¿Qué es el zapatismo?

7 claves para entender la nueva fase zapatista. Jóvenes en Resistencia Alternativa.(2007)

Jóvenes en Resistencia Alternativa

03-05-2006

En los últimos meses, medios de comunicación, varios intelectuales y personalidades de la izquierda han lanzado extrañas preguntas sobre la nueva estrategia zapatista especialmente en esta etapa electoral. La incomprensión de varios sectores sobre la nueva iniciativa zapatista deriva, desde nuestro punto de vista, de un análisis centrado sólo en el actor, es decir en el EZLN. Las claves para entender la nueva fase zapatista no están sólo en el zapatismo sino esencialmente en las lecturas que hagamos del poder y del sistema político. En la lectura del poder de arriba y de los de abajo, pero sobre todo en la memoria y los procesos de los últimos 10 años. Sugerimos aquí 7 claves para entender las decisiones y el discurso zapatista. 7 elementos para leer al zapatismo pero sobre todo, a México y su futuro.

1. El poder de arriba.

Todos sabemos que el alzamiento determinó la coyuntura política en 1994. El EZLN se levanta en armas en un momento en que la alternancia en el poder se veía como el elemento primordial para derrotar al presidencialismo autoritario y junto con él, impulsar un programa de izquierda progresista que reorganizara al país desde profundas demandas sociales. La lucha por TRANSICION DEMOCRATICA era el crisol donde todos los movimientos, partidarios o sociales, grandes o pequeños, urbanos o rurales, condensaban su esperanza, y lo más importante; sus prioridades estratégicas.

El levantamiento es una alarma urgente que fortalece la idea de que la transición es impostergable, pero suma un nuevo ingrediente: o hay transición o hay guerra. Es por ello, que en esta primera etapa, lo que suceda en Chiapas, determina lo que sucederá en México. De Chiapas y de la construcción de la paz, depende la transición y, por tanto, el futuro nacional.

Hay aquí dos elementos dignos de resaltar: primero, que la guerra, le da la razón de verdadera emergencia nacional a la transición - como hemos dicho - y segundo, que los movimientos NO TIENEN ACCESO al Estado, y están FUERA de las relaciones del sistema político autoritario. Estas dos características son primordiales para entender, digamos, el protagonismo del zapatismo. Este, de manera coyuntural, condensa las aspiraciones nacionales de transformación del sistema - esto es importante- es la única voz, el único vehículo de los movimientos para representar sus necesidades, especialmente después de la derrota del cardenismo en las elecciones del 21 de agosto de 94.

De alguna manera, la izquierda partidaria sigue excluida del SISTEMA en su conjunto: las gubernaturas ganadas le han sido arrebatadas con fraudes y golpes de mano autoritarias. Los medios de comunicación ni los ven ni los oyen. Los 500 muertos perredistas nos muestran claramente que la confrontación partido-Estado es radical y aunque ese partido tiene ya representación popular en la Cámara y la Asamblea, estas siguen siendo meramente presenciales. En ese momento la izquierda partidaria, sigue siendo, a pesar de todo, el eco del movimiento ciudadano de 1988. Es, a pesar de sus corrientes y sus contradicciones, todavía, un movimiento representado en el cardenismo.

El EZLN sabe comprender esta etapa y también su discurso se enmarca en el de la transición. Sabe comprender esta emergencia y la necesidad de la paz. Entiende el influjo alrededor del zapatismo y su diversidad de actores y por ello sus principales respuestas van encaminadas en la lucha por la transición, por el derrumbe del sistema autoritario. Sólo hay que recordar los nombres y los conceptos de sus principales iniciativas: en 1994, la Convención Nacional Democrática, en 1995 la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia y el llamado a formar un Movimiento de Liberación Nacional; en 1996 El Foro Nacional Indígena y el Foro Especial para la Reforma del Estado. Está claro, que el horizonte zapatista se constituye en la nación, a través de los ejes paz y democracia.

