Documentación histórica

Resumen Informativo sobre el Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo

03/01/2015: En colores nos bordó Ramona.-Crónica del Final/Inicio del Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías
02/01/2015: Festival de las Resistencias y Rebeldías contra el capitalismo, en San Cristóbal de las Casas.
02/01/2015: “Feliz cumpleaños, Adán”. En la Universidad de la Tierra, comienza la clausura de un festival que no termina.
31/12/2014: Inicia en Chiapas la penúltima compartición del Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo: “Donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”
31/12/2014: La lucha es para siempre.

25/12/2015: ¿De qué sirven las comparticiones?
25/12/2014: Un festival de lluvia y sol contra el capitalismo.
22/12/2014: “Lo que pasa en Xochicuautla es el espejo de lo que pasa en otros pueblos de todo el país”, pueblos originarios
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22/12/2014: Dos preguntas desde el Festival Mundial de las Rebeldías y las Resistencias.

 



En colores nos bordó Ramona. Crónica del Final/Inicio del Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías
Fuente: http://radiozapatista.org/
San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 3 de enero de 2015.
Eugenia Gutiérrez. Colectivo Radio Zapatista.

La visión de la comandanta

Si Ramona pudiera ver los frutos de lo que sembró, cuánto vería. Si escuchara la firmeza con que habla el Congreso Nacional Indígena que ella fundó, en cuántas palabras se reconocería. Todos los colores del bordado en que imaginó a cada adherente de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona pasarían de nuevo frente a sus ojos.

La fase Chiapas es la última parada del Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo, “donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”, pero se siente más como salida que como llegada. De Oventic a Jovel, miles de personas indignadas ensayan sonrisas nuevas para el año que comienza y el trabajo que falta. Ya sea en el caracol tzotzil-tzeltal o en la Unitierra mestiza, las sillas vacías de estudiantes normalistas están ocupadas por compromisos de articulación en serio. Los brazos de sus familiares en lucha no se cansan de cargar sus fotografías, pero tampoco se cansan de saludar, de abrazar, de aplaudir ideas. Faltan tres días para el noveno aniversario del fallecimiento de la comandanta, dolorosamente anunciado por el Sup Marcos en Tonalá cuando arrancaba la otra campaña. Nueve años y muchos agravios después, la Sexta nacional e internacional se perciben hoy más compañeras que nunca mientras se hermanan con el CNI.

El cambio de año

En Oventic baila hasta la niebla. Sube, baja, vuelve y se aleja. Nos tapa la luna, nos la muestra. Nos oculta de los demás y nos descubre a su antojo. Ella manda, pueblo obedece. Entre miles de bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional de rostro uniformado en negro, cabelleras abundantes o escasas de todos los colores brincotean sobre una cancha de básquet a ritmo de quebraditas, corridos y cumbias hasta llegar a un cover rebelde y cortito de Mi chica de humo. Se le canta mucho al Sup Pedro. Se le baila al maestro Galeano. “Se acaban muy rápido las canciones”, se quejan los bailantes. Burla de mi pueblo, Los neoliberales, Esperanzas del mañana, cualquier letra revolucionaria se disfruta formando trenecitos y víboras de la mar. Todas las edades, muchas lenguas, una sola convicción libertaria. “¿Ya se cansaron?”, preguntan Los originales de San Andrés para picar a su público. La respuesta multitudinaria siempre es “no”. Ya no cabe nadie pero cabe. Todavía no baja el frío. “¿Están contentos?”, inquiere a cada rato el vocalista con pasamontañas. La respuesta siempre es “sí”.

Llegan el frío y el aniversario 21 del alzamiento del EZLN al caracol Resistencia y Rebeldía por la Humanidad. Un 2014 tan luminoso como sombrío le entrega la estafeta a un 2015 que debe estar muy preocupado. En el atropello de reformas estructurales que nos robaron la soberanía nos encontramos. En la tragedia de estudiantes arrebatados nos conocimos. Fuimos hermanadas y articulados a fuerza de crímenes contra la tierra y sus habitantes, mientras los ojos del mundo miraron por fin un México desnudo que los acumuladores se empeñaban en mostrar muy bien vestido. Enterramos y desenterramos al maestro Galeano. Vimos caer y levantarse una escuelita, vimos enojarse un politécnico, renacer una, dos, muchas normales rurales. Vimos postergados los anhelos democráticos de los jóvenes de Hong Kong. El dolor de migrantes, mujeres y estudiantes nos enseñó a contar por arriba de cien mil. Las milpas se nos volvieron fosas y la tecnología nos mostró la decapitación cinematográfica de rehenes arrodillados por el Estado Islámico para que los vieran morir sus madres en alta definición. Supimos cuánto importa la vida de un joven negro en un país que pasó del “I have a dream” al “I have a drone”, como diría un feisbuquero. Perdimos a más de doscientas niñas en una escuela africana y a más de doscientos científicos en un avión asiático. Obama y Castro podrían asolearse sin problemas en Playa Girón. No sabemos. Tal vez lo sepa Francisco. Vimos sangrar a Ucrania, avanzar al ébola, retroceder a Escocia. Quienes podrían luchar en tierras calientes contra el gobierno que los mata optaron por luchar con él, y hoy lo lamentan. La ciudad de la esperanza nos molió a palos y nos encarceló. Nestora Salgado no fue liberada como le correspondía. El “Chapo” Guzmán descansó. La Tuta escapó. Vimos a Palestina rota otra vez. Oímos llorar y pelear al Kurdistán. Pacheco, Gelman y Gordimer se marcharon.

Pero en la alegría de conocernos nos reconocimos, nos reencontramos y rearticulamos. Cesa el baile y comienza la escucha. “El acto cívico” por el aniversario 21 del alzamiento se divide en siete números. Lo conduce ordenadamente una maestra de ceremonias. Honores a las banderas (la mexicana y la zapatista), entonación del himno nacional de México, palabras de Bertha Nava, una madre sin su hijo, palabras de Mario César González, un padre sin su hijo, mensaje del compañero Carlos por el CNI, mensaje del subcomandante insurgente Moisés por el EZLN, himno zapatista. A ritmo de dianas inherentes a estas tierras van llenando estoicos el templete los grupos invitados. Recibirán mensajes de admiración y apoyo. Serán abrazados, verdaderamente, por el zapatismo. El CNI habla con Ayotzinapa: “No están solos. Somos ustedes. Son nosotros”. Toca el turno al EZLN. Bajo lluvia sutil y niebla inconstante, el mensaje del Sup Moi es una bisagra que conecta delicadamente dos años. A diferencia de las balas del 94, en el fondo de la noche que se asoma detrás del vocero rebelde deducimos que ha llegado el 2015 porque retumban cohetones a lo lejos. Aquí todo es silencio y palabra.

Otro rebelde de voz imponente nos ofrece consignas patrióticas que también corean los internacionales. Se nos confunde el calendario con septiembre. Los “¡viva México!” nos reacomodan las emociones mientras estallan fuegos artificiales que en veces revientan en verde, blanco y rojo y en veces nos caen ardiendo casi en la cabeza. El mensaje zapatista de hoy ha sido demasiado zapatista. Hay que pensarlo, procesarlo de madrugada, entenderlo. Los puestos de comida generosa que se puede comprar y comer, hecha por manos generosas, reabrirán lodosos por la mañana del 1 de enero de 2015, primer día del resto de nuestras luchas.

La Jovel autónoma

El ejemplo del CIDECI-Unitierra cala y cunde. Este lugar casi mítico para quien sueña con espacios autogestivos nos recibe en San Cristóbal de las Casas como ya es costumbre, a corazón abierto, dejándonos grandes lecciones organizativas. La maravillosa música que siempre nos otorga el buen gusto del buen doctor Raymundo cede su lugar por dos días a un barullo de ritmos varios y conversaciones profundas. Entre puestos de vendimia justa y necesaria, del 2 al 3 de enero se inaugura una clausura de trabajos con palabras duras de familiares de normalistas e integrantes del CNI. A lo largo de dos días se sucederán relatorías, aclaraciones a las mismas, pronunciamientos, mensajes de presos políticos, proyección de documentales, propuestas, acuerdos, desacuerdos, transmisiones radiales y en video con entrevistas, recuento de luchas colectivas, tocadas exitosas de raperas y jaraneras, trabajo coordinado de medios libres, de comisiones de apoyo, de café y pan, de comida.

