Documentación histórica

Entregó Marcos a Ramona a la Cocopa; la Cruz Roja se desligó a última hora. (1996)

Hermann Bellinghausen, enviado, San Cristóbal de las Casas, Chis., 10 de octubre ¤ La imagen lo dice todo. El huipil rojo hace ver grande el pequeño pecho, como en llamas, de la comandante Ramona. Una dulce mirada triste, que de pronto delata sonrisa, asoma tras el negro pasamontañas, mientras saluda con su brazo derecho en alto a la pequeña muchedumbre (¿500, 600?) reunida frente a la casa episcopal. Bajo el quicio de la puerta colonial que la acoge esta noche, de paso hacia la ciudad de México, la comandante Ramona arranca vivas y saludos. Con su otro brazo sostiene contra el pecho las dos rosas de papel crepé que le regaló esta mañana en La Realidad, al despedirla, el subcomandante Marcos.

"Todas somos Ramona'', dice un cartel al fondo de la plaza. "Ramona vive'', dice, sencillamente, otro. Con eso de que ya la habían dado por muerta hace más de un año en algunos medios, les debió parecer necesario a los comités civiles sancristobalenses recordar que Ramona vive.

La delegada zapatista al Congreso Nacional Indígena refrenda su condición de cono, de símbolo. Fundadora, hace 10 años, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los Altos de Chiapas, lucha hoy contra la muerte en su propio cuerpo.

(Esta mañana, todavía en La Realidad, el poeta Juan Bañuelos hacía referencia al poderoso valor que tienen las imágenes en la cultura indígena. En particular la maya. Y que Ramona, con su historia y su figura, encarnaba el drama de la rebelión zapatista. Que era un mensaje elocuente para el Congreso Indígena, para el gobierno, y para toda la gente de México. Entiendo que también Bañuelos estaba tratando de entender).

Cosas de la vida. Justamente Juan Bañuelos, como miembro de la Conai, acompaña a la comandante Ramona en el umbral de la curia. También él sonríe.

De pronto me descubro rodeado de varios indígenas, seguramente tzotziles, con el rostro radiante, que aplauden en silencio. De entre los Comités Civiles sancristobalenses, que en estos días y en esta plaza realizan unas jornadas por la paz, surge un grito:

"`No que no, sí que sí, ya llegamos hasta aquí''.

Ramona es la prueba viviente de que Numancia tiene salud.

De La Realidad "al frente''

A la una de la tarde, más o menos, salieron de Aguascalientes varios cientos de mujeres y niños con el rostro cubierto, así como decenas de insurgentes y milicianos, escoltando a la Comandante Ramona y al subcomandante Marcos. El mayor Moisés enarbolaba una bandera nacional. Otra bandera, plegada todavía, iba en las manos de Ramona, junto a las flores de papel. Caminaron hacia la escuela del pueblo, sobre el lodo de los prados. Iban diciendo consignas, así como les gustan por acá. Un joven cargaba la bocina, otro la batería de carro, otro el amplificador y otro más el micrófono. Con ese equipo de sonido ambulante, las bases de apoyo de varios pueblos de esta cañanda repetían:

"Ramona, presente, con la sociedad civil se va al frente''.

¿Cuál frente? El de batalla tal vez. De hecho, ella representa a un ejército campesino en rebeldía.

En el patio de la escuela aguardaban los legisladores de la Cocopa, los representantes del FZLN, El Barzón nacional, el PRD, el Sindicato Mexicano de Electricistas, la UPREZ, la CUT-PRP y otras organizaciones civiles o políticas.

Una lluvia de paradojas. La mujer símbolo indígena rompe un cerco cervantino. Los miembros de la Cocopa se han manifestado perplejos, conmovidos incluso. El panista Elizondo, el priísta Gómez Aranda, el perredista Chávez. Su agitada gestión de días recientes confluye ahora de manera inesperada. El petista José Narro, presidente de la Comisión legislativa, no sabe cómo comportarse cuando recibe a Ramona. Dice que ellos se encargarán de la seguridad de la delegada zapatista.