Debemos comprender además que la crisis política provocada por el levantamiento, viene en realidad, a hacer evidente una situación nacional que podría haber tenido tintes insurreccionales si no hubieran cambiado las condiciones políticas: además de tener un grupo armado que ha declarado la guerra al Estado mexicano, la izquierda partidaria se encuentra fuera del poder y los movimientos sociales están inconformes por las recientes reformas neoliberales, especialmente al artículo 27 sobre la tenencia de la tierra. En realidad, el sistema, si no tuviera los fuertes hilos corporativos que lo integran y la enorme habilidad de su elite gobernante, quizás, hubiera colapsado. Carlos Salinas de Gortari sale a dar un mensaje a la nación el 12 de enero para hablar de cese de las hostilidades y amnistía para proteger la estabilidad del sistema en su conjunto. Sabemos que el costo político del aniquilamiento del alzamiento sería enorme, pero más aún, la elección presidencial de ese año debía ser asegurada. Era el momento del cambio del poder en México. Era el momento –ahora lo sabemos- en el que el régimen vivía una crisis interna representada en los magnicidios de Colosio y Ruiz Massieu. Era un momento de debilidad económica que luego sería representada en el error de diciembre y la fuga de capitales. Para el estado, y para el régimen el diálogo con el EZLN era la única opción para salvar primero, la coyuntura electoral obligado por la debilidad momentánea del régimen, obligado por el enorme movimiento de la sociedad civil nacional que pedía el cese al fuego, obligado por la opinión pública internacional.

Es el momento más débil del Estado y por tanto, el momento más fuerte del zapatismo y de los movimientos. Era un momento en que la correlación de fuerzas favorecía al zapatismo y a los movimientos. Pero esta correlación y debilidad aparente del régimen cambiaría en apenas unos años.

¿En qué momento Chiapas y el zapatismo dejan de ser el epicentro de la vida nacional? y sobre todo ¿por qué?

Para 1996, está claro que el Gobierno Federal con dos derrotas políticas frente a sus ofensivas militares ha desechado el choque frontal militar con el zapatismo, y ha optado - hoy lo sabemos con certeza- por la guerra de contrainsurgencia. Pero si el Gobierno Federal, ha sabido leer las movilizaciones multitudinarias de 1994 y 1995, ha sabido leer el creciente apoyo internacional y ha sabido contenerse frente a la prensa global, es de esperarse que su estrategia de respuesta no sólo se base en la guerra de contrainsurgencia, sino esencialmente en una estrategia política para aislar al EZLN de sus principales apoyos y aliados.

En un escenario de descomposición de la gobernabilidad, de debilitamiento de la legitimitidad del Estado, como en 1994 y 95, -provocado no sólo por el levantamiento- la elite abrió un proceso de reforma del estado. Las élites autoritarias optaron por eliminar la incertidumbre sistémica y a cambio abrieron los canales para una reforma que derivaría en el acceso de la izquierda partidaria en el Estado. La liberalización o la democratización electoral fue un resultado contingente, involuntario, acelerado por el levantamiento indígena que resultó en la INCLUSION de la izquierda partidaria como medio de estabilización del sistema en su conjunto. Obligado por la situación inestable y de creciente movilización popular, se construyeron reformas electorales que hicieron posible que la izquierda partidaria accediera a recursos y a los medios masivos de comunicación, pero sobre todo al control ciudadano de la elección. Se abre el famoso Diálogo por la Reforma del Estado entre todos los partidos y el Gobierno Federal. Se abre, en síntesis, otro canal para la transición democrática. Se abre otro camino que inutiliza la posición zapatista alrededor del tema de la transición. Se abre un camino institucional que deja fuera al EZLN.

Chiapas y el zapatismo pierden centralidad porque el momento de crisis política y económica fue, de alguna manera, sorteada por el régimen, porque la correlación de fuerzas cambió y porque se incluyó a la izquierda partidaria en el Estado. El poder de arriba y su correlación de fuerzas es sustantivo para entender la nueva fase zapatista. En 2001 frente al nuevo gobierno foxista el EZLN lanzó la mayor de sus iniciativas desde el alzamiento: la marcha del color de la tierra. Pero a pesar de ser una de las movilizaciones históricas más grandes de los últimos tiempos, la fuerza popular y zapatista no logró arrebatarle una victoria al Congreso de la Unión. La correlación de fuerzas había cambiado, teníamos entonces un congreso plural, una presidencia legal y legítima, una clase política que comenzaba a cerrarse en sí misma. La movilización popular no tuvo éxito frente a un escenario de estabilidad del sistema en su conjunto, sin crisis económica, con alternancia en el poder. La correlación de fuerzas había cambiado a favor de la elite gobernante y en detrimento de los movimientos sociales y el zapatismo. Es esa correlación de fuerzas la que intenta ser modificada a través de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la otra campaña.