A la mitad del segundo día se despiden los familiares de los jóvenes atacados de Ayotzinapa. Mario César, Bertha y Omar coinciden en su agradecimiento al EZLN por haberles cedido su lugar, y también coinciden en señalar que no merecían ese privilegio, que no lo pidieron, que no es lo suyo el trato preferente, que habrían estado mejor en un rinconcito para que nos acompañara el zapatismo. Pero el zapatismo nos acompaña.

Aprendemos a nombrar en colectivo a nuestro enemigo común: el estado. “Nos tenemos que ir fortalecidos. Tenemos que construir”. El CNI se va fortalecido de regalos para construir. Agradece a Paulina la donación de libros sobre Justicia Autónoma Zapatista, Zona Selva-tzeltal, pero ella redirecciona el agradecimiento a quien se debe, las comunidades que ya se procuran justicia. Los medios libres les preparan discos compactos con información necesaria. Luego se despliega un mapa gigante de México lastimado donde unos talleristas mapean el despojo. La imagen terriblemente hermosa lleva por nombre “29 espejos”. Estos cartógrafos inconformes dicen que preparan otro mapa, el de las resistencias y las rebeldías que será “mucho más complejo”.

Y en adelante, pa’ delante. Las cuatro mil personas que convergieron durante doce días en cinco estados toman acuerdos en plenaria o en parejas, en grupitos, en lo individual. Desde las prisiones, nos han hablado por teléfono y nos han enviado cartas Alejandro Díaz Santis, Mario Luna y Fernando Jiménez Gutiérrez, un combativo yaqui de rudeza norteña que confiesa haber soltado una lágrima sobre el dibujo de un niño de cuatro años adherente de la Sexta. Las meras bases de mero abajo, ésas que tanto querían ver nuestros convocantes, llegaron y trabajaron desde el dolor y la rabia pero ya tienen que irse. A seguir trabajando, claro. Cuando atardece el 3 de enero se van dispersando las voces, se van vaciando los jardines. La calma volverá al CIDECI. Cargamos la chamba en las mochilas. Una amiga que tuvo el privilegio de conocer a la comandanta me contó que Ramona repetía una frase hasta la obsesión. Cinco palabras, con la cuarta alargadita: “Tenemos mucho trabajo. Muuuucho trabajo”.

El inesperado cielo claro que nos concedió jornadas tibias se deja abierto por la noche que nos despide y saluda al mismo tiempo. Una luna plena nos anuncia que se acercan las noches sin ella. Asoma entre cerros justo al momento del discurso final. Bajo su luz resaltan los matices que Ramona pronosticara en su último bordado. Venía trazado en colores y en colores nos define esta guerra continua que vivimos, la que ya no queremos vivir. En morado, tantos golpes. Luchamos en rojo y sangramos. En azul claro, azul maya, azul marino, la vida. Bailamos y cantamos en naranja. La generación que nos releva, en rosa intenso. En un tono indescriptible, el amor. En negro grisáceo, la noche de los presos, de las encarceladas. Nos abrazamos en blanco. En verde y café andamos la tierra. En amarillo maíz somos.

Festival de las Resistencias y Rebeldías contra el capitalismo, en San Cristóbal de las Casas.
http://www.pozol.org/?p=10177

Chiapas México. 2 de enero. El delegado del Congreso Nacional Indígena (CNI), José Luis Hernández inauguró la compartición del Festival de las Resistencias y las Rebeldías, en las instalaciones del CIDECI Unitierra, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. “Traemos la palabra de donde venimos y los lugares donde hemos estado”, explicó.

El representante del CNI compartió algunas de las cifras de las personas registradas en las diferentes cedes del encuentro: 1300 delegadas y delegados de 28 pueblos originarios de 20 estados del país y 2914 participantes de La Sexta nacional e internacional, de los cuales 736 son asistentes internacionales de 42 países y un total de 2178 provienen de los 32 estados de la república mexicana.

Ayotzinapa presente

Siguiendo la tónica de las comparticiones anteriores, los familiares y compañeros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa tomaron la palabra. En primer lugar Berta Navas, madre de uno de los estudiantes desaparecidos, describió con lágrimas en los ojos a su hijo, un estudiante muy humilde y trabajador. “Su único vicio era ser un maestro para venir a las comunidades como las de los compañeros”, recordó, y continuó hablando sobre la represión que sufren los maestros de las escuelas rurales: “Este gobierno no quiere gente preparada que lleve a las comunidades un mensaje”.

Berta Navas sobretodo se dirigió a todas las personas que han estado apoyando a los padres de los normalistas a lo largo de la búsqueda durante estos últimos tres meses. “De corazón a todas las personas que nos han recibido en sus comunidades muchas gracias, porque a mí nunca me han tendido la mano”. De igual forma especificó refiriéndose las intervenciones de los familiares de Ayotzinapa, en el festival de año nuevo en Oventic: “Fue un honor que nos dijeran que hablábamos en su lugar, fue el mejor honor que he recibido. Yo me siento pequeña ante todas estas personitas, y les pido que nos apoyen hoy y siempre. Para concluir, Berta Navas exclamó: “Que a nadie más le falte un hijo, que a nadie más le falte una familia”.

Cruz bautista, padre de otro de los normalistas desaparecidos, prosiguió a la intervención de Berta. Con sus palabras explicó cómo su familia se enteró de la desaparición del joven a través del periódico y apeló a todos los asistentes a compartir los sucesos: “Esperemos que con ayuda de ustedes esta información llegue a los barrios más pobres del país para que se den cuenta de las anomalías que hace el gobierno para desaparecer a personas que se manifiestan en su contra”.

A continuación, Bernabé Abraján, padre de Abraján de la Cruz, conmovió con sus palabras a todo el auditorio y consiguió arrancar lágrimas a varios de los asistentes. Su voz desgarrada recordó, públicamente, que hoy dos de febrero, sería el cumpleaños de su hijo desaparecido. “Nosotros hubiéramos querido estar compartiendo en este día su aniversario con todos sus familiares” alegó. Su voz, llena de rabia y sentimiento adivirtió claramente: “Hoy me doy cuenta que no solo es el estado de Guerrero, todos los estados tienen problemas con el gobierno”. Y añadió: “Hoy nosotros vamos a hacer justicia, a través de que nos organicemos todos unidos”.

Óscar García, hermano de Abel García Hernández, se dirigió a los asistentes explicando la difícil situación familiar que vive. “Mi mamá no puede hablar en español, solo en mixteco, por eso yo estoy aquí”. El joven continúa explicando cómo su mamá le pide que vuelva a casa, pero él “prefiere estar aquí luchando para volver a ver a su hermano”. Abel García Hernández quería ser maestro bilingüe, y su hermano, el que ahora habla en el CIDECI, quería ser militar pero explicó que ya no, que no quiere formar parte del narcogobierno. Como él, también Tlabertino Cruz, padre de un normalista desaparecido, también agradeció a los asistentes su presencia y pidieron apoyo a todos los reunidos.

Para finalizar, Omaro García, estudiante normalista recordó: “Nuestra historia tienen que ver con la resistencia y la rebeldía por construir un mundo distinto y para nosotros es un honor estar aquí en el CIDECI”. Y añadió: “No abrimos los ojos el 26 de septiembre, ya los teníamos abiertos”. Para finalizar explicó una anécdota sobre la despedida que tuvieron con el Subcomandante Moisés: “Le expresamos que también queríamos autonomía en las normales rurales y nos dijo que hasta no ver no creer”. El estudiante concluyó de la siguiente manera: “Asumimos que con el coraje y la determinación de miles de personas en todo el país eso será posible”.

