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La historia de la falsa luz....

La historia de la falsa luz, la piedra y el maíz

    Hace ya mucho, sí. El tiempo aguardaba aún el tiempo de tiempo hacerse. Andaban los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los más primeros, como de por sí siempre andaban: a las carreras y en su apuradera. Porque resulta que estos primeros dioses largo habían tardado en sus bailaderas y cantaderas, y tardando estaban en hacerse a la Luna y el Sol, cuyo trabajo era dar luz y sombra al mundo que muy despacio se andaba. Entonces el Vucub-Caquix, el siete veces guardador de los siete colores primeros, se dio en pensarse que él era el Sol y la Luna, puesto que muchas y muy hermosas eran las luces de colores que lo vestían y, como alto se volaba, lejos llegaba su vista y, así le parecía, todo lo alcanzaba. Ya en la tierra se andaban los hombres y mujeres, pero no muy quedaban. O sea que los dioses primeros ya llevaban varias veces haciendo hombres y mujeres y pues nomás no les quedaban mero buenos. Como si aprendiendo estuvieran los más grandes dioses emborronaban el mundo haciendo y corrigiendo los hombres y mujeres que les nacían. Tiempo faltaba, pues, para que fueran hechos los hombres y mujeres de maíz, los verdaderos. Ocupados como estaban, no conocieron los primeros dioses lo que el Vucub-Caquix andaba diciendo y que ya quería que, como a luminosa luz, todos lo adoraran. Cuando lo supieron, los más grandes dioses tuvieron una gran idea: llamaron a dos jóvenes dioses y a dos viejos dioses para que en su lugar pusieran al Vucub-Caquix. Los dos muchachos dioses se llamaron Hunabkú e Ixbalanqué, que son los nombres con los que también se camina el cazador de la madrugada. Los dos dioses viejos eran Zaqui-Nin-Ac y Zaqui-Nimá-Tziis, la pareja creadora. Hunabkú e Ixbalanqué con cerbatana le lastimaron la boca al falso Sol-Luna que luz grande presumía. Grande fue el dolor de Vucub-Caquix, pero no cayó. Fueron entonces los antiguos creadores y le ofrecieron arreglarle la boca y le quitaron sus hermosos dientes, y por dientes de maíz los remplazaron y se le cayó la cara al Vucub-Caquix y ya le cegaron sus ojos y olvidó sus ansias de grandeza y quedó de por sí como ahora vuela estas montañas, como guacamaya de desordenado vuelo.

    Así fue de por sí, también en los pueblos hubo y hay quien Sol y Luna se cree, y grande y poderosa luz presume. Tal son el oro, el dinero y el poder político que con él como paso y destino se levanta. Su luz ciega y transforma, hace creer como cierto lo falso y esconde la verdad detrás de caras dobles. Cuando el dinero se hizo mentiroso dios sobre la tierra, sus falsos sacerdotes hicieron gobiernos y ejércitos para que la mentira durara. Así pasa de por sí, la historia sigue doliendo y esperando que jóvenes y viejos acuerdo hagan de herirle al dinero la boca de mentiras, y tumbarle los sangrantes colmillos. Con piedras y maíz como armas, jóvenes y viejos desnudarán al poder y piedra será entre las piedras, y hombre y mujer nomás entre los hombres y mujeres que de por sí andan la tierra. A esa lucha le llamarán guerra, siendo como será sólo una denuncia, un desenmascarar la mentira y un apagar la falsa luz que allá arriba, vana, reina.

    * * *

    Se queda en silencio el Viejo Antonio, me tiende la mano y, diciendo "Ya vine", se despide y se va. Al darme la mano, el Viejo Antonio ha dejado en la mía una pequeña piedra y un solitario grano de maíz.

    En la larga nagua de la noche, miles de luces aguardan, esperan...

    Golpes que buscan el silencio

   

    Desde las montañas del sureste mexicano

    Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del
    Ejército Zapatista de Liberación Nacional

    Subcomandante Insurgente Marcos