2. Las señales de las derrotas para los de abajo.

Pero hay otras señales que explican la nueva estrategia zapatista. Como sabemos, el EZLN apostó al diálogo y a la negociación para incidir en la transición y luego en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indios. Pero las señales desde el Estado y el poder no son buenas no sólo para el zapatismo sino para el conjunto de los movimientos sociales y antisistémicos. Pensemos en los grandes procesos de negociación entre el poder y grandes movimientos sociales: El movimiento estudiantil en la UNAM, El movimiento zapatista y los diálogos de San Andrés, el movimiento campesino llamado el Campo no aguanta más que logró sentar a la mesa de negociación al Gobierno Federal. En cada uno, la fuerza de los movimientos obligó al poder a la negociación, pero en cada uno, el diálogo fue roto o sorteado o bien, cuando se avanzó en acuerdos significativos estos fueron incumplidos parcial o totalmente.

Pensemos en el poder legislativo. En el caso del zapatismo la aprobación de una ley que no representa lo acordado en San Andrés es el ejemplo paradigmático del obstáculo que se empieza a volver la clase política, incluyendo a la izquierda partidaria que con su voto aprobó dicha ley. Sin embargo no es el único. Pensemos en la aprobación de la ley de Bioseguridad que permite la entrada de transgénicos al campo mexicano y hoy se le conoce incluso como Ley Monsanto porque favorece a dicha empresa multinacional. Recordemos las modificaciones a la ley que regula al IMSS y por tanto al régimen de jubilaciones y pensiones que fue modificado el año pasado frente a la resistencia de los trabajadores del Seguro Social. Pensemos en la aprobación de la Ley Televisa pese al enorme descontento en la opinión pública. Recordemos cómo fue detenida la iniciativa de Ley conocida como Sociedades de convivencia que podía favorecer a una capa de la población, entre ella a la comunidad lésbico gay. Recordemos cómo esa ley fue abortada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

En suma, los movimientos sociales, con o sin movilización, con diálogo con el congreso o sin él, con protestas o sin ellas estamos perdiendo la batalla legislativa. Es una segunda señal, negativa para quienes resisten y luchan.

Pensemos finalmente en la corte y el poder judicial. Se perdió en los dictámenes sobre el juicio sobre crímenes del pasado que permitiría abrir proceso por ejemplo, contra Luis Echeverría. La resolución sobre la Cooperativa Pascual Boing que favorece al particular en detrimento de los trabajadores es una nueva derrota. La reciente aprobación contra el amparo que ciudadanos vascos interpusieron para no ser extraditados es una derrota terrible contra la constitucionalidad y la defensa de los derechos humanos. Recordemos finalmente que fue la Corte quien desechó las controversias constitucionales que el movimiento indígena interpuso a lo largo y ancho del país contra la ley indígena aprobada por el congreso.

Pensando, por último en otros niveles de gobierno, recordemos sólo dos ejemplos frente a los Ejecutivos Estatales, los gobernadores. Varias organizaciones sociales oaxaqueñas fueron citadas a un diálogo con el Gobernador príista Ulises Ruiz, uno de los aliados más cercanos de Roberto Madrazo. Varios conflictos sociales debían revisarse en la supuesta negociación. La comisión de diálogo de las organizaciones sociales fue detenida, arrestada y hoy son presos políticos con los que el gobernador extorsiona y obliga a los movimientos sociales en Oaxaca a seguir las reglas impuestas desde el autoritarismo del gobernador. Pensemos en la impunidad que guardan los casos de tortura y degradación de los 45 procesados en Jalisco, apresados en las movilizaciones altermundistas en Guadalajara en 2004. Una a una de las violaciones a los derechos humanos, a pesar de ser reconocidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y por organismos internacionales no han sido castigadas. Aún más, el gobernador panista de Jalisco se jacta de dichas torturas y de la impunidad de los funcionarios que las cometieron.

En suma, tenemos un ejecutivo que incumple acuerdos de los diálogos con los movimientos. Un congreso que aprueba leyes regresivas para los derechos sociales. Una corte que favorece en cada dictamen a los poderosos. Gobernadores autoritarios, cacicazgos estatales sin control alguno.

Para entender la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la otra campaña debemos reconocer que el sistema político en su conjunto está cerrando todas las vías de incidencia institucionales con el despotismo y la soberbia del poder contra las demandas de los movimientos.