La ceremonia de inauguración finalizó con un presente que la escuela Autónoma Emiliano Zapata de Huixtipec entregó a los familiares y compañeros de Ayotzinapa. Éstos leyeron un poema en Náhuatl que habla acerca de los normalistas desaparecidos y entregaron una pintura que les ha acompañado durante todo el festival y simboliza una virgen con varios símbolos náhuatles.

Entre las diversas intervenciones de los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, se tuvo la oportunidad de escuchar en directo a Mario Luna, preso activista del pueblo Yaqui. El compañero, expresó desde el Cerezo 2 de Hermosillo que “estemos donde estén seguimos firmes”. En referencia al mal gobierno, explicó que “Están esperando dejar caer en el olvido nuestra esperanza”. Además lanzó un mensaje de esperanza: “Podemos llegar a una forma de gobernarnos diferente a la de los políticos”.

Antonia Canuta.

“Feliz cumpleaños, Adán”. En la Universidad de la Tierra, comienza la clausura de un festival que no termina.
Fuente: http://radiozapatista.org/

San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 2 de enero de 2015.
Colectivo Radio Zapatista.

Siendo las 11:56 de la mañana del 2 de enero de 2015, comienzan los dos días de trabajo que clausurarán el Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo, “donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”. De nuevo los normalistas en primeras filas, cara a cara con sus familias y amigos, o con los rostros impresos de ellos mismos. Un millar de personas saturan el auditorio principal del generoso y autónomo CIDECI-Universidad de la Tierra. Se puede ver la transmisión en vivo en salones aledaños, el comedor, el aula Immanuel Wallerstein. Aquí dentro hay medios libres que se han organizado para cubrirlo todo: video, audio, texto, traducción, publicación y compilación, entrevistas. Una biblioteca en azul nos aloja.

Dentro del auditorio hay cabina para traducción simultánea a los idiomas que se pueda, mesoamericanos y europeos. Vibra un calor inusitado para un enero en San Cristóbal. Se nos entregan datos de asistencia a lo largo de estos días: 1,300 delegadas y delegados del CNI de 28 pueblos y 20 estados de la República Mexicana, 2,904 integrantes de la Sexta (2,168 nacionales de todo el país y 736 internacionales de 42 países).

Por las familias de los normalistas que nos faltan habla primero la señora Berta Nava, madre de Julio César Ramírez Nava, asesinado el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. Nos invita a tirar este gobierno “que tanto daño nos hace”. Con voz entrecortada recuerda anécdotas familiares que nos comparte. Antes no dejaba dormir a su hijo. Cuando lo identificó en Iguala sólo dijo “por fin vas a dormir”, aunque para ella “él siempre va a estar vivo”. Insiste en que el gobierno tiene a los muchachos, agradece al Ejército Zapatista de Liberación Nacional que le hayan cedido su lugar y nos asegura que “queremos gente preparada para que no nos sigan pisoteando”.

Mario Cruz es tío de Benjamín Ascencio Cruz, desaparecido. Son hablantes de náhuatl, así que el muchacho entró a la normal rural para “fortalecer su vocabulario” porque “quería conocer las variantes dialectales” de su lengua. Nos dice Mario que el gobierno culpa a la delincuencia organizada del secuestro de los jóvenes, “pero nosotros decimos el gobierno es la delincuencia organizada”.

Bernabé Abraján es padre de Adán Abraján de la Cruz. Nos cuenta que Adán se iba a casar el pasado 20 de diciembre, que tiene “esposa y dos hijos”, un varón de siete años, una niña de dos. Ella no sabe aún lo que ocurrió. Luego se le quiebra la voz para decirnos “hoy es cumpleaños de mi hijo” y deberíamos estarlo festejando. Don Bernabé nos informa que el dolor que vive México no sólo habita Guerrero. Se ha dado cuenta de que es todo México, por eso le suelta un “ya basta” a este gobierno y recupera la voz para exigirle “que nos dejen de estar pisoteando”. Se irá para informarle a su pueblo que todo el país está igual. Nos recuerda a los caídos en Iguala, a los heridos. Aldo sigue en coma. El rostro de Andrés sigue en reconstrucción. Y como el gobierno no lo hace, “nosotros somos los que vamos a hacer justicia” organizados.

Óscar García Hernández es hermano de Abel García Hernández. Se despidió para irse a estudiar y “ya no lo volvimos a ver”, se lamenta. Luego nos cuenta por qué no hemos visto a su madre. “Ella no puede venir porque ella no puede hablar en español”. Son mixtecos. Nos dice que su mamá le pide constantemente que regrese pero él no puede volver sin su hermano, no quiere, prefiere “estar aquí luchando” por encontrar a Abel. Dice que quería ser militar pero ya no quiere. “Yo prefiero ser otra cosa que un militar y desaparecer personas”. Luego nos relata dolores íntimos de su familia dispersa, migrante, desconocida. Hace once años que su madre no habla con otro de sus hermanos. La señora “ya no soporta tanto dolor”. Es demasiado.

Entre las voces de familiares de Ayotzinapa aparece la de un yaqui preso por defender el agua. Mario Luna visita el CIDECI a la distancia. Desde el penal que lo recluye en Sonora se enlaza en audio para decirnos que está limitado en su movilidad, pero que sigue luchando gracias al EZLN y al CNI que siguen firmes, a la Sexta que es “muestra de fortaleza y de vitalidad”. Con voz clara asegura que “estemos donde estemos seguimos firmes en nuestra convicción de estar libres” y “gobernarnos de una forma diferente” porque “cada vez somos más”. Para Ayotzinapa y el festival, lanza un “ánimo, compañeros”, un “seguimos firmes” que difumina los barrotes que nos separan.

Lambertino Cruz retoma las participaciones de Guerrero. Es breve. “Yo no sé hablar”, piensa él. Sus palabras lo contradicen. “A nombre de toda la familia de Ayotzinapa” agradece el apoyo que han recibido y necesitan recibir todavía para encontrar a los muchachos normalistas porque “el gobierno los tiene”.

Omar García habla por los estudiantes. Como alumno y maestro de normales combativas, reconoce la grandeza de la UNITIERRA. Luego nos cuenta lo que les dijo ayer el subcomandante insurgente Moisés cuando los despidió en Oventik, algo “muy interesante”. Los normalistas le dijeron al zapatista que también quieren la autonomía para sus escuelas normales rurales, y “nos dijo: hasta no ver, no creer”.

Casi para terminar este arranque de trabajos, retoma la palabra Bertha Nava. Nos informa que el 14 de diciembre acaba de ser lastimado otro estudiante por policías federales en Guerrero. Lo agredieron, lo patearon, casi lo matan. Sobrevivió porque un policía ya no consideró necesario seguirlo lastimando. Entonces nos pregunta: “Si los federales no tuvieron piedad de él, ¿por qué nosotros lo vamos a tener?”

Cierran las intervenciones integrantes de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata que vienen desde la mixteca poblana. Se preguntan “¿qué podemos compartirles?” a quienes tanto saben de lucha. Se responden “lo que somos, lo que seremos”. Un poema y una pintura. En náhuatl y español le hablan a cada quién: “Mañana, cuando muera, no quiero que sufras”, pues “desde el sol te enviaré buenos rayos de luz”. En colores entregan a Tonantzin.

Afuera del auditorio, en los reconfortantes jardines del CIDECI y entre el café caliente y el pan recién horneado siempre presentes, se escucha “soy Alexander Mora Venancio” repetido en distintas voces de hombres, de mujeres. Adentro, comienza la lectura maratónica de las relatorías para compartir lo que se compartió en Xochicuautla, Amilcingo y Monclova. Dentro y fuera de quienes hoy confluimos aquí flota un deseo sincero de “feliz año”, y de “feliz cumpleaños, Adán” para el muchacho ausente.


