Documentación histórica

Testimonios de combatientes en las montañas de Chiapas. (1994)

En el EZLN hombres y mujeres “combaten por igual”: Laura

Muchos se integraron a sus filas siendo jovencitos y recibieron educacion y adiestramiento.

Gaspar Morquecho, corresponsal. “Cuando yo vivía en mi casa con mi familia, yo no sabia nada. No sabia leer, no fui a la escuela, pero cuando me integre al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) aprendí a leer, todo lo que se hablar español, escribir, a leer y me entrene para hacer la guerra”, afirmo la capitana Elisa, una de las 12 mujeres que junto con cien insurgentes y milicianos armados recibieron a la prensa nacional y extranjera en una boscosa ladera.

Para llegar a ese lugar pasamos tres posiciones del EZLN que fueron enviando comunicados a los mandos que se encontraban mas adelante. Al llegar a una pequeña población nos dijeron que teníamos que esperar hora y media, pues “algunos” miembros del EZLN se estaban desplazando para encontrarnos; pidieron que no se tomaran fotografías ni se filmara la población.

Como a la 14:30 del martes un miliciano nos indico que podíamos continuar y que “mas adelante” nos esperaban. Dos vehículos se encontraban en la brecha y caminamos unos 400 metros hasta el lugar en que nos aguardaban.

Platicamos con Laura. Es tzeltal, tiene 21 años y desde hace tres es capitana de las tropas de asalto del EZLN Portaba un R-10. “Yo naci en mi pueblo”, crecí en la comunidad y pude estudiar hasta cuarto año de primaria; era muy chica cuando me entere del EZLN, trabajaba la tierra con las mujeres con las que nos juntábamos para producir algo de comida. Ahí empezó la platica donde entendimos la miseria y por que no podemos vivir mejor; ahí me reclutaron. Llegaban asesores para el estudio y entendimos y avanzamos”.

Laura se caso en la montaña. Afirma que no tiene hijos para poder estar en la lucha, y usa anticonceptivos. Las parejas se unen sin ceremonia alguna y solo tienen que informar al mando “para que todos sus compañeros estén informados”.

“Yo me inicie por conciencia, para pelear a favor de los pobres, pues no esta bien que se sigan muriendo los niños. Participe en los combates de Ocosingo y cuando llego el enemigo sentí mucho coraje, ganas de matar, gritar con coraje y darles para que se humillen como ellos nos han humillado a nosotros por tanto tiempo”, afirmo Laura.

Explico que en el EZLN hombres y mujeres combaten por igual, “estamos revueltos y no tenemos problemas con los hombres, nos tratan como compañeras y hay un respeto parejo de todos y compartimos todos los trabajos.”

Leonel tiene 21 años. Le preguntamos por que se integro al EZLN y dijo: “El pueblo anda buscando su organización, donde esta bueno. Yo trabaje en San Cristóbal de fontanero, de peón de albañil; miraba que el trabajo y la paga no checa, no da para vivir. Una vez que vine a mi pueblo por mis papeles para integrarme al Ejercito Federal, mi familia me dijo: mejor vete al EZLN”.

“Yo les dije que si y me metí a la montaña con un guía del pueblo que estaba organizado con el Ejercito Zapatista. Ahí me trataban bien, mas que en una familia. Empezaron a platicar que aqui estamos luchando por la pobreza. Cuando estuve ahí rápido lo entendí como estaba el problema y que había que tomar las armas”.

Elisa lleva cinco años en las montañas con el EZLN. Es bajita, como la mayoría de las indias tzeltales, y hace tres años se caso con un insurgente.

Elisa recuerda su vida de pequeña. “Vi como vive mi familia, de pura pobreza y nos organizamos para hacer la guerra, para vivir mejor. Luchamos por los 10 puntos: tierra, trabajo, techo, educación y pan dignos, por la libertad, democracia, paz, justicia y libertad.

“Queremos una vida mejor y por eso me integre al EZLN; por eso, si los campesinos no se organizan es muy duro para que consigan algo. Yo le quiero decir a la gente, a los pobres de Mexico que se unan para luchar, que nos ayuden. Nosotros luchamos para la gente pobre, para que vivan mejor, que se unan para hacer juntos la guerra para vivir mejor”.

El grupo acepta realizar algunas maniobras a petición de los reporteros de televisión y los fotógrafos. Rápidamente se desplazan en fila y se paran frente a los matorrales, a la orilla de un río. Reciben la orden de formar filas de tres en fondo, movimientos a los flancos, frente y presentación de armas. Se observa orden y disciplina.

El corresponsal de Liberation, Jean Francois Royer, apunta que sus armas son “muy diversas y de origen variado, algo viejas y chatarra construida. He observado AR-15, AK47 viejas y Stein, lo que quiere decir que tienen talleres y un buen trabajo de armería. Sus uniformes de manufactura rudimentaria están bien hechos y hay algunos cascos de tanqueros del Pacto de Varsovia”. Royer, quien ha cubierto las guerras en Centroamérica -principalmente en el Salvador- comento que” su armamento es muy inferior al del FMLN antes de la gran ofensiva del 89"

Desde que llegamos a la zona insistimos en que nos permitieran pasar la noche en algunos de los poblados, en espera de la posibilidad de una entrevista con un mando superior.

Por fin, a la seis y media de la tarde nos dan autorización para dormir en un poblado. Los compañeros periodistas y camarógrafo se habían retirado. Los insurgentes se habían descubierto el rostro y con una escolta de tres jóvenes armados llegamos al poblado.

El anfitrión tenia fiesta en su casa; era la “sentada del niño Dios”. En un pequeño cuarto de madera con teja había un altar con las imágenes de San Martín de Porres, un Cristo y Juan el Bautista. Lo adornaban banderitas de plástico de colores, hojas de palma y nochebuenas; una vela iluminaba el lugar.

Una pequeña batea de madera con un paliacate azul contenía al desnudo niño Dios. Al día siguiente estaba sentado, vestido y cubierto con el paliacate.

Esto es como una película, comento Royer: estar sentado a la mesa, frente a un altar, con la escolta armada, en una población indígena, comiendo frijol, tamales, tomando caldo de gallina y café.

Afuera la marimba sonaba. Eran las 19:30 horas; unas cuantas velas alumbraban y parejas de jovencitas bailaban alegremente. La lluvia que duro toda la noche, no interrumpió la procesión y la fiesta termino a las dos de la mañana. Al amanecer nos llevaron café caliente y pudimos platicar con los milicianos.

Estos brindan apoyo desde las comunidades, trabajan en la producción y, si “es necesario y nos llaman, también le entramos al combate, pues recibimos a veces cada 15 días adiestramiento”. Muchos milicianos participaron en las tomas de las plazas. Eran los armados con palos o sin arma alguna.

El testimonio de un tzeltal que no es insurgente ni miliciano fue el siguiente: “Yo apoyo, yo trabajo en la producción, ayudo en la carga de los alimentos y quiero seguir para ser miliciano”.

“Las comunidades mandan comida al EZLN en la montaña -nos explicaba un grupo de milicianos-; esto no es obligado, pues alla arriba estan nuestros hijos, nuestros hermanos, son nuestra carne y nuestra sangre”.


Fuente: Periódico La Jornada, Secc. El País, Pag. 3 Jueves 20 de Enero de 1994