3. La descomposición de en medio.

Si no bastara con ello, todos conocemos el proceso de descomposición de la clase política en nuestro país, muy acorde al proceso global de deterioro de los sistemas políticos todos, erosionados por escándalos de corrupción y fraude. Desde el Pemexgate hasta los videoescándalos, desde el Dr Simy y su capitalismo-socialismo hasta la chamaqueada del niño verde, todos hemos visto durante estos años la disputa del poder a través de los medios de comunicación con acciones que van desde la corrupción ramplona hasta el ridículo de la clase política toda. La descomposición y corrupción del sistema político no es como suele entenderse, sólo un proceso que se desarrolla en las cúpulas de Gobiernos y Partidos. Las estructuras en su conjunto sufren de esta tendencia. Los escándalos de corrupción van desde los funcionarios más altos del gabinete presidencial, hasta alcaldes y presidentes municipales pasando por funcionarios medios y liderazgos locales y estatales. La tendencia de corporativismo, corrupción, desvío de fondos, influyentismo y nepotismo va de arriba hacia abajo en todas las estructuras. El acceso a recursos del Estado ha convertido a los partidos en agencias de colocación, disputando los numerosos puestos, funciones y recursos que de ellos se desprenden y que de ellos dependen para acceder a los distintos niveles de Gobierno. Esta tendencia es creciente, progresiva y hegemónica.

Y decimos de la clase política en su conjunto, incluyendo la descomposición de la izquierda institucional. LA izquierda partidaria además, ha provocado cuatro fracturas con los movimientos y el resto de la izquierda en México, las enunciamos brevemente.

a) una fractura orgánica, en la que la izquierda partidaria fue absorbida por la institucionalidad, la corrupción, el tribalismo, el pragmatismo, el chambismo y el clientelismo. La mayoría de la población no se siente cercana a esas prácticas, pero tampoco muchos movimientos y organizaciones de los cuales hablaremos más adelante.

b) una fractura ideológico-táctica. El PRD abandonó las calles y con ello, las luchas y movimientos seguimos nuestro camino…sin ellos. Se abandonó la organización y politización popular. Se abandonó el acompañamiento y la solidaridad con los movimientos nacionales e internacionales. Se abandonó pues, el camino del movimiento para tomar sólo el camino de la institucionalidad. El PRD y sus corrientes, seguros de que hoy la lucha es desde el poder, el congreso y los gobiernos, abandonó las calles y con ello a las luchas de abajo. Pero incluso ahí hay una tercer fractura, una de corte programático.

c) En la ciudad de México posiciones conservadoras como la tolerancia cero, la regulación de marchas u otras iniciativas son sólo algunas de las señales que evidencian la tendencia en la izquierda partidaria. EL PRD comete lo que ellos mismos llaman errores tácticos en la aprobación de leyes fundamentales para el país. Se equivocaron tácticamente al aprobar la ley indígena que hizo que el zapatismo rompiera el diálogo con el Congreso. Tácticamente erraron al aprobar con su voto la ley de bioseguridad. Y hoy dicen que en la Cámara de Diputados se equivocaron al no leer detenidamente el dictamen sobre la Ley Televisa y votaron a favor de ella en la cámara baja.

d) Mientras la otra campaña propone construir abajo y a la izquierda, la izquierda partidaria pareciera que trata de convencernos de que su propuesta es arriba y a la derecha. Todas las señales del candidato y de los principales líderes de su partido tratan no de organizar, movilizar, politizar abajo y a la izquierda, sino negociar, aliarse, acordar con los poderes fácticos de poder, esos que precisamente impiden la construcción de un México más justo, libre y democrático

Llegamos así a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Llegamos a una nueva etapa del EZLN con un cambio en la correlación de fuerzas que favorece al poder político y al poder económico. Llegamos a la sexta con el fracaso de las vías institucionales del sistema para dar voz a los movimientos y a sus demandas y con una profunda descomposición de la clase política en sus conjunto, incluyendo a la izquierda partidaria fracturada de los movimientos y las luchas populares.

El zapatismo ha leído claramente estas tendencias, es decir, la realidad política del país y ha lanzado entonces una ambiciosa iniciativa: La Sexta declaración de la Selva Lacandona y la otra campaña.

4. La sexta una estrategia: los nuevos desposeídos.

La propuesta zapatista, desde nuestro punto de vista, es una propuesta estratégica que asume las limitaciones estructurales del sistema de partidos, la descomposición de la izquierda partidaria, las limitaciones del Estado para transformar la realidad, la perspectiva de mediano y largo plazo de construcción de un polo de lucha nacional y global y las nuevas posibilidades, actores y resistencias que se abren con la diversidad de luchas en México y en el planeta.