Inicia en Chiapas la penúltima compartición del Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo: “Donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”
http://www.pozol.org/?p=10165

31 de diciembre de 2014.
Oventik Chiapas, México. 31 de diciembre. Inicia en Chiapas la penúltima compartición del Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo: “Donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena (CNI).

Después de haber iniciado el pasado 21 de diciembre, en la comunidad de Xochicuautla estado de México y el 23 en Amilcingo Morelos, la reunión de pueblos originarios integrantes de CNI, se trasladó a la ciudad de México el día 24 y posteriormente el día 28 a Candelaria Campeche, para después arribar al Caracol zapatista de Oventik y continuar con el encuentro entre representantes de más de 25 pueblos indígenas y ciudadanos de 26 países, teniendo como invitados especiales a los padres y compañeros de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa Guerrero.
En Xochicucutla estado de México, integrantes del CNI dejaron claro que “El Estado mexicano en sus tres niveles, tiene responsabilidad de lo que está ocurriendo en el país, por su forma de actuar y no actuar, así como por ser fiador de la impunidad, debido a una política de doble discurso”.

De manera contundente la comunidad indígena otomí, expresa un No al paso de la autopista Toluca Naucalpan, no a la presa la Parota en Guerrero, no al el acueducto en Sonora, no a las mineras, no a la violación de derechos, no a la corrupción, y un SI al respeto, al amor, a la honestidad, a la humildad y a la vida misma.

Durante la compartición de Amilcingo, en el estado de Morelos, se narró la historia de lucha y resistencia de Amilcingo, Huexca, Jantetelco y otras comunidades contra la imposición del Plan Integral Morelos.

Durante la inauguración del Festival en la ciudad de México, diferentes particiapantes dieron la bienvenida a todos los asistentes y compartieron sus causas y el apoyo a las otras luchas presentes. Nicolás Flores, de la comunidad de Santa María de Ostula, en Aquila Michoacán compartió que la comunidad ha sido agredida por el estado para despojarles de su tierra, pero su policía comunitaria y la comunidad luchan por rescatarla y protegerla. Es por eso que son parte de CNI y adherentes a la Sexta del EZLN, “todos juntos nos vamos a hacer valer”, indicó.

Se añadió que en el caso de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, “hemos encontrado un reflejo de nuestro dolor, nuestra rabia y nuestra rebeldía…Somos campesinos de lucha que no vamos a dejar de luchar por nuestra tierra… Y por eso aquí nos encontramos.”

En las distintas carpas y escenarios, se llevaron a cabo presentaciones artísticas, y talleres acerca de las diferentes maneras de resistir al modelo económico capitalista como: Huertos urbanos para la soberanía alimentaria, toallas y pañales ecológicos para reducir consumo y los residuos, telar de cintura, grabado, pintura y procesos de autogestión, entre otros. Desde la diversidad, el festival muestra las diferentes maneras de construir y actuar en colectivo frente a un sistema que divide y destruye. Posteriormente el día 26 de diciembre se llevó a cabo un concierto donde participaron cantantes y bandas solidarias con las causas de los pueblos en el Festival.

Los días 28 y 29 de diciembre los pueblos, comunidades, colonias, colectivos, individuos y luchas de la Península de Yucatán, se reunieron para continuar las comparticiones en la comunidad de Monclova, del municipio de Candelaria, en Campeche.

Los días 2 y 3 de enero del 2015 se realizará la plenaria de conclusiones, acuerdos y pronunciamientos en el CIDECI, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.


“La lucha es para siempre”, afirma la Sexta desde Campeche
Fuente: http://radiozapatista.org/
31 de diciembre de 2014. San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Eugenia Gutiérrez. Colectivo Radio Zapatista.

Y no podía faltar el paraíso, ese que vamos recuperando, este “jardín del edén” que agradeció un asistente al Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo en su fase Monclova, La Candelaria, Campeche. Si bajó desde las cálidas montañas heladas de Xochi a la tibieza fuerte de Amilcingo, si pasó por la gran Tenochtitlán, cómo no iba a cobijarse en las tierras mayas que vieron morir a Cuauhtémoc por el miedo de un Cortés abrumado en su expedición a las Hibueras, a las Honduras de humedales más bajos que el mar.

Ubicada a unos kilómetros del gran sitio arqueológico El Tigre, la sencilla Monclova recibe del 27 al 30 de diciembre a unas mil personas que saben de represión, despojo, desprecio y explotación y que se declaran listas para la defensa organizada de sus países y su planeta. Entreveradas en un bosquecito de Tecas que tapizan el suelo con sus hojas enormes, las voces de adherentes a la Sexta, de exalumnas y exalumnos de la escuela zapatista por la libertad, de presos políticos, de integrantes del Congreso Nacional Indígena y de familiares y amigos de normalistas atacados en Guerrero se escuchan frescas por un rato mientras rebotan en los árboles los 29 espejos de la lucha indígena hermanada con el zapatismo.

La hospitalidad de adherentes campechanos ya no sorprende a nadie. Ha sido regla de conducta a lo largo de diez días de compartición y aprendizaje. Hasta las letrinas son bonitas. Como que huelen a hierbabuena. Cada quien surte su regadera con el agua cristalina de un río al que nos sugieren no entrar porque aún tiene lagartos –muy amables con los humanos, por cierto, pues sólo se llevan a los perritos. En el río reposan tranquilos los lirios en flor que sacralizaron los mayas de antes por ser la entrada a un inframundo inquieto donde los muertos viven una vida muy agitada.

Pero como pasa con cualquier paraíso, pues lo perdemos pronto. Queríamos naturaleza, agua, tierra y las tuvimos. Afortunadamente no falta la carpa de un circo que pasaba por ahí, que se instaló en medio de todo, junto a la cocina. Un circo sin animales, esperamos. Por eso los trabajos del segundo día se realizan al abrigo de un escenario con cuerda floja, reflectores y telón de fondo brillante en rojo y amarillo. Ahí compartimos alegrías y dolores entre palomitas y nachos con queso fundido.

La dinámica es similar a las de Xochicuautla y Amilcingo, pero este contexto tan madre tierra hace que se escuche con fuerza notable el clamor de quienes saben que nuestro planeta está en guerra, la que la humanidad torcida le ha declarado. No cesa el recuento de los daños hacia todos los elementos que nos constituyen. Al llamado de “que retumbe por todo el mundo el eco de nuestras resistencias”, la lista de agravios se vuelve interminable. La megadestrucción que causan los megaproyectos abarca tierras de cultivo, viviendas, lagunas, manglares, lagos, ríos, mares, sitios arqueológicos, montañas sagradas, cielos y pozos.

Desde el penal de San Pedro Cholula, Puebla, preso por haberse atrevido a defender nuestra ancestría, Juan Carlos Flores opina que la “crisis civilizatoria” que vivimos equivale a la amenaza de una bomba atómica. Pero la lista de agravios nos deja pensando que el problema ya rebasa a Hiroshima. Que el problema es Nagasaki, la destrucción disfrutada, gozada, el exterminio planeado desde la conciencia inmunda del daño que se causa.

Además del ecocidio, el genocidio, el feminicidio que nos son tan familiares, en las participaciones surgen nuevas categorías de muerte, como el juvenicidio. Los nombres de los responsables son los de siempre: compañías mineras, TV Azteca, Sagarpa, Conafor, Profepa, Semarnat, “caballeros” templarios, diputados, senadores, gobernadores de cualquier lugar, Ocean Garden, Antorcha Campesina, PGR, MacDonald’s, Registro Agrario Nacional, Comisión Federal de Electricidad. Hay gente asesinada, encarcelada, desaparecida, perseguida. Por ello, “el estado cuenta con nuestro repudio”.

