Documentación histórica

Zapatistas en Venecia. (1996)

Jaime Avilés, enviado, Venecia, 13 de septiembre ¤ ''Y ahora la traducción'', dijo esta tarde una eufórica maestra de ceremonias. ''¡Nooo! ¡Nooo!'', respondió la multitud que desbordaba la plaza de Santo Stefano, corazón de Venecia, donde ante una regata de banderas rojas y un océano de 30 mil cabezas, la Maribel zapatista acababa de decir en voz alta:

''En los suelos de Europa, en esta nación llamada Italia, los zapatistas que ya estamos en la capital mexicana, juntamos nuestros pasos a los de todos ustedes. Asi, hoy, 13 de septiembre, dos marchas rebeldes se encuentran. Dos continentes se vuelven a hermanar en la lucha. Aquí en Italia y allá en Mexico, luchamos contra el racismo y contra el separatismo. Aquí y allá, nos enfrentamos al sistema mundial que ha hecho del racismo una nueva religión. Aquí y allá, el neoliberalismo destruye a las naciones para apoderarse de ellas. Aquí y allá, se aplaude la crueldad y el cinismo. Aquí y allá, los ricos nos desprecian''.

Maribel agregó, siempre en castilla:

''En America y en Europa, la opresión que sufrimos es la misma. Pueden cambiar los colores, las lenguas, las culturas. Pero la opresión es la misma''.

Leyendo con fuerza, pero en ciertos tramos con gran lentitud, Maribel era oída en silencio. Y siguió diciendo: ''Porque ya no queremos que el crimen se festeje. Porque ya no queremos que la mentira sea una virtud. Queremos ser libres. Y la única forma de ser libres es serlo juntos. En este mundo no cabemos. El rico y el poderoso nos quieren echar porque le estorbamos. Pero no nos iremos''.

Por la boca de Maribel, era obvio, hablaba la voz de Marcos. La gente empezaba a entenderlo, pero de otra manera, como si la voz de Marcos estuviese, al mismo tiempo, hablando por ellos, desde ellos, italianos en lucha contra el proyecto secesionista que pretende convertir en un país llamado Padania, norte y el nordeste de Italia.

''El neoliberalismo destruye a las naciones para apoderarse de ellas. Pero no nos iremos'', repitió Maribel. ''Nos quedaremos. Lucharemos. Haremos otro mundo. Uno mejor. Uno más bueno''.

''Y ahora'', dijo la maestra de ceremonias, ''ahora, la traducción''. ''¡Nooo! ¡Nooo!'', rechazo por segunda vez, la gente que al mismo tiempo gritaba: ¡Zapata vive!, etcétera. Por tercera ocasión, antes de entrar en un propio asombro, del que pronto no iba a salir, la maestra de ceremonias propuso: ''Y ahora, la traducción''.

''!Nooo!'', clamó la gente de una vez por todas. En los altavoces, columpiándose en el rasgueo de una guitarra de allá, una voz cantaba el himno zapatista. Y la gente le hacía segunda: ''Vamos, vamos, vaaamos, vaamos adelaaante'', etcétera. Otro largo etcétera cabría aquí, asimismo, para abarcar los pucheros que hacía Maribel, la sonrisa de oreja a oreja en la boca de Fausto Bertinotti (secretario general del Partido Refundación Comunista, hombre idolatrado en esta plaza), la mirada satisfecha en los ojos de Gianfranco Bettin (vicealcalde de Venecia), y el pasamontañas negro en la cabeza de Luca Casarini (portavoz de la Asociación Ya Basta), pasamontañas que se repetían en las cabezas de muchos más, sobre las primeras filas de la muchedumbre, que ahora solicitaba a gritos ''Bertinotti, ¡Bandera Roja!'', lo que suponía una forma de llamar la atención de Bertinotti, guiñarle un ojo, enviarle un abrazo con el gesto de un puño.

Y es que Bertinotti había dicho: ''En México, el neoliberalismo intenta destruir a un pueblo indígena, para apoderarse de toda la riqueza que hay en Chiapas. En Italia quiere destruir los derechos de los trabajadores. Pero en México y en Italia, es la dignidad de los hombres la que se opone a la apoteosis del mercado''.

Y es que antes de llegar a este punto culminante, Bertinotti se había referido a quienes ''desean expulsar de su país imaginario de ricos, a obreros italianos que llevan 35 o 40 años trabajando en las fábricas de Milán, de Génova, de Turín'', y al oír el nombre de cada una de estas ciudades, que forman el triángulo industrial del norte de Italia, la plaza aprovechaba cada mención para pasar una inesperada lista de presentes.

Y es que antes de ser acogido en Venecia, con una admiración popular --tipo niños y ancianas pidiéndole autógrafos-, Bertinotti había desplegado las banderas más críticas de Refundación Comunista, para mover la góndola de la coalición de centro izquierda que gobierna este país, y que en estos días estudia cómo dejar en el desamparo a un importante sector de los jubilados, caritativa medida que el acuerdo de Maastrich exige a Italia, como requisito para hacerla entrar en el club de la moneda única europea.

Pero, como jefe del segundo partido que forma la mayoría parlamentaria sobre la cual flota el primer ministro Romano Prodi, Bertinotti, según observadores locales, podría hacer caer al gobierno centro izquierdista, en el que Refundación Comunista no ocupa cargo alguno, un detalle digno de tomar en cuenta, en caso de próximas elecciones.

Casas en el agua

Pero si Romano Prodi y la coalición del Olivo flotan o dejan de flotar, ese es un problema que nos les interesa a Maribel ni a Mesías, zapatistas invitados de honor en este encuentro, quienes anoche, mientras viajaban por los canales en una lancha del ayuntamiento veneciano, no podían entender cómo flotaban los palacios, y tal vez, por qué no se hundían con tanto turista encima.


Fuente: Periódico La Jornada 14 de septiembre de 1997