La definición de izquierda anticapitalista reconoce la desarticulación de la izquierda institucional como alternativa y trata de cohesionar y construir alrededor de una posición crítica estructural, alejándose del sistema partidario.

La propuesta de la otra campaña reconoce la vastedad y diversidad de luchas que en México suceden, reconoce también su dispersión y su poca cohesión y trata de generar un mecanismo para construir lentamente ese polo de izquierda en México que aglutine a las resistencias.

Sólo una fuerza, un movimiento de movimientos que reúna a todas las luchas de abajo tendría la posibilidad de incidir en la disputa por la nación, que no está determinada por la próxima elección sino en la posibilidad de que un movimiento lo suficientemente amplio se reúna para luchar. Es por ello que se busca la construcción de un programa nacional de lucha, una base, un piso mínimo que pueda hacer converger lentamente a las resistencias en su estrategia y en su lucha. No necesariamente en una nueva organización, sino en un movimiento, diverso, heterogéneo, con distintas formas de pensar, de hacer política, de organización, pero unidos y convergiendo en un plan de lucha.

La Sexta Declaración propone la otra campaña, el programa nacional de lucha y la demanda de una nueva constitución, como vehículos estratégicos para potenciar ese movimiento.

Es una propuesta que intenta cambiar la correlación de fuerzas entre los de abajo y los poderosos, reconociendo que ese cambio no se logrará centrando la lucha en la institucionalidad. Esta correlación cambiará en medida que el tejido social, las redes de resistencia que ya existen, crezcan, se fortalezcan, construyan redes de redes, oponiéndose y presionando a lo institucional pero actuando de manera autónoma.

La Sexta Declaración de la Selva Lacandona es como todas las declaraciones de la Selva, una estrategia, una invitación, un llamado a participar en dicha estrategia que tiene dos grandes definiciones: no hay nada que hacer arriba con los poderosos. Pero sí hay mucho que hacer abajo, y a la izquierda.

5. El método de la otra campaña. Una nueva forma de hacer política.

La Sexta Declaración propone un objetivo: construir un programa nacional de lucha. Propone Un horizonte: generar las condiciones para un nuevo constituyente. Y propone un reto: hacer una nueva forma de hacer política. Ese resto es enfrentado con un método: aprender y escuchar. Y ese aprendizaje y esa escucha se realizan con una enorme acción: LA OTRA CAMPAÑA. Desde nuestro punto de vista la otra campaña abre enormes visos del reto de impulsar otra forma de hacer política. Aquí enunciamos sólo algunos.

Frente a la crisis de representación que se vive en el país, frente a la separación de la clase política de la sociedad civil, de los movimientos, de la multitud, del pueblo, el zapatismo propone una herramienta de representación y participación colectiva construida desde abajo, por los de abajo. Esa herramienta es “la otra campaña” que viene a intentar arrebatarle a la clase política la iniciativa, visibilizando a las pequeñas y múltiples resistencias y no a los candidatos y a las personalidades.

La propuesta de recorrer el país para construir un programa nacional de lucha, es una estrategia de movilización, articulación y organización que permita ir uniendo, construyendo o fortaleciendo redes, optando por mirar hacia abajo y no hacia la institucionalidad. La otra campaña apuesta a que abajo y a la izquierda hay mucho por hacer y es ahí, en los movimientos, en las resistencias, donde reside la posibilidad de transformación radical y no arriba en el Estado y sus partidos. La otra campaña es para recuperar la voz de abajo, para recuperar la iniciativa.

La otra campaña permite visibilizar las resistencias, los otros modos, las otras formas. Es en realidad de nuevo, hacer política alrevés: mientras las plazas se llenan de colores partidarios la otra campaña, demuestra que hay múltiples y diversas resistencias. Mientras las banderas y las matracas se agitan la otra campaña hace visible la resistencia por la tierra en Zapotlán en Hidalgo aquí, los presos políticos de oaxaca allá. Se hacen visibles los que no lo son: los pueblos indios, los jóvenes, los campesinos, las mujeres. Una forma de autonomía aquí, una resistencia obrera allá. Vemos la diversidad pero también la vastedad del movimiento, o mejor dicho de los movimientos.

La otra campaña permitirá la articulación de un segmento importante de los movimientos, asegurando que las luchas y los movimientos trabajemos en el largo plazo, después de la elección, pase lo que pase en ella.