Pero “somos los hijos del maíz que no han podido destruir”. Así que cuando se trata de ataques a los pueblos y los colectivos no faltan las ideas para resistir, “porque donde ellos reprimen, nosotros nos organizamos”. Y en lo que respecta al planeta que habitamos, no faltan las ideas para su defensa. “Nosotros somos vida’, por eso debemos defenderla. Desde distintas partes de México y del mundo se escuchan historias de trabajo llenas de imaginación. Ya sea desde el sur del sur o en el mero corazón del capitalismo, el entusiasmo no se apaga. Con los normalistas que nos faltan y sus familias que nos acompañan, oímos que abundan las radios comunitarias, los proyectos informativos libres y rebeldes, el no pago de impuestos prediales ni de cargos excesivos por consumo de energía eléctrica. Escuchamos que desde 1920 se defiende la tierra en el valle del Mezquital; que desde el siglo XVIII se siguen los pasos de Jacinto Canek en Yucatán; que desde 1693 se resiste desde Tula, Hidalgo; que con 32 muertos sigue en pie Santa María Ostula; que desde 1733 pelean los wirárika por el reconocimiento de sus títulos virreinales; que desde el paso del delegado Zero por La Candelaria en 2006, ahí no se paga la luz; que hace apenas unos meses se organizaron grupos juveniles en Monterrey. Uno de sus poetas describe el México de hoy y nos propone sarcástico “vamos a jugar” a que todo fue un juego. “Uno, dos… bienvenidos a nuestras posguerras”.

De manera natural se llega al consenso de que “todos así aislados estamos impotentes, pero ya juntándonos nos hacemos fuertes”. Nos lo demuestran los nodos y las redes solidarias con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional o con la lucha de Ayotzinapa que aglutinan a 45 países o a veinte colectivos y que ya no quieren ser solidarios nada más. Hay muchachos de colores del congreso de pueblos de Colombia. Él se llama Verde. Ella, Melodía. Se oyen muchos antis y pocos pros. Decenas de grupos se definen anticapitalistas, antifascistas, antisexistas o antipatriarcales, pero todavía parece faltarnos un pro aglutinante hasta que alguien se avienta a nombrarnos, por primera vez, “comunidad zapatista”.

Nuestros puntos de desencuentro son pocos aunque grandes. Una intervención bienintencionada invita a los compañeros a tratar con respeto a las compañeras, “como adelitas”. Su propuesta se recibe con aplausos y sonrisas. Pero las que no nacimos para adelitas cruzamos miradas serias por lo que sentimos que falta. Como ha ocurrido en las otras sedes de esta compartición, el Congreso Nacional Indígena entrega una representación de Guadalupe que simboliza a la madre tierra de los creyentes, la Tonantzin (o madrecita) en náhuatl. Muchos adherentes aplauden este consuelo de la virgen rebelde y en resistencia. Las que no creemos en la virginidad deificada respetamos el gesto y observamos, sin que nos espere un consuelo divino.

Nuestros puntos de encuentro son grandes y muchos. Coreamos algo en filipino, cantamos un poco en portugués y gritamos consignas en lenguas que no entendemos y no hace falta entender porque dicen lo mismo: “vivos los queremos”. Nos vamos de este circo amable, tan solemne y tan informal a la vez, para celebrar 21 años de dignidad zapatista en Oventik, el caracol donde hace décadas se nos informó bajo otra luna esplendente que “detrás de nosotros estamos ustedes”.

El encuentro en Campeche cierra como abrió, con las palabras graves de los familiares de los jóvenes de Ayotzinapa. Estudiantes sobrevivientes de la masacre nos avisan del cambio de nombre de su normal rural, que ahora será la rebelde y autónoma “Lucio Cabañas”. El CNI resume con sabiduría lo que hemos compartido, mientras concluye que “la lucha es para siempre”.

Nos llevamos las palabras de Edith, la hermana y amiga que no se cansa de predicar el otro mundo posible que, ahora sabemos, no es un lugar. Es una forma de ser, de actuar y de vivir. 

¿De qué sirven las comparticiones?
Fuente: http://radiozapatista.org

Xochicuautla, 23 de diciembre de 2014
Alejandro Reyes, Colectivo Radio Zapatista

“Nosotros sabemos que lo que le hagan a la tribu yaqui se lo van a querer hacer a todos los pueblos indígenas de México. Que lo que le hagan a los normalistas de Ayotzinapa se lo van a querer hacer a todos los estudiantes de México. Que lo que le hagan a los pueblos indígenas y a los estudiantes se lo van a querer hacer a todos los mexicanos.”

Representante de la tribu yaqui


El 8 de agosto, en San Cristóbal de Las Casas y en los alrededores sobrevolaban helicópteros militares y en San Juan Chamula el presidente de México y el gobernador de Chiapas se disfrazaban de indígenas tsotsiles. “Ratificamos hoy más que nunca nuestro compromiso…”, sonaron las palabras, huecas, sin traducción y sin ningún vínculo con la realidad. Mientras eso, en el caracol de La Realidad, en la selva lacandona, se llevaba a cabo la compartición entre 28 pueblos originarios de México organizados en el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el EZLN.

La palabra compartición no existe en los diccionarios, aunque se anuncia que se incluirá en la 23ª edición del de la Real Academia Española. En ese diccionario la definición será: “Acción y efecto de compartir”. Pero para los zapatistas y los pueblos indígenas la compartición es algo mucho más profundo y tiene un sentido político. Para entenderlo, habría que escribir un ensayo. O no. Para entenderlo, hay que practicar la compartición, cueste lo que cueste. Y cuesta. Tan es así, que desde el poder se hizo todo lo posible para evitar que se realizara la compartición entre el CNI y el EZLN. Primero con el ataque por parte de miembros de la CIOAC Histórica al caracol de La Realidad y el asesinato del maestro Galeano, justo tres semanas antes de que iniciara la compartición planeada para finales de mayo, y que por eso se tuvo que posponer. Después, las agresiones, amenazas y desplazamiento forzado, por parte de paramilitares de la ORCAO, a varias comunidades pertenecientes al caracol de la Garrucha, que empezaron a una semana del inicio de la compartición (reprogramada para agosto) y que continuaron durante el evento. Y, finalmente, con el simulacro mediático de la aparición de Peña Nieto y Manuel Velasco en Chamula justo el último día de la compartición.

Compartición es el encuentro de dolores y rabias en un país que se desmorona, en un país poblado de horrores en que la indignación acumulada finalmente se desborda y sale a las calles ante los asesinatos y desapariciones cometidas por el narcoestado contra los normalistas de Ayotzinapa. Pero compartición es también el encuentro de dignidades y de alternativas de vida ante la muerte impuesta desde el poder.

Una de las resoluciones de la compartición entre el CNI y el EZLN en agosto en La Realidad fue la creación de una gran compartición: el Festival mundial de las resistencias y rebeldías contra el capitalismo “Donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”, que inició el 21 de diciembre en la comunidad de Xochicuautla, Estado de México, y que terminará en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el 3 de enero de 2015.

Aquí, en Xochicuautla, comunidad hñähñu amenazada en su territorio y cultura por el megaproyecto carretero Toluca-Naucalpan impulsado por el otrora gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, se reunieron durante dos días cientos de delegados de pueblos indígenas de todo el país y de organizaciones y colectivos en México y el mundo. Como invitados especiales estaban los familiares de los normalistas desaparecidos, heridos y asesinados de Ayotzinapa. “Mi hermano, tan alegre que iba, se despidió de la familia contento porque iba a ser un gran maestro”, escuchamos, y las sillas vacías frente al altar, reservadas a los normalistas desaparecidos, son un dolor presente en todas y todos. Pero del dolor y la rabia nace también la esperanza, la convicción de que, para cambiar este país y este mundo, hay que construir alternativas de vida fuera de la lógica del capital y el Estado.

