Documentación histórica

El Diálogo de la Catedral. (1994)

El domingo 20 de febrero, entre vivas y aplausos al EZLN de la gente que les esperaba, escoltados por patrullas de la Policía Federal de Caminos y vehículos de la Cruz Roja, 19 delegados zapatistas entraron de nuevo, por segunda vez desde el 1º de enero, en San Cristóbal de las Casas. Esta vez no se dirigieron al Palacio Municipal, sino a la Catedral, para iniciar el que fue el primer intento por llegar a la paz.

Desde Las Margaritas, Ocosingo y San Andrés Larráinzar, fueron llegando, en convoyes distintos, hasta la Catedral, a través de la calle Insurgentes, con sus rostro cubiertos con paliacates rojos y pasamontañas. Los habitantes de la ciudad, se volcaron a las calles para verles de nuevo, y llenaban la avenida Insurgentes, al portal de la plaza principal y a su calle lateral.
Desde horas antes de la llegada, la Catedral, re-bautizada después con el nombre de Catedral de la Paz, estaba rodeada por tres cinturones de seguridad, esquema que se repetirá después en el resto de los diálogos públicos: uno formado por la Policía Militar, otro por la Cruz Roja y el tercero en el que se encontraban representantes de organismos no gubernamentales, que habían acudido a la llamada del EZLN, para garantizar su seguridad..

El primer grupo, llegó a la ciudad dos minutos antes de las 12 de la mañana. En el vehículo viajaban Samuel Ruiz, mediador, Manuel Camacho Solís, Comisionado para la Paz en Chiapas, el Subcomandante Insugente Marcos y tres mujeres combatientes. Su llegada a la ciudad, estuvo acompañada por los vítores y los aplausos de la gente que estaba en la calle, y se hicieron más fuertes cuando descendió el primer delegado zapatista.

Manuel Camacho Solís y don Samuel habían bajado antes y se habían adelantado hasta la puerta de la Catedral, para recibir a los delegados con un apretón de manos. Poco después de la una de la tarde, se cerró la puerta de la catedral. Adentro, con el comisionado para la Paz, estaban Marcelo Ebrard, Alejandra Moreno Toscano, Juan Enríquez, Roberto Salcedo, Enrique Márquez e Ignacio Marbán, todos del equipo de Camacho.

El lunes, en la parte central de la catedral de San Cristóbal, empezó el trabajo. A las seis de la tarde, aparecieron, por la parte posterior del altar, Samuel Ruiz, Manuel Camacho y los 19 delegados del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN (CCRI-CC). Don Samuel explicó brevemente lo que habían hecho sus invitados el domingo y toda la mañana de este día e informó que, cada una de las parte, por separado, daría su punto de vista sobre las actividades realizadas, y considero que el inicio del diálogo era un momento histórico.

Cuando le tocó el turno al EZLN, Marcos se inclinó hacia su compañera Ramona, quien estaba de pie a su lado y tenía en sus manos, una bandera mexicana doblada. Marcos tomó la bandera y la desplegó sosteniéndola con las dos manos, en un gesto que tomó a todo el mundo por sorpresa. Unos segundos después, Camacho reaccionó, poniéndose en pie, y tomó uno de los extremos de la bandera, permaneciendo así, algunos minutos. Después, cada uno de los delegados zapatistas, se presentaron, y lo hicieron en su lengua materna. A continuación, Marcos habló y dijo que sus compañeros creían que era un buen momento "para que, en lugar de que hablara el fuego del fusil, hablara la palabra del corazón de los hombres verdaderos".

Serio, tenso incluso, Camacho reconoció que "El EZLN es una organización de chiapanecos, predominantemente indígenas. El punto clave de las negociaciones es que estamos pasando de la fuerza a la política; se está pasando de las armas al diálogo: están hablando las palabras y no las armas".

En los días siguientes, continuaron los trabajos. En rueda de prensa del martes, el Sup leyó un comunicado que provocó llanto y aplausos. Con una voz pausada, subiendo y bajando el tono leyó: "Cuando bajamos de las montañas, cargando a nuestras mochilas, a nuestros muertos y a nuestra historia, venimos a la ciudad a buscar la patria. La patria que nos había olvidado en el último rincón del país, el rincón más solitario, el más pobre, el más sucio, el peor."

Camacho Solís improvisó y no quedó atrás: "Después de todas estas semanas, me queda claro cuáles son los problemas que llevaron a la violencia en este estado... hoy lo importante es ver hacia adelante y construir una paz digna. La única manera de sacar adelante los problemas de Chiapas, con toda su repercusión para el país, es fortaleciendo las instituciones republicanas, porque éstas son fuertes en la medida en que escuchan a la sociedad y le dan respuesta nueva.

En el tiempo que permanecieron en la Catedral, recibieron a numerosos periodistas, así como a representantes de varios partidos políticos. Cuando Camacho aseguró que se había avanzado un 50% en los temas presentados por los zapatistas, estos se aclararon que "El 50% del pliego petitorio de las propuestas que ya salió, es local. La otra mitad es la que está tardando. La parte que está faltando es la más difícil del pliego de demandas. Los puntos más difíciles o más conflictivos son los que siguen ahora; es cuando más difícil se va a poner el diálogo porque ya son demandas que los compañeros piden no para ellos, sino para el país. Es decir, a partir de hoy, la agenda está en torno de las demandas de democracia, justicia y libertad. En concreto, el más fuerte es el que se refiere a democracia."

Cuando terminaron las conversaciones, los zapatistas volvieron a sus lugares de origen, y organizaron una consulta entre sus bases para decir sobre las propuestas del gobierno. Hicieron un alto en la consulta al declararse en alerta roja, ante el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. Finalmente, decidieron decir NO, y convocaron a la Convención Nacional Democrática.