En nombre de la sociedad civil, Javier Elorriaga expresa que ella representa parte del corazón del Ejército Zapatista, "parte del corazón valiente''.

Marcos se inclina para abrazarla. No era esto lo que esperaba la Cocopa, según expresan algunos de sus miembros. Están tratando de entender.

Ya entregada por las bases de apoyo, Ramona camina hacia la Suburban que la sacará de la selva, y con sus sandalias de plástico cruza el puente del río de La Realidad. Una larga escolta de insurgentes y milicanos a caballo acompaña el conboy de camionetas hasta la subida que sale del poblado. Ellos van armados. Ella no.

Para apoyar esta imagen, la escatología del ¿azar? quiso que el día de hoy le ganaran los titulares de la prensa los macabros hallazgos en casa de Raúl Salinas: unos huesos presuntamente asesinados. Otra paradoja, claro. Las noticias del país de los ricos siempre les ganan a las noticias del país de los pobres. Pero ya se ve: no sólo los indígenas hablan con imágenes.

El duelo de las imágenes. Las reales y las virtuales. Las voluntarias y las involuntarias. Las grandes y las pequeñas. ¿Qué victoria podrían proclamar sobre la comandante Ramona las tropas acantonadas en Guadalupe Tepeyac, representadas en los dos soldados del Ejército que, armados, flanqueban el camino frente a la colonia militar al paso de la caravana de vehículos? ¿O los malencarados policías judiciales que observaron su paso desde la escalinata del que alguna vez fue ayuntamiento del municipio rebelde San Pedro de Michoacán?

La imagen ¿lo dice todo?.

Jaime Avilés, enviado, San Cristóbal de Las Casas, Chis., 10 de octubre ¤ Por "instrucciones de arriba'', la Cruz Roja Mexicana canceló su participación en el traslado de la muy enferma pero muy zapatista y bailadora comandante insurgente Ramona, desde el ejido La Realidad a la ciudad de San Cristóbal, donde pasará esta noche en la casa del obispo Samuel Ruiz.

La "decisión del centro'' no dejó de causar extrañeza a los diputados y senadores de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) que escoltaron a la dirigente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el primer tramo de su viaje a la ciudad de México, porque la asistencia de la Cruz Roja formaba parte de lo acordado entre los representantes del Poder Legislativo y la Secretaría de Gobernación, la noche del martes, cuando el Ejecutivo federal autorizó la visita de una delegación del EZLN a la capital de la República.

Prueba de que tal acuerdo existía es que el miércoles, a las 11 de la mañana, un emisario de la Cruz Roja partió de San Cristóbal hacia La Realidad, a donde llegó cuatro horas y media más tarde, para definir con la Cocopa el operativo del día siguiente, que sería de "rutina'', de La Realidad a Tuxtla Gutiérrez con una escala de 12 horas, la noche del jueves, en San Cristóbal.

Más aún, el enviado de la Cruz Roja quedó en regresar a La Realidad, hoy a las 12 del día, con tres vehículos de la Benemérita --uno de ellos con equipo de ambulancia--, y de hecho esta mañana acudió a la cita, con varias horas de antelación, para avisar que el operativo había sido suspendido.

Ramona: el dolor extremo

Estaba lindo el campo, che, y no hacía frío ni calor, a eso de las 11 de la mañana, cuando a la mitad del camino entre Las Margaritas y La Realidad, a través de la fina capa de polvo que recubría el parabrisas de la camioneta, vi en sentido contrario los símbolos de un carromato, por llamarlo así, de la Cruz Roja. Supuse, che, que el convoy de la comandante Ramona había salido de La Realidad mucho antes de lo previsto y encendí las luces para llamar la atención del chofer que se aproximaba.

El truco surtió efecto, porque el tal carromato se detuvo al cruzar junto al mío.

--¿Ya viene el convoy? --dije para acreditarme.