Así escuchamos a Miguel Sánchez, totonacú de la sierra norte de Puebla, quien cuenta que hace tres años la lucha contra el despojo de su territorio se inició con diez personas que se instalaron durante tres días en un plantón contra un proyecto ganadero impulsado por la Sagarpa. El éxito de su atrevimiento los inspiró a organizarse meses después, cuando el gobierno anunció grandes proyectos que supuestamente traerían el progreso a la región, en particular una planta hidroeléctrica sobre el río Ajajalpan, municipio de Olintla, un emprendimiento del Grupo México. Los viejos no sabían qué era una hidroeléctrica, así que convocaron a los jóvenes. Éstos investigaron e informaron que generaría energía, pero que significaría la destrucción de sus tierras. Cuando las máquinas llegaron en diciembre de 2012, ocho mujeres de la comunidad de Ignacio Zaragoza se plantaron frente a ellas y pronto se unieron campesinos de otras comunidades. A finales de 2013, lograron la cancelación del proyecto. Pero quizás lo más importante haya sido la organización de los pueblos, que hoy resiste a la imposición de megaproyectos que afectan a decenas de miles de hectáreas. Más de 10 proyectos hidroeléctricos, más de 100 concesiones mineras, carreteras y puertos para facilitar el despojo, acueductos que benefician complejos industriales, ciudades rurales para lidiar con el desplazamiento forzado, técnicas extractivas devastadoras como el fracking. Todo eso aunado a la reforma energética, que elimina las defensas legales del territorio por los pueblos, a la represión militar y policial y a la connivencia entre éstas, el crimen organizado y las grandes empresas.

Norberto Cruz Florentino, hñähñu de Querétaro, relata que en 1995 y 1996, miembros de la comunidad se formaron el Frente Independiente de Organizaciones Sociales, y por considerarse pro zapatistas fueron fuertemente reprimidos y varios de ellos fueron encarcelados. La represión logró desarticularlos, pero hace unos años lograron reconstituirse en el Frente Estatal de Lucha. Tras una consulta, las tres regiones organizadas decidieron impulsar el Programa de desarrollo integral, que abarca salud, educación, vivienda, producción, cultura y deporte. Se trata de un proyecto de autonomía en el que las asambleas comunitarias deciden qué se necesita y se organizan sin pedirle nada al gobierno.

En el Distrito Federal, el Movimiento de Pueblos, Comunidades y Organizaciones Indígenas se organizan desde hace cinco años para construir comunidad y defender los derechos de los pueblos indígenas en la ciudad de México. Una compañera, que era ambulante en la Alameda, cuenta que nadie les avisó que renovarían el espacio y serían expulsados. Acudieron a la delegación, pero las y los ignoraron, y ahora les decomisan la mercancía cuando intentan trabajar en otros espacios. “Yo como mujer estoy tan enojada, tan indignada”, dice, y añade: “Ya no tenemos miedo de ellos porque el pueblo es el que manda, no ellos”. El tata purépecha Juan Francisco, narra uno de los miembros del Movimiento, decía: “Haz de tu vida en la ciudad una lucha, pero no luches contra las personas, lucha contra las ideas del turish, que tus flechas den contra esas formas de pensar, si piensas en el nosotros, resistirá la razón, recuerda que por pensar en el nosotros es que todavía existimos.”

En Sonora, la tribu yaqui lleva una lucha a muerte contra el Acueducto Independencia, que arrebata más de mil metros cúbicos por segundo de agua del río Yaqui, fuente de vida para los yaquis, a pesar de su ilegalidad. Tres controversias constitucionales, siete juicios de amparo y la consulta ambiental ordenada por la Suprema Corte no han logrado detener la operación del acueducto. En vez de eso, la represión ha caído sobre los luchadores yaquis. Desde hace meses, Mario Luna y Fernando Jiménez Gutiérrez están presos, con delitos fabricados. La hermana de Fernando lee una carta escrita desde la cárcel: “No nos cansaremos, no callaremos y jamás claudicaremos por la lealtad a nuestros ancestros caídos, a los cuales honraremos defendiendo lo que a ellos les costó casi el exterminio en el pasado. Hoy nuestra encomienda es igual: velar por nuestro territorio y nuestro río hasta que quede el último yaqui en pie.”

En otras partes del mundo la resistencia contra los proyectos de muerte y la construcción de alternativas de vida se reproducen. La Zona que Defender, de Notre Dame de Londres, Francia, lucha contra la construcción de un aeropuerto en una región que no sólo es fuente importante de agua, sino que alberga una población de fauna en peligro de extinción. Miles de heridos, un muerto y una brutal represión no han logrado destruir la organización, que se inspira en las luchas autonomistas en México. En tarjetas postales presentadas en el Festival, los miembros del movimiento mandan 117 mensajes de solidaridad.

En Canadá, la Red de Solidaridad contra la Injusticia Minera lucha contra las mineras canadienses que destruyen territorios tanto en Canadá como en muchas partes el mundo y apoyan a las comunidades afectadas. Nadie es Ilegal y Solidaridad sin Fronteras luchan por la justicia migrante. Con migrantes indocumentados en Canadá, promueven proyectos de defensa de los derechos migrantes, pero también contra las actividades canadienses en el exterior que fomentan el desplazamiento forzado. Activistas indígenas de ese país vinculan su lucha a la de los pueblos originarios del continente, así como a los elementos globales del despojo (mineras, tratados de libre comercio, migración, etc.).

La Federación Anarquista de Francia lucha contra la violencia policial, los proyectos de muerte como aeropuertos y minas y el crecimiento del fascismo en Europa. La Red Internacional de la Lengua Francesa reúne colectivos y organizaciones al rededor del mundo y se inspiran en la autonomía zapatista. En julio de 2014, colectivos e individuos, algunos de ellos estudiantes en la Escuelita de la libertad según l@s zapatistas, organizaron una compartición en el sur de Francia, en la que se compartieron experiencias autónomas las más variadas.

Éstas son sólo algunas de las experiencias compartidas en esta primera fase del Festival de las resistencias y rebeldías contra el capitalismo. En el clima de festividad indignada del cierre, después de que los niños rompieron una piñata con el rostro de Peña Nieto y las compañeras que durante tres días dedicaron su esfuerzo a alimentar a los cientos de asistentes nos ofrecieran un baile, salimos todas y todos con el llanto del dolor atravesado y la esperanza de seguir creyendo que otro mundo es posible.

Un festival de lluvia y sol contra el capitalismo.
Fuente: http://radiozapatista.org/

25 de diciembre de 2014.
Eugenia Gutiérrez. Colectivo Radio Zapatista.

Nos cayó la autonomía, se nos vino encima como la lluvia interminable de una noche que fue buena por rebelde y resistente. Unas mil personas que se autodefinen libres celebran sus experiencias de trabajo independiente en el lienzo charro de una Iztapalapa que hoy quiere volver a ser lago. Este 24 de diciembre de frente frío y mojado nos reúne desde la mañana bajo lonas gigantescas que soportan viento y agua. Amenazan con colapsar cuando nos llega el aguacero por la tarde, pero aguantan. Una pobrecita rata de verdad, sin traje y corbata, se quema mordisqueando un generador de luz y nos deja sin la mitad de la corriente eléctrica desde temprano. Pero los micrófonos necesarios funcionan, así que la etapa chilanga del Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo, “donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos” arranca porque arranca.

Pasado el mediodía se inaugura este festejo de emociones agridulces. En primeras filas se sientan los normalistas que nos faltan. La bienvenida nos la dan Francisco Torrijes, de la Asociación de Charros, y Rosario Hernández, por la Comisión Política Nacional del Frente Popular Francisco Villa Independiente-UNOPII de la Ciudad de México. Por el Congreso Nacional Indígena que nos convoca hablan cuatro voces. Abre Nicolás Suárez, autoridad comunal de una Santa María Ostula botón de muestra del Michoacán tan agraviado. Patricia Moreno habla desde el pueblo wirárika mientras Jesús Romero y Wilfrido Torres lo hacen desde el pueblo guarijía de Sonora. Sus dolores y sus luchas se parecen tanto. Luego nos asfixia el alma un mensaje de padres y madres que vieron morir a sus criaturas en la guardería ABC, también de Sonora, hace cinco años, y que hablan el mismo idioma que los familiares de los jóvenes de Ayotzinapa: “Sabemos lo que es la angustia de la inalcanzable búsqueda de nuestros hijos. Sabemos del dolor de imaginar por lo que pudieron haber pasado”. Nos preguntan: “¿Cómo encarar a un estado que mata a sus héroes y después, con la más vil hipocresía, les rinde homenaje?”. Y nos responden: “Unidad. A fin de cuentas, unidad” porque “nuestros hijos son sus hijos”.

