insisto, el desafío de la otra política, de la otra política de la digna rabia, es fortalecer este proceso de nacimiento, este empuje de otro mundo. Este empuje... ¡este empuje de la dignidad, esta irrupción!. No puede ser cuestión, entonces, de pedir más empleo o más Estado, porque estos significan finalmente, la renovación de la subordinación al capital. No pedimos nada a nadie, más bien vamos desarrollando aquí y ahora la insubordinación creativa, expandiendo lo más que podamos los momentos y espacios donde decimos “no, no nos vamos a subordinar al capital, vamos a hacer otra cosa, vamos a fomentar la auto-ayuda, vamos a fortalecer la cooperación, la creación de otro mundo en contra y más allá del capital”. Y obviamente, no es fácil, no es obvio, pero me parece que esta es la dirección en la cuál tenemos que caminar, tenemos que explorar.

Con rabia, pero con una rabia que va abriendo otras perspectivas, creando otras cosas, una digna rabia. Y como siempre, preguntando caminamos.

Gracias.