--Todavía se va a tardar --contestó el otro.

--¿Fuma? --dije ofreciendo.

Y en la breve conversa que comenzó cuando saqué el brazo para acercar la flamita del cerillo, supe que, en palabras del navegante de la llanura, la Cruz Roja estaba fuera de la jugada por "instrucciones de arriba''. Antes de la una, che, pasé bajo los arcos del triunfo que forman los árboles de La Realidad y alcancé a acercarme a la entrada del Aguascalientes cuando me advirtieron que la "entrega'' de Ramona a la Cocopa y a la sociedad civil se verificaría en la escuelita del pueblo. Acabada la ceremonia, trepé a la camioneta y vi que, en lugar de la Cruz Roja, había un vehículo de terapia intensiva. De inmediato pensé en las abultadas ojeras de Ramona, y recordé las palabras que el maestro Juan Bañuelos me había dicho la víspera:

--La decisión de mandar a Ramona como única integrante de la delegación zapatista al Congreso Nacional Indígena, representa la mezcla del valor extremo y del dolor extremo de los indios de mi tierra.

Pequeño picture road

Dos columnas de jinetes zapatistas, una encabezada por Marcos, la otra por el mayor Moisés, acompañaron a la caravana de vehículos hasta las afueras de La Realidad, mientras la gente y los paliacates, detrás de nosotros, seguían gritando: "Si a Ramona la maltratan.../ ¡los pueblos se levantan!''

Y nos pusimos en marcha. Al pasar por el campamento del Ejército Mexicano, en Guadalupe Tepeyac, había soldados a ambos lados del camino con una expresión que contrastaba con la sonrisa del alto y viejo oficial de pelo cano y tez oscura que agitaba la mano para saludar a los viajeros. Más adelante, en San José del Río, estaban todos formados a la orilla, gritando vivas y aplaudiendo con cálida discreción, y como además sonaba la marimba, la comandante Ramona, con todo el sufrimiento de su mal a cuestas, bajó del vehículo empuñando las tres rojas flores de papel que le había dado Marcos, y al percatarse del contento que suscitaba, y porque aquella era una fiesta, de pronto, che, comenzó a mover los piecitos y los bracitos y se puso a bailar como bailan los insurgentes de los Altos de Chiapas, lo que provocó una extraordinaria ovación de los insurgentes de la selva, que no bailan así pero qué importa.

Seguimos sin contratiempos, hasta que surgió el asfalto y la velocidad aumentó. Comenzaron a ocurrir cosas muy raras. En la gasolinera de Las Margaritas una patrulla de la Federal de Caminos se colocó a la vanguardia y abrió la sirena. Pero 18 kilómetros después, en las goteras de Comitán, la columna original se volvió de repente de lo más atractiva para diversas camionetas que empezaron a salir por todas partes.

Y si los días anteriores habían sido de forcejeo político, el resto del viaje a San Cristóbal fue de forcejeo en la autopista, sobre todo cuando poco antes de Amatenango otra patrulla de Caminos decidió meterse entre los vehículos de la retaguardia, con el asombroso fin de abrirle paso a una extraña camioneta negra con los vidrios polarizados, en la que iban un hombre y una mujer de aspecto más bien temible, che.

Más sorprendente resultaría aún que en cuanto la camioneta negra consiguió ensartarse en la caravana, la patrulla se quedó atrás hasta salir del espejo retrovisor que yo veía de reojo, mientras, delante de mí, los vehículos de la sociedad civil se desplegaban en las rectas, ocupando los dos carriles, para contener el ímpetu de la camioneta negra que luchaba con fiereza por emparejarse a la Suburban blanca de la comandante Ramona: algo que nunca logró. Pero no se pierda la continuación de esta aventura que, es pertinente preguntar a las autoridades, ¿continuará mañana, cuando la comitiva desafíe las 317 curvas de la escalofriante carretera a Tuxtla Gutiérrez.


Fuente: Periódico La Jornada 11 de octubre de 1996