Toca el turno a padres, madres y alumnos de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. Don Mario César agradece antes que nada al Ejército Zapatista de Liberación Nacional por haberles cedido su lugar. Es padre de César Manuel González Hernández. Dice que no sabían de tantas luchas, que hoy saben, que exigen que les devuelvan a sus hijos, que están conscientes ya de muchas injusticias y que se decepcionaron de Enrique Peña Nieto de quien algo esperaban. Doña Hilda, madre de Jorge Antonio Lizapa Legideño, habla muy poco, lo mucho que puede hablar una madre que lleva tres meses buscando a su hijo secuestrado por una policía infame que cobra por cuidarlo. Durante cinco minutos, el maestro Omar García imparte cátedra de lucha y dignidad.

Entonces comienza el festival. Un escenario grandote y otro chiquito se saturan de expresiones culturales diversas. Hay música para gustos varios, de protesta, hip-hop, rap, rock, bolero y punk. Hay danza, canto, poesía, performans. Hay talleres de todo, talleres infantiles y adultos, de barro, de cerámica, de dibujo, de herbolaria, de jabón biodegradable y hasta de mapas. Taller de baños secos y lombricomposta. Hay brincolín, columpios, globos estrella roja zapatistas, títeres y piñata para la generación que nos alecciona. Hay mascotas bientratadas, cine rebelde, salón de tatuajes, cordón para equilibristas. Hay estacionamiento adentro, microbuses afuera, metro aquí cerca, centros comerciales lejísimos y un centenar de puestos para vendimia justa y autónoma gracias al espacio que nos prestan los panchos.

Porque vivos se los llevaron y vivos los queremos, los familiares de los jóvenes heridos, asesinados y desaparecidos de Guerrero pernoctan afuera de la residencia oficial de Los Pinos. Para ellos no hay nochebuena ni navidad ni cena excesiva, impuesta, innecesaria.

El 25 de diciembre nos recibe con un sol compasivo. Hoy nos estorban un rato las chamarras y se desata la capoeira en amarillo, la danza butoh japonesa de cuerpos desnudos en blanco y alcatraces majestuosos, la batucada, el futbol rebelde que enfrenta amistosamente a normalistas de Ayotzinapa con adherentes de la Sexta en un combate honorable, como debieran ser todos. Chalco se impone 2-0 a Ayotzi en una cascarita donde nadie pierde. Se vende “comida buena, sabrosa, limpia y barata”, café orgánico, ponche sin piquete, empanadas de nopal con queso y un universo de golosinas naturales y frutas. Hay tabaco pa’ quien quiera intoxicarse y cosas nutritivas para quienes cuidan su vida. Se consiguen libros de 600 pesos a 60, y libros de 200 a cinco varitos, a diez, a veinte. Hay ropa y artesanías fabricadas en colores que no conocíamos. Un Che Guevara sonríe coqueto en la puerta de un baño de mujeres. A los hombres los recibe Pancho Villa. Las comisiones de limpieza, de seguridad, de hospedaje, de sonido, de registro, de transporte, de medios libres y de alimento para el CNI no se cansan, no nos descuidan. Al calor de este jueves 25 brotan los talleres de huertos frutales, de toallas sanitarias y pañales ecológicos, de chocolate.

“Si tú no has hecho nada… este país te espera…”. La música se proyecta por estos cerritos hoy secos y calientes. “Siembra la semilla de la lucha y la resistencia…” A lo largo del día resuenan por todos lados cantos llenos de propuestas. “Abre los caminos que nos lleven a la libertad…” La gente alcanza para todo. Hay quien vendrá al gran tokín de mañana, hay quien se unirá marchando a la jornada de protestas para exigir justicia para Ayotzinapa este viernes 26. “Pinche policía, no soy un ratero, yo soy un rapero, yo soy grafitero”. Una tonadita rapera de temporada se nos pega en los oídos: “ra-ra-radio, ropopompón, los demandas de mi tierra son latidos de mi corazón”.

La ausencia presente de las comunidades autónomas zapatistas, su ejemplo y su historia, nos acompañan en cada sombra que anoche nos hizo lodo los pies y que hoy nos proyecta al suelo en rayos tibios. Los medios libres trabajan en libertad. La mayoría de los asistentes come y toma de vez en cuando lo que le gusta y puede pagar, lo que se le antoja. Todos platican, todas se encuentran. Unos toman el sol, otras bailan o cantan. “Rabia digna, digna rabia, me da la posibilidad de construir y de soñar…”

Un pellizco plateado nos anuncia que terminan las noches sin luna. Ya se nos esconde el sol otra vez, ya vuelve el frío, pero ni para cuándo nos vamos. Por si acaso, para el poderoso de arriba un recordatorio musical autónomo en colectivo y desde abajo: “No tengo nada, no tengo nada, no tengo nada ni quiero nada de ti…”

“Lo que pasa en Xochicuautla es el espejo de lo que pasa en otros pueblos de todo el país”, pueblos originarios.
Fuente: http://www.pozol.org/
22 de diciembre de 2014


“El Estado mexicano en sus tres niveles, tiene responsabilidad de lo que está ocurriendo en el país, por su forma de actuar y no actuar, así como por ser fiador de la impunidad, debido a una política de doble discurso”, CNI.

Xochicuautla estado de México. 21 de diciembre. “Nuestra misión es cuidar nuestra tierra, Sabemos lo importante que es preservarla, no existe valor más precioso que la vida misma”, expresa el Consejo Supremo Indígena de Xochicuautla, en la inauguración del primer Festival de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo, en el municipio de Lerma, Estado de México, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena.

La comunidad de Xochicuautla afirma que las autoridades están enfermas de males como la ignorancia, la apatía, el miedo y la avaricia, ya que ven al dinero como un dios. “Tienen lo material pero son pobres en espíritu y esa enfermedad la heredan a sus hijos. Matan desaparecen y encarcelan a quienes se oponen a sus intereses”, añaden.

De manera contundente la comunidad indígena otomí expresa un “No al paso de la autopista Toluca Naucalpan, no a la presa la Parota, no al el acueducto en Sonora, no a las mineras, no a la violación de derechos, no a la corrupción, y un SI al respeto, al amor, a la honestidad, a la humildad y a la vida misma.

En su participación el vocero del Congreso Nacional Indígena y del Frente de Pueblos indígenas en Defensa de la Madre Tierra, afirma que el Estado mexicano en sus tres niveles, “tiene responsabilidad de lo que está ocurriendo en el país, por su forma de actuar y no actuar, así como por ser fiador de la impunidad, debido a una política de doble discurso”.

Pueblos y comunidades representados en el CNI externan que una vez más se vuelven a encontrar para compartir su palabra, y que la lleven y la hagan semilla en los lugares de donde provienen. “Algunos quisieran que permaneciéramos ciegos, que nos resignáramos a la violencia y muerte provocada por sus injusticias, que fuéramos un pueblo resignado a la impunidad, a la corrupción, pero las mujeres, abuelos, hombres y niños vamos a reclamar la justicia”, aseguran los pueblos originarios.

Por su parte integrantes de la comunidad vecina de Huitizizilapan, tambièn del? municipio de Lerma Estado de Mèxico, aseguran que a pesar represión de parte de los tres niveles de gobierno, “la dignidad la vamos a seguir defendiendo, no vamos a ceder, no vamos a dar un paso atrás”. De igual forma habitantes de Santiago Tlanixco, del municipio de Tenango del Valle, a los cuales les han encarcelado a seis de sus compañeros por defender el agua, afirman que han decidido levantar un movimiento junto con los demás pueblos.

