Documentación histórica

Intervención de la Unión Nacional de Organizaciones Popular de Izquierda Independiente - UNOPII (2008)

Los Otros Caminos: Otra Ciudad

Unión Nacional de Organizaciones Popular de Izquierda Independiente - UNOPII

26 de diciembre de 2008

Gracias, buenas tardes.

El documento al que voy a dar lectura, se titula... a este tema que nos invitaron, “Otra Ciudad, la Nuestra” y dice:

Hay que luchar; hay que defender la otra ciudad, la nuestra, la que abajo se mantiene solidaria, la que se reconstruye día tras día con sus propios esfuerzos al margen de programas oficiales, la otra ciudad, esa donde la tierra se crece hacia arriba, dicen los hermanos zapatistas, esa que, tibia abrasa los amores que se gritan a los cuatro vientos y a aquellos que púdicos se calla; esa, que maternal da refugio a los amantes furtivos, que ampara a los odios de siempre, que bendice a los catalogados como locos por el sistema, ese espacio donde caminan de la mano la rabia incontenida y la lucha militante . Ciudad nuestra, la de siempre, para siempre.

Han querido arrebatarnos las calles, borrarnos de las calles, despojarnos de nuestra memoria, de la memoria de nuestros padres y abuelos, de nuestra historia, de nuestros héroes , de nuestros sueños ; han convertido nuestras ciudades en una gran empresa, en un gran hotel para el turismo; han querido convertirnos en menesterosos, tratarnos como delincuentes, encerrarnos en la cárcel, encerrarnos en el miedo. Nos han cercado con mentiras; mienten cuando se dicen representantes de la izquierda, mienten cuando dicen combatir a la pobreza mientras colaboran vendiendo a nuestra patria; mienten cuando dicen honrar a la justicia mientras despojan y persiguen y encarcelan para privilegiar al poderoso. Han construido una ciudad virtual para ofertar a los dueños del dinero, una ciudad sin pobres que la afeen o con pobres que no se sientan pobres; y entonces convierten la cultura en espectáculo y construyen pistas de hielo o playas artificiales para poner, dicen, a la ciudad de México a la altura de las mejores capitales del mundo. Y entonces, nos sentimos importantes y no importa que no exista trabajo o que las cárceles se llenen de inocentes, ni que los pequeños comerciantes se vayan a la quiebra o que nuestros niños se encuentren en los últimos lugares de aprovechamiento; tampoco importa que la administración y la ciudad se convierta en trampolín político. Importa la imagen del administrador en todo; importa comprar a los medios de comunicación para ascender en las encuestas en el carrera para el próximo sexenio. Pero hay otra verdad que corre subterránea en el último nivel de esta ciudad de varios los pisos y esta verdad se nutre con la rabia y con la dignidad y convierte a las calles en zonas de batalla donde, día tras día, se lucha por la vida; y esta lucha, llena a su vez de vida a nuestras calles; y en esa otra ciudad, luchan y sobreviven lo desempleados de todas las edades, y los carretilleros, y los transportistas, y los comerciantes, que ambulantes, sobreviven a la corrupción que rige a los autoridades, sobreviven a la persecución en las avenidas, en el metro, en el transporte urbano. Todos ellos sobreviven a las crisis, está acostumbrados. Sobreviven también los estudiantes que en las universidades luchan porque no muera nuestra historia, pero también para forjar otra en la que en los conocimientos se compartan con quienes menos tienen, y sobreviven los jóvenes a esta estúpida visión impuesta desde arriba, de que ser diferente es un delito; y sobreviven entonces, a las razzias disfrazadas, a los retenes, al abuso oficial; y son supervivientes también nuestras mujeres, que poco a poco, van venciendo a la marginación, la desigualdad y a la violencia ejercida contra ellas.

Pero la dignidad se encuentra también en los pueblos que encerrados en la ciudad, se resisten a morir en aras del progreso, un progreso que saben, desde siempre, que no será para ellos; y su lucha ilumina nuestra vida porque esta protegiendo a nuestros hijos, porque defiende a nuestra madre tierra.

Algo hemos aprendido en todos estos años, y eso que hemos aprendido es que la dignidad se hereda y se construye y que hoy, como desde hace veinte años, la vamos construyendo en Colonias donde se edifican y se materializan sueños y en donde construimos, además de las viviendas, nuestros propios programas de cultura y en ellos reivindicamos valores que han sido desterrados; valores como la solidaridad , como la colectividad, como la rebeldía. Programas donde vamos aprendiendo que somos quién somos, pero que lo que verdaderamente importa es que aquí estamos, dispuestos a seguir apostando por una forma de vida diferente; que estamos, que marchamos, que pensamos con la seguridad de no estar solos; que somos, que estamos y estaremos, como permanente negación a la injusticia, a un conformismo impuesto y difundido desde siempre, luchando por dejar de ser yo para empezar a ser nosotros. Y en estas colonias, se generan también proyectos de salud donde se deja de ver a la vida como una mercancía, donde se busca desterrar a la muerte como a los malos sueños y vamos construyendo espacios donde nuestros niños aprenden libertad y no sometimiento. Y todo esto, lo vamos construyendo a pesar de los malos gobiernos y sus políticas de destrucción; a pesar de los partidos políticos y sus legislaciones contra el pueblo. Lo construimos a contracorriente de los modelos económicos y sin haber nunca aceptado la comodidad de las curules. Lo construimos, a pesar de las crisis recurrentes, lo construimos, seguros que éste presente es también el futuro que esperamos y que nos merecemos.

A esta nuestra ciudad, la protegemos de la destrucción, del abandono y de la muerte a la que la han condenado los malditos de siempre, su mastines. Hoy somos guardianes de la vida; mañana seremos vengadores de tanto y tanto agravio; vengaremos cada gota de sangre inocente derramada, cada minuto de injusta cárcel contra el pueblo, cada humillación de nuestras compañeras; habremos de vengar a nuestros muertos que entonces, habrán de vivir para siempre en la memoria. Eso lo saben ya quienes detentan el poder, y se llenan de miedo y se preparan, aunque saben perfectamente que nada detendrá la movilización el pueblo cuando exija justicia; menos hoy, que las crisis amenaza a los de arriba, que cierra las fronteras que hasta ahora fueron válvula de escape para el desempleo y la miseria; menos ahora, que ya no pueden ocultar los niveles de descomposición, sus nexos con la droga, su sumisión al imperio, su miseria. Porque en esta ciudad, en esta otra ciudad, en estas otras ciudades que crecen en las entrañas del capitalismo, que rebeldes se mantienen, que nacen del corazón, que surgen de las ruinas conquistadas a sangre y rezo, que han heredado la dignidad de nuestros antepasados, en estas ciudades, la impotencia y la desesperación, comienzan a organizarse; se van tejiendo redes solidarias, se unifican las luchas, se hacen más fuertes las protestas, las exigencias de justicia y libertad; poco a poco, empezamos a reconocernos como iguales a pesar de sabernos diferentes; se empiezan a generar espacios en donde lo que importa de la palabra compañero es saber que, más allá de los estratos sociales, de las distancias geográficas o ideológicas, existe la necesidad de construir un mundo diferente pero que debemos empezar por nuestro propio espacios.

Gracias a compañeros