La otra campaña permitirá articular a un segmento importante de los movimientos no con una acción o evento coyuntural o bien con una sola forma organizativa sino con un programa que sirva de crisol para las resistencias. El zapatismo intentó todo lo anterior, esta vez intentaremos la construcción del programa nacional de lucha.

La otra campaña invierte la relación política tradicional para construir lo que se supone que queremos. En la política tradicional, el votante es objeto, es número adherente de una propuesta construida de antemano. En la otra campaña el participante es sujeto activo en la construcción. Por eso es importante escuchar y no sólo hablar, porque de alguna manera traslada la construcción del programa a las voces de abajo.

La otra campaña es una brillante muestra del funcionamiento sistémico. Al hablar cada poblado, cada organización , cada individuo, y conocer los dolores y las luchas de las y los otros, de forma enormemente didáctica se comprende el funcionamiento del sistema basado en la explotación, la dominación, el despojo y la exclusión. Enseña también que la devastación del funcionamiento sistémicos es mucho más amplia y profunda de lo que pensamos.

La otra campaña es un método altamente subversivo ya que orienta la centralidad política en los de abajo y en los mecanismos de funcionamiento sistémico. Es una verdadera campaña política que articular una red de historias de dominación pero sobre todo de resistencias. Una red que visibiliza al otro México, que lucha y resiste en lugares y formas insospechados y que puede convertirse en un enorme movimiento de excluidos.

La hora de los de abajo.

Nosotros pensamos que en el contexto de la mundialización capitalista o globalización, el complejo sistema de redes jerárquicas, que es esta nueva sociedad global, excluye y expulsa a una parte de la población que experimenta procesos acelerados de polarización, marginación, pobreza y exclusión. La mundialización financiera subordina a sus intereses a las debilitadas pero todavía existentes formas industriales, reduciéndolas a su mínima expresión. La forma industrial de producción era también una forma de organización social, ligada estrechamente a una forma de Estado Nacional. Al desestructurarse y reorganizarse este complejo sistema, miles quedan fuera de las redes de bienestar que implicaban el llamado fordismo.

En el estado nacional -en el contexto de la mundialización financiera- se produce, además de una reconfiguración económica y de la producción, un reordenamiento de las funciones estatales. El estado reduce sus funciones sociales, por lo que esta doble maniobra, del estado y de la economía asfixia a distintas capas de la población. Se alcanza, aunque sea potencialmente, la escala más alta de desposesión.

Esta descolectivización, desindustrialización y reconfiguración estatal, expulsa a un conglomerado heterogéneo de sectores sociales, considerándolos los perdedores del modelo neoliberal.

Están surgiendo enormes capas de desposeídos en todos los estados-nación y en todas las latitudes del planeta: Algunos de estos nuevos excluídos sin embargo, se organizan y resisten. La otra campaña se dirige hacia todos ellos y ellas. Y son muchos. La otra campaña está reuniendo a muchos pueblos indios que oponen una lógica antisistémica de organización colectiva; está reuniendo a cientos de pequeñas luchas locales que defienden los últimos recursos: la madera, el agua, la tierra, los bosques, los ríos, los montes. Cientos de luchas viene a nuestra vista y que sabemos hoy que resisten en los lugares más alejados, más incomunicados. Aún ahí hay resistencias y luchas. La otra campaña reúne a un enorme conglomerado de la izquierda social y popular que en ciudades y poblados moviliza y organiza a la población en defensa de sus derechos pero también en defensa del medio ambiente. La otra campaña esta reuniendo a los excluidos, a los sin voz, a los marginados: graffiteros, sexoservidoras, punks, homosexuales y lesbianas: Todos encuentran un lugar en la otra campaña porque necesitan urgentemente de un espacio de articulación y organización frente al fracaso de la política institucional. Cansados muchos jóvenes de la política tradicional, la otra está reuniendo jóvenes y estudiantes de todos los estados del país.

La otra campaña crece, como único vehículo para los desposeídos, como única herramienta para dar voz a los sin voz, a los de abajo.

7. La séptima clave.

La séptima clave es una pregunta, un reto y una paradoja. La séptima clave son ustedes, somos nosotros, es México. La pregunta y si ustedes, si México sabrá escuchar a ese enorme movimiento que se está formando, ese movimiento que viene a hacer escuchar su voz, su propio ya basta. La séptima clave para entender la nueva fase zapatista es escuchar y aprender y abrir la posibilidad de construir un mundo otro, el mañana.


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