Documentación histórica

El Primer Encuentro de San Andrés (19/4/95 - 24/4/95)

El inicio del diálogo estaba previsto para el día 20 de abril en San Andrés Larráinzar, localidad en la que se construyó, de manera provisional, la “Casa del Diálogo”, lugar que sería la sede del encuentro. El juzgado se acondicionó para que en él pudieran dormir los zapatistas, y la escuela para albergar a la prensa. Los representantes de la Secretaría Gobernación y la Cocopa ocuparon la presidencia municipal.

El Presidente Zedillo dio instrucciones directas para que Marco Antonio Bernal Gutiérrez fuera nombrado Coordinador para el Diálogo y Pacificación para Chiapas, y por tanto, jefe de la delegación gubernamental.

Los zapatistas llegaron a San Andrés en la noche del 19, acompañados por miembros de la Cruz Roja Internacional, de la CONAI y de la COCOPA. Se había establecido un dispositivo de seguridad para los traslados que reproducía el esquema que se había utilizado durante el Diálogo de la Catedral, en San Cristóbal, si bien, en esta ocasión, el primer cinturón, el más cercano a la delegación zapatista, estaba compuesto por miembros de la Cruz Roja Mexicana, el segundo por los habitantes de la localidad y ONG, y el tercero y último, por la policía militar.
Antes de que llegaran los zapatistas a San Andrés, llegaron más de 7.000 indígenas, bases de apoyo del EZLN, que acudieron para acompañar a la Comandancia y formar parte del cordón de seguridad. La llegada de un número tan elevado de personas causó una gran inquietud en la delegación del gobierno, ya que no había sido previsto en ninguno de los esquemas relativos al diálogo que se habían trazado ellos mismos. El nerviosismo llegó a tal grado que la Secretaría de Gobernación afirmó que la llegada de los simpatizantes del EZLN estaba violentando los acuerdos suscritos en San Miguel porque convertía el escenario de las conversaciones en un acto propagandístico de los zapatistas, y advirtió que de continuar esa situación se pondría en riesgo el inicio de las conversaciones de paz.

Así que, el día 20, no pudo iniciarse el diálogo tal y como estaba previsto.

En lugar de comenzar el esperado diálogo, se realizaron encuentros entre el gobierno, la COCOPA y la CONAI, y entre estos dos últimos y los zapatistas, con el fin de solucionar el problema. Se acordó crear un nuevo cordón de seguridad para alejar más a la Policía Militar de los miembros de la delegación del EZLN a cambio de lo cual, la mayoría de los campesinos deberían retirarse, quedando sólo un numero de ellos, integrados en el cordón de las ONG.

Al día siguiente, el EZLN emitió un comunicado en el que informaba que, como una prueba más de su voluntad de diálogo, había pedido a los coordinadores de los diferentes pueblos indígenas, presentes en San Andrés, el retiro a sus comunidades de origen, al tiempo que lamentaba que el Gobierno Federal hubiera tomado ese hecho, como pretexto para la suspensión de las conversaciones de paz.

Por fin, el diálogo comenzó el día 22 de abril con un orden del día que incluía la instalación oficial del diálogo, la aprobación de la agenda, la presentación del acta y memoria del pasado encuentro realizado en San Miguel y varios planteamientos generales.

El día 23, los zapatistas solicitaron tiempo para efectuar las consulta a sus bases sobre las medidas de distensión propuestas por la delegación gubernamental, por lo cual, el diálogo se interrumpió, quedando en volver a reanudarlo el 12 de mayo.

La propuesta del gobierno planteaba la reubicación de todos los efectivos zapatistas en tres lugares de Chiapas (Los Altos, La Meseta y La Selva), comprometiéndose a cambio a garantizar su seguridad física, así como proporcionarles alojamiento y víveres.

Los gobiernos federal, estatal y municipal también se comprometían a asumir varias medidas militares de distensión, como prueba de buena voluntad: reposicionar a sus fuerzas armadas y policiacas en las posiciones que ocupaban hasta el día 8 de febrero de 1995, no realizar operaciones militares ofensivas o policiacas y garantizar y respetar el libre tránsito de civiles y de los delegados del EZLN mientras durase el proceso de diálogo y negociación, así como a respetar la vida, la libertad y los bienes de los civiles simpatizantes del EZLN. También se comprometían a la creación de una Comisión de Vigilancia, formada por la Conai y representantes de la sociedad civil, que se encargarían de dar fe del cumplimiento de estos compromisos.

Por su parte, el EZLN se comprometió a mantener sus posiciones de montaña por todo el tiempo que durase el proceso de diálogo y negociación, a no realizar ningún movimiento de avance militar o toma de control militar sobre las posiciones que desocupara el Ejército Federal, ni sobre los territorios adyacentes a sus posiciones de montaña y a no instalar retenes, ni puestos de revisión, ni obstáculo alguno que impida el libre tránsito; tampoco instalaría guarniciones dentro de los poblados ni en sus inmediaciones ni tendría personal armado dentro de los poblados, comprometiéndose también a respetar la vida, libertad y bienes de los desplazados que se reintegraran a sus comunidades.