Mario Cesar González Contreras padres de uno de los estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, afirma que no son mandados por otras personas, y expresa: “Cómo no luchar por nuestros hijos que nacieron de esa misma tierra, que darán clases a esa gente humilde de esta tierra, si ustedes luchan por sus tierras nosotros más por nuestros hijos”. Por su parte Berta Nava Martínez, madre de Julio Cesar Nava, concluye: “Gracias por estarnos esperando, Cesar tenía muchas ganas de ser un buen maestro, para ir a las comunidades indígenas, y abrirles los ojos también a los papas y que sepan sus derechos, ya que el gobierno siempre quiere que estemos con los ojos tapados”.

“En esas 43 sillas tienen que llegar a estar los 43 alumnos”, expresan los padres, por los 43 asientos que permanecen vacíos frente al templete en la inauguración del festival. “Gracias por haber volteado para Ayotzinapa, para los alumnos, para nosotros”, agregan.

Dos preguntas desde el Festival Mundial de las Rebeldías y las Resistencias. 

Fuente: http://radiozapatista.org/

San Francisco Xochicuautla, Estado de México. 22 de diciembre de 2014.
Eugenia Gutiérrez. Colectivo Radio Zapatista.

¿Por qué bailamos si nos están matando?

En una tarde tan helada como ésta, el 21 de diciembre de 1997, unas doscientas personas de muchas edades y casi todas mujeres y niños llegaban al colmo de una vida de desprecio y sufrimiento. En un vado lodoso, a orillas de la carretera, desde ancianos hasta bebés lloraban de rabia, de frío y de lluvia mientras apretaban sus puños impotentes porque un grupo paramilitar los había expulsado de su comunidad y mantenía a algunos de sus familiares amarrados a los árboles, quinientos metros selva adentro. Todas y todos estaban amenazados de muerte. “Nos van a matar mañana”, decían. Un anciano curtido por humedad nos mostraba su pierna herida de bala, pues tempranito le habían disparado. “Vengan con nosotros”, proponíamos, sin entender que nunca se pondrían a salvo dejando a su pueblo atrás. Quienes veníamos de fuera, lo hicimos, nos fuimos, los dejamos atrás. Al día siguiente, 22 de diciembre de 1997, 45 tzotziles, 45 personas amarradas o desplazadas en su propia tierra, fueron masacradas. La prensa reportó profusamente que murieron rezando en una ermita, que no quisieron marcharse porque no esperaban la muerte, aunque nada se dijo de los lazos humanos que les ataban a Acteal.

Diecisiete años después, en la comunidad indígena de San Francisco Xochicuautla, hogar ñathö de David Ruiz García, nadie queda atrás. Arranca el Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo, “Donde los de arriba destruyen, los de abajo reconstruimos”. Mejor conocida como Xochi, esta comunidad que libra su propia batalla contra los dueños del capital que han expropiado decenas de miles de hectáreas por mano de Eruviel Ávila, nos recibe con una ceremonia sagrada otomí donde los invitados de honor son los familiares de los normalistas de Ayotzinapa y los muchachos heridos, asesinados y desaparecidos que tienen reservados sus lugares en la compartición. Frente a las bancas vacías de los estudiantes hay ofrenda de frutas, de pan y copal con estandarte de la Guadalupana en rebeldía, el arcángel guerrero Miguel, llamita eterna y una bandera de México totalmente de pie. Sobre el sencillo pero amplio templete hablan madres y padres de normalistas mientras sostienen los rostros de sus hijos que miran hacia un gran auditorio alfombrado en pasto. Para recibir a casi dos mil personas convocadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena no se escatiman atenciones en seguridad, salud, higiene, alimento y hospedaje.

A media tarde, el festival comienza como debe, con cantos y bailes. El coro de niñas y niños de Xochicuautla se acompaña con música jaranera que nos endulza estos días amargos. Luego ocupa medio auditorio una danza tradicional en la que participan incansables niñas, niños, jóvenes y adultos de todos tamaños. La Orquesta Xochicuautla de los Hermanos Rodríguez musicaliza a ritmo de banda una danza que narra la historia de “la época de las haciendas, cuando los pueblos eran muy maltratados” porque nos recuerda “lo que se vivió y lo que estamos viviendo”, y porque representa la época “cuando los arrieros también eran asaltados por los ladrones”. Por eso se integrarán al baile un par de intrusos trajeados que se burlan del público y le arrojan dinero falso, disfrazados de Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto. Al pueblo que danza frente a ellos lo encabeza San Francisco.

La valentía de los yaquis se manifiesta después en un espacio lateral que parece trasladar un fragmento de Sonora hasta aquí. Desde un escenario casita, muy de ellos pero selvático, varios hombres tocan sus instrumentos nativos para que los venados del desierto del norte bailen en este bosque central de montañas lastimadas. También llega el son huasteco que mueve a bailar a muchos. Y la bailada se repite la segunda noche cuando, a falta de micrófonos, “La revuelta de las semillas” se avienta un ensamble “a capela” que nos calienta las ideas porque todas las actividades culturales en este festival, que incluyen proyección de documentales, despiertan conciencia de la grave situación que vivimos.

No pararán las danzas en esta compartición en la que cada participante parece saber muy bien por qué bailamos si nos están matando. Todo apunta a respuestas sencillas: bailamos porque estamos vivas y vivos; lo hacemos por quienes no pueden hacerlo,ya que el sistema los ha encarcelado, desaparecido o asesinado; bailamos porque podemos y queremos.

¿Para qué reconstruimos si nos van a seguir destruyendo?

Pues para evitarlo. Para que llegue el día en que nadie destruya a nadie. Las participaciones de delegadas y delegados del CNI ocupan toda la primera mañana de trabajos en la que, después de cada intervención, resuena el “Vivos los queremos” y quien acaba de hablar recibe una bolsita de semillas por parte de la mujer y el hombre que representan a la Xochi combativa. La gente que conoce, respeta y trabaja la tierra no reconstruye a partir de escombros. Reconstruir desde la enseñanza indígena y zapatista es abrir caminos nuevos, sembrar todo el tiempo, construir nuevos sistemas de entendimiento colectivo con los que la sociedad deveras funcione. Por eso los yaquis nos mueven el piso y una carta de Fernando Jiménez Gutiérrez enviada desde prisión nos sacude en voz de su hermana.

Pero para construir abajo es necesario entender cómo y qué tanto se está destruyendo desde las alturas de los penthouses que temen a la tierra, no sólo en México sino en todo el mundo. Delegadas y delegados de la Sexta Internacional compartirán por la tarde sus experiencias organizativas y dejarán claro, en varios idiomas, que la posibilidad de un sistema diferente ya está en marcha y es global.

Si la destrucción va a seguir y la reconstrucción se le adelanta, a ver quién se cansa primero. Una decena de niñas y niños se nos presenta como la guerrilla más tierna, la “Pequeña Guerrilla Xochicuautla”. Atraviesan el auditorio al grito de “Zapata vive, la lucha sigue” o “Xochi no se vende, se ama y se defiende”. Desde el templete que les queda gigante nos leen con orgullo y alegría los cuentos revolucionarios que han escrito para graduarse de un taller que incluyó dibujo y fotografía. En sus historias hay “monstros” por doquier, como Rubén Vende Pueblos y un zombie llamado Enrique Pelón. Es tanta la destrucción de árboles y bosques que esos “mostros” han causado, que tienen que intervenir un burro y El Hombre Araña.

Este pequeño grupo de creadoras y creadores recibe sus diplomas de graduación de manos de dos adultos tzotziles, integrantes de la Sociedad Civil Las Abejas, sobrevivientes de la masacre de Acteal. Sí, de aquel pueblo al que dejamos atrás. Los representantes de Las Abejas, ataviados en su elegante traje tradicional, entregan los reconocimientos a las criaturas “esperando que sean un gran luchador, una gran luchadora para el futuro”. Para ese futuro, ya presente, en el que nadie que esté a punto de ser destruido sea dejado atrás.