Documentación histórica

El diálogo, en peligro. (1995)

“La Jornada”, 20/abr/95

José Gil Olmos, enviado, y Elio Henríquez, corresponsal, San Andrés Larráinzar, Chis., 19 de abril.

Entre un camino formado por miles de indígenas que bajaron de las montañas, entre la noche y el frío que se cruzan en la colina, entre gritos de apoyo al EZLN y al subcomandante Marcos, los nueve delegados zapatistas llegaron a bordo de las camionetas de la Cruz Roja Internacional a la Casa del Pueblo de este municipio, donde una hoja de la historia de Chiapas ha comenzado a escribirse.

Llegaron en lapsos de 15 minutos. Los ocho sin armas, todos con pasamontañas, todos con paliacate. Cinco llevaban el traje blanco y sombreros de arcoiriris. Los otros tres con ropa limpia que contrastaba con la noche negra. Había llegado la delegación del EZLN, a al que aplaudían los indígenas, unos cinco mil, que salieron desde muy temprano de sus lejanas comunidades para dormir en San Andrés Larráinzar y cuidar a los suyos.

Entraron por la calle principal acordonada por los cuatro cinturones de seguridad. Frente a la iglesia dieron vuelta y los flashes de las cámaras fotográficas congelaron el instante en que el comandante Tacho comenzaba a saludar desde el interior del primer vehículo con una bandera de Cruz Roja que llegaba a la sede del dialogo.

Para entonces la Secretaría de Goberbación emitía un comunicado donde denunciaba que todos los indígenas eran simpatizantes del EZLN y que su actitud de apoyo “pondría en riesgo el inicio de las conversaciones de paz''.

Por la mañana, uno de los organizadores de los cinturones de seguridad denunció lo que muchos fotógrafos habían observado en el campamento militar ubicado en una colina a la entrada del poblado: los soldados que se habían apostado desde el 9 de febrero cambiaban sus uniformes para transformarse en los elementos de la Policía Militar que participarían en uno de los cordones de paz.

En la noche los indígenas de Los Altos ya se habían organizado para participar en la seguridad. Poco a poco, mujeres y hombres, de manera disciplinada, formaron hileras alrededor de la Casa del Pueblo y la cancha de basquetbol donde se contruyó la galera para recibir a las delegaciones del EZLN y del gobierno federal. La orden era no dejar pasar a nadie y la cumplían rigurosamente. Sólo quienes portaban la acreditación amarilla de prensa y verde de los organizadores podían acceder a sus respectivos lugares.

La llegada estaba prevista para las ocho de la noche, pero el primer contingente llegó una hora después, ante la inquietud de unos cien reporteros nacionales y extranjeros que esperaban frente a la Casa del Pueblo recién pintada de blanco.

A las nueve de la noche en punto llegó el primer grupo de vehículos. Acompañado por el escritor chiapaneco Juan Bañuelos arribó primero el comandante Tacho. Bajó lentamente del vehículo de la Cruz Roja Internacional y esperó unos momentos. Luego saludó a los reporteros antes de ingresar a la Casa del Pueblo.

En el segundo bloque llegaron dos delegados más del EZLN acompañados por Juana María de García Robles, otra de las integrantes de la Conai. Al igual que el comandante Tacho los otros dos comandantes, Zebedeo entre ellos, saludaron también a los fotógrafos antes de desaparecer en el resquicio de la puerta de la Casa del Pueblo.

El último grupo de cinco delegados del EZLN, vestidos con el traje típico de Los Altos -ropa blanca y sombrero multicolor- llegaron a bordo de una camioneta con la bandera de la Cruz Roja Internacional. Atrás, en otro vehículo los acompañaba el obispo Samuel Ruiz.

Los gritos de apoyo sonaron en la noche. "¡Viva el EZLN! ¡Viva el subcomandante Marcos! ¡Fuera el Ejército federal de la Selva! ¡Fuera el Ejército de Los Altos! ¡Arriba Amado Avendaño! ¡Muera el gobierno corrupto!'', se oyó en la voz de los indígenas.

Las voces de apoyo hicieron salir a los ocho delegados del EZLN. Todos se formaron en una hilera y levantaron sus manos. El comandante Tacho tomó el micrófono y agradeció la bienvenida. "Llegamos a salvó", les dijo y luego se despidió. El ambiente para el diálogo iniciaba festivo para una parte, molesto para la otra. Los minutos comenzaban a correr y la puerta de la sede del diálogo se cerraba en medio de la noche fría de San Andrés Larráinzar.


(Primera ronda de Diálogos en San Andrés)